Mié Ago 10, 2022
10 agosto, 2022

Un debate estratégico: ¿Qué alternativa de organización política corresponde a un proyecto socialista y revolucionario?

En este momento, los activistas están involucrados en sus movilizaciones específicas y en las campañas electorales de sus candidatos. Pero para una parte de estos activistas, entre ellos los que rompieron con el PSOL después de su adhesión a la candidatura Lula-Alckmin, hay otra cuestión fundamental, estratégica: ¿qué poner en el lugar del PSOL?

Por: Eduardo Almeida

Se pueden dar varias respuestas a esta pregunta. ¿Construir un nuevo partido, parecido al PSOL, pero “más a la izquierda”, sin “los errores del PSOL”? ¿O debemos avanzar hacia un FIT (Frente de Izquierda de los Trabajadores), similar al de Argentina? ¿O sería necesario construir un partido revolucionario, similar al PSTU?

La respuesta a esta pregunta estratégica podría dar un nuevo sentido a la militancia de estos activistas en los próximos años, y tal vez incluso más. Por eso creemos que es muy importante hacer este debate.

Queremos proponer que esta discusión también se realice a través del Polo Socialista y Revolucionario. No porque el Polo sea esta alternativa. No es y no pretende ser. Sino porque el Polo es un espacio donde podemos hacer este debate de una manera franca y fraterna entre nosotros.

En nuestra opinión, lo que se necesita es una organización capaz de dirigir el movimiento de masas hacia una revolución socialista. Un partido que, apoyado en la fuerza de la movilización de las masas, destruya el Estado burgués y ponga a la clase obrera en control del poder político del país para inaugurar la transformación socialista de la sociedad. Esto es así porque no creemos que el socialismo se alcance a través de elecciones sino a través de una revolución.

Estos dos objetivos diferentes requieren dos tipos de partidos. Si se trata de un partido para disputar elecciones, se debe organizar un partido de tipo electoral. Si es una organización que busca dirigir una revolución socialista, es necesario construir un partido revolucionario.

¿Por qué pasó lo que pasó con el PSOL?

Antes de avanzar en cualquier respuesta, es necesario tener un balance preciso de lo ocurrido con el PSOL. Y un balance de la experiencia del PSOL necesita, en primer lugar, reconocer que ese partido siempre ha sido un partido reformista electoral. Nunca se propuso la tarea de llevar el movimiento de masas a una revolución socialista para destruir el Estado burgués, sino la de conseguir reformas por la vía electoral.

En la cabeza de muchos activistas, este objetivo llegaría con el tiempo, a medida que avanzase la situación de la lucha de clases. Y esto no es así. Tenemos en la historia cientos de ejemplos de partidos revolucionarios que fueron destruidos por las presiones de la democracia burguesa y se convirtieron en reformistas. Pero no tenemos ningún ejemplo en la historia de partidos reformistas que se convirtieran en revolucionarios. Y esto tiene una explicación objetiva: la adaptación de estos partidos a las presiones que reciben de la democracia burguesa, que los lleva a limitar sus actividades a los límites de la institucionalidad burguesa.

Si esto es así, ¿cómo debe entenderse la evolución hacia el apoyo a Lula-Alckmin? ¿Es esto un error táctico? ¿O es la expresión de una estrategia?

Para nosotros, la respuesta es categórica. No se trata de un problema coyuntural, táctico, como quieren mostrar los sectores de izquierda que se quedaron en el PSOL.

El PSOL, además de la alianza electoral con Lula-Alckmin, formó una federación con la Rede Solidariedade, un partido burgués. Estos son pasos estratégicos. Se trata de un camino sin retorno, y por eso felicitamos a los activistas y grupos que rompieron con ese partido. El PSOL está dejando de ocupar el espacio político que siempre ocupó, a la izquierda del PT, para ser una especie de agregado o asociado directo del PT. Pero ya tenía una definición estratégica reformista electoral cuando era un espacio a la izquierda.

Y esto sucede porque está siguiendo el mismo camino que ha seguido el PT, del reformismo electoral hacia el reformismo que ocupa los gobiernos. En otras palabras, acepta el papel de administrar el capitalismo desde los gobiernos, junto con la burguesía. No es ninguna novedad que la presencia en la alianza electoral con Lula-Alckmin es un camino directo para la participación del PSOL en un posible –y probable– gobierno del PT en 2023.

Se trata de un cambio importante para un partido que se originó exactamente a partir de la experiencia con el primer gobierno del PT en 2003. Cuando Lula impuso una reforma neoliberal de las pensiones, cuatro parlamentarios votaron en contra y poco después fueron expulsados ​​del partido. Esto generó un movimiento de reorganización política alrededor de estos parlamentarios, que condujo a la fundación del PSOL. El PSOL, a pesar de presentarse como “más a la izquierda” que el PT, desde un principio hizo acuerdos con sectores de la burguesía y nunca tuvo la misma base de trabajadores que el PT.

Ahora, el PSOL hace el camino de vuelta, aceptando la alianza electoral y la probable participación en un gobierno de Lula en 2023, que tiene todo para ser más a la derecha que hace veinte años.

Se trata del fin de línea para toda una generación de activistas que se encantó con la idea de un “partido amplio, democrático, anticapitalista, que unía muchas corrientes”.

Estas decisiones –apoyo a Lula-Alckmin y la federación con la Rede– fueron tomadas burocráticamente por una “conferencia”, que de hecho estaba compuesta por los mismos integrantes de la dirección nacional del partido.

Basta remontarse a la década de 1980 para ver un proceso de reorganización mucho más rico, que tuvo un resultado similar. Fue el que involucró a decenas de miles de activistas obreros, estudiantiles y populares, fruto de todo el ascenso de las huelgas en ese período, y que llevó a la formación de la CUT y del PT.

Con la elección de Lula y los gobiernos petistas, toda esta generación fue esterilizada para cualquier perspectiva revolucionaria. La amplia mayoría se incorporó al aparato de Estado burgués (como parte de los mandatos parlamentarios o cargos de gobierno) o, desilusionada, abandonó la militancia.

Estas desastrosas experiencias del PT y del PSOL deberían llevar a la reflexión de todos estos activistas que ahora están rompiendo con el PSOL. ¿Por qué pasó esto? Buscar esa respuesta es importante para evitar embarcarse en un nuevo proyecto que generará un nuevo fracaso en el futuro.

Nuestra opinión es que tanto el PT como el PSOL siguieron este camino porque se integraron a la institucionalidad de la democracia burguesa, y fueron, con ritmos diferentes, dejando de lado cualquier perspectiva socialista, o de independencia de clase. Los sectores de izquierda que existían en estos partidos fueron siendo derrotados y marginados. Y eso tomó otra dimensión cuando estos partidos llegaron o se prepararon para llegar a los gobiernos.

Un partido reformista electoral en la oposición puede darse el lujo de defender reformas cuyo alcance no sea aceptado por la burguesía. Mientras se prepara para llegar al poder, y más aún ya en el poder, simplemente tiene que administrar el capitalismo dentro de los estrechos límites definidos por la burguesía. Y estos límites son cada vez más pequeños debido a la crisis del capitalismo y la decadencia del país.

Los ejemplos similares en nivel internacional

El camino de la socialdemocracia europea –con partidos socialistas como el PSOE español o el PASOK griego– es bien conocido. Estos partidos, que originalmente eran partidos obreros, evolucionaron con realidades y ritmos diferentes para la gestión de los gobiernos burgueses. Hoy muchos de ellos son partidos burgueses con bases en sectores de masas. Jugaron, y siguen jugando, un papel fundamental en la implementación de los planes neoliberales en Europa.

Pero, debido a las crisis y el desgaste de estos partidos en los gobiernos, se abrió un espacio a la izquierda que fue ocupado por “partidos anticapitalistas”, como el Bloco de Esquerda (Portugal), NPA (Francia), Refundación Comunista (Italia), Die Linke (Alemania), y otros partidos que ni siquiera se definen como anticapitalistas, como Syriza (Grecia) y Podemos (España).

La idea básica, que parecía bastante atractiva, era ocupar el espacio electoral dejado vacante por el desgaste de la socialdemocracia. Para eso, formar partidos “anticapitalistas” sin un programa revolucionario socialista definido, porque al fin y al cabo eso sería “demasiado radical” para participar en elecciones. Podría así “juntar a todos los sectores, más revolucionarios o más reformistas”, alrededor de un “programa anticapitalista”.

Esto quiere decir, en realidad, que son programas reformistas, ya que no defienden la revolución socialista sino solo reformas en el capitalismo. Tampoco defienden la independencia política de los trabajadores. Consideran normal gobernar junto con sectores de la burguesía. Por eso ni siquiera se dicen socialistas, sino “anticapitalistas”. Podemos y Syriza ni siquiera se definen como anticapitalistas sino en defensa de una “nueva política”.

Hay en estos partidos activistas de izquierda que defienden sinceramente la revolución socialista y la independencia de clase. Pero la dinámica siempre la dan los parlamentarios y gobernantes. Después de todo, son partidos electorales, y son los parlamentarios quienes tienen más prestigio y aparato en estos partidos. Los sectores de izquierda en general terminan aislados o incluso expulsados. Y, si se mantienen en el partido, acaban sirviendo únicamente para “legitimar” en su área de influencia la política de la dirección del partido, que es contraria a los intereses de los trabajadores.

Estos partidos se definen como “amplios”, sin ningún grado de centralismo, porque al fin y al cabo eso sería “burocrático”. Esto es aparentemente democrático, debido al rechazo de muchos activistas al centralismo burocrático estalinista.

De hecho, estos partidos tienen la misma estructura que los partidos socialdemócratas, ultra burocráticos, porque la base no decide nada.

Al no estar centralizados por las resoluciones de votaciones de congresos de base, lo que determina la posición pública de estos partidos es la política de los parlamentarios y/o gobernantes, quienes tienen acceso directo a la prensa.

El “democrático” Podemos era dirigido por Pablo Iglesias, que expresaba su posición individual por encima de todo el partido. Syriza en el gobierno desconoció no solo la posición de sus bases sino incluso la votación de un plebiscito que decidió no aceptar el plan del FMI en Grecia, pero que fue impuesto por el gobierno de este partido.

Sucede de la misma manera en el Brasil. El gobierno de Lula no aplicó el programa ultra limitado aprobado por los congresos del PT. En el PSOL, Boulos retiró su candidatura al gobierno del Estado [San Pablo], pasando por encima de la decisión de la conferencia estadual del PSOL. Edmilson Rodrigues, alcalde de Belém por el PSOL, gobierna como quiere, en alianza con la burguesía y en sociedad con el gobierno estadual del MDB, sin consulta alguna con las bases. De hecho, estos partidos son ultra burocráticos, porque la base no decide nada.

Son partidos creados para las elecciones, adaptados a la institucionalidad burguesa. Partidos reformistas, dirigidos burocráticamente por los parlamentarios.

El peso de la institucionalidad burguesa

El destino del PSOL sigue el mismo camino que otros partidos anticapitalistas de Europa y del PT en el Brasil. Como es un partido electoral, adaptado a la institucionalidad de la democracia burguesa, su dinámica está dada por los parlamentarios.

La democracia burguesa hace posible que cuadros de la izquierda accedan a cargos y fondos del aparato de estado en un nivel que altera directamente su modo de vida, muy por encima de la realidad de los trabajadores. El PT, únicamente de fondo electoral, recibirá este año R$ 503 millones [aprox. U$S 94 millones] y el PSOL R$ 100 millones [aprox. U$S 19 millones]. A esto se suman cientos o miles de cargos ocupados por parlamentarios y sus asesores. En el caso de gobiernos, esto se multiplica por muchas y muchas veces.

Estos partidos no se sostienen con la contribución voluntaria de los trabajadores de sus bases sino con los fondos del Estado burgués.

Como la existencia determina la conciencia, esos cuadros comienzan a cambiar sus vidas alrededor de cómo mantener los mandatos y cargos. No es casualidad que los procesos electorales se conviertan en el centro de las actividades de esos partidos. Así se esterilizan miles y miles de activistas que vienen del movimiento de masas.

Además, la convivencia directa y la alianza con sectores de la burguesía, termina por estrechar lazos directos con ellos en el financiamiento de campañas electorales.

No es casualidad que hoy Lula y José Dirceu tengan vínculos directos con las grandes empresas. Asimismo, Edmilson en el gobierno de Belém.

No se trata de una “deformación” individual en el interior de estos partidos sino de una evolución natural como consecuencia de la adaptación a la institucionalidad burguesa, su Estado y su régimen.

En estos partidos electorales, quienes dan la dinámica de sus direcciones son los parlamentarios, que tienen más prestigio, más relación con los medios, y más aparato, con más cargos y dinero. También son los que pueden ganar las “convenciones”, moviéndose con más aparato o directamente comprando a los afiliados para votar.

No es casualidad que la lógica de estos partidos sea un camino hacia la derecha. La socialdemocracia europea tuvo la evolución ya conocida. La gran prueba de los partidos anticapitalistas llegó cuando Syriza, en 2015, ganó las elecciones en Grecia, despertando enormes expectativas. Pero aplicó el mismo plan del FMI, incluso después de su rechazo en el plebiscito.

Refundación Comunista fue parte del gobierno burgués de Romano Prodi entre 2006 y 2008. Desde entonces ha entrado en una profunda crisis, casi desapareciendo de la realidad política italiana.

Podemos forma parte del gobierno del PSOE en España, dejando de lado también la defensa de la “nueva política”. Ahora está en plena decadencia, incluso electoral. El Bloco de Esquerda en Portugal participa del gobierno del Partido Socialista, y vive también una crisis importante.

En el Brasil, el PT tuvo el destino que ya conocemos. Y ahora el PSOL apoya a Lula y Alckmin, hizo una federación con la Rede y se prepara para entrar en un posible gobierno Lula.

Es impresionante cómo, frente a las realidades de la lucha de clases y de países tan diferentes como España, Grecia, Italia, Portugal, Brasil, existen procesos similares en la evolución de estos partidos “anticapitalistas”. Lo que une esas realidades es el peso de la institucionalidad de la democracia burguesa sobre estos partidos.

¿Un nuevo partido anticapitalista más a la izquierda?

Tras la ruptura con el PSOL, ¿la construcción de un nuevo partido anticapitalista puede ser una salida? En nuestra opinión, no. Si repite las características de este tipo de partido, de adoptar un programa reformista, de tener un carácter electoral y una estructura socialdemócrata, terminará repitiendo la misma historia que el PT y del PSOL.

Esto no depende de buenas intenciones. Basta recordar a los activistas, dirigentes y grupos que ayudaron a fundar el PT y el PSOL en el pasado y ver cómo están hoy, al pasarse a la institucionalidad burguesa. Muchos de ellos tenían excelentes intenciones e incluso defendían posiciones a la izquierda. Como partidos electorales, sus cuadros se adaptarán a las elecciones y a la democracia burguesa.

Si este nuevo partido es la unidad entre corrientes reformistas y revolucionarias, necesariamente tendrá que adoptar un programa reformista, como un denominador común. En este caso, no hay término medio ni posibilidad de consenso. O se defiende una revolución socialista, con la destrucción del Estado burgués y la construcción de otro Estado, o se defiende hacer reformas en el Estado burgués. Y esto acabará determinando un carácter reformista al conjunto del partido.

Como se demostró en la evolución de todos los partidos con esta característica central reformista electoral, los sectores reformistas terminarán dando la dinámica, precisamente porque son consecuentes con la característica central del partido, y porque están actuando a favor y apoyados en las presiones de la institucionalidad burguesa que se abaten sobre el partido. Con el tiempo, aíslan, derrotan o asimilan a los grupos y activistas de la izquierda revolucionaria (que también tienden a deformarse y abandonar sus orígenes en un ambiente como ese).

La “unidad entre reformistas y revolucionarios” se convierte inevitablemente en una organización reformista. Vale la pena que todos los activistas que defienden la revolución socialista piensen en la evolución no solo del PT y del PSOL sino de todos los partidos reformistas electorales en el mundo.

Si ese partido adopta una estructura socialdemócrata, terminará teniendo la misma dinámica de ser dirigido burocráticamente por parlamentarios, sin ningún peso de las bases.

Sería importante en este debate que quienes defienden la construcción de “un nuevo PSOL más a la izquierda” presenten, a nivel nacional e internacional, ejemplos distintos a los que citamos aquí. A nuestro ver, estos ejemplos no existen, por una razón política y material: el peso de la institucionalidad burguesa que opera en los más diversos países y situaciones de la lucha de clases.

En otras palabras, en nuestra opinión, la construcción de un “nuevo PSOL, más a la izquierda” retomará el camino del viejo PSOL y del PT: la adaptación a la institucionalidad burguesa.

¿La alternativa sería la construcción de un FIT-U, semejante al de la Argentina?

El FIT-U es un frente electoral permanente, que existe desde 2011 e incluye partidos de origen trotskista, como el PTS, PO, Izquierda Unida y MST. Está teniendo un peso electoral importante, con resultados que lo han colocado como la tercera fuerza electoral del país.

Muchos activistas creen que esos resultados en la Argentina justifican tener la misma política en el Brasil. En realidad, creen que esta debería ser la política en todos los países latinoamericanos, independientemente de su realidad.

Nosotros creemos que una táctica electoral de frente único, con un programa socialista, revolucionario y de independencia de clase puede ser una buena política, como es el caso del Polo Socialista y Revolucionario en el Brasil hoy.

Pero una táctica electoral no puede convertirse en estrategia a menos que nuestra estrategia para transformar el país sean las elecciones. Como esta no es nuestra estrategia, nuestra organización tampoco debe responder a ese objetivo.

Una estrategia revolucionaria puede y debe tener una expresión táctica electoral. Mientras los trabajadores crean en las elecciones y no se vislumbre una posibilidad real de insurrección, es obligación de los revolucionarios participar en las elecciones para difundir el programa revolucionario.

Pero las tácticas electorales no pueden transformarse y, mucho menos, sustituir una estrategia. En este caso, la estrategia serían las elecciones –otro proyecto político– con el abandono de la perspectiva revolucionaria.

El FIT-U es un frente electoral permanente que, por sus propios éxitos electorales, está llevando a los partidos que lo integran a situar las elecciones en el centro de sus actividades. Una táctica convertida en una estrategia electoral. Y esto es, a nuestro modo de ver, un grave error.

Aquí también se expresa la presión de la institucionalidad burguesa, incluido el peso material del financiamiento de estos partidos por parte del Estado burgués. Estas organizaciones, todas ellas de origen trotskista, están recibiendo fondos de gran importancia del Estado burgués, lo que aumenta la presión material sobre ellas, como ocurre con otros partidos de izquierda en el mundo, como una de las razones más importantes para la adaptación a la institucionalidad burguesa.

Esta, decididamente, no puede ser una estrategia para quienes rompen con el PSOL precisamente por las consecuencias de la adaptación a esa institucionalidad.

Además de esa razón, para construir un FIT-U en el Brasil, sería necesario definir con quién. Sería imposible construir un frente electoral de independencia de clase con el PSOL o el PT, por su adhesión a la alianza con sectores de la burguesía.

Tampoco nos parece correcto un frente electoral con el PC o con la UP, organizaciones estalinistas con posiciones internacionales que acompañan las posiciones de los gobiernos burgueses dictatoriales de Cuba, Nicaragua, Siria, etc. Hoy apoyan la invasión rusa a Ucrania o se abstienen de tomar una posición.

La hipótesis de un frente electoral con el PC y la UP es un error táctico en estas elecciones, incluso con la negativa de estos sectores a apoyar a Lula-Alckmin, en particular por sus posiciones internacionales. Pero convertir una táctica equivocada en una estrategia sería ampliar mucho el error, también desde el punto de vista nacional. Estas son organizaciones estalinistas, con una estrategia frentepopulista. Por eso, ya apoyaron gobiernos burgueses en el Brasil, como el PC, que  apoyó a João Goulart y el primer gobierno de Lula. Por eso apoyan gobiernos burgueses “progresistas”, como las dictaduras siria y china.

El único partido trotskista con peso en la vanguardia y legalidad es el PSTU. No existe en el Brasil la misma realidad argentina, donde están el PTS, PO, IS y MST. En el PSTU estamos a favor del Polo Socialista y Revolucionario en estas elecciones, como un frente electoral de independencia de clase. Pero, como ya dijimos, una táctica electoral no es una estrategia permanente. Aunque hubiese otros partidos con el mismo peso que el PSTU, no estaríamos de acuerdo en transformar una táctica electoral en una estrategia permanente.

La única alternativa real es construir un partido revolucionario, leninista, y con centralismo democrático

Esta, sin duda, es la estrategia más difícil. Y eso probablemente llevará más tiempo. Pero, en nuestra opinión, es la única correcta.

Tener un programa y una política revolucionarios, que defienda la revolución socialista, es la única alternativa. Particularmente en este momento en que vivimos, cuando la crueldad de la explotación capitalista pone de manera viva y cruel la disyuntiva socialismo o barbarie.

Por eso, el necesario proyecto de luchar por una revolución socialista para derrocar el Estado burgués y poner en el poder a la clase obrera, apoyado en la fuerza de la movilización de las masas, exige un partido para el combate, y para la revolución.

Este partido de combate debe volcarse hacia la movilización y organización de la clase, luchando al mismo tiempo por la elevación de su conciencia y la organización de su vanguardia.

Este partido debe participar en los procesos electorales, en la medida en que los trabajadores crean en las elecciones. Pero este no debe ser su centro, sino las luchas directas de las masas. Y su participación en las elecciones debe estar centralmente dedicada a la divulgación del programa revolucionario, y no simplemente para elegir parlamentarios, como hacen los partidos electorales.

Un partido revolucionario debe luchar contra la dominación de la burguesía y también contra sus representantes reformistas en el movimiento de masas. No habrá posibilidad de una revolución victoriosa sin que los trabajadores rompan con las direcciones reformistas que los dirigen.

Asimismo, el compromiso con las luchas directas de los trabajadores presupone la necesidad de tácticas de frente único y unidad de acción, rechazando el sectarismo infantil de los ultraizquierdistas. Esto significa también apostar por organizaciones de lucha que expresen ese objetivo, como la CSP-Conlutas.

Pero construir un partido así no es fácil. Es fundamental tener una vida teórica interna y externa, que permita sostener la elaboración continua de ese programa y política. Al mismo tiempo, esa vida interna es la que permite el combate contra las corrientes reformistas, centristas, posmodernistas que actúan en el movimiento de masas, así como el enfrentamiento a las inevitables presiones de la democracia burguesa, del sindicalismo, etcétera.

Esto es fundamental, porque un partido revolucionario se construye en las luchas políticas concretas y eso significa también estar sometido a las presiones de la realidad. Por ejemplo, participar en las elecciones pero no ser un partido electoral es toda una definición de peso estratégico.

La presión de la democracia burguesa afecta a todos los sectores de la izquierda, incluso a nosotros del PSTU. No basta tener una actuación centrada en la lucha directa de las masas. También es necesario tener una vida teórica y programática interna que permita la armazón del partido no solo para discutir colectivamente el programa y la política sino también para enfrentar las presiones de la democracia burguesa.

No siempre conseguimos hacer eso. No por casualidad, una ruptura del PSTU, por las presiones de la democracia burguesa, dio origen a una corriente que hoy está en la derecha del PSOL. Cuando alertamos sobre los partidos de origen trotskista que integran el FIT sobre el error de tener una actividad política cotidiana siempre centrada en las elecciones, estamos hablando sinceramente de presiones que ya sufrimos en el pasado, y que llevaron a la explosión del viejo MAS en la Argentina, y lo sufrimos a diario hasta hoy.

Tener una estructura centralista democrática es fundamental. Al contrario del centralismo burocrático estalinista, hay debate libre dentro de nuestros partidos. Al contrario del centralismo burocrático socialdemócrata, son las votaciones de la base del partido en nuestros congresos las que determinan la política del conjunto de los militantes.

El centralismo democrático está estrechamente ligado a la necesidad del programa revolucionario. Una estructura centralista burocrática, del tipo socialdemócrata, es adecuada para un partido electoral, dirigido por parlamentarios. Una estructura centralista democrática es expresión de la votación por la base en los congresos, luego de una discusión libre, de la política que se aplicará hasta el próximo congreso. La elaboración de esta política es imposible sin la participación directa de la militancia en su conjunto, su aplicación en la realidad y las conclusiones que se extraen de allí, de esa experiencia colectiva, con las inevitables y necesarias correcciones de la política. La elaboración de la política de los partidos revolucionarios es, por lo tanto, inseparable de la participación viva y cotidiana de la militancia en su conjunto y de su contacto con la realidad y lo que piensan los trabajadores y su vanguardia. Y el conjunto de la militancia vota la política a adoptar por todos hasta el próximo congreso, con una frecuencia anual o bianual. Los direcciones son elegidas y las políticas votadas por los delegados en los congresos, en los que pueden formarse libremente tendencias y fracciones.

Como puede verse, este funcionamiento nada tiene que ver con el centralismo burocrático estalinista, que impide el libre debate interno. Tampoco tiene que ver con el centralismo burocrático parlamentario de los partidos con estructura socialdemócrata como el PSOL, PT, etc., en los que los parlamentarios deciden qué hacer.

El centralismo es rechazado por muchos activistas como “burocrático”. Eso no es verdad. Puede ser burocrático en su versión estalinista o socialdemócrata. Pero puede ser extremadamente democrático en su versión leninista, con libre discusión entre todos los militantes y, después de la decisión colectiva, la actuación en común con la posición votada. La centralización de la actuación común es fundamental porque nuestro objetivo es la construcción de una revolución socialista y no una campaña electoral. Y nunca en la historia ha habido una dirección revolucionaria victoriosa que no haya sido centralizada.

Entendemos el proceso revolucionario como internacional. La construcción del partido revolucionario también debe ser parte de una internacional revolucionaria. Esto es de enorme importancia, tanto para la elaboración de la política en los marcos de la realidad mundial como para combatir las inevitables presiones nacionales.

No creemos que el PSTU sea “el partido” ya pronto. Defendemos el PSTU como un embrión para ese partido, que solo puede construirse incorporando activistas que estén de acuerdo con un programa revolucionario y un régimen centralista democrático. Pero tenemos orgullo de lo que estamos haciendo y convidamos a los compañeros a compartir con nosotros esta estrategia.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 20/7/2022.-
Traducción: Natalia Estrada.

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