La traición se ha consumado. El parlamento griego, a pedido del primer ministro Alexis Tsipras, aprobó anoche el brutal paquete de medidas colonialistas que el gobierno de Syriza pactó días atrás con la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo, FMI) a cambio de un tercer “rescate” a los bancos alemanes, franceses y griegos, que podría alcanzar 85.000 millones de euros en tres años.

De los 300 diputados, 229 aprobaron el acuerdo; 64 lo rechazaron, entre ellos, 32 del ala disidente de Syriza. Entre quienes se opusieron, los más notables fueron los actuales ministros Lafazanis y Stratoulis y los ex ministros Varoufakis y Nadia Valavani, además de la presidenta del parlamento, Zoe Konstantopoulou. Otros seis parlamentarios de Syriza se abstuvieron y uno estuvo ausente[1].

Horas antes de la votación, miles de manifestantes marcharon en Atenas para protestar contra la aprobación del nuevo ajuste. La central sindical ADEDY, que aglutina a trabajadores del sector público, convocó a un día de paralización y una marcha por la capital. También hubo una manifestación de PAME, agrupación sindical ligada al Partido Comunista Griego (KKE), que congregó más de 10.000 personas en la plaza Omonia. Otros partidos, como ANTARSYA, también expresaron su repudio al acuerdo. El gobierno de Syriza, empeñado en garantizar el pacto con Merkel –de la misma forma que lo hacían los partidos de la “vieja política”–, envió a la policía a la plaza Syntagma, que reprimió las protestas y detuvo a varias decenas de activistas anti austeridad.

También en horas de la tarde, 52% del Comité Central de Syriza se pronunció contra la aprobación del acuerdo con la Troika.

En medio de ese clima caldeado, comenzó la sesión. En un sentido completamente opuesto al reciente rechazo masivo a la austeridad en el referendo del pasado 5 de julio, donde el “NO” fue victorioso con más de 61% de los votos, Tsipras logró aprobar un acuerdo mucho peor que el rechazado en las urnas y con el apoyo directo de los partidos derrotados del “SÍ”: Nueva Democracia, PASOK y To Potami.

De la misma forma, Griegos Independientes, partido nacionalista xenófobo con el cual se alió Syriza para formar gobierno en enero, alineó a sus 13 diputados para aprobar el acuerdo con la Troika. “Si cae el Gobierno, no habrá esperanza para Grecia, no habrá esperanza para Europa”, expresó el líder de esta agrupación y ministro de Defensa, Panos Kamenos.

La capitulación de Tsipras significa un salto cualitativo en el proceso de colonización de Grecia, que tendrá un durísimo impacto en las condiciones de vida del pueblo trabajador.

El gobierno griego deberá aplicar durísimas medidas de austeridad: aumento del IVA (impuesto al consumo) –que implicará, como mínimo, un aumento de 720 euros por hogar–; una reforma en el sistema de pensiones que penalizará las jubilaciones anticipadas y elevará la edad mínima para acceder a este derecho recién a los 67 años en 2022; además de un inédito “fondo” de activos públicos, controlado por la Troika, en que será depositada la recaudación por la privatización de puertos, aeropuertos y, posiblemente, hasta de la empresa de electricidad estatal. La economía griega continuará en manos del imperialismo.

“A cambio”, la Troika irá “soltando” el dinero del “rescate” con cuentagotas. Por lo pronto, el BCE ofrece un “crédito puente” de 7.000 millones de euros para los próximos tres meses –con el fin explícito de “recapitalizar” los bancos–, siempre y cuando se aprueben a rajatabla las medidas de ajuste contra el pueblo griego.

 

Evidentemente, como ocurrió con los anteriores dos “rescates”, ese dinero será para pagar al FMI (2 mil millones de euros) y al propio BCE (3,5 mil millones de euros). El resto de los vencimientos, se calcula, son de 3 mil millones al BCE, en agosto; y otros 1.544 millones de euros al FMI, en septiembre.

La sujeción a los dictámenes de la Troika genera en países como Grecia el mismo círculo vicioso de las deudas latinoamericanas. Cuanto más se paga, más se debe. Si el tercer “rescate” llega a desembolsarse totalmente, la “ayuda de Europa a Grecia” alcanzaría 260 mil millones de euros desde 2010. Como sabemos, tal “ayuda”, siempre acompañada de tremendos planes de ajuste y colonización, no solo no fue pedida por el pueblo (es más, fue rotundamente rechazada tanto en el último referendo como en las más de 30 huelgas generales desde 2010), sino que nunca fue usada para mejorar la vida del pueblo trabajador griego. Solo 11% de este dinero fue utilizado para gastos corrientes del Estado griego. El resto, 89%, se destinó al pago de intereses y, en menor medida, amortizaciones de la misma deuda generada por los mismos “rescates”.

Cuando comenzó la crisis económica mundial, la deuda “pública” representaba 120% del PIB griego. Hoy representa 177%. Este mecanismo de expoliación es tan perverso que el propio FMI admite que, incluso aplicando a pie juntillas todas las terribles medidas de austeridad que conlleva este tercer “rescate”, la deuda griega estará “cerca de 200% del PIB” en menos de dos años. ¡Tsipras y Syriza han hecho un “buen negocio”!

Unidad para enfrentar el plan colonizador

La traición de Tsipras y de Syriza no debe provocar desmoralización. Todo lo contrario: debe servir al movimiento obrero y a la juventud desempleada y precarizada para extraer lecciones.

Una de ellas es que no es posible confiar en los mecanismos propios de la democracia de los ricos. El caso griego, en este sentido, es ilustrativo. El pueblo votó a Syriza expresando, fundamentalmente, un rechazo a la austeridad que venía siendo aplicada por los partidos tradicionales, Nueva Democracia y PASOK. Más recientemente votó expresivamente por el NO a la intención colonizadora de la Troika. Sin embargo, en el fuero parlamentario, el gobierno de Syriza, aliado a los partidos derrotados del SÍ, transformó escandalosamente el NO en un SI a los dictámenes del capital financiero.

La segunda lección importante es sobre el papel que cumplen los partidos neo reformistas (reformismo sin reformas) como Syriza en Grecia, o PODEMOS del Estado Español, o el Bloco de Esquerda portugués. Exactamente por su programa reformista, son incapaces de romper con la lógica capitalista, y a pesar de una u otra retórica “anti austeridad”, terminan capitulando –o gobernando, en el caso de Grecia– al servicio del imperialismo y de la colonización de sus países.

Íñigo Errejón, considerado el “número dos” de PODEMOS, afirmó: “Apoyaríamos lo que apoya el Parlamento griego”. Al igual que Syriza, el partido PODEMOS no tiene un horizonte más allá del euro: “Era o acuerdo o salida del euro”. La cuestión fundamental, que el reformismo es incapaz de aceptar es que no existe forma de acabar con la austeridad y evitar la colonización de Grecia y de España y, al mismo tiempo, mantenerse en los marcos del euro.

La bancarrota completa de estos partidos se hace más evidente con las palabras del propio Varoufakis: “Entonces se celebró el referéndum, que nos dio nuevo impulso y nos habría permitido tomar esas medidas, pero esa misma noche el gobierno decidió que el restallante NO del pueblo no iba a dinamizar nuestra respuesta, sino que iba a servir para hacer concesiones importantes: nuestro primer ministro se reuniría con los líderes políticos e iba a aceptar que, ocurriera lo que ocurriera, nunca nos mostraríamos agresivos. En definitiva, nos habíamos rendido. Dejamos de negociar”. Incluso en el terreno de la “negociación”, el ex ministro «radical» del gobierno de Tsipras no puede sino admitir la capitulación de Syriza.

Los activistas honestos deben reflexionar sobre los acontecimientos en Grecia. La desilusión con Tsipras, altamente progresiva, debe transformarse en bronca y en disposición de lucha.

 

La tarea en este momento es unificar las luchas de todos los sectores para enfrentar las medidas del plan de ajuste que serán aplicadas por Tsipras. Es necesario golpear juntos. Unir a la clase trabajadora con la juventud. Mantener la movilización de forma constante, pero de manera completamente independiente, tanto del gobierno como de cualquier otro partido patronal.

A la llamada “izquierda de Syriza”, conocida como la Plataforma de Izquierda, es necesario exigirle que rompa de una vez por todas con este gobierno y con ese partido. Hace mucho tiempo que el papel del ala izquierda de Syriza se reduce, en la práctica, a legitimar las decisiones de Tsipras. Continuaron con él luego del vergonzoso acuerdo de febrero. ¿Qué harán ahora? Es necesaria una ruptura categórica y lanzarse sin medias tintas a la oposición frontal contra el gobierno de Syriza, el principal ejecutor de los planes de la Troika en Grecia.


[1] Syriza cuenta con 149 diputados electos.