Mar Abr 23, 2024
23 abril, 2024

Lenin, los burgueses cobardes y las valientes mujeres revolucionarias de Rusia

Por Nazareno Godeiro

El quinto volumen de las Obras Completas de Lenin contiene textos escritos entre mayo y diciembre de 1901, cuando Lenin se encontraba en su primera emigración al extranjero.

Este año, la principal lucha de Lenin fue por la publicación de Iskra (La Chispa, periódico) y Zariá (Aurora, revista teórica), organismos oficiales dirigidos directamente por él, cuyo objetivo era unificar política y teóricamente a los cientos de círculos marxistas dispersos en Rusia. Lenin, además de escribir numerosos artículos, se hizo cargo de las finanzas tanto de las publicaciones como de los envíos clandestinos a Rusia. Desde Munich, Alemania, se comunicó con varios dirigentes que permanecían clandestinamente en Rusia para organizar la distribución de publicaciones, recaudar dinero para Iskra y organizar el partido. También distribuyó artículos para que los escribieran los miembros del equipo editorial y colaboradores de las publicaciones.

Desde el extranjero envió una carta a su hermana (Maria) y a su cuñado (Elizárov) que habían sido presos, indicando las formas de aprovechar bien el tempo en la cárcel: la realización de traducciones para aprender lenguas extranjeras (indicando el método de traducir un libro del idioma original al ruso y después del ruso al original), lecturas de estudios económicos y políticos, alternando con lecturas más leves (novelas, bellas artes, etc.), además de ejercicios físicos diarios mientras durara el encarcelamiento.

En mayo de 1901 escribió el artículo “¿Por dónde empezar?”, publicado en la portada de Iskra:

Este artículo fue la base del libro ¿Qué hacer?, que define lo que es un “partido de acción”, “combativo”, frente a un grupo fundacional (carácter de organizaciones anteriores, incluida la organización “Emancipación del Trabajo”, dirigida por Plejánov). Lenin construyó, a lo largo de 3 o 4 años, una propuesta para la transición del grupo fundador a un partido de propaganda con implantación en el movimiento obrero, es decir, la propuesta práctica para cambiar de fase en la organización rusa. Por eso, en este artículo, Lenin comenzó discutiendo que no se trataba de principios, sino de “un sistema y un plan de actividad práctica”. Se trata de discutir el carácter de la lucha y sus métodos. Y aquí es donde surgieron diferencias importantes con los “economistas” y con su sucesor, el “eclecticismo”. Lenin dijo que “trabajar para crear una organización combativa y llevar a cabo la agitación política es obligatorio en todas las circunstancias”. Lenin criticó a los economistas que pasaron de las luchas económicas a defender el terrorismo como táctica principal. Opinó que la situación política no era de ofensiva general, a pesar de que en el país había importantes luchas entre campesinos, estudiantes y trabajadores.

En principio, jamás hemos renunciado ni podemos renunciar al terror. El terror es una acción militar que puede ser utilísima y hasta indispensable en cierto momento de la batalla, con cierto estado de las fuerzas y en ciertas condiciones. Pero el quid de la cuestión está precisamente en que el terror se propugna ahora no como una operación de un ejército en campaña, como una operación ligada de manera estrecha a todo el sistema de lucha y coordinada con él, sino como un medio de agresión individual, independiente y aislado de todo ejército. Y el terror no puede ser otra cosa cuando falta una organización revolucionaria central y son débiles las locales.

Por eso declaramos categóricamente que tal medio de lucha en las circunstancias actuales no es oportuno ni adecuado; que aparta a los militantes más activos de su verdadero cometido, más importante desde el punto de vista de los intereses de todo el movimiento; que no desorganiza las fuerzas gubernamentales, sino las revolucionarias”.

El surgimiento de un nuevo momento para el partido lo obligó a decidir qué métodos utilizar para ingresar al movimiento obrero (participación combativa del partido en luchas para elevar el nivel de conciencia de las masas a través de la agitación y la propaganda amplia) o el terrorismo individual. La propuesta de los economistas significó un enorme cambio: de las luchas económicas como táctica central al terrorismo como táctica central. Ambos sitúan el movimiento obrero a cargo de las luchas económicas, mientras que la política, la lucha por la liberación y el derrocamiento de la autocracia, era responsabilidad de la intelectualidad burguesa.

Lenin no negó el terror individual como táctica (“actos heroicos aislados”), pero dijo que sólo era correcto en ciertas circunstancias de la guerra revolucionaria y que en ese momento en Rusia desorganizaba a las fuerzas revolucionarias, principalmente como pretendían los economistas, que defendían el terror como medio principal y fundamental de lucha.

A partir de entonces, Lenin presentó un plan práctico para desarrollar el partido, que consistía principalmente en fundar un periódico regular (periódico y sistemático) para toda Rusia. Esta era la única manera, según Lenin, de llevar a cabo una agitación y propaganda sistemáticas en el movimiento, que estuvieran de acuerdo con los principios marxistas y que abordaran todos los aspectos (económico, político y teórico). La propuesta fue esta porque el diagnóstico de Lenin durante este período fue que el principal problema del partido era la dispersión local. Y precisamente esta dispersión local era la causa de las continuas vacilaciones y revisiones del marxismo. Ya se había dado un paso importante que fue el despertar a la clase obrera con denuncias económicas, a través de volantes en las fábricas. Había llegado el momento de saltar a las denuncias políticas y esto sólo se podía lograr con un periódico político regular, pues ya había una clase ansiosa por escuchar estas denuncias: el proletariado, que había alcanzado un alto grado de concentración y ya estaba formando dirigentes revolucionarios vinculados a esta masa. Desde ese proletariado, este periódico penetraría en el campesinado y en la intelectualidad.

La misión del periódico no era sólo difundir ideas, educar políticamente y ganar nuevos seguidores: «El periódico no es sólo un agitador y propagandista colectivo, sino también un organizador colectivo«.

Así, Lenin esbozó los principales instrumentos para conectarse con el movimiento obrero y de masas y pasar a la segunda fase del partido, la fase de “infancia y adolescencia”: un periódico central, que organizaría a los militantes, les daría la base para la agitación y la propaganda, además de folletos, panfletos y otros materiales más populares para la agitación masiva, incluso para la lucha económica.

Aquí, Lenin esbozó la idea de un militante activo, vinculado a una organización y que participa activamente en el movimiento, realizando agitación, propaganda, u organizando el partido y el movimiento obrero:

Semejante grado de disposición combativa sólo puede lograrse con la actividad constante a que se dedica un ejército regular. Y si unimos nuestras fuerzas para asegurar la publicación de un periódico común, esa labor preparará y destacará no sólo a los propagandistas más hábiles, sino también a los organizadores más diestros, a los dirigentes políticos del Partido más capaces, que puedan, en el momento necesario, lanzar la consigna del combate decisivo y dirigirlo”.

El 12 de junio, la redacción de Iskra recibió una carta entusiasta de un trabajador comentando este artículo.

Ese mismo mes escribió el artículo “Los perseguidores de los zemstvos y los Aníbales del liberalismo” para la revista teórica Zariá:

En este artículo, Lenin analiza la orientación de la autocracia hacia la realización de pequeñas reformas para dividir el movimiento: presionada por la lucha campesina y la convulsa situación internacional, la autocracia se vio obligada a decretar el fin de la servidumbre, pero en 1861 entregó un tercio de la tierra a los campesinos a cambio de un rescate pagado al gobierno y a los nobles, quienes encerraron al campesinado ruso y lo llevaron a la bancarrota. Estas reformas fueron un subproducto de una situación revolucionaria en Rusia, que amenazaba con estallar en una insurrección campesina. La nobleza y la burguesía liberal exigieron la convocatoria de una constitución general para el país, intentando limitar el poder del zar. Sin embargo, la autocracia exigía la formación de zemstvos, órganos de administración local, dirigidos por la nobleza, consultivos, con autonomía limitada a las cuestiones económicas locales y sin poder de decisión. Tanto el gobernador como el ministro del Interior podrían revocar cualquier decisión de estos órganos. Se inició, por tanto, una transición muy controlada.

La autocracia intentó introducir gradualmente el capitalismo en Rusia, manteniendo bajo su control las instituciones feudales, combinando pequeñas concesiones a las masas con represión violenta contra los movimientos revolucionarios, especialmente la organización populista “Voluntad del Pueblo”, que utilizaba el terror individual como método de lucha.

Aquí ya podemos apropiarnos de una idea que fue herencia del marxismo a principios del siglo XX: es la idea de que todas las concesiones (reformas parciales) que las clases dominantes hacen a la clase trabajadora y a los pobres en general, resultan de la lucha del pueblo trabajador y tienen una doble “personalidad”: es el logro de la lucha, pero puede convertirse en su opuesto, desviar la revolución para adaptarse al statu quo, con modificaciones que no afecten los privilegios de las clases dominantes.

Los liberales burgueses rusos no entendieron que las reformas, las concesiones y las conquistas parciales eran resultado de la lucha general, por lo que se negaron a apoyar los movimientos revolucionarios de la intelectualidad y trataron de «negociar» su programa con la autocracia: libertad de expresión y prensa, Inviolabilidad personal y asamblea constituyente.

Otra idea, que también fue herencia del marxismo en ese momento, es que sin una fuerza social seria y organizada, algo que la burguesía liberal no estaba dispuesta a fundar, el régimen autocrático no avanzaría hasta la implementación de una constitución en Rusia. Sin una fuerza revolucionaria de la clase proletaria (aún en su infancia) y un partido revolucionario firme y disciplinado (aún en formación), toda lucha por la constitución retrocedería, como de hecho ocurrió entre 1905 y 1907.

La inconsistencia de la oposición liberal burguesa dio tiempo suficiente para que la autocracia se ubicara frente a la ola revolucionaria, se mantuviera en el poder e incluso, en el momento apropiado, dejara de lado a la burguesía liberal.

La segunda parte del artículo debate con Struve, el marxista “legal” que instó al zar a “dotar a los zemstvos de poder”, porque de lo contrario la revolución violenta lo derrocaría. Representaba la posición de la burguesía liberal, que no estaba dispuesta a enfrentarse a la autocracia y derrocarla mediante la movilización revolucionaria, sino mediante reformas pacíficas y constitucionales, convocadas por la autocracia.

Al discutir este artículo en la redacción del periódico, se revelaron las diferencias de Lenin con Plejánov y Axelrod (ambos también miembros de la redacción de Iskra y Zariá) sobre las relaciones entre el proletariado y la burguesía liberal rusa. Ambos sugirieron a Lenin cambiar la orientación y el tono del artículo, para permitir relaciones amistosas con la burguesía liberal. Lenin hizo todos los cambios sugeridos al “tono” del artículo, pero se negó a modificar el contenido del mismo. Como puede verse, las diferencias de Plejánov se intensificaron en puntos centrales del programa, la estrategia y la táctica (sobre el materialismo, sobre las relaciones con la burguesía, sobre los métodos de conducta en la dirección, entre otros).

El periódico Iskra publicaba artículos que actualizaban a los trabajadores sobre la política gubernamental y las crisis económicas. Por ejemplo, en el artículo “Una valiosa confesión”, Lenin describe todos los puntos culminantes de las huelgas y cómo el gobierno hizo pequeñas concesiones para derrotar al movimiento. En pocas palabras, mostró la fuerza del proletariado y cómo el enemigo trabajó para derrotar las huelgas. En otro artículo, “Las lecciones de las crisis”, Lenin discutió las causas de las crisis económicas en el capitalismo y dio ejemplos concretos, como las ganancias y la producción del gran cártel petrolero de los hermanos Nobel. Nombró a todos los grandes millonarios de Rusia. En otro artículo, “Los señores feudales en acción”, mostró que el gobierno entregó tierras en Siberia a nobles con tres mil hectáreas o más, para pagar en 37 años y, si alquilaban la tierra, no pagarían por los primeros cinco años. En la región de Ufá, estos nobles terratenientes compraron tierras por valor de 60.000 rublos y en dos años vendieron estas mismas tierras por 580.000 rublos. A los campesinos se les entregaron quince hectáreas por familia, sin facilidades de pago.

Así fue como, a través de las páginas de Iskra o Zariá, la revista teórica, se educó a la vanguardia obrera del país, al mismo tiempo que se formaba en el marxismo a una columna de cuadros.

En setiembre, Lenin escribió el artículo «El problema agrario y los ‘críticos de Marx'», justificando el programa agrario del POSDR:

En este folleto, Lenin critica la visión de Bulgákov, un economista de la corriente marxista “legal”, cercana a la corriente de Bernstein, que intentó refutar la visión de Marx sobre la “renta de la tierra”, es decir, una renta que el propietario o arrendatario recibe por poseer o arrendar tierras. Según Bulgákov, existiría una ley universal, absoluta, que se cumple sí o sí, de la “decreciente fertilidad del suelo”. Marx dijo que esto era relativo, ya que dependía del desarrollo técnico, del nivel de las fuerzas productivas. Toda la producción agrícola e industrial mundial refutó la visión de Bulgákov: la población rural disminuyó drásticamente mientras la producción agrícola aumentó dramáticamente. Bulgákov también pretendía demostrar que Marx estaba equivocado cuando dijo que el capital constante (máquinas y equipos) crece más rápidamente que el capital variable (mano de obra). Todo el desarrollo de la agricultura durante los últimos 200 años ha demostrado que la productividad de la agricultura ha ido necesariamente acompañada de un crecimiento más rápido del capital constante en relación con el capital variable. Sería un error utilizar el argumento de que la producción capitalista en gran escala es destructiva de la naturaleza para negar esta ley general de la producción capitalista. Es destructivo porque se utiliza para enriquecer a un puñado de capitalistas que controlan la producción mundial de alimentos en el siglo XXI. Esto no niega el aumento de la productividad de los trabajadores por hectárea utilizando máquinas modernas. Otro debate importante en este artículo se refiere a la comparación de productividad entre propiedades rurales grandes y pequeñas. Bulgákov (y los bernsteinianos en general, incluidos los populistas rusos) intentan demostrar que la pequeña propiedad es más rentable que la gran propiedad. Para ello, modifican todos los datos estadísticos para comprobar algo que no ocurre en la realidad: la única “ventaja” de las pequeñas propiedades es que pasan hambre por poder colocar su producto en el mercado, además de alargar la jornada hasta límites casi insoportables. Todas las estadísticas analizadas por Lenin (de Rusia, Alemania, Inglaterra, etc.) dan una superioridad muy grande a la gran propiedad, ya sea mediante el uso de máquinas, fertilizantes y trabajo asalariado en gran escala. Sin embargo, esto importa poco a quienes quieren demostrar la excelencia de la pequeña propiedad, idealizando prejuicios “naturales” o “morales”. Cuando los marxistas analizaron que las grandes propiedades eran más productivas que las pequeñas propiedades rurales, los ideólogos de las pequeñas propiedades criticaron a los marxistas porque decían que esto ocurre porque había una sobreexplotación de los trabajadores rurales por parte de los grandes terratenientes. Sin embargo, cuando los marxistas decían que las grandes propiedades eran técnicamente más productivas, no significaba que las condiciones de vida de los trabajadores rurales en las grandes propiedades estuvieran mejorando continuamente. Sólo que los marxistas notaron que los ideólogos de la pequeña burguesía embellecían e idealizaban las condiciones de vida y de trabajo de la pequeña propiedad bajo el sistema capitalista. Para los marxistas, es necesario denunciar la mentira de la burguesía sobre que los pequeños productores mejorarán gradualmente sus vidas y llamar a estos a luchar junto al movimiento revolucionario del proletariado como único camino de salvación.

***

Lenin recibió “La mujer trabajadora”, el primer folleto de Nadejda Krúpskaia, escrito en el exilio en Siberia, sobre la cuestión de la opresión de las mujeres trabajadoras. Además de elaborar sobre la cuestión de las mujeres, Krúpskaia sería “la” organizadora del periódico Iskra y de la revista Zariá, a partir de 1901, cuando termina su destierro en Siberia y va a encontrarse con Lenin en el extranjero. Ella se convertirá en la secretaria organizativa del partido, papel fundamental en la organización de los militantes profesionales que se encontraban en Rusia. Ella era quien mantenía todos los contactos con el personal en Rusia desde el periódico, que se publicaba quincenalmente a principios del siglo XX. Krúpskaia también creó muchos materiales sobre educación y pedagogía (escribió artículos para periódicos). Incluso después de asumir el poder ayudó a organizar la nueva escuela, ocupando un alto cargo en el Ministerio de Educación soviético. Este importante papel de Krúpskaia en el partido siguió una tradición revolucionaria de las mujeres en Rusia. Estamos hablando de un país que en el inicio del siglo XIX vendía mujeres jóvenes en el mercado, junto con otras “propiedades”. El código civil de la Rusia zarista exigía que una mujer tuviera el permiso de su marido para tener un pasaporte o conseguir un trabajo. Divorciarse era prácticamente imposible. La agresión a su esposa por parte de su marido no era aceptada como motivo de separación. A partir de 1861, con el inicio de las grandes transformaciones en Rusia, las mujeres entraron en la lucha revolucionaria con todo lo que pudieron. La dirección de la organización populista contó con varias mujeres como Vera Figner, Anna Korba, Olga Liubatovich, Sophia Perovskaya, Gesia Gelfman, Anna Yakimova, Tatiana Lebedeva, entre otras. Sofía Perovskaya, descendiente de la alta nobleza, fue responsable del asesinato del zar Alejandro II, en 1881. Fue ahorcada, junto con sus compañeros, en la plaza pública, rodeada por 12.000 soldados. En la primera organización marxista, la Emancipación del Trabajo, Vera Zasúlich, que había atacado al jefe de policía de San Petersburgo, disparó un tiro que no resultó mortal. Posteriormente, ella fundó, junto con Plejánov, la organización marxista. Lenin trabajó con ella en la redacción de Iskra durante dos años. Krúpskaia seguía esta tradición y el POSDR tendría toda una columna de dirigentes revolucionarias profesionales dedicadas toda su vida al partido y la revolución, como Inessa Armand, Alexandra Kollontái, Larissa Reissner, Vera Slutskaya, Eugenia Bosch, Ludmila Stal, Koncordiya Samoilova, entre muchas otras. Eran dirigentes del Partido Bolchevique, pero fueron las trabajadoras bolcheviques las que lideraron la revolución de febrero y desempeñaron un papel importante en la revolución de octubre: Anastasia Devyatkina, trabajadora industrial, que organizó un sindicato de esposas de soldados, Nina Aghadzanova, representante del distrito de Vyborg en el Soviet de Petrogrado, y Zenia Ezeghorova, secretaria del Partido en Vyborg, una de las organizadoras de las acciones de los soldados en las barricadas, entre muchas otras. Esto ya era una expresión del gran aumento de mujeres en las fábricas. Como vimos en el episodio anterior, en 1897 ya había 2,5 millones de trabajadoras industriales en Rusia (25% de la mano de obra fabril). En poco más de 50 años, con la revolución socialista de 1917, como producto de esta lucha de las mujeres se lograrán mayores derechos sociales y una legislación más avanzada que en cualquier país capitalista del mundo, logros que veremos en el episodio correspondiente.

El Gobierno Provisional no puso fin a la guerra, ignorando las necesidades de los trabajadores. Esto dio lugar a nuevas protestas, muchas de ellas encabezadas por mujeres. Un ejemplo fueron las 40.000 lavanderas organizadas en un sindicato dirigido por la bolchevique Sonia Gonschárkaia.

En setiembre de 1901, Lenin fue delegado de las organizaciones Iskra y Zariá en un congreso que intentaba lograr la unificación de cuatro grupos socialdemócratas en el extranjero. El congreso fracasó, pero Lenin, que ya era el representante de la corriente socialdemócrata más fuerte de Rusia, pronunció el discurso central sobre la imposibilidad de la unificación, ya que algunas de estas organizaciones simpatizaban con Bernstein, el terrorismo y el economicismo:

“Hay que poner en claro las divergencias que ellas implican, para saber en qué terreno se ubica la Unión y si es posible la unificación ideológica, sin la cual carece de sentido la unificación orgánica: no hemos buscado ni podíamos buscar una unificación de ese género” (…) No debemos olvidar que, sin una base ideológica común, no se puede ni siquiera hablar de unificación”. 

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