Lun Ene 30, 2023
30 enero, 2023

Por la derrota militar de Rusia. Basta de racismo contra los inmigrantes negros en Ucrania

La criminal invasión militar rusa a Ucrania, el 24 de febrero de este año, convirtió a Europa en el palco de una guerra de impredecibles consecuencias. Según el Ministerio de Salud de Ucrania, en cuatro días de conflicto, 2.040 civiles resultaron heridos en ataques de Rusia contra el país, 45 de ellos niños[1] . Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas (ONU), en seis días de guerra, el número de refugiados de Ucrania supera las 677.000 personas[2].

Por: Wagner Miquéias F. Damasceno – Secretaría Nacional de Negros del PSTU (Brasil)

El número de muertos, heridos y refugiados en Ucrania demuestra que estamos ante una gran crisis humanitaria, y no podía ser de otra manera, ya que la segunda potencia militar mundial ha agredido cobardemente a una nación independiente que no tiene las condiciones materiales para enfrentarse a las tropas enemigas.

Por eso, nosotros de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT-CI) estamos a favor de la derrota militar de la Rusia de Vladimir Putin y defendemos una Ucrania unificada y libre de la opresión rusa.

Pero, como no podía ser diferente bajo el capitalismo, en medio de esta tragedia humanitaria en Ucrania, el racismo y la xenofobia actúan de manera abierta y violenta, impidiendo que los refugiados negros y árabes salgan del país en busca de refugio político en los países vecinos.

Decimos que no podía ser de otra manera porque las opresiones raciales y xenófobas no se detienen cuando hay pandemias o guerras, al contrario: profundizan el drama de la clase obrera, dividiendo al proletariado en campos hostiles en momentos en que la unidad se hace aún más necesaria.

El vía crucis de los refugiados negros

Según un estudiante nigeriano inmigrante en Ucrania, existe una especie de “jerarquía racial” que coloca a los hombres y mujeres negros al final de la fila de los refugiados de la guerra. Según un reportaje de la Folha de S. Paulo, existen numerosos relatos como este reunidos en el hashtag #AfricansinUkraine (Africanos en Ucrania), informando que los africanos y otros inmigrantes negros que viven en el país están siendo víctimas de racismo cuando intentan trasladarse y dejar el país, y son detenido en trenes, autobuses y en las fronteras por guardias o por otros ciudadanos ucranianos[3].

En su cuenta de Instagram, Moreno Santiago, jugador brasileño de fútsal, relató que él y otros dos amigos fueron expulsados ​​por el maquinista del tren que tomaron en Kiev cuando intentaban salir de Ucrania: “Él había accedido a llevarnos, pero de la nada se sacó para afuera. Empujó a David, y David se lastimó. No quiso llevarnos cuando vio que éramos morenos, que estábamos junto con negros, y comenzó a diciendo tonterías; entonces, no funcionó”[4].

En una mezcla de racismo y xenofobia, las fuerzas ucranianas y de los países fronterizos europeos muestran que, para ellos, algunas vidas valen más que otras. Y aquí es importante decir que el racismo y la xenofobia hacia los inmigrantes negros en Ucrania, por otra parte, no confirman el discurso vendido por Rusia –y reproducido por las organizaciones estalinistas– de que Ucrania es un país nazista. Después de todo, el racismo y la xenofobia no son monopolios de un país u otro, sino ideologías y prácticas presentes en todos los países bajo el capitalismo. Basta recordar el trato dado a los inmigrantes africanos en suelo brasileño.

La guerra en suelo europeo también saca a relucir el racismo y la xenofobia de periodistas y reporteros que, indiferentes con las guerras imperialistas en Medio Oriente y África, lamentan que la guerra afecte esta vez a “naciones civilizadas”[5]. Uno de los comentaristas europeos se estremece al ver “matar a europeos, con cabello rubio y ojos azules”, revelando el racismo y la indiferencia para con la vida de miles de negros y no europeos asesinados en las guerras imperialistas conducidas por EE.UU. durante décadas., con el apoyo de los países de la Unión Europea, de la ONU y de la OTAN.

Es necesario repudiar enérgicamente cualquier acción racista y xenófoba, ya provenga de agentes ucranianos o de agentes de países fronterizos. Y exigir el derecho inalienable de todos los inmigrantes que vivían en Ucrania a refugiarse con condiciones de seguridad, recibiendo un trato igualitario en lo que respecta a la alimentación, el transporte, la atención médica, el acceso a los derechos y el derecho a la doble ciudadanía en el país en el que elijan vivir.

La mentira de una Ucrania nazi

El racismo y la xenofobia hacia los inmigrantes negros en Ucrania, por otro lado, no confirman el discurso vendido por Rusia –y reproducido por las organizaciones estalinistas– de que Ucrania es un país nazista. Después de todo, el racismo y la xenofobia no son monopolios de un país u otro, sino ideologías y prácticas presentes en todos los países bajo el capitalismo. Basta recordar el trato dado a los inmigrantes africanos en suelo brasileño, como vimos en el brutal asesinato del joven congoleño Moïse Kabagambe[6].

Hay sectores de extrema derecha de carácter nazifascista en Ucrania, como el batallón Azov. Pero representan una pequeña minoría política en el país. Las milicias nacionalistas ucranianas no son de extrema derecha, sino grupos ideológicamente amorfos que se han organizado para combatir contra el agresor.

Las corrientes de ultraderecha ucranianas intentaron aprovechar el espacio tras la Revolución de la Plaza Maidán en 2014, y obtuvieron menos de 1% de los votos en las elecciones generales, en una demostración de que las ideologías de extrema derecha tienen un peso minúsculo en las masas ucranianas, tanto electoralmente como en cuanto organizativas.

Pero hay sectores de extrema derecha en Ucrania, como los hay en Brasil, y más aún en Rusia. Según informes, Rusia es el país con el mayor número de formaciones paramilitares de extrema derecha. Grupos como Rusich, que combaten en el Donbass.

Hasta 2014 Moscú era conocida por la gran cantidad de skinheads [cabezas rapadas] fascistas en las calles; era peligroso para inmigrantes y no blancos de cualquier nacionalidad caminar por las calles de noche. Este peligro ha desaparecido. No hay más skinheads y grupos fascistas activos en Moscú porque todos fueron a combatir en el Donbass, constituyendo la base de las llamadas “Repúblicas de Donetsk y Lugansk”.

Estos grupos paramilitares de extrema derecha rusos están directamente ligados y financiados por sectores del gobierno ruso, como Ragozin, jefe de Roskosmos. También se sabe que Putin financia a grupos de la extrema derecha europea, utiliza sus instrumentos de comunicación para difundir fake news, campañas antivacuna, etc.

Los tártaros de Crimea, expulsados ​​de su tierra por Stalin y hoy nuevamente oprimidos por negarse a reconocer la anexión rusa de Crimea, son objeto de persecución étnica por parte de Rusia. Estos tártaros, de origen musulmán y piel oscura, son defendidos por los nacionalistas ucranianos, a los que Putin acusa de fascistas. Sus líderes están muertos o en prisión, con la ola de represión desatada tras la anexión de Crimea.

Finalmente, la posición de Bolsonaro frente a este conflicto no es poca cosa. Bajo la presión internacional, su gobierno votó a favor de sanciones a Rusia. Sin embargo, dirigiéndose directamente –y en privado– a su base de apoyo, Bolsonaro dijo que «el comunismo se ha transmutado, ha vuelto a su cuna europea, ahora ya no predica la lucha de clases, sino agendas, como las de los prejuicios, las minorías, el sexismo, el machismo». (…) El comunismo tiene otro nombre, se llama progresismo y su cuna es Europa». Así, según Bolsonaro, Putin sería “gente nuestra”[7]

El nacionalismo ruso: racismo y xenofobia

Para comprender la permanencia del racismo y de la xenofobia en una Ucrania acosada y azotada por la guerra, es necesario hablar del papel jugado por el estalinismo en el fomento de los prejuicios raciales y étnicos contra los pueblos y países oprimidos por Rusia a lo largo del siglo XX. Una clara afrenta a la defensa de Lenin del derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas y de la necesidad de combatir los prejuicios nacionalistas y chovinistas.

Lenin tenía claro que Rusia jugaba un papel opresor sobre los diferentes pueblos que la rodeaban y que aún después de la toma del poder esa opresión nacional no desaparecía por arte de magia, y que correspondía a los revolucionarios rusos defender el derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas. En El proletariado y el derecho a la autodeterminación , escrito en 1915, decía:

«Rusia es una prisión de pueblos no solo como consecuencia del carácter feudal-militar del zarismo, no solo porque la burguesía gran-rusa apoya al zarismo, sino también porque la burguesía polaca, etc., [sacrificaron] la libertad de las naciones, , así como la democracia en general, en aras de los intereses de la expansión capitalista. El proletariado de Rusia no puede marchar a la cabeza del pueblo hacia la revolución democrática victoriosa (esta es su tarea más inmediata) ni luchar junto a sus hermanos proletarios de Europa por la revolución socialista sin reclamar desde ya la libertad completa y sin reservas de todas las naciones oprimidas por el zarismo, para separarse de Rusia» (1981, pp. 277-278).

De manera similar pensaba Trotsky, como vemos en esta instructiva comparación con el derecho de las mujeres al aborto:

«La burocracia del Kremlin le dice a la mujer soviética: como hay socialismo en nuestro país, debes ser feliz y no abortar (o sufrir el consecuente castigo). A los ucranianos les dice: como la revolución socialista resolvió la cuestión nacional, es vuestro deber ser felices en la URSS y renunciar a cualquier idea de separación (o aceptar el pelotón de fusilamiento).

«¿Qué le dice el revolucionario a la mujer? “Debes decidir si quieres un hijo; defenderé tu derecho al aborto contra la policía del Kremlin”. Al pueblo ucraniano le dice: “Lo que me importa es su actitud sobre su destino nacional y no los sofismas ‘socialistas’ de la policía del Kremlin; ¡Apoyaré con todas mis fuerzas su lucha por la independencia!”.» (1939).

Observen que el derecho a la autodeterminación –como el derecho al aborto– no significa una demanda de «separación», sino más bien el reconocimiento y el apoyo al derecho de una nación oprimida a independizarse.

Por eso Putin llamó locura a esta política defendida por Lenin: les dimos el derecho de salir de la URSS sin términos ni condiciones. Eso es locura». Y elogió a Stalin, quien reprimió con sangre todas las aspiraciones nacionales de los pueblos soviéticos e impuso una opresión brutal del nacionalismo gran ruso, en continuidad directa con la política zarista que Lenin combatió frontalmente.

Los prejuicios gran rusos contra los chechenos, georgianos y kazajos, alimentados durante décadas por la burocracia estalinista, son parte del prejuicio racial y xenófobo fomentado dentro de la propia Rusia contra los inmigrantes negros, árabes, asiáticos y latinos. Como dijimos en un texto anterior[8], Rusia llegó a ser el tercer país que más inmigrantes recibía en el mundo, haciendo un uso amplio de la fuerza de trabajo barata de inmigrantes de las antiguas repúblicas soviéticas, especialmente de Asia Central y del Cáucaso.

Para tener una idea, según datos del Comité Organizador de la Copa del Mundo de Rusia, en 2018, cerca de 50% de los obreros que trabajaron en la construcción de las obras del Mundial eran inmigrantes, en su mayoría de las naciones que conformaban la ex URSS.

Inmigrantes que ocupan los peores trabajos y reciben los peores salarios:

La mayoría de los taxistas, camareras, mujeres de la limpieza, obreros de la construcción, entre otros, tienen algo en común en Moscú: son inmigrantes de países que conformaron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Son hombres y mujeres que han dejado Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán, países del Asia Central para intentar una vida mejor en Moscú y otras ciudades importantes del país, pero se sienten discriminados por parte de la sociedad rusa[9].

A su vez, este prejuicio racial y xenófobo fomentado por el estalinismo contra las naciones oprimidas que componían a la fuerza la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) también se reprodujo y tomó forma en cada uno de estos países, como Ucrania, especialmente con negros y árabes.

Lucha contra el racismo y la xenofobia para unir al proletariado

Los casos de racismo y xenofobia contra los refugiados negros han sido utilizados por sectores prorrusos como justificación para la agresión militar contra Ucrania. Con justicia, organizaciones y activistas del movimiento negro han denunciado el racismo contra refugiados, pero llegando a la conclusión de que Ucrania es un país irremediablemente racista (o incluso nazi) y que por ello deberíamos apoyar a las tropas rusas.

También hay quienes concluyen que –ante la conmoción desigual de refugiados europeos blancos y refugiados negros venidos de África, árabes sirios y latinoamericanos– ya tenemos demasiados problemas internos en el Brasil como para preocuparnos por lo que sucede en Europa del Este, en un conflicto que, supuestamente, solo involucraría a los blancos.

Para nosotros, toda esta postura de desconfianza e incluso de indiferencia es legítima y tiene un fundamento en la realidad: los abundantes casos de racismo contra los refugiados negros y, por otro lado, el racismo descarado al que no le importa en absoluto cuando la guerra y sus horrores afectan a los países de la periferia del capitalismo y su población no blanca.

Sin embargo, el racismo contra nuestros hermanos inmigrantes negros no puede hacernos perder de vista ni por un instante que la resistencia del pueblo ucraniano es la resistencia contra la opresión de una nación muchísimo más poderosa, Rusia. Es la lucha de un pueblo oprimido por el derecho a su propia existencia.

Por lo tanto, creemos que es tarea de todo el movimiento negro y proletario, en nivel internacional, tomar una posición firme contra la invasión militar rusa y en defensa del pueblo ucraniano. Y esto no significa, de ninguna manera, guardar silencio sobre las denuncias de racismo y xenofobia en suelo ucraniano. Debemos exigir el derecho inalienable e igualitario de refugiarse de los inmigrantes negros y árabes que vivían en Ucrania y el derecho a la doble ciudadanía en el país en el que decidan vivir.

Referencias

LENIN, V.I. “El proletariado y el derecho a la autodeterminación”. En: Obras Escogidas en seis volúmenes, tomo 2. Lisboa: ¡Avante! Moscú: Progreso, 1984.

TROTSKY, León. “La Independencia de Ucrania y la confusión sectaria”. Archivo Marxista en Internet , México, 30 de julio, 1939. Disponible en: <https://www.marxists.org/portugues/trotsky/1939/07/30.htm>. Consultado 30 abril, 2020 (traducción nuestra).

Notas:

[1]Ver: https://noticias.uol.com.br/internacional/ultimas-noticias/2022/02/28/guerra-ucrania-russia-feridos-mortos.htm?cmpid=copiaecola. Consultado: 1 de marzo de 2022.[2]Ver: https://news.un.org/en/story/2022/03/1113052. Consultado: 1 de marzo de 2022.[3]Ver: https://www1.folha.uol.com.br/mundo/2022/02/pessoas-negras-na-ucrania-dizem-ser-alvo-de-racismo-e-barradas-em-trens-ao-tentar-fugir.shtml. Consultado: 1 de marzo de 2022.[4]Ver: https://www1.folha.uol.com.br/mundo/2022/02/pessoas-negras-na-ucrania-dizem-ser-alvo-de-racismo-e-barradas-em-trens-ao-tentar-fugir.shtml. Consultado: 1 de marzo de 2022.[5]Ver: https://twitter.com/verapstu/status/1498674320658288652. Consultado: 1 de marzo de 2022.; ver también: https://twitter.com/redfishstream/status/1497969331484909570. Consultado: 1 de marzo de 2022.[6] Ver: https://litci.org/es/declaracion-conjunta-brasil-justicia-para-moise-kabagambe-basta-de-violencia-racista-y-xenofoba/. Consultado: 3 de marzo de 2022.[7] Ver: https://noticias.uol.com.br/colunas/thais-oyama/2022/03/02/whatsapp-mostra-que-apego-de-bolsonaro-a-putin-vai-alem-dos-negocios.htm?cmpid=copiaecola. Consultado: 3 de marzo de 2022.[8] Ver: https://litci.org/es/rusia-bajo-putin/. Consultado: 2 de marzo de 2022.[9]Ver: https://www.terra.com.br/amp/esportes/futebol/copa-do-mundo/ta-russo-50-dos-operarios-sao-da-ex-urss-e-o-preconceito-e-grande,330cc22bc12e704ddca06b82582c65cbmxhybt67.html. Consultado: 3 de marzo de 2022.

Traducción: Natalia Estrada.

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