Mié May 29, 2024
29 mayo, 2024

Respuesta al ajuste fiscal: huelga de empleados públicos nacionales se enfrenta con el gobierno de Lula

Por: Paulo Barela

Los empleados públicos federales [nacionales] se levantan en movilizaciones en todo el país. El sector educativo federal realiza un fuerte paro, que se inició el pasado 11 de marzo, con la entrada de los técnicos administrativos de las universidades federales. A raíz de este proceso, el 3 de abril también se declararon en huelga técnicos y docentes de los Institutos Federales de Educación.

Estos dos movimientos presionan para que los docentes de las universidades se sumen a las movilizaciones y hay una indicación, aprobada por el Sector Federal del Andes-SN (sindicato nacional de docentes), para iniciar un paro el 15 de abril. Además, ocurren paros puntuales y operativos padrón en otros sectores, como en la Fundación Nacional del Indio (Funai) y en áreas de recaudación de impuestos y fiscalización aduanera.

El movimiento que se desarrolla en el sector es una respuesta de los trabajadores al reajuste cero en 2024, definido por el gobierno Lula/Alckmin para sostener una política de déficit cero, estableciendo un techo de gastos para las políticas públicas, a través del Marco Fiscal, y amenazando con llevar a cabo una nueva Reforma Administrativa. Todo ello sujeto al riguroso pago de la deuda pública, que consume casi la mitad de los ingresos de la Unión [Nación].

Un poco de la historia reciente

Los empleados federales fueron los primeros en romper con el gobierno Lula en 2003, debido a la Reforma Previsional que afectó conquistas históricas del gremio. La ruptura fue tan fuerte que, dentro del proceso de enfrentamiento en la época, surgieron dos organizaciones alternativas al PT y a la CUT, como el PSOL y la CSP-Conlutas.

Este divorcio litigioso duró muchos años y estuvo acompañado de importantes acciones del gremio. Entre ellas, en 2012 se produjo la huelga más grande y radicalizada jamás realizada por los federales [empleados de la Nación], que logró importantes conquistas, imponiendo una derrota al gobierno de Dilma.

Pero, a partir de 2016, con el impeachment de Dilma, seguido por los dos años de gobierno de Temer (MDB) y los cuatro años de Bolsonaro, el PT y la CUT, contando con la capitulación de sectores surgidos en el proceso de 2004 (el PSOL, especialmente) paulatinamente recuperaron su influencia entre los empleados federales. Si bien una parte de ellos apoyó a Bolsonaro en 2018, en rechazo a las políticas del PT, es un hecho incuestionable que el PT logró recuperar la dirección política del movimiento.

Esto se expresó, sobre todo, en las elecciones de 2022, después de la experiencia con el gobierno de ultraderecha y los violentos ataques impuestos a la categoría, mediante el quite de derechos y los recortes presupuestarios, pero también por el desempeño desastroso en relación con la pandemia, que se cobró cientos de vidas de empleados públicos. Ante esta realidad, los empleados federales apoyaron la elección de Lula ya desde la primera vuelta.

Expectativa y realidad frustrada

La expectativa de los trabajadores era que el nuevo gobierno del PT promovería la valorización del servicio público, la recuperación de las pérdidas históricas y la reestructuración de las carreras. Sin embargo, ya en el primer año, el gobierno Lula/Alckmin demostró que no atendería estas expectativas, concediendo sólo un ajuste de 9% (a partir de mayo de 2023), cuando la demanda del gremio era de una reposición de emergencia de 26,94%.

También es importante señalar que el monto previsto en el presupuesto para esa recomposición fue encaminado por el ex ministro de Finanzas Paulo Guedes, aún en 2022. El nuevo gobierno del PT, por lo tanto, no avanzó ni un milímetro respecto de la partida presupuestaria original. En las mesas de negociación, incluso argumentaron que, al no ser “su presupuesto”, no tendrían cómo avanzar, prometiendo mejoras para el año siguiente.

Decepcionados, pero aún apoyando al gobierno, que a su vez contaba con el servilismo de la mayoría de las direcciones de las entidades, los empleados se tragaron el recorte salarial sin una reacción más fuerte. Sin embargo, a partir de entonces, la desconfianza hacia el gobierno y su política para el servicio público no hizo más que aumentar.

Rebaja salarial y reacción: ampliar la huelga a un movimiento general de los sectores federales

Este año, pese a las limitaciones políticas impuestas por la burocracia, el Foro de Entidades Nacionales de Servidores Públicos Federales (Fonasefe) se vio obligado a ser más ofensivo al exigir un presupuesto que garantizase la recomposición salarial en niveles más cercanos a las cifras de las pérdidas históricas.

Aun así, decidieron, por mayoría, pero sin la aprobación de la CSP-Conlutas, componer el índice de reposición a partir de 2016 (gobiernos de Temer y Bolsonaro), excluyendo las pérdidas de los gobiernos del PT, que retrocedían hasta 2010. No obstante, a pesar de la rebajar la propuesta, el gobierno hizo caso omiso y presentó una propuesta de reajustes en las prestaciones sociales (refección/alimentación, salud y guardería), decretando reajuste salarial cero.

La propuesta del gobierno, en términos de acuerdo para la reestructuración de las carreras, es dividida en partes, que van a atenerse a los límites de 9% en dos años, según la propia Esther Dweck, ministra de Gestión e Innovación en Servicios Públicos. De esta manera, se consolida una política de acumulación de pérdidas, ya que la inflación en 2023 alcanzó 4,62% ​​y la expectativa para este año, así como para 2025 y 2026, es de 4,5% al año. En otras palabras, la propuesta del gobierno apenas compensará la inflación del período y ni se acerca a recomponer las pérdidas acumuladas desde 2010, que superan el 50% para la mayoría de las categorías.

Por eso, nuestra posición es que no deberíamos firmar ningún término de compromiso que contenga reajuste cero. El gobierno puede garantizar el reajuste de los beneficios e instalar mesas de discusión de los planes de carreras vía ordenanza. Tenemos que continuar la huelga y las movilizaciones por el reajuste salarial.

Direcciones sindicales presionadas

Al definir el reajuste cero, el gobierno intensificó la indignación de los empleados públicos, presionando a las direcciones sindicales, principalmente en los sectores más empobrecidos del gremio, como los técnicos administrativos de las universidades e institutos federales, a buscar una respuesta.

Si bien la política de estas direcciones, en general, fue mantener las demandas en el terreno exclusivo de las mesas de negociación permanentes, estas terminaron siendo derrotadas en los plenarios nacionales de la Federación de Sindicatos de Trabajadores Técnico-Administrativos de las Instituciones de Educación Superior Públicas (Fasubra) y del Sindicato Nacional de Servidores Federales de la Educación Básica, Profesional y Tecnológica (Sinasefe).

Así, estas direcciones debieron reubicarse y convocar a una huelga, para evitar perder el control sobre la base de las categorías. Incluso en Andes-SN, la política de la dirección no era convocar una huelga para este período. Por el contrario, en su Congreso Nacional, la dirección de los docentes propuso una resolución genérica de huelga, sin marcar el período, que fue derrotada por otra propuesta de huelga aun en el primer semestre, presentada por los sectores de la oposición, ligados a la CSP-Conlutas.

Ahora, a raíz de las huelgas en curso, la dirección de Andes-SN se vio obligada a rever su política, indicando el inicio de la huelga para el 15 de abril.

Jornada de luchas

En este momento la huelga es muy fuerte y radicalizada. Cuando cerramos esta edición de Opinião Socialista, ocurría una Jornada de Luchas y una marcha en Brasilia.

Esta huelga es de enorme importancia, pues enfrenta la política y el programa del gobierno Lula, que se constituye como un Frente Amplio, para defender los negocios de la burguesía. Y para ello ataca a los empleados y el servicio público.

No podemos decir que, de conjunto, la función pública nacional esté rompiendo con el gobierno. Sin embargo, podemos decir que los signos del fin de la luna de miel con el PT se expresan objetivamente en esta lucha. En este sentido, es necesario avanzar en la movilización y ampliar la huelga a un movimiento general de los trabajadores y las trabajadoras federales.

Recordando, además, que otras categorías se están levantando en la Educación Básica, en contra de la Nueva Educación Secundaria (NEM) y por sus demandas específicas, como huelgas municipales que se desarrollan en estos momentos en varias ciudades.

No al chantaje del PT. Construir la unidad para luchar y buscar una alternativa para la clase trabajadora

Además de reafirmar su política de reajuste cero, el gobierno también exige que las entidades firmen un acuerdo para garantizar las migajas ofrecidas mediante la recomposición en los beneficios sociales. Al mismo tiempo, quiere imponer la fragmentación de las negociaciones por sectores y también amenaza a quienes están en huelga, afirmando que ni siquiera habrá ese tipo de negociación.

En decir, el gobierno Lula/Alckmin chantajea, por un lado, intentando imponer el aval de las entidades a su política de rebaja y, por el otro, avanzando en prácticas antisindicales, buscando dividir y debilitar el movimiento.

Es necesario ampliar, intensificar y generalizar la huelga

La respuesta que deben dar los empleados a este gobierno de los poderosos y ricachones es ampliar e intensificar la huelga. Sólo la unidad, la fuerza y ​​la lucha pueden derrotar el gobierno y su política de rebajas y desprecio por las necesidades y demandas de los trabajadores.

Esto comienza con el fortalecimiento de la Jornada de Lutas, del 16 al 18 de abril, en Brasilia. Es necesario intensificar la organización de los ómnibus y la participación del mayor número posible de activistas, para garantizar una fuerte presencia de empleados públicos en la capital federal.

El PSTU está en la línea de frente de este importante movimiento, trabajando con su militancia para avanzar en la organización de la huelga y en la expansión del movimiento, transformando la huelga, que hoy está localizada en la Educación federal, en un movimiento nacional y generalizado, en todas las categorías de funcionalismo público.

Más que luchar por sus demandas inmediatas, el movimiento necesita cuestionar sus direcciones y la política de “proteger” a un gobierno que sólo sirve a los intereses de la burguesía. Es necesario enfrentar al gobierno con firmeza, denunciando que no atiende a sus empleados, pero garantiza miles de millones para el agronegocio, para pagar la deuda pública y para dar subsidios multimillonarios a empresarios nacionales y extranjeros.

El argumento de que no se hay dinero es falaz. El dinero existe, pero está comprometido con los intereses de los ricos y poderosos. Lula gobierna para la burguesía y garantiza las ganancias de los capitalistas, a costa del sufrimiento y de la pobreza de los trabajadores y las trabajadoras.

Es necesario avanzar en la conciencia de nuestra clase para superar las políticas de los gobiernos burgueses, ya sean de la derecha tradicional, de la ultraderecha o de conciliación de clases y amigo de la burguesía, como el de Lula. Recordando, en este proceso, que buscar construir una sociedad controlada por los propios trabajadores, revolucionaria y socialista, es la única alternativa para liberar a los trabajadores del yugo y de la explotación capitalista.

Artículo publicado en www.opiniaosocialista.com.br, 17/4/2024.-

Traducción: Natalia Estrada.

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