¡Libertad a todos los presos políticos! ¡Abajo la represión!

Rusia se ve envuelta en nuevas manifestaciones contra el gobierno de Vladimir Putin. Manifestaciones de contenido democrático, contra la prisión de un líder opositor, Alexey Navalniy, y de lucha contra la corrupción. El hecho de haberse ampliado al interior del país, para regiones menos privilegiadas que la capital Moscú, refleja elementos de profunda insatisfacción social acumulada a lo largo de los años en amplios sectores. Y, posiblemente, de forma aún embrionaria, elementos de crisis en el régimen político.

Por: POI, Rusia

Antecedentes

El oposicionista Alexey Navalniy es el organizador del Fondo de Combate a la Corrupción. Una especie de ONG que hace investigaciones sobre corrupción en los altos escalones del Estado. Hace varios años viene denunciando una serie de escándalos.

A mediados del año pasado, Navalniy fue envenenado con el agente tóxico Novitchok, un arma química desarrollada por la URSS/Rusia. Es tal vez el más potente agente neurológico del mundo. Navalniy fue transferido en coma hacia un hospital alemán, habiendo sobrevivido al ataque. Una investigación periodística realizada conjuntamente por The Insider, Bellingcat, CNN y Der Spiegel mostró que ocho agentes de la FSB (el servicio secreto ruso, antigua KGB) habían volado con él para la ciudad donde fue envenenado, siguiendo exactamente el mismo recorrido. Los ocho agentes con formación en química o medicina. La investigación mostró también que antes del ataque, estos habían telefoneado varias veces al centro de pesquisa que desarrolló la Novitchok, y luego que quedó claro que el ataque había fracasado y que Navalniy había sobrevivido, llamaron de nuevo para el mismo centro de pesquisa. También quedó probado que estos mismos agentes venían acompañando los viajes de Navalniy a lo largo de los tres últimos años, con sospecha de otras tentativas de envenenamiento de Navalniy y de su esposa, además del asesinato de otros oposicionistas o de periodistas.

El lance más espectacular fue que Navalniy telefoneó a uno de estos agentes, haciéndose pasar por un superior del agente, y lo hizo admitir su participación en la tentativa fracasada de envenenamiento, en un video que viralizó en Rusia. El uso de Novitchok no podría ser autorizado a los ocho agentes sin el aval del director de la FSB, que por su parte no podría actuar de tal forma sin el aval de Putin. O sea, todo indica que Putin es el mandante del crimen.

El gobierno Putin, obviamente, niega cualquier acusación, habiéndose negado incluso a abrir una investigación sobre el caso, simplemente negando el envenenamiento. El hospital alemán que trató a Navalniy confirmó el envenenamiento, así como laboratorios de Alemania, Suecia y Francia. La primera declaración incluso del hospital ruso que trató a Navalniy antes de que sea enviado a Alemania, citaba envenenamiento por agente neurológico, pero luego la declaración fue retirada.

La investigación periodística de envenenamiento, así como el video de la conversación telefónica con el agente de la FSB que admitió el atentado, fueron vistos por millones de personas en Rusia. Luego enseguida, Navalniy publicó el resultado de una gran investigación sobre coimas en el gobierno ruso, en la forma de un lujoso palacio en las márgenes del mar Negro para Putin, construido por grandes empresas y oligarcas rusos. La investigación fue presentada en la forma de un video de dos horas, que tuvo más de cien millones de visualizaciones en un país de 140 millones de habitantes. El Palacio, tratado como “la mayor coima del mundo”, llama la atención por el lujo ostentoso, sofás de casi 100.000 dólares, discoteca acuática, pistas para strip-tease, teatro, cine, pista subterránea de hockey, bodegas, sala para higienización de huevos (?), escobas para limpiar inodoros de mil dólares, que además, se tornaron uno de los símbolos de las protestas. Putin tuvo que ir a público a negar que su palacio fuera suyo, a pesar de que su construcción haya sido coordinada por el aparato de la Administración Presidencial y que las empresas que participaron de su construcción se refiriesen a él como “el palacio del presidente”.

Al retornar a Rusia, Navalniy fue inmediatamente preso en el aeropuerto, aún antes de pasar por el control de pasaportes. La acusación fue la de violar las condiciones de su condena en prisión domiciliar, MIENTRAS ESTABA EN COMA O EN TRATAMIENTO EN ALEMANIA. Desde entonces, está preso. Su condena anterior es oscura; Navalniy afirma que fue una condena forjada para impedirle participar de las elecciones presidenciales pasadas.

La prisión de Navalniy detona una ola de manifestaciones por todo el país

El sábado 23 de enero se realizó una manifestación exigiendo la liberación de Navalniy y de todos los presos políticos. Estuvo antecedida por mucha discusión en las redes sociales, abriendo un llamado de atención para los órganos de seguridad del Estado la difusión a través de TikTok, aplicativo popular entre los más jóvenes, aún en edad escolar. El Ministerio de Educación organizó toda una campaña, donde los profesores en las escuelas deberían explicar a los alumnos cómo era incorrecto participar de manifestaciones contra nuestro querido presidente, además de escribir a los padres para mantener a sus hijos en casa. Los medios de comunicación divulgaban permanentemente que la manifestación era ilegal y que sería duramente reprimida; se decía que era una provocación de los servicios secretos americanos.

 REUTERS/Tatyana Makeyeva, fotografía tomada de infobae.

Incluso con toda esa campaña de desinformación y amedrentamiento, hubo manifestaciones en 140 ciudades, con decenas de millares de participantes. En Moscú, la mayor de ellas, cerca de quince a veinte mil personas, dependiendo de la fuente. La represión fue fuerte, más de 1.500 participantes fueron detenidos en Moscú y otros millares en otras regiones. Nueva manifestación fue convocada para el día domingo 31 de enero. Esta vez hacia la Plaza Lubyanka, frente a la sede central de la FSB, una osadía inadmisible para el gobierno. Este cerró el centro de la ciudad con cordones policiales, tropas de choque OMON, diez estaciones de metro fueron cerradas, todo el acceso al centro de la ciudad fue interrumpido, ómnibus y automóviles eran impedidos de llegar al centro. El centro de la ciudad de hecho fue puesto en estado de sitio, algo inédito en la capital. Pero eso no desanimó a los manifestantes, que organizaron columnas de algunas centenas hasta pocos miles que quedaban circulando por la ciudad, contorneando el cordón policial, siendo dispersados pro la policía y reunificándose más adelante. Eso duró muchas horas y de hecho mantuvo el centro de la ciudad y todo el transporte cerrado, siendo un acontecimiento de gran repercusión. Nuevamente, la lucha se extendió por muchas ciudades del interior. La represión fue aún mayor que la del día 23. El martes 2/2 se dio una nueva manifestación, esta vez frente al tribunal donde Navalniy sería juzgado. Las consignas más oídas en las manifestaciones fueron ¡Liberen a Navalniy! ¡Libertad a todos los presos políticos! ¡Putin ladrón! ¡Abajo el Zar! ¡Por una Rusia sin Putin! Nuevamente, la policía de choque OMON cerró todo el centro de Moscú y reprimió masivamente.

El régimen reacciona duramente

En total, en estos tres días de lucha, fueron presos más de 10.000 activistas (incluyendo estudiantes secundarios). Los centros de detención quedaron llenos, sin condiciones de recibir tantos detenidos, que tuvieron que dormir en celdas repletas, sin camas, colchones, cobertores o incluso hasta calefacción, muchas veces sin acceso al baño por largas horas e incluso hasta sin agua. Muchos tuvieron que pasar la noche en los carros de asalto. Hubo motines, protestas y huelgas de hambre dentro de los centros de detención, normalmente destinados a inmigrantes ilegales. Al final, Navalniy fue condenado a cerca de tres años de prisión en régimen cerrado.

Putin intenta utilizar la represión masiva contra quien hace oposición a su régimen, así como su marioneta Lukashenko en Belarus viene haciendo hace varios meses contra la inmensa ola revolucionaria de allá. Es la esencia del ultrarreaccionario régimen de Putin, basado en la FSB, la OMON y las Fuerzas Armadas, absolutamente incompatible con las libertades democráticas. Mientras Putin aún mantenía apoyo popular, podía cubrirse con una máscara democrática. El hecho más importante de la realidad en Rusia hoy posiblemente sea o de que esa máscara cayó. Putin ya es visto, por lo menos por una parte considerable, como autócrata, represor, antidemocrático, corrupto y defensor de los oligarcas rusos. Incluso por las pesquisas oficiales, que no merecen la menor credibilidad, la popularidad del gobierno viene cayendo, y subiendo la insatisfacción popular.

No es solo por Navalniy, sino contra la miseria, el desempleo, la crisis social

Es temprano para evaluar toda la importancia de este proceso de luchas. Pero queda claro que ya no es más un movimiento restricto a los apoyadores de Navalniy. Mucha gente fue a las calles no por concordar con Navalniy o con sus propuestas, sino contra la prisión de quien no está de acuerdo con el discurso del gobierno y de quien tiene el coraje de denunciarlo. Navalniy, en este sentido, cumple el papel de detonante de un proceso profundo que viene acumulándose hace tiempo en amplias camadas. En las muchas entrevistas realizadas en las calles, las personas justificaban su participación por estar hartas con la corrupción, con los precios y salarios, con los despidos, con la falta de política donde las filas duran semanas, mientras en Moscú se hace propaganda de que hay vacuna sobrando, vacunando gente sin filas en los shoppings de la ciudad. Y muchas hacían cuestión de decir que no eran partidarias de Navalniy, pero que están contra su prisión.

En un país del tamaño de Rusia, algunas decenas de miles de manifestantes pueden no parecer algo tan masivo para quien viene de afuera. Pero quien estuvo allá sintió la energía presente, el grado de movilización, combatividad e iniciativa propias, percibió que no estábamos viendo “más de lo mismo”. El diferencial de este proceso de luchas en relación con las manifestaciones de 2012 está en que este se extendió por todas las regiones, siendo proporcionalmente más fuerte en las ciudades del interior que en la privilegiada y tradicionalmente opositora Moscú. También se diferencia de 2012 por el hecho de que las manifestaciones ahora cuentan con un masivo, aunque aún disperso apoyo en sectores amplios de la población. En ciudades en que las manifestaciones contaban con 500 manifestantes, por ejemplo, los videos de estas eran acompañados por la internet por decenas de miles, y en todo el país por millones. Incluso los que no salieron a las calles, por miedo a la dura represión, acompañaron con mucho interés los acontecimientos. Hay señales de simpatía de la clase obrera por las manifestaciones. La composición social de estas aparenta ser más plebeya que las anteriores, mitad de los participantes respondían, en las encuestas de opinión realizadas en el lugar, que estaban participando de una manifestación por primera vez en su vida. Se notaban en la multitud muchas mujeres y muchos jóvenes. La franja etaria mayoritaria era de los 20 a los 45 años.

El papel del estalinismo

Así como cae la máscara de Putin, cae también la máscara de la “oposición” oficial, que condenó a Navalniy por su actividad “contra el Estado”. En especial, así se pronunció la dirección del PCFR (Partido Comunista de la Federación Rusa), conocido por su postura pro Putin, lo que generó elementos de crisis hasta en su propio aparato, con algunas organizaciones locales en ciudades del interior participando de las manifestaciones, públicamente contra sus direcciones. Lo que por su parte puso en jaque la principal “táctica” política del propio Navalniy, la llamada “elección inteligente”, donde él llamaba a votar en cada región en el candidato de la “oposición” mejor posicionado, fuese quien fuese, contra los candidatos del partido de Putin. Así, los votos de Navalniy ayudaron a elegir muchos parlamentarios del PCFR y de otros partidos como el Liberal Demócrata y el Rusia Justa, que ahora aprueban la prisión de Navalniy y se solidarizan con Putin. Como veníamos criticando hace tiempo, una “elección inteligente” ni un poco inteligente…

No es por casualidad la defensa de Putin por el PCFR (y por los estalinistas de todo el mundo). La mezcla de chovinismo ruso, exaltación del “imperio soviético” e incluso de la figura de Stalin como símbolo de un supuesto patriotismo y mano fuerte, con un discurso antioccidente (mientras en la práctica abre toda la economía del país a los capitales europeos y americanos), le cae muy bien a los estalinistas (lo que se suma obviamente al voluminoso financiamiento estatal a la cúpula del PCFR). Como corolario macabro, citamos el hecho de que en el tribunal que arrestó a Navalniy había en una pared un retrato de Yagoda, el jefe de la NKVD (KGB) que orquestó, junto con Stalin, el primer Proceso de Moscú (el de Zinoviev y Kamenev) contra los dirigentes bolcheviques que enfrentaban entonces al estalinismo. No por casualidad, en las manifestaciones se veían carteles “No queremos volver a 1937”, el año del Gran Terror estalinista.

El marco internacional de la lucha

Las protestas en Rusia tienen incluso mucha importancia por darse en el rescaldo de las recientes revoluciones en Belarus y en Kirguistán. Es temprano para apostar que se repitan estos escenarios en el corto plazo en Rusia, pero los procesos de realimentan, con muchos manifestantes en Rusia con la bandera blanca/roja/blanca, símbolo de la revolución bielorrusa, y con la ola de simpatía en Belarus para con las manifestaciones en Rusia.

El régimen de Putin cumple el papel de un bastión de la contrarrevolución en la región, habiendo ahogado en sangre la revolución siria e invadido Ucrania metiéndola en una guerra dentro de su territorio, además de haber anexado a Crimea, en una política para derrotar la revolución de 2014 en el país. Puso tropas de turno para apoyar la dictadura de Lukashenko en Belarus, además de apoyarlo financieramente y con logística contra la revolución bielorrusa. Apoya con armamento la dictadura egipcia que reprime brutalmente en su país, ahogando también en sangre la revolución iniciada hace una década. Reprime violentamente todos los procesos de lucha e independencia en la región del Cáucaso. Apoya todas las dictaduras en las antiguas repúblicas soviéticas, en Europa, en el Cáucaso y en el Asia Central. Apoya todo lo que hay de peor en el mundo, como los partidos de extrema derecha europeos. La lucha actual contra su régimen debilita su papel reaccionario en todos esos dominios. Una derrota de Putin tendría gran repercusión desde el punto de vista de la lucha de clases en toda la región del Este Europeo, Asia Central, Cáucaso y Medio Oriente.

Además de problemas internos, Putin ahora tiene que tratar con el riesgo de una nueva ola de sanciones por parte de los gobiernos europeos y americanos, que exigen la liberación de Navalniy y demás presos políticos y el fin de las represiones a las manifestaciones. Hasta ahora, estos gobiernos no fueron más allá de las amenazas, pues no es secreto para nadie que las así llamadas “democracias occidentales” están más interesadas en sus buenos negocios con el régimen de Putin (y de Lukashenko) que con las reales libertades democráticas. Nada más hipócrita que la posición de Angela Merkel, que por presión de la opinión pública se posiciona por la libertad de los presos políticos pero se recusa a interrumpir el proyecto Nord Stream 2 (gasoducto que llevaría gas ruso directamente a Alemania, sin pasar por Ucrania), medida que tendría pesado efecto persuasivo sobre Putin y la burguesía rusa. Eso torna aún más importante la realización de manifestaciones por toda Europa por la inmediata liberación de todos los presos políticos y el fin de la represión, exigiendo de sus gobiernos actitudes duras contra Putin.

¿Quién es Alexey Navalniy?

Navalniy se tornó, en cierto sentido, la cara de la oposición al régimen de Putin, no confundiéndose con aquella “oposición a favor”, de mentirita, que es parte del régimen de Putin, que puede hasta criticar a Putin en general, pero que lo apoya en los hechos. Navalniy enfrenta con coraje y de forma desafiadora, asumiendo los riesgos, un régimen duro, opresor, violento, que no se detiene ante nada para callar a los adversarios. Inspira con sus artículos, investigaciones, denuncias y videos a centenas de miles de personas a luchar contra la autocracia de Putin. En este sentido, merece nuestro respeto y solidaridad. Pero lo que se necesita en Rusia no es sustituir a un “líder carismático” por otro. No se puede cerrar los ojos para la trayectoria política de Navalniy, su carácter de clase y sus claras limitaciones.

Navalniy viene de una trayectoria populista de derecha, habiendo iniciado su carrera en un partido liberal de oposición, el Yabloko, del cual fue expulsado por sus flirteos con el nacionalismo xenófobo, contra inmigrantes, habiendo incluso participado de la “Marcha Rusa”, de contenido claramente xenófobo. Pasada esa “fase”, Navalniy se fue tornando más “simpático” con los años, adoptando un discurso de denuncia de la miseria en el interior del país, de defensa de políticas sociales, e incluso hasta contra la reforma de la previsión, flirteando con posiciones de izquierda. No perdió su vena nacionalista de derecha, lo que queda explícito en el hecho de que nunca se opuso a la anexión de Crimea. Defiende un programa liberal burgués y privatista para la economía rusa, además de mantener importantes relaciones con las potencias occidentales, que no por casualidad lo defienden. Llama la atención que en todos sus años denunciando la corrupción en los altos escalones del gobierno, nunca haya denunciado el papel de las multinacionales europeas y americanas en esta corrupción. En el plano económico, no se diferencia de Putin.

Pero nada de eso altera el hecho de que el centro de la actividad de Navalniy hoy esté en denunciar el régimen de Putin y en combatirlo. Y, la verdad sea dicha, de forma muy valiente, y es por eso que fue envenenado y está preso. En este sentido, todo trabajador, todo ciudadano que defienda las libertades democráticas, todas las corrientes políticas que no estén comprometidas con el régimen represor, corrupto y oligárquico de Putin, independientemente de cómo vean la figura política de Navalniy deben exigir su libertad y la de todos los demás presos políticos.

Próximos pasos

No es fácil determinar los próximos pasos en esta lucha. La reciente experiencia bielorrusa muestra que manifestaciones cada fin de semana pueden no ser suficientes para derrotar un régimen tan duro, basado en las fuerzas de represión, servicios secretos y Fuerzas Armadas. En Rusia esa tarea se hace aún más difícil, pues Putin, con su discurso xenófobo, chovinista y nacionalista, aún mantiene relativo apoyo popular, al contrario de Lukashenko. Además, manifestaciones en este formato pueden ser un blanco fácil para la represión. Hay sí que pensar alternativas. Pero, lamentablemente, en el momento en que cerrábamos este artículo, el QG de Nalvalniy se decidía por una política en nuestra opinión desastrosa. Postergaba todos los actos y manifestaciones para la primavera-verano (boreales), para concentrarse en la preparación de las elecciones de setiembre para Duma del Estado (parlamento ruso), donde una vez más utilizará la táctica de “elección inteligente”, o sea, llamar al voto de cualquier fuerza que se diga de oposición, cuando estas en su mayoría apoyan la prisión del propio Navalniy y sostienen el régimen de Putin, incluso cuando hacen críticas puntuales…

Es una política equivocada, que torna el movimiento rehén de elecciones por dentro del régimen de Putin, o sea, controladas por él. Si las elecciones en Belarus, incluso con la victoria de la candidata de oposición Tikhanovskaya, no consiguieron sacar a Lukashenko del poder, mucho más difícil será que lo consigan en Rusia. Llamamos al QG de Navalniy a abandonar esta política de “elección inteligente”, cuya inutilidad la propia realidad demostró. Basta de alimentar ilusiones de que el propio régimen de la FSB pueda “renovarse” y entregar el poder democráticamente a través de elecciones. Al contrario, el QG de Navalniy está llamado a decir claramente que la FSB y la OMON deben ser disueltas, pues son un aparato para reprimir cualquier disidencia, para la represión política, algo que no debe existir en una Rusia democrática. Son órganos que no tienen nada en común con la “defensa de los ciudadanos”. Hay que tomar al respecto el ejemplo de la Revolución Ucraniana que disolvió la policía política, la Berkuta.

Como hay que tomar el mejor ejemplo de la Revolución Ucraniana: el ingreso de la clase obrera en el proceso de lucha que, por lo menos durante un período, convirtió las fábricas del país en el principal bastión de la lucha contra el régimen. La clase obrera como tal sigue ausente del escenario político ruso, fragmentada, con fuerte presencia de inmigrantes sin derechos de diferentes países, a pesar de señales de insatisfacción y de simpatía con el movimiento actual. Para atraerla, hay que incorporar reivindicaciones sociales, relativas a la carestía, desempleo, salarios, jubilaciones, salud pública, derechos para los inmigrantes. Llamamos al QG de Navalniy a asumir estas banderas y hacer propaganda entre la clase trabajadora, nativa e inmigrante. Hay que relacionar estos temas sociales a las cuestiones de la corrupción y la represión del régimen, en una gran campaña de propaganda para ir ganando a sectores cada vez más amplios de la población para la oposición a Putin. Y en este marco, de acuerdo con las condiciones, construir sí manifestaciones, lo más amplias posibles, con horario para comenzar y terminar, para por lo menos reducir el número de presos, ya que las prisiones en su mayoría se dan al final de las manifestaciones, cuando buena parte ya se retiró.

Pero como consideramos improbable que el QG de Navalniy asuma esta política, se torna primordial construir una nueva dirección para este proceso de luchas, capaz de combinar entre sí una total unidad de acción con los liberales de Navalniy contra el régimen de Putin-FSB, con una independencia también total para levantar consignas sociales y organizar a la clase trabajadora. La tarea de cada consecuente activista anti Putin en el país hoy es organizarse y ligarse lo más íntimamente posible a la clase trabajadora rusa, explicando pacientemente cómo Putin y el gobierno de los oligarcas, de la FSB, oprime a otros pueblos dentro y fuera de Rusia mientras condena a los propios rusos a una existencia miserable, y en este marco construir una dirección/organización a la altura de esta inmensa tarea histórica de ¡derrotar a Putin y su régimen!

  • ¡Exigimos la liberación inmediata de Navalniy y de todos los presos políticos!
  • ¡Exigimos plena libertad de organización y manifestación!
  • ¡Abajo la represión! ¡Disolución de la OMON y la FSB!
  • Basta de este gobierno Putin, de oligarcas y represivo. Por un plan social de emergencia, para crear empleos, aumentar salarios y jubilaciones. Un plan real de vacunación en masa, no solo propaganda por la TV. Apoyo de emergencia a todas las familias afectadas por la epidemia, ingresos mínimos garantizados por el Estado. Estabilidad en el empleo y recontratación de todos los despedidos durante la epidemia, incluyendo a los inmigrantes. La seguridad sanitaria de los trabajadores debe ser garantizada en todas las empresas, las que no lo hagan deben tener su funcionamiento interrumpido, sin perjuicio de los salarios y sin despidos. Y la cuenta de estas medidas debe ser pagada por los oligarcas, con aumento de impuestos para las grandes fortunas y expropiación y nacionalización de los sectores fundamentales y estratégicos para el país.

Traducción: Natalia Estrada.