Mié Nov 30, 2022
30 noviembre, 2022

‘Gota Go Home!’: el levantamiento en Sri Lanka en una encrucijada

Sri Lanka está pasando por la huelga más grande en la historia del país desde 1980. Worker’s Voice se solidariza con los trabajadores, la juventud y las masas en movimiento en Sri Lanka y apoya sus demandas por la salida de la pandilla Rajapaksa del gobierno, la disolución del parlamento, la devolución de los fondos públicos robados por los Rajapaksas, la asistencia médica internacional para Sri Lanka, los subsidios para los fertilizantes –que el gobierno revocó para pagar la deuda a los acreedores internacionales– y el fin de la evasión fiscal que es una de las características centrales del régimen.

Por: A. Al Tariqi

Por qué crecieron las protestas

Las protestas, que se prolongan desde hace más de un mes, se han convertido en un levantamiento de masas, concentrado en la región sur, con mayoría cingalesa/Sinhala. Son expresión de la ira popular por la pésima conducción, por parte del gobierno, de la peor crisis financiera del país en casi ocho décadas.

El 6 de mayo, millones de trabajadores de los sectores público y privado cruzaron sus brazos. Los bancos, las empresas y el transporte en las grandes ciudades como Colombo estuvieron cerrados. Médicos y enfermeras se unieron a las protestas durante el intervalo del almuerzo. Durante el fin de semana, el presidente Gotabaya Rajapaksa, “Gota”, declaró el estado de emergencia por segunda vez desde que comenzaron las protestas.

La incompetencia del gobierno, los acontecimientos mundiales como la guerra de Rusia contra Ucrania y la inflación descontrolada generaron una profunda crisis, que derivó en escasez de alimentos, de combustible y de medicinas, además de repetidos episodios de cortes de energía eléctrica. Después de que Rusia invadiera Ucrania, en una región que es el granero de gran parte de Asia y África, los precios de los alimentos se dispararon. En Sri Lanka, el precio del arroz se ha más que duplicado con relación al año pasado.

El gobierno anunció el mes pasado que no tenía cómo pagar $ 51.000 millones en deudas externas después de que se agotaran sus reservas de dólares estadounidenses. El interés de la deuda es ahora más alto que el PIB. La inflación está en dos dígitos desde hace dos años y para productos de primera necesidad como los alimentos llega a 50%. El ministro de Finanzas anunció recientemente que es probable que las dificultades económicas duren otros dos años más. Los habitantes de Sri Lanka soportan 13 horas diarias sin electricidad y filas de más de un día para comprar gasolina o GNC.

El 16 de mayo, el primer ministro anunció que el país se quedaría sin petróleo en un día, a menos que pudiese adquirir $75 millones en divisas internacionales para comprar más. Los navíos con contenedores esperaban fuera de los puertos, negándose a entregar su carga hasta que se les pagara.

La huelga fue convocada por sindicatos y otras organizaciones de la sociedad civil. Los huelguistas exigían la renuncia del presidente y denunciaban la corrupción de la familia Rajapaksa, que controla el gobierno de Sri Lanka durante casi dos décadas y lo llevó a la bancarrota durante los últimos dos años y medio. Antes de la crisis actual, habían consolidado una base en la mayoría étnica de cingaleses budistas, utilizando un discurso nacionalista chovinista (del que hablaremos más adelante), pero esa base parece estar deshilachándose.

Aunque derrotó a su hermano, el primer ministro, al forzar su renuncia –un gesto patético para tratar de detener el levantamiento– Gota no da señales de que entregará el cargo. Su reemplazo designado, Ranil Wickremesinghe, también es un aliado cercano de Rajapaksa y lo ayudará a mantener el control de la presidencia. Y luego está el estado de emergencia, que otorga a los militares mayores poderes para arrestar y detener personas.

«Gota go home»

A mediados de abril, Don Samantha, un revolucionario de Sri Lanka exiliado y miembro del consejo editorial de la revista socialista panasiática Asia Commune, dijo que:

“El gobierno no tiene soluciones. Si van al FMI, se verán obligados a cumplir algunas condiciones, como la transparencia del gobierno. Entonces prefieren ir a los mercados privados. El Estado está casi en bancarrota. El gobierno vendió muchos de activos a la India y a China, como principales puertos. La explotación de los bosques fue vendida a precio de banana a grandes multinacionales.

Los hechos del lunes 9 de mayo, según informa The Guardian, son un punto de inflexión que condujo a la destitución del ahora ex primer ministro, Mahinda Rajapaksa, hermano del presidente. Los partidarios del gobierno agredieron brutalmente a manifestantes que se habían reunido frente a la residencia del primer ministro en la capital. Estos matones progubernamentales luego atacaron a otro grupo de manifestantes, mientras la policía miraba sin hacer nada.

Esto condujo a batallas enormes, con las casas de varios diputados incendiadas, así como la casa del primer ministro en la ciudad de Kurunegala. También hubo informes de diputados que abrieron fuego contra manifestantes antigubernamentales. Poco antes de la renuncia, el presidente aceptó devolver el poder, que hasta hace poco estaba concentrado en sus manos, al parlamento. Otros miembros de la familia Rajapaksa han pedido su renuncia al gabinete, dejando a Gota como único miembro de la familia en el poder. Él quiere formar un «gobierno de unidad nacional» con todos los partidos. A pesar de que la agenda de los manifestantes es «Gota go home» («Gota, váyase a casa»), él sigue negándose a renunciar a su puesto.

La cuestión de la dirección revolucionaria

Las movilizaciones fueron espontáneas y autoorganizadas en la base, con manifestantes bloqueando rutas y acampando frente a la residencia presidencial. «Muchas personas son hostiles a los partidos políticos», dice Samantha. Esto es lo opuesto a la última situación revolucionaria que estalló en Sri Lanka, la huelga general o «hartal» de 1953, encabezada por el partido trotskista Lanka Sama Samaja Party (LSSP). El Hartal de 1953 tuvo lugar en un contexto de efervescencia revolucionaria, guiños de Sri Lanka a la China revolucionaria, y sabotaje económico a instancias del gobierno de Estados Unidos. ¡La combatividad y la organización del Hartal obligaron al gobierno a huir de la capital! Lamentablemente, en la década de 1960, el LSSP formó parte de una coalición para gobernar el país con el Sri Lanka Freedom Party (Partido de la Libertad de Sri Lanka – SLFP), un partido capitalista centrista con tendencias supremacistas cingalesas. Esto alejó a las grandes minorías Tamil y musulmana, bases sociales importantes para el movimiento revolucionario. La degeneración del LSSP, en otras palabras, hirió gravemente el socialismo revolucionario en Sri Lanka.

La última huelga general en la isla fue en 1980, cuando sindicatos se unieron para ayudar a liderar el proceso revolucionario, como hacen hoy. Las demandas de entonces incluían un aumento salarial, la devolución de los subsidios alimentarios y la revocación de la legislación antidemocrática y antisindical aplicada por el gobierno en la época. El presidente, JR Jayawardene, como ahora Rajapaksa y cualquier otro político capitalista, reprimió estas protestas con el ejército, declaró el estado de emergencia y criminalizó la huelga.

En una entrevista para Al Jazeera, el venerable Tampitiye Sugatananda, un monje budista de 32 años y secretario general de la Unión General de los Trabajadores de la Salud, dijo que “Jayawardene derrotó a huelga de 1980, pero hoy los sindicatos corrigieron sus errores y están prontos para el futuro. Desde entonces, muchos sindicatos han sido creados por partidos políticos, pero en los últimos años esta tendencia ha cambiado. Las luchas de la clase trabajadora se han vuelto centrales, y la huelga de hoy solo refuerza eso”. Millones de trabajadores en todo el sur de Sri Lanka respondieron rápida y unitariamente al llamado a la huelga.

Esta hostilidad hacia los partidos políticos no debe entenderse necesariamente como hostilidad hacia los partidos políticos socialistas revolucionarios. Nuevamente enfatizamos que el LSSP, cuando era una organización marxista principista, dirigió una huelga general que llegó a las puertas de la revolución socialista en 1953. Lo que la destruyó fue lo que vino después: el oportunismo, la adopción del reformismo y la negativa a combatir las políticas supremacistas cingalesas del SLFP. Durante las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias, en 2019 y 2020, el LSSP se alió con los partidos socialdemócratas, estalinistas y capitalistas centristas ¡sobre la base de Rajapaksa! Evidentemente, todos estos perdieron la confianza del pueblo.

Otros partidos socialistas y comunistas también muestran tendencias reformistas, según Samantha. Conversando con Workers’ Voice, señaló que Janatha Vimukthi Peramuna (JVP, o Frente de Liberación Popular), que se autodenomina partido «marxista-leninista», ha jugado un papel relevante en las protestas de los últimos dos años. Recientemente, organizaron un acto de masas en Colombo, que fue sorprendentemente grande. Sin embargo, lo que reivindican es que el pueblo vote por ellos, presentándose como más eficientes que Gota para resolver la crisis. ¡Su otra propuesta, sorprendentemente, es pedir un préstamo al FMI!

En una encrucijada

La timidez de la huelga actual para llegar a los grupos minoritarios de Sri Lanka, especialmente tamiles y musulmanes, es preocupante. Hasta hace muy poco, gran parte de la mayoría cingalesa festejaba la victoria parlamentaria de Rajapaksa, culminación de una campaña que utilizó el racismo contra los tamiles y los musulmanes. “La victoria de Rajapaksa fue casi absoluta”, escribe el comentarista local Mario Arulthas, “con la amplia mayoría de los cingaleses votando por el partido del presidente, el Sri Lanka Podujana Peramuna, que concurrió con un programa populista y racista que prometía prosperidad, esplendor y el mantenimiento de la supremacía cingalesa-budista”.

Las crueldades del régimen de Rajapaksa en los últimos años incluyen una creciente militarización de las áreas de mayoría tamil, la persecución de periodistas y ONGs tamiles, la cremación forzada de víctimas musulmanas del COVID, y la creación de un entorno en el que los tamiles y musulmanes son tratados como ciudadanos de segunda clase. Y todo esto es la continuación de las políticas económicas centradas en los cingaleses que están siendo aplicadas desde la independencia, a principios de la década de 1950.

La rebelión actual está marcada por una contradicción central. Los manifestantes, en su mayoría cingaleses, ahora reconocen que el régimen no es aliado de la clase trabajadora. Ese régimen, al no cumplir las promesas de «esplendor económico» que hizo a su base, provocó el odio del mayor grupo de electores del país. Siempre han sido odiados por tamiles y musulmanes por su chovinismo, pero ahora hay un colapso general de la legitimidad del gobierno. Sin embargo, la «inclusión limitada» de reclamos de los tamiles por «derechos políticos, desmilitarización del noreste mayoritariamente tamil, y la rendición de cuentas por los crímenes de guerra juega un papel en la participación relativamente pequeña de los tamiles» (Arulthas).

El 18 de mayo es, para las comunidades tamiles, el Día de la Memoria del Genocidio Tamil. En las áreas de mayoría cingalesa en el sur, hay conmemoraciones de la «victoria» en este día. ¿Cómo actuarán ahora los manifestantes anti-Gota? Este será un momento crucial. ¿Lograrán los trabajadores que ahora están en movimiento ir más allá de sus problemas económicos a un análisis político general que conecte la explotación capitalista por parte de los gobiernos de Rajapaksa (y de la burguesía internacional) y la división racista que es central en estos gobiernos? Esta es una cuestión política central que determinará si el levantamiento languidecerá en un mero reformismo o florecerá en un movimiento revolucionario.

Foto: Ishara S. Kodidar / AFP.

Traducción: Natalia Estrada.

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