El presidente argentino Alberto Fernández declaró el miércoles 9 de junio, ante la visita de su par español Pedro Sánchez: “(…) Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero los argentinos de los barcos (…)”. Momentos antes había celebrado la llegada del mandatario español diciendo: “Bienvenido mi querido amigo, el presidente del Reino de España (…)”.  Y en el curso de sus declaraciones se identificó “europeísta”.

Por PSTU-Argentina

A esos dichos sucedieron numerosas expresiones de repudio, aludiendo a su contenido racista y colonialista. El rechazo generalizado hizo que Alberto Fernández tuviera que ensayar enseguida unas disculpas que no conformaron, aunque incluyó al Mercosur y destacó que “es un orgullo nuestra diversidad”.

Nosotros queremos dirigirnos a miles de luchadores y luchadoras, afines al gobierno del Frente de Todos, que quedaron en silencio y con un sabor amargo ante esas palabras del presidente. Tendrán un desencanto parecido a cuando sucedió la represión a la Toma de Guernica, representado tan bien entonces por Teresa Parodi: “Y entonces qué hacemos: dejamos a la intemperie a los sin tierra ni techo en plena patria?“.

Sabemos que abrazan honestamente la “causa nacional y popular”. Que probablemente habrán oído de sus padres o abuelos consignas peronistas de hace 50 años, como “Liberación o dependencia”, “Patria sí, colonia no” y otras. Que habrán pensado “la Patria Grande Latinoamericana”, en tiempos de Néstor o de Cristina Kirchner. Que habrán gritado “Patria o Buitres”, pintado en las paredes “YPF 100% estatal” o portado banderas con la consigna “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”. Que habrán festejado cuando la estatua de Juana Azurduy desplazó a la de Cristóbal Colón.

Nos preguntamos y les preguntamos: ¿por qué Alberto se reconoce “europeísta”? El Presidente, por su ubicación, al hablar de sí compromete a la Argentina. Esa postura, ¿con qué país nos identifica? ¿Con el de los sectores populares criollos, indios, mestizos, negros, base de los ejércitos revolucionarios que conquistaron la Primera Independencia de Latinoamérica? ¿Con el de los contingentes obreros anarquistas y socialistas que vinieron de España, Italia, Polonia o Rusia a trabajar en las fábricas y en el campo? ¿O con las elites reaccionarias que vivían para llenar sus bolsillos y adorar todo lo europeo? ¿Nos acerca hoy a los pueblos de Chile, Perú, Paraguay y Colombia en lucha?, ¿o al pensamiento: ”En Sudamérica somos todos descendientes de europeos” que expresó Macri en 2018 y que representa el sentir de su clase social?

¿Por otra parte, en qué Europa se reconoce Alberto Fernández? ¿La de Inglaterra pirata de las Malvinas? ¿La del Reino Español, que masacró a nuestros pueblos originarios y que en tiempos recientes robó nuestro petróleo y casi destruyó a YPF con su empresa Repsol o compró Aerolíneas Argentinas por monedas y después la ahogó con su línea aérea bandera Iberia? ¿La que despojó al continente africano, se enriqueció con el tráfico de esclavos y ahora da la espalda a los refugiados? ¿Son acaso Kristalina Georgieva, presidenta del FMI o Ángela Merkel, líder del imperialismo europeo, más benévolas que Biden y los otros jefes del imperialismo yanqui?

¿En cuál de los polos, “Liberación o dependencia”, “Patria o buitres”, ubicarían el “europeísmo” de Alberto o las actitudes amistosas del Gobierno de los Fernández con el FMI, el Club de París y los restantes acreedores de la Deuda Externa? ¿En cuál de los dos polos, las recorridas por el Vaticano y los gobiernos europeos, rogando un apoyo al pedido de apenas retrasar un poco el pago de los intereses?

La situación económica y los estragos que está causando la pandemia apremian. No quedan muchas opciones, es la Deuda Externa o la vida de los sectores obreros y populares: trabajo, vivienda, educación, salud, vacunas. Ojalá tengamos respuestas similares para esos interrogantes. Si es así, deberemos hacernos oir, principalmente por la dirigencia que firmó la Proclama del 25 de Mayo reclamando la suspensión del pago de la Deuda, porque el FMI y demás usureros no se van a doblegar con palabras, necesitamos que esa dirigencia convoque a ganar las calles. Y tendremos que organizarnos para desbordarla si se niegan, como hicieron los pueblos de Chile o Colombia. De ese modo  habrá esperanza de tomar un rumbo común con la clase trabajadora de Latinoamérica hacia lograr una Segunda y Definitiva Independencia.