Vie Mar 01, 2024
1 marzo, 2024

Sobre la caída de Yanukóvich en Ucrania


¡La movilización popular derrocó a Yanukóvich!

¡Ninguna confianza en Timoshenko, Klitschko ni el nuevo gobierno provisorio de Turchínov!

¡Ucrania será independiente sólo con un gobierno de los trabajadores!




La fuerza imponente de la movilización revolucionaria del pueblo ucraniano ha derrocado al gobierno asesino, entreguista y oligárquico de Víctor Yanukóvich, conquistando una victoria democrática que ilumina el camino a los pueblos del mundo y aterroriza a las clases dominantes de Ucrania, Rusia, de la Europa imperialista y del mundo entero.



Decenas de miles de personas, auto-organizadas a partir de la ocupación de la emblemática Maidán (Plaza de la Independencia) enfrentaron durante días la salvaje contraofensiva represiva de Yanukóvich, que valiéndose de las siniestras Berkut (fuerzas de élite de la policía) embistió en reiteradas ocasiones contra la plaza, intentando ahogar en sangre a sus valientes defensores.



Sin embargo, a pesar del asedio policial y de la acción asesina de decenas de francotiradores y al precio doloroso de más de cien muertos y casi mil heridos, las improvisadas milicias de autodefensa de la Maidán, pertrechadas con palos, piedras, cócteles molotov y algunas armas que habían tomado de algunas comisarías, arsenales menores o de las decenas de “prisioneros” que hicieron entre las fuerzas policiales, resistieron al punto de abrir una verdadera crisis de poder en el país.



La resistencia aguerrida de decenas de miles de personas acabó quebrando la cadena de mando de las Fuerzas Armadas, divididas entre aplastar físicamente a los manifestantes o no, dejando en el aire a Yanukóvich y su entorno, que en su desesperación intentó concretar un acuerdo de último minuto que pudiera salvar a su gobierno del desmoronamiento más estrepitoso. 



Este acuerdo firmado “por arriba” entre Yanukóvich y toda la oposición parlamentaria (La Patria, UDAR y Swoboda), y rubricado con el beneplácito de los representantes del imperialismo europeo, norteamericano y la propia Rusia, fue rechazado firmemente por la Maidán, que no creyó en la promesa de “elecciones anticipadas” para diciembre ni en un “nuevo gobierno de unidad nacional en diez días” y se mantuvo firme exigiendo: ¡Fuera Yanukóvich YA!

 

La plaza no sólo derrotó a la represión sino que pasó por encima del acuerdo que salvaría al gobierno de Yanukóvich del colapso. De tal forma que, para el sábado 22 de febrero por la mañana, el tirano había huido de Kiev y la capital estaba prácticamente en manos de los manifestantes y sus destacamentos de autodefensa, que habían tomado los principales puntos estratégicos de poder: el palacio presidencial, el Banco Central y los principales ministerios.



Como testimonio de esta clara situación de doble poder, las imágenes de miles de personas invadiendo la lujosa mansión de Yanukóvich o la entrevista que un miembrode las milicias, sentado en el sillón presidencial, dio ante las cámaras de los principales medios de comunicación, recorrieron e impactaron al mundo.



La dramática ausencia de una dirección revolucionaria

 

Sin embargo, ante la huida de Yanukóvich y la toma de los principales edificios públicos por las autodefensas, la oposición europeísta y las fuerzas de ultraderecha se lanzaron a cubrir el evidente “vacío de poder” aprovechando la terrible ausencia de una dirección revolucionaria en el proceso.



El Partido Comunista de Ucrania cumplió históricamente y continúa cumpliendo un papel nefasto en este sentido. El PC siempre apoyó a Yanukóvich, aprobó las “leyes represivas” en enero y ahora predica que el sátrapa oligarca era un “presidente legítimo” que fue derrocado por un “golpe fascista”. El stalinismo, como hace en Medio Oriente, nuevamente se posiciona al lado de los tiranos en contra de la movilización revolucionaria de las masas. Sin duda se ha ganado el justo odio de la Maidán.



En este contexto, el instrumento utilizado por ese sector de la oligarquía ucraniana para cerrar la crisis de poder fue la Rada Suprema (parlamento), que no había sido tomado por los manifestantes, aunque estaba cercado por sus autodefensas.

 

Con la tierra abierta bajo sus pies, la Rada “destituyó” a Yanukóvich (en verdad actuó ya sobre un hecho consumado) y designó a Alexándr Turchínov como “presidente interino”, tanto del Legislativo como del Ejecutivo, y convocó a elecciones para el 25 de mayo.



De esta forma, aunque de manera extremadamente precaria, está en marcha un operativo reaccionario de desvío y estabilización de la situación política, de resultados insospechados, sobre todo porque el movimiento de masas se siente victorioso, mira con desconfianza a los “viejos-nuevos representantes” del poder y continúa movilizado.



Además, la situación económica, al borde del colapso, impide medidas que puedan descomprimir efectivamente la dramática situación de miseria y desempleo de la clase trabajadora ucraniana.



Nuestra posición

 

1. La caída de Yanukóvich representa una enorme victoria de la movilización revolucionaria del pueblo ucraniano, que derrotó a la represión, dividió a las fuerzas represivas, no cayó en el engaño desmovilizador del “pacto” entre Yanukóvich y la oposición parlamentaria amparado por el imperialismo europeo y Putin, además de hacer colapsar a las principales instituciones del poder político a través de sus organismos de autodefensa.



2. Existe una dualidad de poderes en Ucrania. De un lado el autoproclamado “nuevo gobierno” asentado en la oposición pro imperialista y de ultraderecha y, por otro, el poder latente de la plaza Maidán, aunque en sus autodefensas participen sectores de ultraderecha y una parte de las mismas hayan sido cooptadas como agentes del “nuevo poder”.



3. Existió una crisis revolucionaria, un vacío de poder el día 22 de febrero, cuando los manifestantes y las autodefensas controlaron los principales edificios de poder y Yanukóvich se había dado a la fuga.



Esto fue así, independientemente de que el movimiento no haya sido consciente de ello y de que, por carecer de una dirección política revolucionaria, tampoco haya podido solucionar esa crisis de poder en su favor.



4. Por ello, es fundamental que los revolucionarios apliquen una política que responda a esa situación concreta:

 

¡No podemos entregar ese poder a Timoshenko, Turchínov, Yatseniuk, Dobkin (gobernador de Kharkov) o cualquier otro líder o partido de la llamada “oposición pro occidental”!

 

¡Ellos son parte de la misma oligarquía que llevó a Ucrania al caos más completo, que explota al pueblo, cercena sus libertades democráticas y entrega las riquezas del país tanto a la UE como a Putin!

 

¡Ninguna confianza en los usurpadores de la revolución, de la lucha del pueblo ucraniano y sus mártires!

 

5. Esto es lo fundamental, pues lo que está planteado en Ucrania, más allá del nombramiento del endeble gobierno interino, es la cuestión del poder político. Nuestra posición es que el poder debe pasar a manos de organismos democráticos de la clase obrera de toda Ucrania junto a los miles que defendieron con su vida la Maidán.



Es fundamental impulsar más que nunca la organización y la movilización independiente de la clase trabajadora y la juventud precarizada. Es urgente convocar a un congreso o encuentro nacional para discutir un programa de gobierno al servicio de los intereses sociales de las clases explotadas, opuesto a todos los sectores de la oligarquía, tanto a los ligados al Partido de las Regiones como a Timoshenko, Klitschko y los sectores neonazis, y que este organismo centralizador tome el poder para llevarlo a cabo.



6. Es el pueblo explotado que derrocó a Yanukóvich quien debe tomar las riendas de su destino y decidir democráticamente los rumbos de la política y la economía del país. Sólo concentrando el poder en sus manos, la clase trabajadora y el pueblo explotado de Ucrania podrán aplicar un programa coherentemente anticapitalista y antiimperialista, es decir socialista, que garantice la independencia total del país (tanto de la UE como de la Rusia opresora), la nacionalización de las riquezas, la vigencia plena de las libertades democráticas y el respeto a los derechos de las minorías, enfrentando decididamente tanto las provocaciones neonazis como los intentos separatistas. Sólo un gobierno obrero y popular podrá desarrollar la revolución agraria y el pleno empleo para el mejoramiento real de las condiciones de vida del pueblo.



7. Para esto es fundamental defender la expropiación de todos los oligarcas (desde Yanukóvich hasta Timoshenko), del imperialismo, de la oligarquía rusa y colocar toda la economía al servicio del país ¡La lucha debe continuar hasta que el pueblo sea el poseedor de todas las riquezas del país y no un puñado de millonarios vendidos a la UE o a Rusia!

 

8. Por ello, defendemos que la plaza Maidán continúe movilizada. Que esa movilización se desarrolle en todas las ciudades de Ucrania y que el pueblo no entregue las armas a nadie. La tarea de los revolucionarios es continuar desarrollando la lucha con un programa socialista y de centralización de los organismos de poder popular, siempre combatiendo la influencia y defendiéndose de los sectores ultranacionalistas y neonazis, como el nefasto “Sector de Derecha”.

 

9. La situación del proceso revolucionario ucraniano y la dualidad de poderes sólo refuerza de forma dramática la necesidad de la existencia de un partido revolucionario, obrero, socialista, que sea parte de una Internacional democráticamente centralizada. La construcción de esa dirección revolucionaria, como en todos los países, debe ser la prioridad número uno de los marxistas y de la vanguardia obrera y social.

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