Dom Feb 25, 2024
25 febrero, 2024

Un proceso revolucionario en curso en Grecia

En los debates con la izquierda de Syriza y otras organizaciones, como el MES brasileño, aparece siempre un argumento para defender su política de integración o apoyo a Syriza y su gobierno: esa política era la “única posible” porque Syriza y su gobierno expresaban tanto la “relación de fuerzas” como el “nivel de conciencia de las masas” griegas en ese momento.

Por: Alejandro Iturbe

Por lo tanto era una política sectaria y ultraizquierdista querer ir “más allá”. (En realidad, este argumento ya fue utilizado para la defensa de políticas similares como el apoyo al gobierno de Chávez en Venezuela y otros en diferentes países). Para nosotros, estas corrientes hacen un análisis equivocado de la realidad griega y del rol de Syriza y su gobierno en ese marco.

La relación de fuerzas

Comencemos por la “relación de fuerzas”. Para las corrientes marxistas, este concepto define la situación de la lucha de clases en un período determinado. ¿Quién está a la ofensiva y quién a la defensiva: la burguesía y las clases dominantes o los trabajadores y el pueblo? ¿Qué grado de triunfos sobre el adversario alcanza esta ofensiva? Existen también situaciones de “equilibrio” pero la definición principal al evaluar una relación es precisamente ver quién avanza y quién se defiende en la lucha de clases.

Para nosotros, quien ha estado a la ofensiva en Grecia en los últimos años han sido los trabajadores y el pueblo. No se trata de un “optimismo vacío”: es lo que indica la realidad. Desde 2010 (inicio de la aplicación de los planes de ajuste-rescate), los trabajadores y el pueblo griego han hecho 35 huelgas generales muy fuertes e incontables movilizaciones a la Plaza Syntagma en Atenas, en las que rodearon el Parlamento y se enfrentaron duramente con la represión policial.

loukánikos
Lukánikos encabezaba las movilizaciones de lucha en la Plaza Syntagma. Murió este año como consecuencia de los gases inhalados durante las represiones.

Fueron luchas que los ubicaron a la vanguardia de los combates contra los planes de ajuste en el mundo y tuvieron impacto internacional. Como una expresión mediática de este impacto, en 2012, la revista estadounidense Time eligió a Lukánikos (el famoso perro callejero que siempre se ubicaba a la cabeza de las movilizaciones en la Plaza Syntagma) como uno de los “personajes del año”.

Una fuerza de lucha que, por un lado, expresaba la histórica combatividad del pueblo griego y, por el otro, surgía de un aumento brutal de la pobreza, la miseria y los sufrimientos de los trabajadores y las masas que cada nuevo plan de ajuste agudizaba aún más (ver artículo “El costo de estar en la UE y en la zona euro”).

Al mismo tiempo, esta lucha demolía todos los gobiernos que aplicaban los planes de ajuste. Baste decir que, en esos pocos años, cayeron en Grecia cuatro gobiernos de diferente composición política. Aunque su salida se haya concretado electoralmente, esos gobiernos cayeron por la acción y la lucha del movimiento de masas[1].

Otras consecuencias han sido provocar la crisis agónica de la histórica organización socialdemócrata griega (PASOK) y un gran debilitamiento del tradicional partido burgués de derecha Nueva Democracia. Es decir, la lucha produjo lo que Lenin denominaba una “crisis de las clases dominantes» que ya “no pueden seguir gobernando como antes”.

Hasta finales de 2014, entonces, la “relación de fuerzas” en Grecia nos mostraba la combinación entre un profundo y sostenido ascenso (ofensiva) de la lucha de los trabajadores y las masas con una profunda crisis de las clases dominantes. Podemos ponerle diferentes “etiquetas” o nombres a esta situación, pero este era su contenido. Para los que nos reivindicamos revolucionarios, se trataba de ver cómo se la hacía avanzar cada vez más.

El triunfo de Syriza y su gobierno

El crecimiento electoral de Syriza y su triunfo en las últimas elecciones fue una “expresión distorsionada” de esta situación de la lucha de clases. Decimos “distorsionada” porque, por un lado, reflejaba una muy progresiva radicalización de las masas, su ruptura con los partidos tradicionales y su aspiración de acabar con los ajustes y la sumisión a la UE. Pero, por el otro, Tsipras y la mayoría de la dirección de Syriza (por sus posiciones y concepciones) no tenían como objetivo que ni la acción ni la conciencia de las masas avanzasen hacia niveles más altos.

Por el contrario, su objetivo fue frenar el proceso planteando que las negociaciones con las instituciones de la UE imperialista (marco infranqueable e “irrompible” de sus concepciones) eran el “único camino posible” y no el de la profundización de la lucha de las masas.

Por eso, en el marco de la confianza que los trabajadores y las masas habían depositado en Tsipras y Syriza, su lucha tuvo un “compás de espera”. Pero su voluntad y su disposición de enfrentar los dictados de la UE y los imperialismos europeos quedaron plasmadas en una victoria contundente del NO en el referendo del 5 de julio. ¿Cuántas demostraciones más de luchas y de conciencia precisan estas corrientes de izquierda para llegar a la conclusión de que no es la “relación de fuerzas” o el “nivel de conciencia” lo que impide el avance “más allá” de los trabajadores y el pueblo?

Ahora Tsipras y Syriza siguen buscando desmoralizar a las masas diciendo que lograron el “mejor acuerdo posible” y que “no había alternativa”. Peor aún, ya han comenzado (de modo incipiente) el camino de la represión de las movilizaciones, como lo hicieron durante la concentración en la Plaza Sytagma contra la aprobación del acuerdo con la UE en el Parlamento griego y en el juicio y la condena a tres activistas que participaron de esa movilización[2]. Y se preparan para una represión mayor frente a las luchas que pueden venir contra la aplicación el nuevo y brutal ajuste. Así lo muestra el acuerdo firmado entre el gobierno de Tsipras y el de Israel para “cooperación militar” y “entrenamientos conjuntos” de los ejércitos de Grecia e Israel (un ejército cuya acción principal es reprimir y asesinar al pueblo palestino)[3].

En otras palabras, habiendo traicionado a su pueblo, ahora Tsipras y el gobierno de Syriza quieren derrotarlo, al servicio de los imperialismos europeos y la burguesía griega. Y si no lo consiguen con la desmoralización, intentarán con la represión y los consejos de los asesinos y represores israelíes.

Para qué debemos prepararnos

El nivel de conciencia de los trabajadores y las masas es muy dinámico ya que es el resultado de un proceso de interacción permanente entre sus convicciones actuales (construidas por su experiencia histórica), los hechos de la realidad y las conclusiones que van sacando sus propias acciones frente a esa realidad.

En estos momentos, seguramente, en Grecia, esa conciencia sufre una aguda contradicción entre la experiencia de lucha de los últimos años (y la firme voluntad expresada en el referendo) y el mensaje de Tsipras y Syriza que les dicen que lo que hicieron era “el único camino”. ¿Aceptarán este mensaje desmoralizador y bajarán los brazos? ¿O predominará la experiencia de los últimos años y retomarán la lucha? Algunos elementos, como la huelga de los trabajadores estatales agrupados en ADEDY y la movilización contra la aprobación del acuerdo en el Parlamento podrían indicar la segunda alternativa. En una perspectiva que puede acentuarse en la medida que el gobierno comience a aplicar las medidas concretas del terrible plan de ajuste que acordó, y los trabajadores y las masas sufran sus consecuencias. Será la propia realidad, en los próximos meses, la que responderá estos interrogantes.

Al mismo tiempo, para quienes nos reivindicamos revolucionarios los cambios (avances o retrocesos) en el nivel de conciencia de las masas no surgen sólo de una relación “pura” entre las masas y la realidad. Juegan un papel muy importante la acción de las organizaciones políticas y sindicales y sus direcciones que, con sus concepciones y políticas, impulsan esos avances o retrocesos.

Nosotros queremos que los trabajadores avancen en su acción y en su conciencia. Eso implica hoy, en primer lugar, una lucha mortal contra el gobierno de Tsipras y Syriza (transformado en agente de la Troika) en todos los terrenos (políticos e ideológicos) pero centralmente en las acciones de masas.

Implica también el debate con todas aquellas corrientes que apoyaron ese gobierno y, aún cuando critiquen y denuncien el acuerdo y sus consecuencias, justifican ese apoyo y no rompen con él. Tal como afirmamos en otro artículo, esa postura los va a llevar a terminar siendo “cobertura de izquierda” de Tsipras y su gobierno (una forma de complicidad). Los discursos sobre “relaciones de fuerza” y “niveles de conciencia” para fundamentarse acabarían siendo apenas justificaciones de este papel. En cualquier caso la pregunta es muy simple: ¿cómo hacemos avanzar hoy la conciencia y la acción de las masas? ¿Apoyando y justificando al gobierno de Tsipras o rompiendo con él y llamando a combatirlo?

La estrategia de la toma del poder

Para nosotros, una situación como la que describimos en Grecia plantea objetivamente la cuestión de la toma del poder por los trabajadores y el pueblo. Tsipras y Syriza subieron centralmente para evitar esta perspectiva. Por el contrario, esa debe ser la perspectiva estratégica que guíe todas las políticas y tácticas de los revolucionarios buscando el avance de la movilización y la conciencia de los trabajadores y las masas.

Al mismo tiempo, continuamos considerando plenamente vigente la elaboración de Lenin (uno de sus mayores aportes al marxismo): ese avance en la conciencia debe “objetivarse” y realimentarse en la construcción de un partido revolucionario que, en el seno del proceso vivo de la lucha de clases, dispute y gane la dirección de las masas a las corrientes reformistas que quieren “parar” la revolución o limitarla a estadios previos a la toma del poder.

Un partido revolucionario que, a la vez que interviene e impulsa activamente las luchas concretas que las masas van dando, dialoga con la confusión que aún tienen en su conciencia a través de “explicar pacientemente” cuál es la salida de fondo, tal como hicieron los bolcheviques en Rusia, en 1917.

Sin esta dirección revolucionaria que impulse conscientemente el proceso de la lucha hasta el final, toda revolución está condenada a una derrota casi segura o, en el mejor de los casos, a “dar vueltas en círculos”. Por eso, su construcción es actualmente la tarea estratégica (y a la vez una necesidad concreta) que tienen planteado en Grecia los trabajadores y la izquierda revolucionaria.

[1] Los cuatro gobiernos y sus primeros ministros han sido: Yorgos Papandreu (PASOK, 6 de octubre de 2009  – 11 de noviembre de 2011); Lucas Papademos (Coalición PASOK – Nueva Democracia, 11 de noviembre de 2011 – 16 de mayo de 2012); Panagiotis Pikramenos (gobierno interino técnico, 16 de mayo – 20 de junio de 2012) y Antonis Samarás (Nueva Democracia, 20 de junio de 2012 – 25 de enero de 2015) .

[2] Ver artículo de la página web de la LIT-CI: http://www.litci.org/index.php/grecia/item/3132-dos-juicios-simultaneos-en-atenas#.VbqpuflViko

[3] Ver artículo http://www.litci.org/index.php/grecia/item/3137-grecia-e-israel-firman-un-acuerdo-de-cooperacion-militar#.VbqqtPlViko

Artículo publicado en la revista Correo Internacional n.° 13, agosto de 2015.-

Lea este y otros artículos relacionados en este mismo sitio: www.litci.org y en: www.archivoleontrotsky.org

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