En Israel, a partir de finales de junio, ante el salto de cinco casos de infección diaria para cerca de 300 con la llegada de la variante delta del Covid-19, el anuncio de medidas para contener la diseminación por parte de la ocupación sionista va de la toma de restricciones, la aplicación de la tercera dosis de la Pfizer hasta vacunar a la población entre 12 y 15 años de edad.

Por: Soraya Misleh

Lo que, obviamente, deja de lado acelerar la inmunización de los palestinos en Cisjordania y en Gaza, mostrando que, más allá de la esperada falta de humanidad, no hay ninguna racionalidad en un régimen de naturaleza racista y colonial. Al final, el apartheid sanitario puede volverse contra el opresor, ya que la pandemia no seguirá la determinación de solo contaminar a palestinos.

De los cerca de cinco millones en Cisjordania y Gaza, territorios ocupados militarmente por Israel en 1967, solo 385.000 fueron vacunados contra el Covid-19 con dos dosis hasta el último 8 de julio, solamente 8,2% del total. Los datos son del site Our World in Data, que presenta relevamiento diario de todo el mundo, según el cual Israel inmunizó completamente a 57,4% de su población hasta el día 10 de mismo mes. La discriminación llevó a Amnistía Internacional a denunciar el racismo a inicios de enero de este año 2021.

Mientras la vacunación seguía a pesos lentos en el apartheid impuesto por Israel, los medios convencionales y científicos en general destacaban efusivamente el modelo exitoso implementado por la ocupación, que ha divulgado que en total más de 80% de la población está inmunizada –contando aquellos que fueron contaminados en la pandemia–, lo que no se sostiene científicamente frente al surgimiento de nuevas variantes.

Con todo, tomándose en cuenta a los palestinos de Cisjordania y Gaza –que incluso el derecho internacional reconoce como obligación de la potencia ocupante garantizar medidas sanitarias–, ese porcentaje caería para algo alrededor de 35%. Científicos apuntan que la efectividad de una campaña de vacunación se daría a partir del doble.

Vacuna como propaganda

La campaña, como no podía dejar de ser, reflejó en realidad la propaganda sionista de Estado civilizado y que sale al frente en cuestiones fundamentales. Una normalización del aparteid para encubrir sus crímenes contra la humanidad, parte de la inversión millonaria en relaciones pública con las que los medios de comunicación en manos de grandes capitalistas se regocijan. Ante la tragedia en sus propios destinos, Israel se tornaría el modelo a ser seguido para retomar la economía, obviamente frente a la profundización de la crisis, intensificando la explotación del trabajador.

La más reciente acción de marketing sionista se dio en abril último, cuando abrió mano de la obligatoriedad del uso de máscaras y llegó a permitir viajes internacionales. El resultado fue que se expandieron los casos a partir de la llegada de la variante Delta, que representa 90% de las nuevas infecciones. La información oficial es que los viajantes la trajeron.

A despecho de eso, en el mismo mes de abril, apenas 0,2% de los palestinos de Cisjordania y Gaza habían tomado sus dos dosis de vacuna contra el Covid-19. Mayo último estuvo marcado por la resistencia a la limpieza étnica en Jerusalén y una masacre más en Gaza, que unió a la sociedad palestina fracturada hace 73 años.

Sionistas protagonizaron marchas racistas y ataques. Ellos estaban vacunados con las dos dosis; los palestinos, no necesariamente.

Punición colectiva

En la continua Nakba –catástrofe con la creación del Estado de Israel el 15 de mayo de 1948 mediante limpieza étnica planificada en 78% de la Palestina histórica–, lo que hay actualmente es la expansión colonial sionista por todo el territorio. Un Estado único de apartheid, en el que los palestinos no tienen ninguna autonomía. Están sujetos a restricciones para ir y venir, prisiones políticas, violaciones de derechos humanos fundamentales, violencia cotidiana, limpieza étnica y punición colectiva.

La no vacunación en masa y la lentitud criminal sirven como arma en manos del enclave militar del imperialismo. Se combinan con ofensivas desde el inicio de la pandemia, como destrucción de clínicas para tratamiento y testeo contra el Covid-19, derrumbe de barreras sanitarias autoorganizadas por los palestinos en la entrada de sus aldeas, bombardeos de hospitales y falta de infraestructura adecuada en Gaza, entre ellas la limitación del agua –en la estrecha franja, 95% de las fuentes hídricas están contaminadas, situación que se agrava con cada ataque sionista–. Por su parte, los palestinos de Cisjordania reciben apenas 73 litros de agua por día, bien abajo de los 100 litros recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), mientras asentamientos israelíes tienen disponibles tres a ocho veces más que eso.

No obstante, las fuerzas de ocupación y millares de colonos ilegales y empleadores conviven forzosamente con aquellos que desprecian y deshumanizan. Ciento treinta mil trabajadores que viven en Cisjordania son obligados a someterse diariamente a un check point para servir de mano de obra barata en las áreas ocupadas en 1948. Estos comenzaron a ser vacunados en marzo último, casi cuatro meses después del inicio de la inmunización de israelíes. Pero sus familiares aún no están completamente inmunizados.

Además, en la Palestina ocupada en 1948, hoy Estado de Israel, la organización Adalah denunció que, desde el inicio, “el gobierno israelí descuidó las necesidades de los ciudadanos árabes en áreas como acceso a servicios de salud, enseñanza a distancia, información pública, apoyo económico y derecho a la privacidad”, lo que “profundizó la discriminación estructural”. Son más de 60 leyes racistas contra los palestinos que quedaron en los territorios ocupados en 1948.

En Naqab (Negev), al sur, por ejemplo, 50.000 niños beduinos que viven en aldeas no reconocidas por Israel, no podían acceder a la enseñanza a distancia, ya que el Estado racista no los conectó a la red eléctrica o a la internet. Tampoco les era destinado al inicio el auxilio de emergencia para que pudiesen cumplir el necesario distanciamiento social.

El apartheid en las vacunas es la punta del iceberg. Nuevas variantes tienen, en este marco, el potencial de un Titanic. Abrazar la resistencia heroica con solidaridad internacional efectiva y permanente, rumbo a Palestina libre del río al mar, es cada vez más una cuestión de vida o muerte.

Traducción: Natalia Estrada.