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29 febrero, 2024

Texto de Jean-Jacques Marie presenta el libro ‘¿Había alternativa al estalinismo?’, de Vadím Rogóvin

El primer tomo de la colección ¿Había alternativa al estalinismo? , de Vadím Rogóvin, llegó al Brasil de la mano de la Editora Sundermann. El libro da inicio a la publicación de los siete volúmenes producidos por el historiador y sociólogo ruso a lo largo de la década de 1990. Las preventas ya están disponibles en el sitio web de la editora. Haga clic aquí.

Por: Redacción PSTU Brasil

El objetivo de Rogovin era retratar la historia de la oposición marxista revolucionaria y las luchas políticas dentro de la Unión Soviética durante las décadas de 1920 y 1930, es decir, la verdadera historia del combate contra el estalinismo en la Unión Soviética, que comenzó con la Oposición de Izquierda en 1923 y se remonta al pacto Stalin-Hitler,en 1939, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, y el asesinato de León Trotsky, en 1940.

Ponemos a disposición, de primera mano, el texto de Jean-Jacques Marie de presentación de esta obra, inédita en el Brasil, ya a la venta por la Editora Sundermann.

Una obra de una amplitud impresionante…

Jean-Jacques Marie[1]

El día después de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Vadím Rogóvin se embarcó en un importante desafío: escribir y publicar siete volúmenes consagrados a la historia del combate contra el estalinismo en la URSS, desde los primeros pasos de la Oposición de Izquierda, en 1923, hasta la alianza entre Stalin y Hitler en agosto de 1939, y el asesinato de Trotsky el 20 de agosto de 1940. Este trabajo dio lugar a la publicación de seis volúmenes durante su vida, antes de su muerte la noche del 17 al 18 de setiembre de 1998. Ya había completado cuatro quintas partes del séptimo volumen, que su esposa y su asistente, Marc Goloviznin, completaron basándose en sus notas. Los siete volúmenes tienen el doble mérito de proporcionar un análisis concreto y detallado del surgimiento y la naturaleza de la contrarrevolución estalinista y de la actividad de los trotskistas en la URSS hasta su masacre. En este sentido, constituyen una fuente incomparable de conocimiento y reflexión.

Para este enorme trabajo, sin igual en la Rusia entonces y de hoy, Vadím Rogóvin utilizó la gran cantidad de documentos publicados en la URSS a partir de 1998; los documentos de los archivos parcialmente abiertos; y, por supuesto, el Boletín de la Oposición, publicado por Trotsky desde 1929 hasta su muerte, que naturalmente sólo podía entrar clandestinamente en la URSS y, por lo tanto, rápidamente quedó desconocido. Para apreciar la dimensión de esta obra, es necesario recordar la forma en que el estalinismo difamó, calumnió y caricaturizó la lucha de quienes se autodenominaban “bolcheviques-leninistas”, todos masacrados en 1938 y 1939, con dos o tres rarísimas excepciones. . Aunque la historiografía oficial, a partir de 1956, dejó de presentar a los trotskistas como agentes de los servicios secretos alemanes, japoneses y otros, siempre los clasificó como enemigos del “socialismo”.

El historiador ruso Mikhail Voiekov, en una reseña de la obra de Vadím Rogóvin, escrita un año después de su muerte, afirma: “La amplitud de esta obra es realmente impresionante. Su historia de la Unión Soviética hasta la Segunda Guerra Mundial supera con creces, por su profundidad y su alcance, todo lo fue escrito hasta ahora en Rusia” . Y precisa:

“Lo más importante es que el lector ruso encuentra en los libros de Rogóvin una historia completamente distinta de aquella que acostumbraba a leer en la época soviética, así como de la que intentan imponer hoy a un público crédulo de ideólogos listos a cambiarse de cammiseta y aullar con los lobos”. [2]

La empresa que emprendió entonces Vadím Rogóvin fue aún más notable por ir a contracorriente de la moda mediática. En la época, los defensores de la burocracia a menudo se reconvertían en paladines de la llamada “democracia” burguesa y de la propiedad privada, y por lo tanto de la “liberalización” que, en el transcurso de los años 1990, se tradujo en una privatización salvaje y un desmoranamiento social sin precedentes, marcados por una denuncia histérica de la Revolución de Octubre.

Voiekov subraya:

“El monopolio ideológico existe hoy como ayer. Antes era simplemente estalinismo, luego (con Brezhnev) “estalinismo ilustrado”; hoy es la ideología yeltsiniana, que se reduce al cinismo del dinero. Si antes el dictado ideológico era hecho por el Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y por la KGB, hoy pasa por el gran capital mafioso y los medios de comunicación que este compra”. [3]

La situación fue aún peor con Putin, con el desarrollo de una corriente ultranacionalista, organizada simultáneamente por una policía corrupta, al servicio de los oligarcas, una Iglesia ortodoxa también profundamente corrupta, y por un Partido Comunista de la Federación Rusa heredero del antiguo PCUS, que tiene como una de sus principales actividades la caza de trabajadores inmigrantes sobreexplotados, procedentes de las antiguas repúblicas soviéticas (Uzbekistán, Kazajistán, Tayikistán, Kirguistán) y denunciados por esos herederos del estalinismo, aliados a la Iglesia ortodoxa, como elementos criminales.

El nacionalismo chauvinista proclamado por Putin y su clan exige, en términos más generales, una reformulación de la historia y la definición de una política memorial oficial destinada a controlar la historia y a los historiadores. El entonces ministro de Situaciones de Emergencia, Serguei Choigu, posteriormente nombrado ministro de Defensa, declaró el 24 de febrero de 2009, en una reunión de excombatientes, que el Parlamento debería “adoptar una ley contra quienes negasen la victoria de la URSS en Gran Guerra Patriótica”. Un proyecto de ley en este sentido, presentado en la Duma, prevé sanciones contra quienes lo hagan.

El 19 de mayo de 2009, el Presidente Medvedev, mero ejecutivo de Putin, creó una “comisión destinada a combatir los intentos de falsificar la historia en detrimento de los intereses de Rusia”, encargada de recopilar y analizar las informaciones sobre “la falsificación de hechos y acontecimientos históricos realizada con el objetivo de manchar el prestigio de la Federación Rusa en el escenario internacional” y de elaborar “una estrategia destinada a contraatacar los intentos de falsificación” [4] . El nombre de la comisión destaca que esta perseguirá (presuntos) intentos de falsificación que afecten a los “intereses de Rusia”, es decir, de su gobierno. Las que favorezcan estos intereses pueden fructificar en paz.

La composición de la comisión resalta su alta función policial: bajo la presidencia del jefe administrativo de la Presidencia, Serguei Narychkin, incluye representantes de la FSB (antigua KGB), del Servicio de Inteligencia Extranjero, del Consejo de Seguridad, del Ministerio de Relaciones Exteriores y del Ministerio de Justicia, incluido el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y Serguei Markov, vicepresidente de la comisión parlamentaria responsable por las asociaciones y organizaciones religiosas. Sólo tres de sus veintiocho miembros son historiadores, entre ellos Aleksandr Tchubarian, director del Instituto de Historia General de la Academia de Ciencias de Rusia, y una historiadora un tanto especial: la señora Narotchnitskais, vicepresidenta de la Comisión de las Relaciones Exteriores de la Duma y directora del Instituto Andrei Sákharov [5 ] de Historia de Rusia de la Academia de Ciencias de Rusia.

En un libro publicado en Francia, ella presenta las conquistas territoriales del zarismo a lo largo de los siglos XVIII y XIX (la división de Polonia por Rusia, Prusia y Austria-Hungría, la conquista sangrienta del Cáucaso y de todo el  Asia Central) como “incontestables y legítimas”, adquiridas con plena conformidad a las normas legales de la época” [6] .

En esta atmósfera de reacción, la denuncia del trotskismo y de los trotskistas va de la mano con la de la propia Revolución Rusa. Así, según un tal Semanov, en 1917 Trotsky habría sido financiado por los Estados Unidos para desencadenar una revolución en Rusia que permitiese a los Estados Unidos hacerse con una parte del Imperio ruso. En el mismo espíritu, un tal Víctor Lupan afirma que el verdadero inspirador y líder de la Revolución de Octubre no fue el ruso Lenin, figura, según él, esencialmente decorativa, sino el cosmopolita Trotsky.

En Occidente, la Revolución Rusa es difamada con másmoderación, pero todavía se la caricaturiza al presentársela como un simple golpe de Estado. No obstante, el gobierno provisional, designado por una cámara del Imperio, la Duma, cuyo mandato finalizó en 1916, no tenía como legitimidad sino el apoyo de los soviets. Ahora bien, los bolcheviques tomaron el poder el 26 de octubre de 1917 con el acuerdo, expresado en votación, del Segundo Congreso de los Sóviets. Un detalle significativo, pero rara vez –si es que alguna vez– citado por los historiadores, el líder de los mencheviques de derecha, Lieber, durante el congreso extraordinario de los mencheviques, reunido del 30 de octubre al 7 de noviembre, pronunció una acusación política contra los bolcheviques que difiere radicalmente de lo que acostumbran afirmar sus adversarios: los acusó de estar a remolque de las masas, ¡lo que no es exactamente característico de conspiradores organizando un golpe de Estado!

Es una mentira decir [exclama él] que las masas siguen a los bolcheviques. Al contrario, son los bolcheviques los que siguen a las masas. No tienen ningún programa. Aceptan todo lo que presentan las masas. Por eso es evidente que ellos debían vencer donde nosotros no podimos ganar. Nosotros teníamos que mostrarles a los trabajadores que sus demandas eran irrealizables. Los bolcheviques aceptan todo de ellos, por lo que la esperanza de que pronto serán aplastados me parece falsa. Quien tenga un programa puede ser abatido. Pero es imposible vencer a aquellos que no tienen programa y están dispuestos a firmar cualquier consigna de las masas. [7]

Además de su defensa e ilustración de la legitimidad histórica de la revolución, uno de los méritos de Vadím Rogóvin es el de haber mostrado y demostrado que la violenta represión desencadenada por Stalin y sus lacayos (Molotov, Kaganóvitch, etc.) no fue dictada por la paranoia, con frecuencia evocada por los literatos burgueses, sino que respondió, por medios terroristas y por la calumnia histérica, a una insatisfacción real de la masas y a una actividad de los opositores trotskistas –y otros, pero en primer lugar de los trotskistas–, muy peligrosas para el pillaje y la camarilla reaccionaria en el poder. Esta utilizó todos los medios para impedir la unión entre el descontento real que existía en las masas y la actividad de los trotskistas y, al mismo tiempo, al presentar a estos últimos como agentes de los servicios secretos extranjeros, buscó aislarlos de la clase trabajadora en el resto del mundo. Ese fue el principal objetivo de los tres procesos de Moscú. Esto es lo que demuestra muy claramente Vadím Rogóvin.

Después de resumir en su artículo el contenido de los siete volúmenes de Rogóvin, Mikhail Voiekov escribió: “Contarlos no tiene sentido, es necesario que leerlos. Más aún porque están escritos con claridad y sencillez. Se leen, como suele decirse, de un solo trago” [8] . Casi un cuarto de siglo después, la obra de Rogóvin conserva, de hecho, toda su actualidad. La defensa de la revolución, estrangulada y caricaturizada por la reaccionaria burocracia estalinista, es en realidad más actual que nunca, ya que la descomposición del capitalismo adquiere un amplitud mortal.

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[1] Jean-Jacques Marie es un militante trotskista, formado en Letras Clásicas y en Historia y diplomado en ruso en el Institut National des Langues et Civilizations Orientales de la Universidad de la Sorbona. Es uno de los mayores especialistas franceses en la URSS. Es miembro del consejo editorial de Cadernos do Movimento Operário, publicados en el Brasil por la Editora Sundermann y WMF Martins Fontes, y colaborador de las revistas L’Histoire y La quinzaine littéraire. Entre sus obras publicadas se encuentran las biografías de Stalin, Lenin y Trotsky, y la Historia de la Guerra Civil Rusa.

[2] Voiekov, Mikhail. Ala recherche d’une conception historique alternative. In: Cahiers d’histoire du mouvement ouvrier. No 7, p. 9.

[3] Ibid.

[4] Courrier International, 28 de mayo – 3 de junio de 2009.

[5] Así, el nombre del disidente Sákharov sirve aquí para camuflar y garantizar una operación policial política e intelectual opuesta a la acción realizada por el propio Sákharov hasta su muerte.

[6] Narotchnitskaia, N. Que reste-t-il de notre victoire? p. 123.

[7] Kentavr, no 2, 1994, p. 71.

[8] Cahiers du mouvement ouvrier, op. cit, p. 11.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 16/8/2023.-

Traducción: Natalia Estrada.

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