Mar Ene 31, 2023
31 enero, 2023

La deforestación en la Amazonía creció 59,5% durante los cuatro años del gobierno Bolsonaro

Datos divulgados ayer (30/11) por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) muestran que la Amazonía continúa siendo deforestada durante el gobierno de Jair Bolsonaro (PL). Entre agosto del año pasado y julio de este año se deforestaron 11.568 km² de superficie, equivalente al tamaño de Qatar.

Por: PSTU Brasil

Bolsonaro es un feroz enemigo del medio ambiente y un aliado de los madereros, acaparadores de tierras, buscadores de oro y terratenientes, responsables de la deforestación de nuestros bosques. Según el Observatorio del Clima, una red de entidades ambientales, la deforestación en la Amazonía creció un 59,5% durante los cuatro años del gobierno de Bolsonaro. Es el aumento porcentual más alto en un mandato presidencial desde que comenzaron las mediciones satelitales en 1988. Bolsonaro asumió en el país con una tasa de 7.500 km² de deforestación en la Amazonía y está entregándolo con 11.500 km² deforestados.

Estos datos divulgados ayer en el informe del Proyecto de Monitoreo de la Deforestación en la Amazonía Legal por Satélite (Prodes) elaborado por el Inpe, organismo vinculado al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI), ya estaban listos desde el 3 de noviembre, pero solo fueron divulgados ahora, para esconder la realidad brasileña durante la COP 27, la Conferencia Climática de la ONU, que se realizó en Egipto, en noviembre.

Gobierno de transición

En conferencia de prensa, también realizada ayer, el Grupo Técnico de Medio Ambiente del gabinete de transición del gobierno Lula-Alckmin dice que el futuro gobierno quiere terminar con la deforestación en los primeros tres meses de 2023 y recuperar el protagonismo del Brasil en la protección ambiental.

El exministro de Medio Ambiente, Carlos Minc (PSB/RJ), resaltó que la política ambiental del país fue arrasada durante el gobierno de Bolsonaro y que, con Lula, «se acabó la impunidad».

“Habrá una reducción fuerte e inmediata de la deforestación ya en el primer trimestre del gobierno de Lula. No más flaquezas e impunidad”, dijo. “La tarea no es pequeña. Medidas inmediatas: fortalecer el Ibama. Segundo, la derogación de decretos. Algunos son los que impiden la aplicación de multas. Otros impiden la fiscalización de madereras”, dijo.

Sabemos que Bolsonaro ha dañado la política ambiental al “dejar correr”. Fomentó la minería ilegal, no combatió la tala ilegal de la selva, aprobó medidas favorables a los usurpadores y terratenientes. La Amazonía vivió cuatro años consecutivos en llamas.

Esta situación debe revertirse. Pero no puede ser solo en discursos bonitos, se necesita acción real. El primer paso es enfrentar a los acaparadores y buscadores ilegales de tierras, que destruyen los bosques, persiguen y matan a los pueblos originarios y ribereños. ¿Lula estará dispuesto a hacer esto? Porque eso no fue lo que vimos en los 14 años de gobiernos del PT.

Solo en el primer mandato de Lula (2003 a 2006), se deforestaron 86.468 km2, lo que representa el doble del área del Estado de Río de Janeiro.

Los grandes incendios en la Amazonía tienen detrás el acaparamiento de tierras. Y los gobiernos del PT actuaron con decisión a favor de los acaparadores de tierras de la región. Fue Lula, por ejemplo, quien editó, en junio de 2009, la Ley 11.952, autorizando la emisión de títulos de propiedad para áreas públicas de hasta 1.500 hectáreas en la Amazonía, ocupadas y deforestadas ilegalmente hasta diciembre de 2004. Así, más de 67 millones de hectáreas de tierras públicas en la Amazonía fueron transferidas a los acaparadores de tierras. No por casualidad, en la época, la medida pasó a ser conocida como “Lei da Grilhagem” [“Ley del Acaparamiento”].

A pesar de una intensa y fuerte movilización de activistas ambientales, en 2007 Lula liberó los llamados transgénicos (organismos genéticamente modificados), coronando numerosas concesiones que ya había hecho a las transnacionales productoras de semillas transgénicas desde el inicio de su gobierno. Desde entonces, el uso de pesticidas se ha disparado en el país.

No podemos olvidar la construcción de la Usina Hidroeléctrica de Belo Monte, que solo impulsó los fondos de las empresas contratistas y financió las campañas electorales del PT. Un crimen electoral, que destruyó áreas boscosas, desalojó a comunidades históricas y tradicionales de sus tierras, para entregar la usina a la iniciativa privada. Este crimen es una mancha que quedará para siempre en la historia del PT.

Asimismo, cabe destacar la participación de Kátia Abreu, la “reina de la motosierra”, en el gobierno de Dilma y ahora en el gobierno de transición, y el apoyo de los gobiernos petistas a la llamada Matopiba (región formada por áreas de los Estados de Maranhão, Tocantins, Piauí y Bahia, donde se expandió la nueva frontera del agronegocio), que destruye el medio ambiente, contamina las aguas y provoca más conflictos.

Son muchos los activistas que esperan sinceramente que un posible gobierno de Lula acabe con los incendios en la Amazonía, impida el robo de los territorios de las comunidades indígenas y quilombolas, el avance del acaparamiento de tierras, la destrucción ambiental promovida por la minería, y muchos otros crímenes ambientales que están en curso.

Pero, no creemos que eso pueda pasar, porque significaría un enfrentamiento con el agronegocio, con las empresas mineras y las transnacionales que saquean los recursos naturales del país. Y esto no lo hicieron ni lo harán los gobiernos petistas porque, en esencia, su proyecto era, es y seguirá siendo el mantenimiento del orden capitalista y la conciliación de las clases con lo que ellos llaman la “burguesía progresista”.

¡Contra la barbarie ecológica, una salida socialista!

La explotación capitalista degrada brutalmente el medio ambiente y utiliza más recursos naturales de los que naturalmente se pueden recomponer, y todo ello para alimentar un consumismo innecesario a la población, pero fundamental para el lucro de las grandes corporaciones económicas. Y esto está empujando al planeta a tal degradación ambiental que puede cuestionar la existencia de la humanidad.

Es necesario imponer un desarrollo económico acorde con las necesidades de los trabajadores y de la población y con la preservación del medio ambiente. Y, para eso, es fundamental enfrentar a las grandes empresas para defender el medio ambiente, organizando a los trabajadores del campo y de la ciudad, a los pueblos indígenas, quilombolas y ribereños de forma independiente, para exigirle al futuro gobierno Lula-Alckmin las siguientes reivindicaciones.

– Expropiación de las empresas madereras que queman la Amazonía;

– Encarcelamiento de “garmpeiros” [buscadores de oro] ilegales y “grilheiros” [acaparadores de tierras];

– Fortalecimiento de los organismos ambientales, con ejecución integral del presupuesto, la contratación de nuevos equipos para acciones de fiscalización, y la elaboración de un plan real de contingencia por pérdida de bosques;

– Creación de normas para reducir las emisiones de carbono, con la expropiación de las empresas que las violen;

– Fuentes limpias de energía, como la eólica, para ampliar la generación de electricidad con preservación ambiental y no con obras monstruosas como Belo Monte;

– Demarcación y homologación de todas las tierras indígenas y quilombolas;

– Aumento de las áreas de preservación ambiental, con fortalecimiento de los órganos públicos de fiscalización y la incorporación de la sociedad en el control de estas áreas;

– ¡Capitalismo no rima con medio ambiente! ¡Solo una sociedad socialista, igualitaria y sin explotadores podrá construir una relación armónica con el medio ambiente!

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 1/12/2022.-

Traducción: Natalia Estrada.

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