Sáb Feb 04, 2023
4 febrero, 2023

Los socialistas y las elecciones

Las últimas noticias sobre la reducción del desempleo y de la inflación podrían ser un estímulo para los trabajadores brasileños. Podrían, si realmente reflejasen la realidad. Y lo que se ve, en el día a día de la mayoría de la población, son los precios que siguen altos, la falta de trabajo siendo una de las mayores preocupaciones de las familias, y los carritos de los supermercados cada vez más vacíos.

Por: Redacción PSTU Brasil

La realidad es que el país sigue inmerso en una crisis sin precedentes y el horizonte cercano muestra que ni siquiera esta desaceleración del desempleo y la inflación se podrá mantener. Según un informe publicado por el FMI, el mundo se dirige hacia una recesión en 2023, acompañada de un aumento global de la inflación. Esto significa aumento de la explotación y el saqueo por parte de los imperialistas sobre los países semicoloniales como Brasil.

Maquillando la crisis

Por aquí, Bolsonaro, al mismo tiempo que, con una mano, entrega medidas electoraleras, con la otra, hace recortes multimillonarios en áreas como Salud y Educación. En este juego pierde la clase trabajadora que, además de precarización y caída de ingresos, ve desmantelados los servicios públicos. Las grandes empresas y los banqueros, por otro lado, continúan distribuyendo miles de millones en dividendos (ganancias compartidas entre los accionistas), como la Petrobras, que, solo en el primer semestre, distribuyó R$ 136.000 millones, la mayor parte a megaaccionistas extranjeros.

Bolsonaro mantendrá y profundizará los ataques actuales. La fórmula Lula-Alckmin, a su vez, no apunta hacia algo realmente diferente de lo que ya se está haciendo. Por el contrario, el Frente que agrupa a los banqueros Henrique Meirelles, Armínio Fraga, entre otros, también indicó que mantendrá la política neoliberal en el comercio mayorista, haciendo pequeños cambios cosméticos, sin llevar a cabo los cambios estructurales que necesita la clase trabajadora y el pueblo pobre.

Para acabar con el hambre, la pobreza, y cambiar el Brasil, es necesario expropiar a los multimillonarios

Seguimos defendiendo el proyecto que presentamos en la primera vuelta. Para tener trabajo, salario, tierra, vivienda, derechos y soberanía es necesario enfrentar a los súper ricos, al menos de 1% que controla más 60% de la economía.

Asimismo, es necesario reducir la jornada laboral sin reducir los salarios; elevar los salarios y duplicar el salario mínimo, hacia el mínimo del Dieese; derogar las reformas Laboral y de la Previsión Social, garantizando empleo con contrato formal y derechos para todos. Además, es necesario garantizar Salud y Educación públicas, gratuitas y de calidad; invertir en ciencia, defender el medio ambiente, la reforma agraria, el fin del Marco Temporal, la demarcación de tierras indígenas y la titulación de tierras quilombolas.

Y, para cambiar este país de una vez por todas, tenemos que expropiar a las 100 empresas más grandes, que controlan la mayor parte de la economía y sirven de mecanismo de explotación y enriquecimiento de media docena de multimillonarios. Hay que dejar de pagar la deuda a los banqueros y acabar con el techo de gastos y la Ley de Responsabilidad Fiscal, sustituyéndola por una Ley de Responsabilidad Social. Así como gravar a los multimillonarios, sus fortunas, patrimonios y dividendos, instituyendo un impuesto fuertemente progresivo, que exonere a quienes ganan hasta 10 salarios mínimos.

De la misma manera, necesitamos reestatizar las empresas privatizadas, como la Vale, y garantizar una Petrobras 100% estatal, bajo control de los trabajadores, para que funcionen en interés de la clase y de la población, y no de unos pocos megainversores.

Solo un gobierno socialista de los trabajadores, que gobierne a través de consejos populares, apoyado en la movilización del pueblo, puede enfrentar al gran capital, defender la soberanía del país y garantizar condiciones de vida dignas para la mayoría de la población.

Construyendo una alternativa socialista y revolucionaria

Brasil vive una larga decadencia. Si gran parte de la clase ya hizo la experiencia con el gobierno de Bolsonaro, la experiencia con los años de gobiernos del PT también sigue viva. El entonces gobierno de Lula surfeó una ola de crecimiento, basada en el alza de las commodities [materias primas], pero no promovió ningún cambio estructural. Por el contrario, mientras los banqueros “ganaban como nunca”, la población solo tenía derecho a unas pocas y efímeras concesiones.

Además de la explotación y el saqueo, el Brasil siguió su curso de desindustrialización, reprimarización de la economía y retroceso. Este proceso es una de las razones de la crisis que llevó al bolsonarismo, por la frustración ante las vanas promesas de los gobiernos del PT (y de toda la Nueva República).

Bolsonaro, en medio de la crisis, aceleró este proceso de saqueo del país, superexplotación de la clase trabajadora y recolonización, encarnando junto un proyecto autoritario, reaccionario y conservador, particularmente violento hacia mujeres, negros, LGBTI, indígenas y otros sectores oprimidos.

Ahora, el proyecto expresado por el Frente, en torno a Lula-Alckmin, prevé una reedición de los gobiernos burgueses de conciliación de clases y la administración del capitalismo en crisis. Pero con la diferencia, nada menor, de que hoy estamos en una crisis mucho mayor que hace 20 años, con un margen infinitamente menor para cualquier concesión, y una extrema derecha que se alimenta de la crisis y la decepción con los gobiernos que se dicen de izquierda pero defienden el statu quo, el orden y la ricocracia existentes. En definitiva, gobiernan el capitalismo contra los trabajadores y el pueblo.

Es necesario construir la independencia de la clase trabajadora de la burguesía, mediante el avance de la movilización, de la conciencia y de su organización. Y, en ese mismo proceso, de la construcción de una alternativa revolucionaria y socialista.

Voto crítico a Lula para derrotar a Bolsonaro

Bolsonaro y Lula-Alckmin no representan una diferencia fundamental en relación con la política económica. Ambos responden y gobiernan dentro de los lineamientos dictados por sectores de los banqueros y del imperialismo. La diferencia, hoy, es que Bolsonaro expresa un proyecto autoritario, que amenaza las pocas libertades democráticas que hemos conquistado.

Para los trabajadores, no es indiferente si tenemos o no libertad para organizarnos y luchar, especialmente ante los ataques que se anuncian. Y, al ganar las elecciones, Bolsonaro estaría más cerca de hacer realidad su proyecto de cambio reaccionario de régimen.

Por eso, en esta segunda vuelta, el PSTU, al no poder tener candidatura, llama al voto crítico por Lula, para derrotar a Bolsonaro. Pero alertamos que, al derrotar a Bolsonaro en las elecciones, no debemos confiar en el gobierno de Lula, sino prepararnos para luchar, defender nuestras reivindicaciones y avanzar en un proyecto de clase y socialista.

Incluso porque el bolsonarismo solo será derrotado definitivamente con la movilización, la autodefensa de nuestra clase y el cambio de las condiciones sociales que permitieron el fortalecimiento de la ultraderecha.

Artículo editorial de Opinião Socialista, publicado en www.pstu.org.br, 12/10/2022.-

Traducción: Natalia Estrada.

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