Vie May 24, 2024
24 mayo, 2024

Revolución y contrarrevolución en Ucrania

Cronología

João Ricardo Soares[1]. Publicado originalmente en Marxismo Vivo Nº18, Mayo de 2022.

Camarada Kamenev!

Declaro una guerra de vida o muerte al chovinismo gran ruso. Así que me libre de este maldito diente, lo comeré con todos los otros dientes saludables. Es absolutamente preciso insistir en que el Comité Ejecutivo Central de la Unión sea presidido por un ucraniano, un ruso, un georgiano, etc.

¡Absolutamente! Lenin, 6 de octubre de 1922.[2] 

La política del bolchevismo para la cuestión nacional aseguró la victoria de la Revolución de Octubre, ayudó a la Unión Soviética a mantenerse… a pesar de las fuerzas centrífugas y de las hostilidades de los países vecinos.

León Trotsky[3]

La historia reciente de Ucrania está profundamente vinculada a la Revolución de Octubre, a la contrarrevolución estalinista y a la restauración capitalista en Rusia. Desde la toma del poder por parte de los soviets en octubre de 1917, la cuestión nacional ha tenido una enorme importancia para la supervivencia de la dictadura proletaria y la creación del Estado ucraniano.  La formación de la URSS, solo fue posible gracias a la política del partido bolchevique, cuyo principal impulsor fue Lenin, ya que la Rusia zarista era un crisol de pueblos y nacionalidades. Según el historiador E.H. Carr, en 1879 los gran rusos formaban alrededor de 43% de la población total con casi doscientos pueblos y lenguas distintas. Este conglomerado de pueblos se mantenía unido por una casta gobernante militar y burocrática centrada en el «Zar de todas las Rusias», en la que ciertos elementos no rusos encontraron fácil admisión en esta casta, especialmente los terratenientes alemanes de Letonia y Estonia y los polacos, los de la Rusia Blanca (Bielorrusia) y los de Ucrania, pero las condiciones de admisión eran el uso de la lengua rusa y la asimilación a la tradición y los aspectos rusos.[4]

Ucrania zarista

El nombre mismo «Ucrania» significa «tierra fronteriza», la parte fronteriza (de Rusia o de Polonia), disputada ya en el siglo XVI entre la Mancomunidad de Polonia-Lituania (creada en 1569) y el Imperio zarista ruso. Un siglo después, ambos se enfrentaron en una primera Guerra Ruso-Polaca (1654-1657). Y, finalmente, en el Tratado de Paz Eterna (1686), el zar compró a Polonia la parte al Este del rio Dniéper (que corre de Kieval mar Negro).

Los campesinos ucranianos eran la vasta mayoría de la población y su rencor social y económico alimentaba el nacionalismo campesino y apuntaba hacia los terratenientes, que eran predominantemente polacos, al Oeste de Dniéper, y en otros sitios eran rusos.

Con las particiones de Polonia (1772-1795), el Imperio zarista ocupó finalmente todo lo que hoy es Ucrania, hasta la Primera Guerra Mundial. Crimea, en particular, fue anexada a Rusia en 1783 por Catarina II, básicamente para instalar la base naval rusa en Sebastopol. Ucrania no era más que una parte del Imperio zarista, pero no por eso perdió su identidad: un movimiento cultural de Ucranofilia enfrentó la prepotencia gran rusa, reivindicando una cultura y un idioma ucranianos propios, así como cierta autonomía (y hasta la independencia en algunos sectores)[5].  La simpatía de la ucranofília con la insurrección polaca de enero 1863[6] conllevó una severa represión a las aspiraciones nacionales de Ucrania en la lucha por su autodeterminación.

 

Ucrania de la burguesía agraria

La revolución rusa de 1905-1907 puso a prueba el Programa agrario de la Socialdemocracia rusa.[7] «Por primera vez (después del programa definido en el Congreso de Stockholm en abril 1906), representantes de los campesinos de toda Rusia presentan abiertamente un Programa Agrario Campesino, contrario al programa del gobierno y al de la burguesía liberal.» Ucrania tendrá un lugar destacado en estas definiciones, en las que se planteaba la cuestión de la autonomía. En la Primera Duma (abril 1906), un representante por Poltava abogaba para que «la cuestión agraria sea decidida por su pueblo, por entidades autónomas bajo la autonomía de nuestro Estado«; Lenin lo felicita: «Este autonomista pequeñoburgués habla mejor que los mencheviques«.

En el inicio del siglo XX apenas existía un proletariado ucraniano. Los nuevos centros industriales, según el historiador E. H. Carr, eran poblados por inmigrantes del norte. Karkov, la entonces mayor ciudad industrial, era a la vez gran rusa, es decir, «la cultura urbana ucraniana era predominantemente gran rusa». León Trotsky describe a Ucrania en la Revolución de Octubre:

Durante los primeros años del régimen soviético, el bolchevismo en Ucrania era débil. La causa de esto hay que buscarla en las estructuras nacionales y sociales del país. Las ciudades, cuya población estaba formada por gran rusos, judíos, polacos y, solo en menor medida, ucranianos, tenían en gran medida un carácter colonial. Un gran porcentaje de los trabajadores industriales de Ucrania eran gran rusos. Entre la ciudad y el campo había un amplio –y casi infranqueable– abismo. Los intelectuales ucranianos que se interesaban por el campo, por la lengua y la cultura ucranianas, recibían un trato irónico en la ciudad y, por supuesto, esto les empujaba resentidos hacia el chovinismo. Las fracciones socialistas no ucranianas de las ciudades no estaban familiarizadas con la vida en el campo.[8]

Si en el campo el odio de los campesinos se dirigía hacia el latifundio y los propietarios de tierras, el odio a los zares en los centros urbanos venía de la proscripción de la literatura y los periódicos ucranianos y la falta de libertades, que se incrementa a partir de 1914. Según Carr, en este momento el movimiento nacional ucraniano no ha logrado una base de masas ni en el campo y tampoco en las ciudades, ha permanecido en «pequeños grupos de intelectuales, sobre todo de las actividades docentes, literarias y del clero».

La Revolución de Octubre y las nacionalidades

En julio 1913, Lenin hace un ciclo de conferencias sobre la cuestión nacional, en Suiza, que después son publicadas como Tesis sobre la cuestión nacional; en 1916 publica Balance de la discusión sobre la autodeterminación; en la conferencia de abril traba una dura lucha política con Pyatakov, por el derecho de todas las naciones «que forman parte de Rusia a la «libre separación y la creación de un Estado independiente». Su resolución es aprobada por amplia mayoría. Pero no es el fin de la polémica. En marzo de 1919, en el VIII Congreso del PCR(B), la discusión regresa. Está en discusión, la consigna del programa de autodeterminación y el reconocimiento incondicional de la independencia de Polonia, ocupada por tropas alemanas; igualmente, la petición de separación del gobierno burgués de Finlandia es reconocida de forma incondicional por el Consejo de Comisarios del Pueblo el 31 de diciembre de 1917.

Bujarin y Pyatakov eran contrarios a mantener la consigna de autodeterminación: «Yo quiero reconocer únicamente el derecho de las clases trabajadoras a la autodeterminación», afirma Bujarin. Lenin contesta: «Eso significa que usted quiere reconocer lo que en realidad no se ha alcanzado en ningún país, salvo en Rusia.»[9]

Para Lenin, el derecho de autodeterminación no podía ser una maniobra y tampoco una formalidad; la consigna burguesa de autodeterminación integraba las tareas democráticas de la revolución socialista en curso, y llevarla hasta las últimas consecuencias fortalecería la revolución. El partido debería, como se había establecido en la resolución final, centrar su «atención en la política de acercamiento de los proletarios y semiproletarios de distintas nacionalidades para la lucha revolucionaria conjunta por el derrocamiento de los terratenientes y la burguesía.»[10]

En los debates del congreso plantea:

Véase Finlandia: país democrático, más desarrollado, más culto que el nuestro. Allí se está produciendo el proceso de separación, de disociación del proletariado, y se produce de una manera peculiar, mucho más dolorosa que en el nuestro… Pero gracias a que nosotros hemos reconocido el derecho de las naciones a la autodeterminación, el proceso de disociación se ha facilitado allí… Recuerdo muy bien la escena del Smolni, cuando hube de entregar el acta a Svinhufvud –traducido al ruso significa «cabeza de cerdo»–, representante de la burguesía finlandesa, el cual jugó el papel de verdugo. Me estrechó la mano amablemente y cambiamos unos cumplidos. ¡Qué desagradable fue aquello! Pero había que hacerlo, porque entonces la burguesía finlandesa engañaba al pueblo, engañaba a las masas trabajadoras, diciendo que los de Moscovia, los patrioteros, los chovinistas rusos querían estrangular a los finlandeses. Era forzoso hacerlo.[11]

Tras la independencia, estalla la revolución finlandesa en enero de 1918 y a continuación una guerra civil que solo fue derrotada con la llegada de las tropas alemanas a petición del gobierno burgués, que tras la victoria impone un rey alemán, Federico Carlos de Hesse-Cassel. La dinámica de clases apuntada por Lenin se desarrolla, pese a que los resultados concretos resultarían de la lucha entre las clases y del desarrollo de la dirección.

No obstante, el principio de autodeterminación no estaría restricto a las nacionalidades de la parte occidental del ex Imperio; en las regiones en que el proletariado todavía no era una fuerza política capaz de separarse de la burguesía y los terratenientes, se aplicaría igualmente:

No lo podemos negar a ninguno de los pueblos que viven dentro de las fronteras de lo que fue el Imperio ruso. Admitamos incluso que los bashkires derrocasen a los explotadores y que nosotros les ayudásemos a hacerlo. Pero esto es posible únicamente si la revolución ha alcanzado plena madurez. Y hay que hacerlo con cautela para no frenar con nuestra intervención ese mismo proceso de disociación del proletariado que debemos acelerar… ¿Podemos nosotros dirigirnos a estos pueblos y decirles: «Nosotros vamos a derrocar a sus explotadores»? No lo podemos hacer, porque se encuentran dominados totalmente por sus mulhas. Es necesario esperar que se desarrolle la nación de que se trate y que el proletariado se disocie de los elementos burgueses, lo cual es inevitable.[12]

 

Las bases para la disociación «inevitable» del proletariado de sus burguesías, dado el torbellino de la revolución, estaban dadas por los tres decretos fundamentales del II Congreso de los Soviets de noviembre de 1917: el fin de la guerra que puso término al enfrentamiento armado; la expropiación de la tierra («La propiedad de la tierra se abolirá inmediatamente sin compensación alguna»), y el derecho de separación. El 15 de noviembre, el Consejo de Comisarios del Pueblo, presidido por Lenin, publica la Declaración de los Derechos de los Pueblos de Rusia: 1. Igualdad y Soberanía de los Pueblos de Rusia; 2. Libre derecho de autodeterminación de los pueblos de Rusia, hasta el punto de separación y formación de Estados independientes; 3. Supresión de todas y cada una de las prerrogativas y limitaciones nacionales y nacional-religiosas; 4. Libre desarrollo de las minorías nacionales y grupos etnográficos que habitan el territorio de Rusia.

 

Se nos dice, escribió Lenin, que Rusia se dividirá en repúblicas separadas, pero no tenemos motivos para temer eso. Por muchas repúblicas independientes que haya, no tendremos miedo. Lo importante para nosotros no es por dónde pasa la frontera estatal, sino que se conserve la unión de los trabajadores de todas las naciones para la lucha contra la burguesía de cualquier nación que sea.[13]

 

No obstante, la guerra civil acelera la lucha entre las clases en las nacionalidades.

Revolución y Guerra Civil en Ucrania

El 17 de marzo de 1917 se constituye en Kiev la Rada Central Ucraniana (Consejo Central de Ucrania), que a partir del 2 de abril de 1917 funciona como Parlamento Revolucionario de Ucrania.[14] Y el 28 de junio, la Rada acepta una propuesta del Partido Ucraniano de Socialistas Revolucionarios (PUSR) para constituir un gobierno. El Secretariado General de Ucrania, es encabezado por Volodymyr Vynnychenko, intelectual revolucionario que participa de la revolución de 1905.[15]

El PUSR era un partidocampesino, creado el 17 de abril 1917 por militantes ucranianos de los SR, que en noviembre 1917 tenía 75.000 miembros y obtuvo la mitad de los diputados por Ucrania en la Asamblea Constituyente de enero 1918. Tendrá en la oposición el Partido Socialdemócrata (POSDR) de los bolcheviques, que saca apenas 750 mil votos.[16]

El 20 de noviembre, la Rada proclama la República Popular Ucraniana. No obstante, declaraba que su intención era «no separarse de la república rusa y mantener la unidad».[17]  La recién creada república era la expresión del conflicto entre las clases. Antes de formar «su» Estado nacional, la endeble burguesía ucraniana es obligada a aplastar las aspiraciones de los campesinos y obreros ucranianos, entrelazada por la revolución rusa y la crisis entre las potencias imperialistas europeas.

Mientras en el Don a fines de 1917 se organizaba el ejército «voluntario» blanco por el general Kaledin,[18] la Rada negaba el permiso de paso por Ucrania a las fuerzas soviéticas, ordenaba el regreso de las unidades militares ucranianas y el desarme de las unidades militares soviéticas y del Ejército Rojo en suelo ucraniano, iniciando negociaciones con Francia.

A la vez que denunciaban la política pro burguesa de la Rada, los bolcheviques no se opusieron a que delegados de la República de Ucrania participaran de las negociaciones en Brest-Litovsk, una reivindicación de los negociadores alemanes. Mientras tanto, el 6 de enero de 1918 los obreros del Arsenal de Kiev se levantaron contra la Rada, y el ejército dirigido por Petliura fusiló a todos los obreros insurgentes. A continuación, los soldados del Ejército Rojo entraron en Kiev el 27 de enero de 1918 apoyando a los insurrectos, y proclamaron el gobierno soviético de toda Ucrania.

En Brest, los representantes de los imperios centrales exigían de la delegación rusa la anexión de parte del territorio del ex imperio zarista, mientras negociaban un acuerdo con el inexistente gobierno de la Rada. El último día de las negociaciones se firma el acuerdo de «paz» entre las potencias centrales y los representantes de la Rada. El historiador Isaac Deutscher, describe la actitud de la delegación bolchevique encabezada por Trotsky: Los pueblos de Polonia, Ucrania y Lituania… consideran [la propuesta alemana] como una violencia impuesta a sus aspiraciones… nos negamos a respaldar las condiciones que el imperialismo alemán y austrohúngaro está[n] escribiendo con la espada en la carne de las naciones vivas. No podemos poner la firma de la Revolución Rusa bajo un tratado de paz que trae opresión, sufrimiento, infelicidad a millones de seres humanos.[19]

A finales de enero, Ucrania es proclamada un «Estado independiente», inmediatamente reconocido por el Imperio alemán. A principios de febrero, las tropas austríacas ocupan Odessa y la Reichswer entra en Kiev el 21 de marzo. A finales de abril, los alemanes disuelven la Rada, imponen un gobierno títere de Atamán Skoropadsky, que dura tan solo hasta el colapso de Alemania, en noviembre de 1918.

El ex presidente de la Rada, Vynnychenko, reconoce en sus memorias que la Rada, en la medida en que se apoyaba en los imperios centrales, no logra «liberar a las masas trabajadoras de la opresión social que era contraria a la nación y a la clase trabajadora» y de forma patética afirma: «la extraordinaria antipatía de las masas hacia la Rada».[20] Mientras la Rada perdía completamente toda legitimidad al aliarse con los imperialismos europeos para constituir su Estado nacional, los bolcheviques lograron, no sin crisis y fricciones, reconocer que la revolución social en marcha debía apartarse completamente de todo nacionalismo gran ruso, heredado del zarismo, sobrepasar las legítimas desconfianzas del campesino ucraniano y de los estratos medios. La política bolchevique evitó el enfrentamiento de dos ejércitos extranjeros en suelo ucraniano; se replegó hacia el norte, constituyendo un «gobierno provisorio obrero y campesino» cuyo primer decreto fue la expropiación de las tierras y el control obrero en las fábricas. Una huelga general en Kharkiv lleva el soviet local al poder y la ciudad se convierte en la nueva capital de la Ucrania Soviética. Pyatakov y luego Rakovsky asumen la presidencia del gobierno y las fuerzas militares soviéticas regresan a Kiev saludadas por la población, pero no se quedan demasiado tiempo.

Destacamentos franceses desembarcan en las orillas del mar Negro y en Crimea, y el ejército de Denikin, con el apoyo imperialista, empieza su avance hacia el norte, ocupando Kiev. Mientras tanto, el hambre, el tifus, y los bandoleros del ejército blanco que se entregaban al pillaje, la incorporación de los campesinos y obreros al Ejército Rojo contra el Ejército Blanco convierten la guerra civil en revolución. En 16 de diciembre de 1919, el Ejército Rojo retoma Kiev y en marzo de 1920 Denikin es finalmente derrotado.

Pero este no es el último episodio, pues en mayo 1920 las tropas polacas de Piłsudski llegan hasta Kiev, y la contraofensiva del Ejército Rojo solo logrará rechazarlas el 30 de junio, pero antes de su retirada, los polacos hacen estallar la iglesia de San Vladimir, la estación de tren y la planta de energía eléctrica. 

El 28 de diciembre de 1919, Lenin escribe una emotiva carta dirigida a «los obreros y los campesinos de Ucrania» [en la que] puede anunciar que «las tropas rojas tomaron Kyiv [Kiev], Poltava, Jarkov [Kharkov en ruso, Kharkiv en ucraniano], y se preparan para tomar Rostov«, y llama a la movilización general para derrotar completamente a Denikin. Y luego aborda «la cuestión nacional«reafirmando los principios que nortearon la política bolchevique:

Nosotros queremos una unión voluntaria de las naciones: una unión que no tolere violencia alguna de una nación sobre otra, una unión que se base en la más plena confianza, en la clara conciencia de la unidad fraternal, en un acuerdo plenamente voluntario. Tal unión no se puede realizar de golpe; es preciso llegar a ella a fuerza de grandísimo cuidado y paciencia para no malograr la obra, para no provocar la desconfianza, para dar tiempo a que desaparezca la desconfianza engendrada por siglos de opresión por parte de los terratenientes y capitalistas, por el régimen de la propiedad privada y los odios producidos por los sucesivos repartos de esta propiedad.

Y agrega: los comunistas rusos debemos reprimir con extremo rigor la menor manifestación de nacionalismo ruso que surja en nuestras filas, pues estas manifestaciones, que son una traición al comunismo, nos perjudican enormemente, separándonos de los camaradas ucranianos, y con eso hacen el juego a Denikin y a su política.[21]

La integración de la casi totalidad de las nacionalidades del Imperio zarista a la URSS ha sido el resultado de una política, no sin contradicciones y crisis, llevada a cabo por el partido bolchevique, que sentó las bases para romper las «cadenas de la opresión» con la Revolución de Octubre. No obstante, la debilidad del partido bolchevique en tierras ucranianas exigía del recién creado Estado obrero superar la desconfianza de los pueblos del ex Imperio zarista. Eso se convierte en realidad a partir de la batalla de Lenin por superar el reconocimiento formal de la autodeterminación y construir la unidad no por la «fuerza sino por el acuerdo voluntario». Para lograrlo, libra una pugna contra el arraigado nacionalismo gran ruso, en el interior de su proprio partido.

En definitiva, la incorporación de las masas –en particular de los campesinos– al torbellino revolucionario de la guerra civil para impedir el regreso del latifundio y la opresión nacional, construiría las bases para la unión voluntaria.

Era nítido que las aspiraciones de las burguesías oprimidas, de construcción de su Estado, tan solamente podría llevarse a cabo sobre la base de la propiedad privada. Para ello deberían detener a todo costo la ola expansiva del Octubre ruso, la cual podría generar la unidad nacional sobre nuevas bases.

Los tiempos políticos vividos entre el febrero y el octubre rusos fueron concentrados por la guerra civil en el entorno del viejo Imperio zarista. El idioma militar cambió solamente la forma de la política desarrollada en Rusia. Esta se centraba en separar a las masas del oportunismo, impulsar su acción independiente en aras de sus propios intereses y conjugar su actuar con la actitud hacia el derecho de autodeterminación, abriendo el camino hacia el poder.

En noviembre de 1921, se constituye la República Socialista Soviética de Ucrania, que será parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) proclamada el 30 de diciembre de 1922. 

La contrarrevolución estalinista

No obstante, este logro colosal en la cuestión de las nacionalidades fue contrarrestado por la contrarrevolución estalinista, lo que supuso un profundo retroceso en los derechos democráticos de todas las nacionalidades, y de Ucrania en particular. Tras la derrota de la Oposición de Izquierda, que planteaba la necesidad de la industrialización, la burocracia estalinista hizo un giro brusco hacia la colectivización forzada y la industrialización.

Su manejo completamente burocrático del problema del campo rompió con todas las resoluciones anteriores, que diferenciaban a los campesinos pobres y medios del kulak, es decir, de los campesinos ricos que explotaban la mano de obra. El resultado de la política estalinista fue un desastre colosal para la producción agrícola: si en 1930 «la cosecha había ascendido a 835 millones de quintales, en 1931, es solamente de 700», afirma el historiador Pierre Broué.

En la primera fase, dicha política concentró a los campesinos medios y pobres en la producción colectiva, apartando a millones campesinos pobres y medios de sus hogares hacia las comunas; luego, como la industria no logró producir los insumos para la producción, las cosechas se desmoronaron; afirma Broué:

«la necesidad de tractores era estimada, por el proprio Stalin en 250 mil, el número de tractores utilizables en el campo soviético era de 7 mil a principios de 1929. Hacia el final del año, su número asciende a 30 mil».[22] Se tiró a la basura la resolución del VI Congreso que planteaba que en el estímulo a «toda especie de cooperativas y comunas agrícolas, los representantes del poder soviético no deben entretanto admitir la más mínima coacción…».[23] (traducción nuestra)

El presupuesto hacia el avance de la colectivización para Lenin, y para la oposición de izquierda, era el desarrollo industrial[24]. No obstante, el manejo burocrático es inseparable de la violencia. La política estalinista fue lo opuesto de lo que pregonaba Lenin hacia los campesinos: «En cuanto a los terratenientes y capitalistas, nuestra tarea es la expropiación completa. Pero no admitimos ninguna violencia contra los campesinos medios[25] (subrayado en el original)

El desastre de la burocracia estalinista resultó en la hambruna en el campo y posteriormente en las ciudades y alcanzó a todas las nacionalidades y a la Federación Rusa, en distintas proporciones. No obstante, la tragedia hizo revivir los sentimientos nacionales contra el gran ruso, ahora personificado no en el zarismo sino en el estalinismo.

En Ucrania, la mortalidad es conocida como el “Holodomor”, literalmente, morir de hambre. Pueblos enteros han sido destruidos por el hambre, resultado no solamente de las adquisiciones forzadas de las cosechas, sino por el completo desastre de concentrar a campesinos «que siguen trabajando la tierra con arado y útiles de madera» sin que se garanticen las herramientas para el aumento de la productividad. Según Broué, al menos diez millones de personas han sido apartadas de sus hogares; a la huida en masa de los pueblos para no morir de hambre, el régimen estalinista impone los pasaportes internos. Si la cantidad fijada de granos no era lograda por los funcionarios del partido, [ellos] eran condenados a años de cárcel, deportaciones y/o fusilamientos.

Los archivos secretos desclasificados tras la disolución de la Unión Soviética, cuyas informaciones son compiladas en el trabajo de R. W. Davies and Stephen G. Wheatcroft[26] corroboran los trabajos anteriores de historiadores marxistas. Reflejan un aumento de la mortalidad en 1932 estimado en una tasa adicional a la media de años anteriores de unas 150.000 personas, mientras que 1933 refleja algo más de 1,3 millones de personas. Los autores cuestionan el número de muertos informados por la comisión especial del parlamento ucraniano durante el gobierno de Víktor Yuschenko (2005-2010); afirman:

Un destacado historiador ucraniano, Stanislas Kul’chitskii, estimó las muertes por hambruna en Ucrania en 3,3 millones; y los demógrafos ucranianos estiman que el exceso de muertes en Ucrania en todo el periodo 1926-1939 (la mayoría de ellas durante la hambruna) ascendió a 3,5 millones.

La resistencia campesina a la expropiación era calificada de actividad contrarrevolucionaria y nacionalista, atribuida por el Politburó a que una «ucranización» no bolchevique se había llevado a cabo en casi la mitad de los distritos, proporcionando una «forma legal para los enemigos del poder soviético». Así, las conquistas democráticas de las nacionalidades fueron destruidas por la burocracia.

El reparto entre Stalin y Hitler

Trotsky, ucraniano de nacimiento, pero que de adulto no dominaba su idioma de infancia lo suficiente como para escribir una carta, constata en 1936, que «la frontera nacional divide al pueblo de Ucrania en dos. En condiciones favorables, el Ejército Rojo tendría el deber de ayudar a la Ucrania Occidental, atrapada en las garras de los verdugos polacos. No resulta difícil imaginar el poderoso impulso que la unificación de una Ucrania obrera y campesina significaría para el movimiento revolucionario polaco y europeo en general[27]

Pero no tardará en llegar a la conclusión de que, con Stalin, los acontecimientos iban a ir en sentido contrario. En agosto de 1939, Stalin y Hitler deciden una cuarta partición de Polonia. El 1 de septiembre, Hitler ocupó su parte, al Oeste del río Bug, y el 17, Stalin ocupó la suya, al Este del río. El 4 de abril de 1940, una enmienda del art. 23 de la Constitución de la URSS incorpora los siete departamentos de Polonia al Este del río Bug como departamentos de Ucrania, fronteras que se mantienen hasta hoy.

Para Trotsky, la política de Stalin no fue una sorpresa. En marzo-abril de 1939 ya se había interesado por la «cuestión ucraniana».[28] Y al iniciarse la guerra, mete esta en el contexto de esa «cuestión».[29] La razón de encontrar a Hitler y Stalin en el mismo bando era que “una revolución triunfante en Alemania elevaría enormemente la conciencia de clase en la URSS y haría imposible la permanencia de la tiranía de Moscú. El Kremlin prefiere el statu quo, con Hitler como aliado.”[30]

La barbarie nazi

El 22 de junio de 1941, Hitler da inicio a la guerra contrarrevolucionaria e invade la URSS. Es la segunda ocupación de Ucrania por tropas alemanas en tan solo 23 años. La barbarie nazi en toda Europa fue la prueba inequívoca de hasta dónde podía llevar a la humanidad el capitalismo imperialista, pero en Ucrania demostró que podía descender aún más.

A la limpieza étnica llevada a cabo por los Einsatzgruppen, grupos de ejecuciones itinerantes, se agregan los más de 700.000 esclavos enviados a Alemania. Relata A.J. Toynbee que el método favorito para secuestrarlos era «incendiar las casas y granjas de los campesinos que, para evitar eso, se prestaban a ser enviados al Reich».[31]

El pillaje sin miramientos, la limpieza étnica, la esclavitud han impulsado una resistencia no menos encarnizada. Tras la derrota de la Wehrmacht, el historiador trascribe la orden transcrita por el alto comando alemán… no dejar «ninguna casa en pie, ninguna mina de carbón que no quedase inutilizada… ningún manantial que no quedara envenenado, de tal modo que solo quedase un país totalmente consumido por el fuego y la destrucción»[32]. La barbarie nazi ha costado la vida de 1,4 millones de seres humanos en Ucrania.

La restauración capitalista

El 1 de diciembre de 1991 –pocas semanas antes de la disolución formal de la URSS– el referendo de independencia con más de 90% de los votos a favor y una participación de 82%, declara una vez más la independencia de Ucrania. El gobierno de Leonid Kravchuk anula el tratado fundacional de 1922 y firma el Acuerdo de Belavezha, en el cual todo el arsenal soviético pasaba bajo control de Rusia, además del Memorando de Budapest (1994), lo cual garantizaba su integridad territorial.

La restauración capitalista que estaba en marcha en la segunda república más industrializada de la exURSS, es acelerada con el pillaje de la propiedad estatal, y las tendencias independentistas generaron corrientes políticas burguesas de diverso signo, desde las nacionalistas a las proimperialistas, socialdemócratas o filoestalinistas. El color de los bandos burgueses es definido por sus relaciones con Rusia y/o el imperialismo occidental.

El proceso entre las masas y la clase obrera en especial

La profunda degradación de las condiciones de vida de las masas genera un gran ascenso de huelgas, con el desarrollo de comités por empresa, por mina y por ciudad, que fueron centralizándose y coordinándose a nivel de diversas regiones de Ucrania. Un ejemplo emblemático de este desarrollo de la autoorganización de masas obreras fue la fundación del Sindicato Independiente de Mineros, Nezavisimiy Profsoiuz Gorniakov, NPG, por sus siglas en ruso y ucraniano. Esta organización se extendió desde el Donbass a toda Ucrania y también a Rusia, Belarus y Kazajistán. Sin embargo, la crisis de dirección revolucionaria dejó un espacio enorme para la intervención en ese proceso de los aparatos y gobiernos imperialistas que actuaron para hacer retroceder aún más la conciencia de las masas, ya degradada por décadas de estalinismo. Así, la mayor parte de los nuevos organismos fueron lentamente cooptados y desviados por la política de “reacción democrática”.

Después de un ascenso de huelgas en el Donbass, en 1993, Kuchmá, originario de la burocracia industrial de Dnepropetrovsk, un “nachalnik”[33] de gran experiencia en el manejo soviético, cumple dos mandatos presidenciales combinando la colonización del país por los capitales imperialistas y tributando a Rusia en sus exigencias más sensibles. Pero cuando la economía de Rusia entró en crisis en 1998-1999, las repercusiones en Ucrania golpearon a su gobierno. Su sector buscó un sucesor en Yanukovich. La pelea burguesa se agudizó y fue canalizada hacia las elecciones presidenciales de 2004. El contrincante de Yanukovich fue el joven Yuschenko, representante más directo de la burguesía comercial. Aunque Yushchenko fue envenenado con dioxina –método muy habitual de la KGB– eso no le impidió postularse a las elecciones presidenciales, en las cuales Yanukovich resulta «vencedor». La ola de indignación y movilizaciones masivas denunciando el fraude fue conocida como la “Revolución Naranja”. En un marco de gran crisis se organizaron nuevas elecciones en 2005, que ganó Yuschenko. En 2010, se volvió a presentar Yanukovich, quien pasó a la segunda vuelta y ganó por muy escaso margen de votos (48.95% a 45.47%) a Yulia Timoshenko. Pero lo más significativo de esa polarización política fue la polarización geográfica Este-Oeste de esa votación.

Las contradicciones estallan en Maidán

Al contrario de lo que pasó en Belarus en 2020, en Kazajistán en enero de 2022 y con las manifestaciones contra Putin en 2012 y 2021 en Rusia, el levante popular de Maidán no fue aplastado por la intervención rusa. Por eso, la propaganda de Putin y la estalinista intenta caracterizarlo y calificarlo como «golpe de Estado». Sin embargo, la revolución fue interrumpida, desviada, congelada debido a la ausencia de una dirección revolucionaria que, apoyándose en el proceso de lucha y autoorganización de las masas, disputase su sentido político.

Maidán fue la continuidad del levante de las masas iniciado en el norte de África, conocido como la «Primavera Árabe» cuatro años antes, luciendo las mismas características.

El equilibrio inestable de la partida jugada por Leonid Kuchmá (1994-2005) es seguido por Yanukovich, ambos ladrones de la propiedad estatal en el Donbass tras el pillaje de la restauración capitalista que ha arrojado a las masas a la penuria: los niveles de ingresos nunca han vuelto al nivel de 1990; hasta 2017, el PIB fue negativo, y hasta 2014 los salarios cayeron en picada por 12 años. El ex gobernador del Oblast de Donetsk (1997-2002) y varias veces primer ministro, Yanukovich, comparte el poder de forma inestable con la burguesía importadora que mira hacia la UE, puesto que Rusia es incapaz de ofrecerles negocios rentables.

Para las masas, el tratado de libre comercio con la UE, que fue alentado y figura en la plataforma electoral de Yanukovich, era visto como la posibilidad de revertir la degradación de sus condiciones de existencia, pero cuando el Kremlin impone su disciplina al gobierno, las masas se sienten traicionadas y estallan.

El proceso, iniciado por las manifestaciones de la juventud a partir de noviembre de 2013, pega un salto en diciembre cuando el gobierno de Víktor Yanukovich reprime violentamente a los estudiantes desatando una ola de solidaridad con cientos de millares en las calles de Kiev y de las principales ciudades. En 16 de enero, Yanukovich intenta una salida bonapartista votando en el parlamento la ley «antiprotesta», intensificando la violencia de los Berkut, policía antidisturbios, que se salda con más de una centena de muertos y aproximadamente 15.000 heridos y 100 desaparecidos en los días más cruentos de la represión, del 18 al 20 de febrero.

La represión es incapaz de derrotar la rebelión de las masas; el parlamento intenta una maniobra anticipando las elecciones presidenciales para diciembre, pero las masas exigían nada menos que el cese inmediato de Yanukovich, que finalmente cae el 22 de febrero.

No obstante, el derrocamiento del gobierno burgués de turno no zanja la profunda crisis. Ucrania le debe a Rusia 3.000 millones de dólares, o más de 10 % de sus reservas de divisas. El aumento de las importaciones y la dependencia del dólar la hace más dependiente de los créditos de ‘Occidente’ y del FMI para respaldar su moneda. Antes de Zelenski, que aplica a rajatabla los dictados del FMI, operando un cambio en la constitución que permite la venta de tierras a extranjeros y un profundo recorte en los gastos sociales, Poroshenko el primer gobierno tras Maidán, aplica un duro ataque a los trabajadores, exigido por el FMI. En respuesta a este ataque, una fuerte movilización en la región más obrera –el Donbass–, es desviada por las organizaciones separatistas bajo el mando de Putin, que igualmente, con mercenarios, se anexa Crimea. La unidad del movimiento obrero contra el imperialismo y la burguesía ucraniana es destruida, y con su política zarista Putin arroja a Ucrania hacia el imperialismo.  

Maidán es el producto de la profunda crisis capitalista mundial que a partir de 2007 ha polarizado las relaciones entre las clases. Las contradicciones del levante de masas en Ucrania repiten las de la Primavera Árabe y, en la secuencia, las del Brasil y Turquía en 2013.

Las masas en lucha hacen estallar el equilibrio entre las distintas fracciones burguesas; no obstante, para llevar hasta al final las demandas que se chocan con el capitalismo imperialista, es inexorable que mantengan su independencia de la burguesía y construyan una dirección revolucionaria. 

En el conflicto ucraniano, los restos del aparato estalinista mundial siguen el curso de la ex burocracia rusa, convertidas en una burguesía que nada tiene a envidiar al viejo y odiado zarismo. No obstante, los partidos y organizaciones de la clase obrera que se niegan a estar al lado de las masas ucranianas creen que una dirección revolucionaria aparece como las setas en el monte. Las organizaciones obreras solo ganarán el derecho de disputar el camino si lo hacen sobre el terreno, al calor de los acontecimientos, y desde el apoyo a las luchas de las masas proletarias, en tiempos de «paz» o de guerra.


[1] Este texto se desarrolló a partir de una cronología inicial realizada por Jan Talpe. El subtítulo «La restauración Capitalista» toma como referencia el artículo de Pavel Polska, en: https://litci.org/es/la-independencia-de-ucrania-sera-obra-de-la-clase-obrera/

[2] LENIN, V. I. “Últimos escritos e Diário das Secretarias”. São Paulo: Ed. Sundermann, 2012.

[3] TROTSKY, Leon. A Revolução Traída. São Paulo: Ed Sundermann, 2005, p. 165.

[4] CARR, E.H. A Revolução Bolchevique, vol. 1. Oporto: Afrontamento, 1977, p. 286.

[5] https://en.wikipedia.org/wiki/Ukrainophilia

[6] Un intento de restaurar Polonia, en enero de 1863, derrotado en junio 1864.

[7] LENIN, V. I. El programa agrario de la Socialdemocracia en la primera revolución rusa, de 1905 a 1907, publicado en 1908. [LW-13:213-427]
«Ucrania» es nombrada por primera vez por Lenin en una intervención sobre los partidos invitados al Tercer Congreso del POSDR en Londres (abril 1905), mencionando el Partido Revolucionario Ucraniano (alias Partido Obrero Socialdemócrata de Ucrania a partir del Cuarto Congreso) y el Partido Socialista Ucraniano. (LW-8:412)

[8] TROTSKY, L. Stálin. V. 2. Editora Marxista/Movimento 2018, p. 72.

[9] LENIN, V. I. “Informe sobre el programa del partido, 19 de marzo”, Obras Completas, T. 38, p.167. Traducción al español: Editorial Progreso, 1986.

[10] Ibídem, p. 453. 

[11] Ibídem, pp. 167-168. Svinhufvud es, además, un término sueco [N. de E.].

[12] Ibídem, p. 168.

[13] CARR, E. H., op.cit., p. 296. Sochineniya, XII, 100.

[14] https://es.wikipedia.org/wiki/Rada_Central_Ucraniana

[15] https://en.wikipedia.org/wiki/General_Secretariat_of_Ukraine

[16]En Odessa, Nikolaev, Elisavetgrad, Poltava y otras ciudades de Ucrania, los bolcheviques todavía no tenían organizaciones independientes a mediados de junio de 1917. L. Trotsky, “El bloque de la derecha y la izquierda”, 21.11.1930

[17] CARR, E.H. op.cit. p. 328.

[18] MARIE, Jean-Jacques. História da Guerra Civil Rusa, 1917- 1922. São Paulo: Editora Contexto, 2017.

[19] DEUTSCHER, Isaac. O profeta armado. pg. 457. Ed. Civilização Brasileira 3ºedição, 2005.

[20] Carr, E. H. op.cit., p. 341.

[21] LENIN, V. I. Carta a los obreros y campesinos de Ucrania a propósito de las victorias sobre Denikin. Publicada el 4 de enero de 1920 en el n.° 3 de Pravda y en el n.° 3 de Izvestia del CEC de toda Rusia.

[22] BROUÉ, Pierre. El Partido Bolchevique. Ayuso, 1973, p. 416.

[23] VI Congreso del PC (B), Resolución sobre a atitude em relação ao camponês médio. A Aliança operária e camponesa, Rio de Janeiro: Ed. Vitoria, 1961, p. 473.

[24] En 1919, Lenin:  El campesinado medio no entrará en nuestras filas en la sociedad comunista hasta que no hayamos aliviado y mejorado las condiciones económicas de su existencia. Si el día de mañana pudiésemos producir cien mil tractores… suministrarles gasolina y proyectos mecánicos (bien sabéis que se trata de una utopía) el campesino diría: ‘estoy a favor de la comuna’. Mas, para que eso ocurra es preciso vencer a la burguesía internacional, hay que obligar a que nos suministre estos tractores o, en lugar de esto, elevar nuestra productividad laboral de forma que podamos fabricarlos nosotros mismos. Informe sobre el trabajo en el Campo. VIII Congreso del PC (b), marzo de 1919. La Alianza de los obreros y del campesinado (versión en portugués Ed. Vitoria, 1961, p. 472).

[25] Ibídem, p. 464.

[26] The years of hunger: Soviet agriculture, 1931–1933. PALGRAVE MACMILLAN, 2009.

[27] TROTSKY, L. La entrevista Stalin-Howard, 18.3.1936

[28] TROTSKY, L. La capitulación de Stalin, 11.3.1939; La cuestión ucraniana, 22.4.1939; La independencia de Ucrania y el confusionismo sectario. 30.07.1939;

[29] TROTSKY, L.  La guerra y la cuestión ucraniana, 6.9.1939.

[30] TROTSKY, L. La URSS en guerra, 25.9.1939

[31] TOYNBEE, Arnold J. La Europa de Hitler. Madrid:SARPE, 1985, p. 435.

[32] TOYNBEE, A. J. op.cit., p. 435.

[33] Término que hace referencia al vocablo ruso, “comandante de la tierra” (zemsky nachalnik), un funcionario designado por el Ministerio del Interior, generalmente un ex oficial o un terrateniente local, que interfería en todos los aspectos de los asuntos campesinos.

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