Protestando contra el congelamiento de cuentas bancarias y el hambre, el pueblo libanés trajo la revolución de octubre de vuelta a las calles, el 27 de abril, en la llamada “noche de las molotovs”.

Por: Hassan al-Barazili

Comenzando en la extraordinaria ciudad de Trablous (Trípoli), se extendió por todo el país, hacia Beirut, Saida (Sidón), Nabatieh, Valle de Bekaa y Akkar.

El Estado libanés envió el ejército para acabar con las protestas. Recurriendo a gas lacrimógeno, balas revestidas de goma y balas de verdad, el ejército mató a Fawaz al-Samman, de 26 años, e hirió a muchos otros en Trípoli.

En Sidón, agarraron y torturaron a siete jóvenes manifestantes, trayendo de vuelta a la memoria colectiva el 2017, cuando el ejército atacó a refugiados sirios, matando a cuatro de ellos.

A pesar de que el número de manifestantes en las calles fue menor que el de hace dos meses, la revolución libanesa es la primera a recomenzar desde el brote de coronavirus, que ya llevó a la muerte a 25 personas en el país. Otras revoluciones ciertamente seguirán ese ejemplo.

La crisis entre las clases dominantes

Las familias ricas de diferentes religiones y sus partidos sectarios que gobiernan el país desde el final de la guerra civil están luchando por una porción mayor de una economía capitalista en decadencia.

El pedido de ayuda internacional al FMI para salvar bancos y el Estado fue apoyado por todos los partidos sectarios, incluso por Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah. No obstante, el FMI ciertamente exigirá los requisitos de la conferencia del CEDRE: reducción del déficit público, aumento del precio de la energía, y privatización total, que el gobierno Hasan Diab / Michel Aoun no puede realizar sin profundizar la división interburguesa, y el alto nivel de pobreza ya pone a 50% del pueblo libanés por debajo de la línea de pobreza.

Otra “solución” burguesa, el llamado “corte de cabello” o rescate financiero a la manera de Chipre, implica convertir todos los depósitos bancarios superiores a medio millón de dólares en acciones (o títulos) bancarios, lo que es rechazado por la ABL (Asociación de Bancos del Líbano) y por todos los principales partidos (todos dirigidos por familias ricas). La recesión económica internacional torna improbables los préstamos o donaciones de gobiernos extranjeros amigos. Los Hariris (Rafik y Saad) acostumbraban recurrir a Arabia Saudita y a Francia. Hezbollah a Irán. Arabia Saudita enfrenta restricciones económicas debido a la caída de los precios del petróleo y a los altos costos de la intervención militar en Yemen, y los sauditas parecen estar retrocediendo. Francia está en conflicto con Alemania sobre el rescate de todos los países de Europa mediterránea.

Irán está bajo un bloqueo criminal de los Estados Unidos, lo que junto con los bajos precios del petróleo, la explosión de Covid-19 y los conflictos con Rusia en Siria, está drenando los recursos nacionales. Por fin, EEUU está contando muertos por Covid-19 y su principal preocupación con el Líbano es cómo debilitar a Hezbollah, la principal fortaleza del gobierno Diab/Aoun.

Lo que resta para la clase dominante libanesa en términos de políticas económicas es inflación alta para disminuir el poder de compra de las personas y robar depósitos bancarios en moneda extranjera cambiando dólares americanos por LL 1500-3000, dependiendo de la cuantía, que está muy por debajo de LL 4000 en el mercado negro.

La pésima situación del pueblo trabajador

La situación del pueblo trabajador es terrible. La cuarentena trajo despidos y el fin de la renta de trabajadores informales, vendedores ambulantes y pequeños comerciantes. Existen millares de expatriados que perdieron sus empleos y la renta en el exterior. Cuentas bancarias están congeladas. La distribución de un bono único de LL 400.000 (cerca de U$S 100) por el Estado a los pobres, nunca se materializó. El coronavirus se está extendiendo. La violencia doméstica contra las mujeres aumentó. La revolución comenzó en Trípoli, con sus 730.000 habitantes, debido a años de negligencia, extrema pobreza, y hambre.

Un programa de la clase trabajadora para el Líbano

El CEDRE y el FMI significan más sufrimiento y pobreza. No es solución para la clase trabajadora. La solución real comienza por reunir toda la riqueza del país en manos de la clase trabajadora. La nacionalización de los bancos bajo control de los trabajadores y la aprehensión de activos de un puñado de familias ricas son etapas necesarias para:

  • suministrar una renta básica mensual de U$S 500 a todas las familias libanesas pobres, para que sobrevivan en cuarentena;
  • financiar la educación pública y un buen sistema nacional de salud para salvar vidas;
  • pagar por obras públicas para abastecer energía y agua potable a todos, a bajo costo, generando millares de empleos;
  • poner fin al congelamiento de las cuentas bancarias para 99% de las personas, y confiscar los depósitos bancarios millonarios.

Esos pasos llevan necesariamente a un conflicto abierto con la burguesía y su régimen sectario. La burguesía tiene dos cartas principales:

  1. a) la apelación sectaria para dividir al pueblo trabajador y gobernar;
  2. b) la represión abierta por el ejército, por los Mukhabarat (policía política) y las milicias sectarias.

Por su parte, los trabajadores precisan recurrir a todos los medios a su disposición:

  1. Unirse en la lucha. Es urgente crear solidaridad con nuestros hermanos y hermanas enviando delegaciones para Trípoli, organizando protestas independientes en todas las otras ciudades, y convocando a cacerolazos para mostrar solidaridad y al mismo tiempo mantenerse lejos del Covid-19. Una huelga general de los trabajadores que están en el lugar de trabajo también sería muy importante.
  2. Construir consejos independientes de trabajadores y del pueblo en todo el país, dentro de los lugares de trabajo, escuelas y barrios, para decidir democráticamente cada paso de la revolución.
  3. Traer a la clase media para apoyar la revolución, aislando a la burguesía; es necesario enfatizar sus reivindicaciones de menor costo de vida (cuentas de agua y energía, sistema de salud, costos universitarios), y el fin del congelamiento de las cuentas bancarias.
  4. Traer refugiados palestinos y sirios para el lado de la revolución, expresando la oposición de la revolución al Estado sionista y al régimen de Assad.
  5. Llamar a los soldados y oficiales de bajo rango del ejército a negarse a atacar a manifestantes y a organizar consejos de soldados dentro del ejército para romper con cualesquiera órdenes autoritarias de arriba hacia abajo dadas por los generales.
  6. Organizar la autodefensa obrera, tanto en los barrios como en los lugares de protesta, para resistir la represión.
  7. Llamar a la solidaridad internacional. El mismo día en que la revolución recomenzó en el Líbano, los jóvenes chilenos estaban protestando contra la violenta policía de Carabineros. En breve, el pueblo de Iraq y los manifestantes de Hong Kong volverán a las calles. La recesión económica internacional ciertamente multiplicará las acciones de los trabajadores en todo el mundo.
  8. Ninguna confianza en los partidos del régimen: Hezbollah, Movimiento Futuro, Amal, Fuerzas Libanesas, y Movimiento Patriótico Libre. “Todos significa todos” (eslogan de la revolución libanesa refiriéndose a todos los partidos y los políticos, equivalente al ¡Fuera todos!, ndt.).
  9. Construir un partido revolucionario de los trabajadores para liderar la revolución y derrotar a la burguesía y su régimen sectario, llevar la revolución de octubre al poder, y construir los lazos internacionales necesarios para defender la revolución.

Estos son pasos fáciles, así como el hambre y la negligencia son insoportables. El pueblo libanés tendrá que decidir: curvarse al régimen sectario y a la pobreza o colocar la revolución de octubre en el poder.

Los trabajadores libaneses en movimiento tienen capacidad para ejecutar todas estas tareas y construir un nuevo Líbano para los trabajadores(as) y los oprimidos(as).

Traducción: Natalia Estrada.