La protestas toman las calles de Túnez: el último día 6 más de 150.000 personas salieron a las calles contra la muertes de dos activistas, Chokri Belaid Brahmi de 58 años, asesinado el 6 de febrero, y Mohamed Brahmi, muerto a tiros el 25 de julio, en el frente de su casa en un suburbio.

El asesinato de Brahmi fue la mecha para que manifestantes tomen las calles, tanto en la capital como en Sidi Bouzid, su ciudad natal. Pero estas manifestaciones además de repudiar tales barbaries también cuestionan y piden la caída de la Asamblea Constituyente y el gobierno.

Uno de los líderes del Frente Popular, Brahmi, integraba el polo de la organización más asociada al nacionalismo que a la lucha independiente de la clase trabajadora. Junto con el también nacionalista Belaid, ellos representaban una fracción minoritaria del frente, cuya dirección mayoritaria es  el Partido de los Trabajadores de Túnez influenciada por los maoístas.

El Frente Popular constituye hoy el tercer principal campo político de Túnez. Se ubica atrás del bloque islamista, dirigido por el partido Ennahda (que hoy ocupa el gobierno), y el bloque secular, dirigido por el Nida Tunsi y el Partido Republicano, partidos de la oposición burguesa, cuya composición incluye ex-apoyadores del dictador depuesto Ben Allí. Ambos grupos, hegemonizados por la burguesía, intentan plantear como principal eje político del país no la disputa entre trabajadores y patrones, sino entre “seculares” y “islamistas”.

La trayectoria de la lucha de clases en Túnez con la existencia de un fuerte movimiento sindical, y corrientes de izquierda con implantación en las bases sindicales, plantea  la posibilidad de que el pueblo tunecino no caiga en la trampa de un debate sobre costumbres sociales, enfocándose así en los verdaderos problemas de los trabajadores; el desempleo, los bajos salarios y las terribles condiciones sociales del país. La mayoría de las corrientes de izquierda participa del Frente Popular. Pero éste, aunque tenga peso importante en la realidad política, no consigue dar una respuesta de independencia de clase, por tener en su composición partidos burgueses como el Baath.

Huelga general

El 26 de julio, un día después de la muerte de Brahmi, la central UGTT (Unión General de los Trabajadores de Túnez), convocó una huelga general  con la consigna de "Huelga general contra el terrorismo, violencia y asesinatos."

Esta es la segunda movilización nacional en esta escala desde la revolución de 2011. La primera fue convocada un día después del asesinato de Chokri Belaid.

La paralización dirigida por la UGTT tuvo gran adhesión en las empresas, comercios, en la administración pública y hasta en la empresa aérea nacional Tunisair. En las provincias, la huelga general tuvo gran adhesión en Sidi Bouzid, ciudad natal de  Brahmi y cuna de la revolución en 2011.

En la página Facebook de la UGTT, hay mensajes de repudio la represión a los manifestantes durante la protesta en el funeral de Brahmi. La policía atacó con gas de pimenta y bombas de gas lacrimógeno a jóvenes y trabajadores que protestaban frente a Asamblea Nacional Constituyente.

La lucha contra la violencia policial, desde el inicio de la revolución, es uno de los principales ejes políticos que ha movilizado los trabajadores y la juventud. Es en realidad un punto que unifica todas las luchas en el mundo árabe. De Túnez y Egipto a Libia y Siria, el odio a la corrupción y la violencia de los aparatos represivos une a los pueblos en revolución.

Clase obrera en lucha
 
Una característica diferenciadora de Túnez con relación a los otros países de la primavera árabe es la organización de los trabajadores. Desde el inicio de las manifestaciones en 2011, la central sindical de este país, la UGTT, se posicionó a favor de la revolución, construyéndola activamente.

La UGTT es la mayor central sindical del mundo árabe. Durante la revolución de enero de 2011, después de presión de la base, abrió sus sedes y organizó junto con la juventud las protestas en las principales ciudades del país que culminaron con la caída del dictador Ben Allí.

La UGTT, sin embargo, posee una serie de debilidades que acaban afectando su capacidad de presentar a los trabajadores tunecinos una política independiente de clase. Además de un serio déficit de democracia interna, la organización posee poquísimos canales de interacción con la juventud. Se suma a esto la peligrosa relación directa de la dirección de la central con el partido Nida Tunsi y el resto de la oposición burguesa de inclinación secular.

Aún así, la entrada en escena de la UGTT es central para cualquier victoria de los trabajadores tunecinos. Es dentro de ella que están no sólo los apoyadores de la “oposición secular” sino también los luchadores de la clase trabajadora que han construido, activamente, las luchas diarias de la revolución en la base. Hay también grupos trotskistas que actúan dentro de la UGTT, como la Liga de la Izquierda Obrera.

Crisis en el Gobierno
 
Intentando localizarse frente la crisis que golea su gobierno, Rached Ghannouchi, líder del partido Ennahda, dijo en un comunicado, después de la muerte de Brahmi, que "aquellos por detrás de este crimen quieren llevar el país a la guerra civil y a interrumpir el proceso de transición democrática." Llamó el asesinato de una "catástrofe" para Túnez, y la Presidencia al día siguiente estaba  marcaba un día de luto nacional.

La posición de Ghannouchi, sin embargo, poco impresiona a los trabajadores y la juventud en lucha. En realidad, la gran mayoría de los manifestantes lo acusa por los crímenes. Por acción u omisión, el gobierno Ghannouchi está siendo responsabilizado por la muerte de los líderes del Frente Popular.

Ghannouchi y los islamistas, que dirigen un gobierno neoliberal, fracasaron en su promesa de atender las demandas de la revolución. En junio de 2013, su gobierno cerró un acuerdo con el FMI avanzando aún más la liberalización de la economía. La política del gobierno, que ha aumentado el endeudamiento internacional del país mientras cierra acuerdos de comercio prioritarios con la Unión Europea, no defiende los intereses de los trabajadores del país.

No por casualidad, la tensión política ha venido  aumentando en Túnez, con el lanzamiento de su propia versión del movimiento Tamarod (Rebelión) egipcio, que llevó al derrocamiento del presidente islamita Mohammed Mursi, el 3 de julio. Hay, como en Egipto, el riesgo de que la polarización entre seculares e islamistas acabe por obscurecer la lucha anticapitalista de las masas. Pero la propia existencia de la UGTT y el hecho de haber una fuerte tradición e implantación de corrientes de izquierda podría ser un apoyo en la construcción de una alternativa de clase en Túnez.

Se suma a esto el hecho de que, al contrarío de Egipto, el ejército siempre tuvo un papel secundario en la política. Durante el gobierno Ben Allí, la policía y el servicio secreto, inclusive, eran entidades mucho más poderosas que las fuerzas armadas. La posibilidad de que los trabajadores, organizados de forma independiente, lleven al derrocamiento de Ghannouchi implica en la posibilidad de que el proceso tunecino resulte en alternativas políticas mucho más avanzadas que la de Egipto. Contra esto, juega el hecho de que las mayores corrientes del Frente Popular apoyan un gobierno de salvación nacional, que incluya la oposición secular burguesa en el país.

Las luchas y las huelgas dan la tónica en Túnez
 
Las huelgas se hicieron comunes en Túnez desde la revolución de 2011. En el primer semestre de 2013, el número de días parados debido a huelgas aumentó 37% en relación a 2012, y obreros de 215 empresas estuvieron con los brazos cruzados este año, Según el Ministerio de Asuntos Sociales del pais.

En enero, los trabajadores del transporte de combustible del país entraron en huelga por dos días. Las reivindicaciones eran por aumento de salario, vacaciones anuales remuneradas, reducción de la jornada de trabajo de 48 para 40 horas semanales, mejores condiciones de trabajo, dado el alto riesgo de accidentes, y readmisión de un trabajador miembro del sindicato que fue despedido en la lucha de la categoría.

En marzo, los conductores de taxi de la ciudad entraron en huelga por un día en la capital, por cuenta del aumento de la gasolina. El detalle es que el transporte público en la ciudad es casi inexistente y los taxis son uno de los principales medios de transporte.

Medina, la ciudad vieja, en el corazón del centro de la capital, es un área histórica de tiendas y restaurantes donde se venden los productos y recuerdos tradicionales. Este lugar histórico y turístico del país también fue escenario de una huelga contra la corrupción en junio. Agentes de turismo reciben propinas de un cartel de comerciantes para llevar a los turistas hacia determinadas tiendas, haciendo que otros se queden sin vender.
En las tiendas que estuvieron cerradas en la protesta se leían carteles diciendo: "La gloriosa revolución de 14 de enero fue provocada por la igualdad, la dignidad y el derecho de ganarse la vida", y "No a la injusticia, no al empobrecimiento".

El día 13 de junio, desempleados de la ciudad de Metlaoui, localizado en el sur del país, en Gafsa, protestaron contra el desempleo en la región. Los manifestantes bloquearon la salida de un tren de transporte de fosfato. Gafsa es el centro de producción de fosfato, uno de los principales componentes de los recursos naturales de Túnez y sobre el que gira la economía en el país.

Gafsa es conocida por la revuelta que aconteció en 2008 en circunstancias semejantes. Durante las huelgas de 2008, como mínimo, tres personas murieron, decenas quedaron heridas y centenares fueron prendidos. Las protestas en Gafsa fueron la mecha de una serie de eventos que antecedieron a la revolución que derribó a Zine el-Abidine Ben Allí, en enero de 2011.

El tema del derecho de huelga aún es polémico durante la construcción del texto de la nueva constitución. Los partidos conectados al gobierno y la oposición burguesa defienden que haya derecho la huelga, pero obligan al funcionamiento de servicios públicos y esenciales, limitando de hecho este derecho.

¡Por un gobierno de los trabajadores!
 
La crisis abierta en Túnez con la muerte de Mohamad Brahmi abre la posibilidad real del  derrocamiento del gobierno de Ghannouchi. El ejemplo del pueblo egipcio pone esta posibilidad en el orden del día.
Sin embargo, la política propuesta por sectores mayoritarios del Frente Popular, por un gobierno de “salvación nacional”, que incluya la oposición secular burguesa como el Partido Republicano y el Nadia Tunis, no defiende los intereses de los trabajadores. El eje de la izquierda socialista no puede ser “seculares contra islámicos”, sino “los trabajadores contra los patrones”.

La alianza de los sectores de la izquierda egipcia y de la dirección de la EFITU (la central sindical independiente que surgió en medio la revolución egipcia en la plaza Tahrir) con los militares y la oposición secular anti-Mursi ha impedido la formación de una alternativa independiente para los trabajadores en aquel país.

En Túnez,  es importante exigir que la UGTT, así como los sectores de izquierda hoy en el Frente Popular, tengan mientras tanto una línea de no asumir una alianza con los apoyadores del antiguo régimen de Ben Allí y partidos burgueses sino la lucha por una alternativa de clase. Serán sólo los trabajadores y sus organismos de clase los que conseguirán hacer avanzar los intereses de la revolución. De lo contrarío, se habrá  perdido nuevamente, una enorme oportunidad.