Dom Ago 14, 2022
14 agosto, 2022

Portugal | ¡6 años de Geringonça mostraron que es necesaria una alternativa revolucionaria!

La reciente reprobación del Presupuesto del Estado (OE) muestra el impasse en que se encuentra nuestro país después de seis años de Geringonça y la incapacidad de la burguesía, pero también de la izquierda reformista, para responder a las necesidades de la clase trabajadora, de la juventud y de los sectores más oprimidos de la población.

Por: Em Luta, 30/10/2021

El fiasco del proyecto del PS de Costa

En estos seis años, cuatro de Geringonça y dos gobiernos Costa (con una Geringonça no oficial), el PS procuró fingir que había revertido las opciones neoliberales que hace varios años guiaban los rumbos de sus gobiernos. Fueron varias migajas, pequeñas medidas para intentar decir que se había cambiado alguna cosa, para que todo quedase igual.

De forma sintética, es preciso decir que seis años de Costa no revirtieron la destrucción de Passos/Troika en el país. No fueron solo las leyes del Código de Trabajo, de las que tanto se habló en estos últimos días, las que no fueron revertidas. Fueron pilares centrales como la venta de todas las grandes empresas estratégicas del país, como la EDP, la REN, os CTT a ANA Aeropuertos, e incluso la TAP, que habiendo vuelto a la esfera del Estado, lo hizo con una pesada reestructuración contra los trabajadores y sin cuestionar el proyecto al servicio de la población, sino de los intereses privados y de las compañías alemanas y francesas. Fue la ley de rentas de la Asunção Cristas (CDS) que llevó al desalojo de millares de personas y a que las rentas se disparasen, que el PS de Costa llevó al extremo con la generalización del alojamiento local y el crecimiento exponencial de las ciudades de los ricos, del que la Lisboa de Medina es expresión máxima, pero no única.

Fueron los ataques antidemocráticos contra las huelgas, como la requisición civil contra conductores de Materiales Peligrosos, estibadores y enfermeros, pero también la mano libre dada a la policía durante la pandemia para, en nombre de la salud, reprimir a los trabajadores, en particular en los barrios más pobres y en las periferias negras de las grandes ciudades. Fueron los lay-off para pagar los lucros de las grandes empresas con el dinero de la Seguridad Social (el dinero de todos nosotros), mientras los trabajadores vieron cortados sus ingresos y en tantos casos rozando el hambre y el desalojo. En el país de Costa, volvieron a crecer los sin techo, la juventud no tiene horizonte mejor, y conciliar trabajo y familia es un espejismo para ricos, pues en el país real, el aumento de los ritmos de trabajo y la precariedad constantes mal dan para vivir, cuanto más para tener hijos.

Costa cae porque ya ni las migajas está dispuesto a dar, tan preso que está por ser buen alumno de la Unión Europea, que reserva para Portugal el lugar de proveedor de mano de obra barata, al servicio de las grandes multinacionales europeas. Costa cae porque, en tiempo de crisis, los patrones quieren mano aún más dura contra los trabajadores y estos ya no creen más en una farsa que en nada cambió sus vidas, de días difíciles para días más difíciles.

La utopía del Estado Social del BE y el PCP en el siglo XXI

BE y PCP sostuvieron la farsa de Costa, y dentro de los lugares de trabajo y en los movimientos sociales fueron los agentes de la conciliación con patrones y gobierno, trabando las luchas de la clase trabajadora. Quisieron hacer creer que era posible cambiar el país a través de la votación de pequeñas medidas en el Parlamento. Quisieron hacer creer que era posible cambiar el país a favor de los trabajadores, dentro de las amarras de la UE y del euro, cuando todos los presupuestos más que presupuestos nacionales son los presupuestos permitidos por los dictámenes de la EU, cuyos resultados ya vimos que solo han significado la venta del país y de los derechos de quien trabaja. Quisieron hacer creer a los trabajadores y sectores oprimidos que el cambio vendría sin movilización, mientras desgastaban las luchas en actos simbólicos, y en no jugar para ganar, sin miedo.

PCP y BE ahogaron las fuerzas de la clase trabajadora en la conciliación de clases. Ahora, PCP y BE decidieron no apoyar más las migajas de Costa. Después de Costa, PCP y BE van a presentarnos el proyecto de un país que con otro gobierno de izquierda, con otras medidas en el Parlamento, puede recuperar el Estado social: derecho al trabajo, derecho a la salud, derecho a la educación. Pero recuperar el Estado social dentro del capitalismo globalizado de hoy es una utopía. Particularmente, es imposible defender el derecho a la salud, la educación o el trabajo sin dominar el Presupuesto, que hoy es decidido en Bruselas y no en Portugal, sin tener una moneda propia, sin tener el control sobre los principales sectores de la economía (que la UE no permite). Por todo eso, el proyecto del PCP y el BE, que intenta conseguir reformas dentro del capitalismo, no traerá cambios para los trabajadores. El ejemplo de la apuesta de la Geringonça –u otros ejemplos como el de Grecia, donde Syrisa gobernó contra los trabajadores griegos, o de la alianza de Podemos con el PSOE en el Estado español– muestra que, dentro de la UE y de este sistema no hay un proyecto de país (ni de Europa ni de mundo) que sirva a los trabajadores, la juventud más pobre y todos los sectores oprimidos.

La Geringonça demuestra que el cambio solo vendrá de una nueva revolución

Después de seis años de Geringonça, queda claro que los cambios no vendrán de los acuerdos en el Parlamento sino de la movilización fuerte y organizada de los trabajadores. Por eso, decimos que es preciso una nueva revolución. Una revolución que garantice el derecho al trabajo, el derecho a la conciliación entre trabajo y familia! Que haga que los avances tecnológicos permitan a la Humanidad trabajar menos y no ser más esclava de las máquinas y de sus ritmos alucinantes! ¡Que permita a los más viejos retirarse dignamente y a los jóvenes trabajar con derechos y perspectivas de futuro! Que garantice el derecho a la salud pública, de calidad y en tiempo y horas, y no un Sistema Nacional de Salud (SNS) que no responde en varias especialidades y que se mantiene en pie a costa del cansancio de sus trabajadores. Una revolución que haga que el derecho a la igualdad de género, racial y sexual salga del papel y sea una realidad. Que garantice el derecho a la habitación digna para todos, con un proyecto de vivienda pública integrado en ciudades pensadas para las personas y su vivencia colectiva, humana y ecológicamente sostenible, y no para el financiamiento de los lucros inmobiliarios privados. Una revolución que proteja el medio ambiente (como es el caso de las selvas) y actúe para impedir sus alteraciones climáticas; que salga de la UE y del Euro para recuperar instrumentos de soberanía y control de los destinos del país, pero se asiente en la perspectiva de construir una Europa de los trabajadores y los pueblos.

Es preciso una nueva revolución, porque dentro del sistema capitalista no hay salida para la clase trabajadora. Y las varias caras de los gobiernos capitalistas y la destrucción humana y ambiental por ellos causados muestran eso mismo. Por eso, decimos que es preciso una nueva revolución que rompa con este sistema, una revolución socialista. La derecha dice hoy que vivimos bajo el socialismo, pero en realidad el “socialismo de Costa” es una más de las versiones del capitalismo salvaje que toda la derecha defiende, pero aun con menos “caridad”.

Nosotros, trabajadores y trabajadoras, mujeres, negros, LGBTIs y jóvenes tenemos derecho a otro futuro en este planeta y en este país. Pero eso implica luchar por una sociedad socialista, sin explotación y sin opresión. Para eso se precisa una nueva revolución. ¡Es necesario construir una alternativa revolucionaria que luche por eso!

Traducción: Natalia Estrada.

Más contenido relacionado:

Artículos más leídos: