Mujeres y Sindicalismo en Colombia

Mujer, maestra, luchadora incansable, que ha dedicado su vida a la construcción del partido revolucionario de la clase obrera.

Formó parte del movimiento estudiantil universitario de la UN en la década de los 70, miembro inicialmente del Bloque Socialista y cofundadora del PST de Colombia en 1977, donde ha militado sin interrupciones hasta ahora.

Ha sido dirigente sindical del magisterio en la junta directiva de la ADE en los años 80 y parte del Comité Ejecutivo de la CUT Nacional en los 90.

En el tiempo que no ocupó cargos sindicales, se dedicó a su labor como maestra de base en la educación pública en Bogotá, combinando la tarea de formación artística de jóvenes con las actividades políticas y sindicales.

Se ha destacado en diferentes periodos en la dirección política nacional del PST y de la Liga Internacional de los Trabajadores LIT – CI, así como en la Comisión de la Mujer.

Mujer carismática, ampliamente reconocida en el magisterio nacional y en el movimiento sindical, por toda una vida de lucha revolucionaria, hoy publicamos esta entrevista completa a manera de sentido homenaje a su trayectoria.

 Agradecimientos especial a : Marcela Zuluaga Contreras

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Rosa Cecilia Lemus es dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) Colombia

En entrevista con Marcela Zuluaga Contreras, Rosa Cecilia Lemus Abril responde desde su experiencia como trabajadora, como maestra y como militante del Partido Socialista de los Trabajadores desde 1977 algunas, preguntas sobre el papel del sindicalismo en Colombia, el gran aporte de las mujeres para los avances obtenidos,  un poco de historia, lucha y la necesidad de liderazgo de las mujeres en estos sindicatos, especialmente del magisterio, también se abarca el “sindicalicidio” perpetuado en Colombia aun cuando en la Constitución política el Artículo 56 garantiza el derecho a la huelga, empero, se arrecieron los asesinatos y masacres de sindicalistas luego y es uno de los países más peligrosos el ejercicio sindical.

Rosa Cecilia fue directiva sindical de la Asociación Distrital de Educadores –ADE en la década del 80 y a finales de la década del 90, integrante del Comité Ejecutivo de La CUT nacional. En esas dos oportunidades estuvo solo un periodo en cada cargo, aunque prácticamente son más de 35 años de trabajo como docente, en donde se desempeñó como activista no solo sindical sino política en las filas de los trabajadores y el movimiento obrero, hasta su jubilación y retiro del gremio docente oficial.

  • MZC: ¿Cómo se pueden clasificar y explicar la dinámica de los sindicatos colombianos, desde los 80’s hasta la actualidad?

RCL: Desde el punto de vista del tipo de sindicatos, los podemos clasificar en sindicatos de empresa, de industria, de rama productiva, de gremio, de oficio y de oficios varios. También hay otro tipo de clasificación que se refiere a organizaciones de primer grado dentro de los que estarían sindicatos de base o gremio y los demás ya enunciados; federaciones que serían de segundo grado y agrupan a varios sindicatos de base y las de tercer grado que serían las Confederaciones que agrupan a organizaciones de primer y segundo grado. En el magisterio por ejemplo tenemos sindicatos en cada departamento y en el Distrito Capital, que son sindicatos de base afiliados a la FECODE, federación de gremio. Puede haber una Federación que agrupe sindicatos del sector metalúrgico, en este caso sería una federación de rama productiva. Las confederaciones ya son organizaciones mayores y tienen un carácter más amplio y nacional. Aquí tenemos varias confederaciones o centrales pero las más importantes por el número de afiliados son la CUT, la CTC, la CGT. Dentro de ellas la CUT venía siendo reconocida como la mayoritaria. Sin embargo, según el censo de 2017 del Ministerio del Trabajo tiene 577.532 afiliados, mientras la CGT la estaría superando con un número de 606.102 afiliados. Otros estudios e investigadores siguen señalando a la CUT como la central mayoritaria, yo creo que lo sigue siendo.

En cuanto a la orientación política la CGT está dirigida por la Democracia Cristiana, la CTC por el partido liberal, esta central se funda a mediados de la década del 30 bajo el gobierno liberal de López Pumarejo. Y la CUT que fue fundada en 1986, agrupa distintas tendencias políticas: la Comunista proveniente de la CSTC que se disuelve al entrar a la CUT, una liberal-conservadora que venía de la UTC, aunque su origen es Conservador, al momento de fundirse en la CUT su presidente era Jorge Carrillo, liberal; y una amplia gama de corrientes políticas de izquierda que veníamos del sindicalismo independiente, con gran influencia en el sindicalismo clasista no confederado de las décadas del 70 y 80. Aún hoy hay variedad de corrientes pero su dirigencia está en manos de Dignidad, el antiguo MOIR y las corrientes que propugnan con Petro por la propuesta del Pacto Histórico. Hay también corrientes de oposición revolucionaria, con menos fuerza que las anteriores.

Con relación a la dinámica sindical de los 80 hasta acá, lo primero a resaltar es que está fuertemente ligada a los efectos de las políticas neoliberales que se han venido aplicando desde los años 90, incluso unos años antes. El nivel de sindicalización en Colombia, no ha sido muy alto en comparación con otros países de América latina, como Argentina o Brasil.  La burguesía de este país se ha caracterizado por ser anti obrera y muy asesina. Si miramos la historia, ha estado marcada por una violencia de clase muy fuerte y desenfrenada, casi desde el surgimiento mismo del sistema capitalista. Es una burguesía que con un pie pisa fuertemente a las clases dominadas mientras que con el otro se inclina de manera servil ante la burguesía imperialista especialmente la norteamericana. Recordemos que, frente a una de las primeras huelgas obreras, la de los trabajadores bananeros de la United Fruit Company en 1928, respondió masacrando a los trabajadores. Y para no ir tan lejos el tratamiento que el gobierno de Duque le ha dado al paro nacional reciente es de hecho una masacre que ha dejado más de 70 muertos, muchos heridos, desaparecidos, mutilados y mujeres violadas. Aquí no podemos hablar de huelgas o paros, por más pacíficos que hayan sido, sin que los acompañemos de  los nombres de compañeros y compañeras asesinados por las letales fuerzas represivas, especialmente por la policía y el ESMAD.

Entonces siempre la clase trabajadora ha sido tratada con mano dura y aunque se reconocen los convenios de la OIT sobre derechos laborales, y durante los gobiernos liberales se estableció el código sustantivo del trabajo que reconoce algunos derechos, la verdad es que el derecho de huelga y de negociación colectiva, así como el derecho de organización, han estado fuertemente restringidos y recortados. Sin embargo con los procesos de industrialización de mediados del siglo XX, la tasa de sindicalización logró llegar en el año 1965 a un récord histórico que no hemos vuelto a tener del 13,4%.  Hoy estamos en un porcentaje de sindicalización de un escaso 4% con relación a la población económicamente activa.

La tasa de sindicalización cayó de 9,3 en 1984 a 4,6 en 2005 y en ramas como por ejemplo el transporte y comunicaciones del 51,3 al 5,1 durante los mismos años. Estos datos nos permiten concluir que las políticas aplicadas desde finales de los 80 y comienzos de los 90 significaron un duro golpe para la clase trabajadora y en especial para la clase obrera industrial. Estas tres últimas décadas los distintos gobiernos han aplicado todas las políticas diseñadas por los organismos multinacionales del imperialismo para arrebatar a la clase trabajadora sus más elementales conquistas como la estabilidad laboral, el derecho a la jubilación, el derecho a la organización, a la huelga y la negociación colectiva, y el derecho a las prestaciones sociales, a la educación pública superior, el derecho a la salud. Esta política fue y sigue siendo mundial, aunque dependiendo de la respuesta de los trabajadores en los distintos países y el nivel desde el cual se comenzó el despojo sus efectos ha sido distintos. Hay que decir con claridad que la burguesía mundial y en cada país,  logró aplicar estas políticas, no porque no hubiésemos luchado. La década del 80 y 90 del siglo XX estuvieron marcadas por fuertes luchas de resistencia. En Colombia el paro cívico del 77 fue expresión de ello, durante la segunda mitad del 90 hicimos 2 paros estatales masivos y largos uno de 21 días y varios del magisterio, huelgas de los bananeros de Urabá y miles de conflictos y huelgas en las empresas contra estas políticas neoliberales que nos costaron vidas y puestos de trabajo. Resistimos al punto que habíamos logrado hacer efectiva la consigna de “ante cada asesinato, paro inmediato” porque  nos tocó enfrentar a los paramilitares que en la década del 90 cobraron la vida de centenares de dirigentes obreros y sindicales. Los empresarios organizaron bandas de sicarios o se apoyaron en las organizaciones paramilitares para asesinarlos.  Muchos sindicatos de obreros del sector industrial fueron destruidos por la patronal y sus trabajadores despedidos, en el sector automotriz varias ensambladoras cerraron sus factorías y dejaron en la calle a sus trabajadores. Toda esa política de flexibilización y tercerización laboral significó el mejor de los chantajes e impedimentos para que las nuevas generaciones de trabajadores se organizaran sindicalmente, fue de hecho una contrarreforma laboral, porque al no tener estabilidad quedaba en peligro su “derecho a ser explotados por el capital” si se resistían y se organizaban en sindicatos. Ante sus ojos veían como mientras el país se desindustrializaba y volvía a los sectores primarios extractivistas de la economía, que utilizan poca fuerza de trabajo, y llegaban del campo millones de campesinos desplazados, crecía un enorme ejército de reserva, dispuesto a vender su fuerza laboral a cualquier precio y bajo cualquier forma de contrato precario. Este ejército de reserva fue el fermento del crecimiento de la informalidad, más conocida como el rebusque.

En nuestra opinión, esta derrota que sufren los trabajadores, es propiciada por los sectores políticos mayoritarios en la dirigencia de las centrales y fundamentalmente de la recién fundada CUT, por su política de concertación que aún hoy mantienen. Del 90 para acá cada gobierno, presentaba una reforma laboral o pensional cada vez más dura. La CUT que aglutinaba el mayor porcentaje de trabajadores, fue incapaz de unificar al conjunto de la clase obrera y los trabajadores del sector público, a todas las centrales, para derrotar estas políticas. Por el contrario, su consigna fue la de negociar las contrarreformas, aceptando la división de los trabajadores por fechas de ingreso con la consecuente pérdida de todo derecho para las nuevas generaciones, a costa de conservar algo para los más antiguos. Así se implantaron la ley 50 y la ley 100. Esta política ha significado de hecho un retroceso en muchos aspectos,  llevando a la clase trabajadora a una situación ya vivida en los albores del capitalismo en donde no existía ni siquiera un horario humano de trabajo.  El estado actual de la clase obrera industrial es calamitoso, una minoría absoluta conserva algunos derechos y esta sindicalizada, mientras la gran mayoría no tiene ni siquiera un contrato de trabajo estable y está a merced de las empresas de trabajo temporal que los tercerizan y se lucran de su situación de precariedad. Las jornadas laborales en estas condiciones han vuelto a ser de más de 8 horas y las mujeres trabajadoras y obreras cabeza de familia al juntar la jornada laboral con la doméstica, se ven sometidas a 14, 15 horas de trabajo diario. Hoy las nuevas generaciones de trabajadores están pagando el costo de estas traiciones.

 

  • MZC: Sindicatos y federaciones colombianas como Fecode, CUT, CCT entre otras, entregaron sus informes a la JEP y la Comisión de la Verdad. Posteriormente se han presentado un aumento de agresiones como amenazas directas y a través de panfletos ¿Por qué son importante estos informes? ¿Cuál es el valor de la verdad y la memoria acerca de la violencia antisindical el marco del conflicto armado? ¿Por qué se aumenta el riesgo de los líderes sindicales que hacen parte de la elaboración de estos informes a la Comisión de la Verdad y a la JEP?

RCL: Bueno pienso que las determinaciones de la JEP y sobre todo las que tienen que ver con el señalamiento de algunos de los responsables de falsos positivos y otras atrocidades cometidas por las instituciones del régimen, hay que enmarcarlas en la coyuntura del paro nacional, pues creo que, es la movilización y el enorme descontento expresado en este estallido social, el que ha presionado para la toma de estas decisiones. Si estuviésemos en una situación de calma seguramente la presión sobre la JEP la estarían ejerciendo como lo estaban haciendo los sectores más de derecha de la burguesía colombiana. Por eso, aunque no estoy siguiendo en detalle su accionar, creo que los trabajadores y sus organizaciones de todo tipo no podemos bajar la guardia, ni suspender la movilización si queremos que haya “verdad, justicia y reparación” para las victimas en primer lugar de los crímenes y de la violencia estatal.  Todos sabemos que son miles los dirigentes sindicales asesinados. Es evidente que estos informes presentados a la JEP dan cuenta de ello. Las amenazas a los dirigentes vienen de los mismos de siempre. Sabemos que hubo asociación de empresarios no solo de empresas nacionales sino multinacionales como la Coca-Cola y la Chiquita Brands con el sicariato para perseguir atentar y asesinar a dirigentes obreros de sus empresas; que hubo asociaciones de instituciones de inteligencia del Estado con las bandas paramilitares para ejecutar las mismas acciones contra la dirigencia obrera y sindical. Es obvio que las amenazas vienen de los mismos actores interesados en enterrar sus culpas y evitar que haya pruebas. Se habla de la violencia antisindical en el marco del conflicto armado. Yo creo que el enfoque de los sindicatos tiene que ser en primer lugar el de señalar que los trabajadores, los obreros no eran ni serán parte del conflicto porque no son ningún aparato armado. Esto hace que la violencia hacia ellos y otros sectores, por parte del Estado y de los paramilitares sea aún más grave, pues se trató de verdaderas ejecuciones a trabajadores inermes y desarmados simplemente por su manera de pensar o por su orientación política. Esta es precisamente la mejor forma de develar esta política consciente de sectores de la burguesía que señalan y siguen señalando como lo ha hecho Duque y el Centro Democrático, que detrás de los reclamos y la lucha de los trabajadores están “fuerzas ocultas” o el “crimen organizado” o “la guerrilla”  o “las disidencias” tratando de justificar lo injustificable: la violencia de los poderosos y sus aparatos contra el pueblo y los trabajadores para evitar la revolución contra su podrido sistema capitalista.  La excusa fue el conflicto armado, ahora las disidencias y el narcotráfico, mañana será otra.

  • MZC: Según el Sistema de Información de Derechos Humanos (Sinderh), entre 1986 y 2016 se cometieron 6.119 violaciones a la vida, libertad e integridad de los docentes sindicalizados, ¿cómo comprender los motivos para ser atacados y asesinados los maestros sindicalizados?

RCL: Imposible olvidar episodios tan terribles como el hecho de que algunos maestros y maestras fueron asesinados en su aula de clase frente a sus estudiantes. El magisterio comenzó una lucha muy fuerte si no estoy mal en la década del 60, cuando comenzaron a organizar sus sindicatos. Sus condiciones laborales, en la medida en que el derecho a la educación pública se fue masificando, se quedaron muy rezagadas. Su nombramiento en los inicios estuvo muy marcado por las influencias clientelistas, sin embargo, los políticos que dirigían no destinaban el presupuesto adecuado para pagar sus salarios de manera que pasaban meses sin pago o lo recibían en especie.  Esta situación genero una lucha de varias décadas marcadas por la organización y la lucha por mejoras laborales, que convirtió al magisterio en columna vertebral de lo que conocimos como el Sindicalismo Independiente. Este sector del sindicalismo, luchó por fuera de la estructura de las centrales sindicales y en muchos casos contra su dirigencia política. Es decir, el magisterio tiene una historia de lucha y una tradición, fuertemente influenciada por todo tipo de corrientes políticas de la izquierda internacional.  De hecho, durante muchos años fue dirigido por la izquierda. Fue y sigue siendo el sector más fuerte del movimiento sindical y logró muchas conquistas por la vía de la movilización y la huelga de hecho, porque nunca tuvo el derecho.  Su tradición y su composición política de izquierda,  lo ha hecho un blanco de los ataques.

  • MZC: ¿Cuál es el rol de las mujeres sindicalistas en el movimiento laboral?

RCL: La composición del magisterio es mayoritariamente femenina y con un buen nivel académico: con el 64,9% de la planta docente y una edad promedio de 47,4 años. Mientras que el 91,9% de los docentes tienen un título profesional (9% son normalistas y técnicos o tecnólogos), el porcentaje de docentes con posgrado es de 41,1%”( fuente MEN 2017)

Sin embargo, a nivel de la dirigencia, la composición del Comité Ejecutivo de Fecode y las juntas directivas regionales es mayoritariamente masculino. Aquí se ve reflejado el machismo imperante en la sociedad y se constata que no es un problema de ignorancia o bajos niveles educativos. Es un problema de una ideología que sigue siendo dominante y que a pesar de la lucha por la igualdad de derechos de la mujer no se ha logrado superar, porque en la vida cotidiana no se han superado los obstáculos materiales. Hay una contradicción manifiesta porque si bien la lucha, la movilización es protagonizada por su fuerte composición femenina, la dirigencia política está en manos de los hombres. Los obstáculos para que las mujeres superen esas barreras son concretos. Una gran cantidad de maestras tienen hijos, muchas cuentan con su pareja y otros son cabeza de familia.  Generalmente como reza la tradición machista las mujeres se encargan de los hijos, de la comida, de las labores domésticas, de manera que la otra jornada ya está ocupada, además en su propia formación profesional. No queda tiempo para la formación política y sindical, así que este asunto se deja en manos de “los que tienen tiempo”. Y efectivamente esta formación requiere tiempo. Conseguirlo y dedicarlo es todo un reto que depende de lograr tal nivel de conciencia que puedas poner este tema por encima de muchos otros también importantes. El sindicato no hace mucho por facilitar las cosas a las mujeres para que se rompan estas barreras. Cuando hay asambleas de delegados o en horarios distintos a la jornada laboral, NO disponen de guarderías, por ejemplo, para que las compañeras puedan dejar a sus hijos en una recreación mientras ellas están en la actividad o el curso sindical. Hay también actitudes muy arrogantes de los dirigentes hacia las mujeres, hay que ser doblemente capaces para que nuestras opiniones, cuando nos atrevemos a darlas, sean escuchadas y tenidas en cuenta. Creo que las comisiones de la Mujer de los sindicatos no cuentan con el apoyo suficiente para que funcionen y hagan una labor formativa y de discusión al respecto. Por estas razones casi no hay directivas sindicalistas en Colombia, especialmente en el magisterio cuando son mayoría las maestras afiliadas. Así funciona al interior de casi todos los sindicatos, creo que el problema es generalizado. La lucha contra la opresión de la mujer, debe ir más allá del feminismo. Porque tenemos que acabar no solo el machismo sino el racismo, la xenofobia la homofobia, todas ellas construcciones culturales que, por supuesto tienen consecuencias materiales, pero cuyo objetivo político es dividir a la clase trabajadora y enfrentarnos a unos contra otros para explotarnos mejor. De allí proviene el hecho de la brecha salarial entre mujeres y hombres, entre las distintas razas y entre los nacionales y los inmigrantes. Por eso la lucha debe ser por una transformación social completa que acabe con la explotación y todo tipo de opresión y discriminación. Como decía Rosa Luxemburgo por una sociedad en la que seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres. Este propósito supera al feminismo y se convierte en una lucha política contra la explotación y todo tipo de opresión, que incluye por supuesto la lucha del feminismo entendida como la lucha por igualdad de derechos.

MZC•   ¿Es correcto hablar de una construcción del enemigo interno por parte del Estado Colombiano hacía los sindicalistas, en particular, a los docentes?

RCL: Me parece que más arriba ya respondí tu pregunta. Agregaría que las clases dominantes siempre construyen no solo políticas sino ideologías para justificar y legitimar su poder. La ideología del enemigo interno les ha servido en primer lugar para formar a las bases del aparato represivo llámese policía o ejército, legitimando ante sí mismas la acción represiva y el uso de la fuerza, y por supuesto también ante la población en general. Lamentablemente las organizaciones guerrilleras con   su política, acciones y métodos equivocados le dieron argumentos a la burguesía para justificar su acción represiva y colocarlos como enemigos internos. Esta ideología ha sido extendida muy hábilmente hacia los trabajadores en especial a todo aquel que lucha y ofrece resistencia a sus políticas.

Si miramos las cosas desde el punto de vista de la lucha entre clases o la lucha de clases. Evidentemente la burguesía imperialista y la burguesía nacional son nuestros enemigos de clase; la clase obrera, la clase trabajadora, los campesinos pobres y sectores de la clase media, somos enemigos de clase de ellos. Sin embargo, nuestra conciencia no va a la par con nuestras acciones. Nuestra conciencia de clase debe avanzar al punto de construir nuestras propias organizaciones sociales y políticas, para no ser derrotados en momentos de fuerte confrontación de clases como el que acabamos de enfrentar con el paro iniciado el 28 de Abril.

  • MZC: ¿Cómo leer el contexto actual de paro nacional y el papel de los trabajadores y movimientos sociales?

RCL: Lo que pasa en Colombia no es ajeno a lo que está pasando en el Continente y en el mundo.  Si miramos el proceso chileno vamos a encontrar muchas semejanzas. Allá en octubre del 2019 estalló un proceso revolucionario contra las políticas neoliberales de los últimos 30 años. Ellos decían “no son 30 pesos son 30 años” para referirse a que no fue simplemente el aumento de 30 pesos en el pasaje del Metro lo que produjo el estallido social sino las últimas tres décadas de expoliación del nivel de vida de las masas. Aquí esta pasando algo similar, el 21 de noviembre del 2019 se abrió un proceso, en nuestra opinión prerrevolucionario, a propósito de la convocatoria a paro de las centrales que fue en tiempo y berraquera más allá de lo que los organizadores querían. A pesar de la pandemia que obligó a un confinamiento social, hubo durante sus inicios varios elementos que señalaban que este proceso no se cerró: las luchas en los barrios y los trapos rojos en puertas y ventanas contra el hambre y meses después, con el asesinato del abogado Ordoñez en un CAI, vuelve a estallar con elementos muy radicales como la quema de decenas de CAIs a manos de los manifestantes, copiando lo ocurrido en EEUU cuando el asesinato de Floyd. Lo que está pasando es que el modelo neoliberal mostró su verdadera cara de miseria, desempleo y despojo de las clases trabajadoras y de sectores medios y profesionales: El modelo neoliberal se agotó como se han agotado otros modelos económicos capitalistas en el pasado. Aquí se combinó con la existencia de un régimen político profundamente antidemocrático y represivo instaurado a comienzos de siglo por los gobiernos de Uribe y mantenido por los dos de Santos, que fue en un sentido continuidad y a la vez profundización de los elementos más represivos de los 90, con los asesinatos sistemáticos a manos del paramilitarismo pero que en la forma de los falsos positivos puso a las fuerzas armadas a cumplir directamente este papel. Según la JEP fueron más de 6.000 jóvenes asesinados impunemente haciéndolos pasar por guerrilleros, mientras que otras investigaciones arrojan un dato de más de diez mil. Una verdadera masacre sistemática y bien organizada por el régimen político. Contra estos dos componentes es que se da la profundización del estallido social del 28 de abril de este año que duró en ascenso casi tres semanas y después empieza a retroceder de manera lenta. Este proceso a pesar de la cantidad de muertos y la violenta represión no ha sido derrotado. Retrocede coyunturalmente, pero están ahí latentes tanto las causas como las ganas de luchar que abrieron el proceso.  Han quedado claras varias cosas durante esta coyuntura. Primero: que es la movilización de masas la que puede derrotar leyes y tumbar o hacer entrar en crisis a los gobiernos gobiernos. Dos, que es necesario acompañar las acciones de masas con  organización, que pueda tomar acciones tanto defensivas como ofensivas y que sean absolutamente democráticas y representativas de los sectores en lucha. Tres, que es necesario discutir y levantar un programa político que vaya más allá de las reivindicaciones inmediatas y prefigure el tipo de sociedad y de poder que necesitamos. Y cuatro, que es indispensable construir una dirección política, un partido nacional e internacional de los trabajadores, que sea independiente y consecuente, que dirija las acciones de masas hacia el triunfo con ese programa. Esta es la discusión que creo yo está planteada no solo en la vanguardia sino al interior de la clase obrera, los trabajadores y movimientos sociales. Aquí es importante señalar que de hecho ya hay sectores que proponen que la situación se resuelve por la vía electoral y con un cambio de modelo dentro del capitalismo y los que decimos que lo electoral es apenas una táctica y que esto se resuelve mediante la acción y movilización revolucionaria de los explotados y oprimidos para instaurar no un nuevo modelo sino un nuevo sistema bajo un gobierno obrero, campesino y popular.

  • MZC: ¿Cuáles son las causas de que se asesinan tantos líderes sociales en Colombia, luego de la desmovilización de las FARC-EP? ¿Cómo hacer para erradicar cuantitativa y cualitativamente el “sindicalicidio” en Colombia? Actualmente en lo corrido del año van 82 líderes sociales asesinados en Colombia. Según su experiencia ¿Por qué siguen asesinando y por qué asesinan más líderes y defensoras aún en tiempos de pandemia?

RCL: Siguen asesinando a líderes y lideresas sociales, sindicales y de derechos humanos porque no hemos logrado derrotar aún a este régimen político y al gobierno de Duque que lo encabeza. Lo debilitamos con todo este proceso de lucha y logramos algunos triunfos importantes, pero no lo derrotamos, ni siquiera lo tumbamos como si han hecho las masas en otros países del continente en procesos similares, como Argentina, Perú, Ecuador. La burguesía aprende y nosotros por falta de dirección política consecuente, nos quedamos a medio camino y no sacamos las conclusiones de los procesos mundiales. Creo que hay que dar paso, de la lucha espontánea, a una lucha más consciente y de más largo alcance.

Pienso que han matado a muchos desmovilizados de las FARC, porque la burguesía y en particular el sector que esta en el gobierno, no perdona que les hayan secuestrado, y matado a familiares y miembros de su clase y no perdonan tampoco que hayan atentado contra sus instituciones. Con relación a los líderes sociales, es evidente que la guerra de exterminio sigue ahora contra las comunidades y sus líderes, comunidades afro, indígenas o colonos que han protagonizado la lucha por recuperar sus tierras de las cuales fueron expulsados aprovechando el conflicto armado. Los sectores de terratenientes que se beneficiaron de este despojo no están interesados en devolverlas a sus legítimos dueños y saben que el Estado y el gobierno los amparan. Por otro lado, es cierto que hay sectores de narcotraficantes que tampoco quieren devolver estas tierras porque las están utilizando para la producción de coca, pero el gobierno sabe de sobra quienes son y donde están y no hace nada serio para proteger a la población que está siendo víctima de sus bandas de matones. Al fin y al cabo, todos sabemos que hay contubernio e intereses comunes con sectores de la burguesía que se hacen llamar “gentes de bien”.

Lamento que mucha gente haya creído ingenuamente que, con la firma de los acuerdos de paz, cesaría la violencia. La experiencia aquí en nuestro país ha mostrado que, tras la firma de tratados y acuerdos anteriores, las cosas seguían casi igual pues a la burguesía lo único que le importa es que la guerrilla deje de echar tiros, una vez logrado el objetivo, siguen actuando de acuerdo a sus intereses de clase y estratégicos y si para ello necesita seguir acudiendo a la violencia, no tiene escrúpulos en hacerlo.  Lo importante en nuestra opinión es que la casi terminación del conflicto entre aparatos armados, liberó a los trabajadores,  de la   loza que  los oprimía, pues el conflicto armado siempre fue utilizado en su contra, simpatizaran o no con las organizaciones guerrilleras. El proceso iniciado el 21N de 2019 parece confirmar esta hipótesis, pues la gente ha salido sin temor a ser estigmatizada y el protagonismo ha dejado de ser para las acciones espectaculares pero aisladas, colocando en el centro a las acciones de masas, contundentes y cada vez más politizadas.

  • MZC: ¿Qué valor tiene para Colombia que haya mujeres que defiendan los derechos humanos, el medio ambiente y las garantías democráticas?

RCL: Veo que Colombia entró con todo en las tendencias mundiales de la lucha de clases. En primer lugar en cuanto a movilizaciones y conmemoración de fechas importantes para los y las oprimidas, como  el 8 de marzo, el 25 de noviembre, el  día del orgullo gay, están siendo bastante masivas. Que la realidad es internacional y atraviesa fronteras, lo demuestra el hecho de que las consignas que gritaban las mujeres en España hace cuatro años o en Argentina hace tres o en Chile, México, Polonia. EEUU etc, se corean hoy en Colombia. Creo que es importante que cada vez más mujeres jóvenes se vinculan a esta lucha y a las luchas sociales por los derechos humanos o por la defensa del planeta. Me parece que hay que reivindicar con todas las letras esta participación. Sin embargo el feminismo separatista, aunque respeto a sus defensoras, creo que coloca obstáculos para que la clase trabajadora enarbole la lucha contra este sistema decadente y todas sus lacras dentro de las cuales juegan un papel destacado las ideologías que oprimen a sectores de la sociedad como a las mujeres, los negros los indígenas, a nacionalidades completas, etc.

Las mujeres trabajadoras estamos llamadas a jugar un papel importante en los procesos sociales y revolucionarios. Tenemos que ser al interior de la clase trabajadora las más decididas luchadoras contra el machismo y todo tipo de opresión y discriminación. Sin participación de las mujeres es casi imposible hacer una revolución, pues somos más de la mitad de la humanidad y de la clase trabajadora. Esto también ha sido demostrado por la historia, entonces  hay que dar la bienvenida a la lucha de las mujeres así sea en campos parciales. La propia realidad más temprano que tarde nos va a ir empujando a una lucha cada vez más profunda, más global y más de clase dentro de la cual debemos articular nuestras reivindicaciones particulares.