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22 abril, 2024

El último combate de Lenin, la primera batalla contra el stalinismo

En el Comité Central del 6 de octubre de 1922, con Lenin ausente, Stalin hace aprobar un texto que limita fuertemente el monopolio estatal sobre el comercio exterior. Algunos días después, Lenin envía una carta al CC con una dura crítica sobre esa decisión.

Por Francesco Ricci

El 13 de diciembre, Lenin escribe a Trotsky, y percibiendo que sus posiciones sobre este tema convergen, le pide que dé una batalla en nombre de ambos en la reunión siguiente del organismo de dirección.

Pero demos un pequeño paso atrás. ¿Por qué Lenin no participa de las reuniones y se limita a escribir cartas? Porque está gravemente enfermo y en cama. Ya había tenido un primer ACV. Pero ya en el último Congreso del partido del cual participó, el XI, en la primavera de 1922, inicia una batalla contra los males de la burocratización que percibe están creciendo en el Estado. Es en ese Congreso, en la intervención hecha el 27 de marzo, que afirma: “La máquina escapa de las manos de quien la dirige”[1]. Es por eso que algunos meses después, en un encuentro particular, propone a Trotsky formar un bloque “contra el burocratismo en general y contra el Orgbureau en particular”[2]. Y el Orgbureau significa Stalin.

En la noche entre los días 12 y 13 de diciembre, otro ACV paraliza a Lenin. No podrá participar de la reunión del CC así; habiendo mejorado en ese lapso, el 16 de diciembre escribe al CC informando a sus miembros haber alcanzado pleno acuerdo con Trotsky, quien defenderá el punto de vista común en la próxima reunión.

En el CC del 18 de diciembre, la posición de Lenin y Trotsky es aprobada, modificando la orientación anterior. Stalin observa con preocupación el movimiento de un Lenin a quien la enfermedad no paralizó completamente. Por eso hace que el CC le confíe, el mismo 18 de diciembre, la plena responsabilidad por los cuidados de Lenin. Quiere aislarlo, pide a los médicos para que determinen una limitación de la actividad política del enfermo a pocos minutos por día, en los cuales Lenin podrá apenas dictar algunas líneas a las secretarias pero no podrá recibir las respuestas de sus cartas ni hablar de política con los raros visitantes permitidos en su lecho.

La prohibición, como nota justamente el historiador Jean Jacques Marie, está exenta de cualquier fundamento médico: además, impedir a un revolucionario, que pasó la vida entera inmerso en la política, ocuparse de política, significa de hecho procurar destruir su fuerza, empeorar su enfermedad. En realidad, la verdadera preocupación de Stalin no es la enfermedad de Lenin sino, como escribe Marie: Stalin quiere tener en sus manos al hombre que decidió iniciar una batalla con Trotsky contra él”[3].

Sabiendo de la primera victoria conquistada en el CC, el 21 de diciembre Lenin dicta a Krupskaia una carta para Trotsky: “Propongo no parar, y continuar la ofensiva”[4]. La ofensiva de la cual Lenin habla es aquella contra Stalin y los burócratas que está organizando a su alrededor el secretario del CC.

Pero Stalin está en el control y es rápidamente informado del hecho de que Krupskaia dejó a Lenin dictar un mensaje para Trotsky; entonces, la llama por teléfono y la cubre de insultos, amenazándola con enviarla a los organismos disciplinarios por comprometer el tratamiento de Lenin. Lenin tendrá conocimiento de ese episodio solo tres meses después: esa precisión es importante porque significa que, (…) escribieron varios comentaristas, la divergencia entre Stalin y la esposa no influyó en el Testamento que Lenin comenzará a dictar en aquellos días.

El dictado del Testamento

La historia del último combate de Lenin (para recuperar la expresión con la cual Lewin tituló su libro sobre el tema) es en general desdeñada por los historiadores, sea por aquellos de matriz stalinista, o socialdemócrata, o burguesa. ¿Por qué? Porque es un terreno pedregoso sobre la teoría de la continuidad Lenin-Stalin, por su parte indispensable tanto a los burócratas de ayer para reivindicar a Lenin para la justificación de sus crímenes, así como es útil a la burguesía y sus agentes, para liquidar con el stalinismo al comunismo y todo proyecto de destrucción de la sociedad dividida en clases.

Aquel que después fue conocido como Testamento son notas que Lenin quería enviar al XII Congreso del Partido Bolchevique, previsto para los meses siguientes[5]. Inicia el último dictado a las secretarias, Maria Volodiceva y Lydia Fotieva, el 23 de diciembre de 1922 y lo concluirá el 4 de enero de 1923, con un último mensaje importante. En el texto, Lenin inicia dándole la razón a Trotsky contra Stalin sobre el debate relativo a la Gosplan (la Comisión estatal para la planificación). Después pasa a hacer una evaluación de los principales dirigentes del partido.

Lenin destaca “el enorme poder” que Stalin “concentró en sus manos”. Después de decir que Stalin y Trotsky son los dos “más eminentes” miembros del CC, agrega que Trotsky es “el más capaz entre los miembros del actual CC”. Indica algunos límites del dirigente con quien llevó adelante una batalla contra la burocracia (“una tendencia excesiva a considerar el lado puramente administrativo de los problemas” y una “excesiva seguridad en sí mismo”) pero se trata de una insignificancia con relación al juicio impiadoso que hace de todos los otros principales exponentes del grupo dirigente del partido.

No solo eso. El 4 de enero dicta una nota más sobre Stalin: “Stalin es muy grosero, y ese defecto, de todos tolerable en el ambiente y en las relaciones entre nosotros los comunistas, se torna intolerable en las funciones de secretario general. Por eso propongo a los compañeros pensar en una manera de retirar a Stalin de esa tarea y designar para esa posición a otro hombre que, además de todos los otros aspectos, se distinga del compañero Stalin apenas por una mejor cualidad, aquella de ser más tolerante, más leal, más cortés y más atento con los compañeros, menos caprichoso, etc.”.

Es un golpe durísimo, propone la destitución de Stalin. Lenin no procura un acuerdo con Stalin, antes advierte a Trotsky contra las maniobras del secretario del partido. Y la batalla prosigue. Ahora Lenin asume la defensa de la cuestión georgiana, contra la política chovinista defendida por Stalin. Así es como Trotsky reasume la historia en su autobiografía: “Lenin nombra solo a seis personas y las caracteriza midiendo las palabras. El fin indiscutible del Testamento es facilitarme el trabajo de dirección. Lenin quiere alcanzar esa tarea, obviamente, procurando el mínimo de tensiones personales. Habla de todos con la máxima circunspección, y expresa con suavidad también los juicios que de contenido condenan. Simultáneamente, atenúa con algunas reservas mi clara designación al puesto principal. Solamente en la evaluación de Stalin se oye un tono diferente, que en una nota agregada algún tiempo después, se torna incluso una verdadera ruptura”. Después, agrega Trotsky: “Pasaron dos meses, durante los cuales la situación se aclara definitivamente. Lenin ya se preparaba no solo para destituir a Stalin de la secretaría general sino también para desacreditarlo frente al partido”.

Para “desacreditar a Stalin” y continuar la batalla, Lenin dicta entonces dos artículos: “Cómo organizar la inspección obrera y campesina” y, de forma más explícita, “Mejor menos, pero mejor”. Nótese que aquella Inspección que Lenin propone reorganizar urgentemente había sido dirigida hacía pocos días por Stalin. Ese golpe también fue contra Stalin. El politburó del partido discute la oportunidad de publicar en el Pravda el segundo de sus dos artículos. Un dirigente próximo había propuesto publicar solo una copia para mostrar a Lenin… En fin, el texto es publicado el 4 de marzo en el Pravda.

Enseguida Lenin escribe a los dirigentes georgianos declarándose solidario con su posición y contra la posición de la “gran Rusia” de Stalin, esto es, contra la negación del derecho de autodeterminación georgiana y la posibilidad de dar vida a una república confederada a Rusia y no subordinada a ella.

Aún en esa ocasión, Lenin se vuelve hacia el dirigente por el cual tiene mayor estima, aquel que considera que debería sustituirlo en caso de muerte: es decir, Trotsky. El 5 de marzo dicta una carta para Trotsky pidiéndole que hiciese como ya había hecho en ocasión del debate sobre el monopolio: “Si usted acepta asumir la defensa [de la cuestión georgiana, ndr] podré quedarme tranquilo”[6]. Informa otra vez a Trotsky, siempre a través de una de las secretarias, para atacar frontalmente a Stalin en el inminente Congreso.

En ese período también fue informado de las ofensas que Stalin profirió contra Krupskaia el último diciembre. En aquel momento, dicta una carta dirigida a Stalin, anunciándole que espera sus disculpas personales en cuanto al ataque a su mujer, dirigente del partido, y considera eso como un ataque personal.

El 9 de marzo, mientras la batalla está apenas en su inicio, Lenin sufre un nuevo ACV, que lo priva del habla. Desde marzo de 1923 hasta enero de 1924 –por meses antes de su muerte–, Lenin no verá más a Stalin. La relaciones entre ellos están rotas.

El destino del Testamento

¿Qué fin tuvo el Testamento de Lenin? El texto no fue leído en el XII Congreso (abril de 1923). Después de la muerte de Lenin (21 de enero de 1924), Krupskaia lleva el documento al CC y pide que el texto sea leído en el XIII Congreso, que solo ocurrirá en mayo de 1924. Pero los dirigentes –bajo propuesta de Stalin– Kamenev y Zinoviev (que constituyeron una fracción secreta) proponen que eso sea hecho de modo reservado. Trotsky está en minoría. Luego de las insistencias de Krupskaia, se decide que sea leído solo a los dirigentes-delegados, en una reunión que ocurre el 22 de mayo de 1924, con el compromiso de secreto de los presentes y de no hacer ni siquiera anotaciones: en el plenario general de los delegados el texto no fue distribuido ni leído.

La publicación, primero en partes, después integral, será hecha en el exterior un año después por Max Eastman, militante próximo de Trotsky. En Rusia, el Testamento será publicado solo en 1956, por Krushev, como instrumento en la lucha que se abre entre las varias fracciones en disputa después de la muerte de Stalin (1953), en el curso de la llamada “desestalinización”.

Fueron escritos muchos textos a partir de las consideraciones de Deutscher, uno de los más importantes biógrafos de Trotsky, por un período dirigente trotskista (contrario a la constitución de la Cuarta Internacional en 1938), que suponen una hesitación de Trotsky. ¿Por qué no protesta sobre la publicación del texto? ¿Por qué no suelta rápidamente una batalla contra Stalin?

En realidad, como documentaron todas las mejores biografías y los más recientes estudios, Trotsky simplemente piensa que no es tácticamente oportuno, con Lenin gravemente enfermo, y mucho menos luego de su muerte, soltar un ataque frontal para la destitución de Stalin. Busca dar un combate político preparatorio, intentando acumular las fuerzas necesarias. De ahí su aceptación de un serie de compromisos en aquella que entiende es una batalla que no podrá ser vencida solo por él y en un solo golpe. Sobre todo, espera que la revolución en Europa, en Alemania, pueda romper el aislamiento ruso, causa primera del avance de la burocracia.

1994, se descubre una primera falsificación del Testamento 

Hasta la abertura de los archivos de Moscú, después de la caída del stalinismo a finales de los años ’80, eso era todo lo que sabíamos del Testamento.

El propio Trotsky explicaba cómo aquella única frase en el texto en el cual Lenin se refiere a él en términos relativamente negativos debía ser considerada en el contexto del razonamiento de Lenin, que lo indicaba entonces, de hecho, como su sucesor para la dirección de la revolución.

En particular, en el artículo “A propósito del Testamento suprimido de Lenin”, Trotsky insistía sobre la interpretación falsificada que de aquella frase intentaban dar los stalinistas que la hacían circular junto con la “síntesis” del Testamento, no basada en la versión original.

¿De qué frase se trata? De aquella en la cual Lenin, después de haber ya hablado positivamente de Trotsky, así que llega a otros dirigentes del primer escalón, Kamenev y Zinoviev, subraya “no casualmente” los graves errores políticos que cometieron en el curso de 1917 (…). Es en ese punto que Lenin agrega que en todo caso tales errores no debían ser más tirados en la cara de los dos dirigentes, así como no era para acusar a Trotsky por su pasado no bolchevique.

Esta no es la versión “original” –o por lo menos aquella considerada original también por Trotsky–. Stalin, por el contrario, hacía circular lecturas en que aquella frase venía invertida: tanto los errores de Kamenev y Zinoviev como el pasado no bolchevique de Trotsky no podían ser subestimados ni olvidados porque tenían reflejos en el presente.

El hecho es que Trotsky nunca pone públicamente en duda aquella frase (al menos en la versión que creía original), aun cando, sin dudas, aquellas palabras resultasen contradictorias con el resto del texto y sobre todo con el contexto del último combate de Lenin. ¿Por qué Lenin debería volver, aún con más énfasis, sobre el pasado no bolchevique de aquel que se tornó después de 1917, en sus propias palabras, “el mejor de los bolcheviques”, el principal dirigente con Lenin en la revolución? ¿Por qué él entregaría en las manos de Stalin un arma contra Trotsky mientras este era su principal aliado en la batalla contra Stalin y la burocracia?

Por años permaneció como un punto poco claro. Hasta que, con la abertura de los archivos de Moscú, llegaron nuevos documentos. Veamos.

En 1994, el historiador Jurij Buranov escribe un libro titulado Lenin’s will. Falsified and forbidden; from the Secret Archives of the former Soviet Union [Testamento de Lenin. Falsificado y prohibido; de los Archivos Secretos de la ex Unión Soviética]. En el libro desarrolla un tema que ya había tratado en su revista rusa en 1991, para el cual fue dado espacio también en el diario italiano La Stampa, en artículos de Giulietto Chiesa (por años enviado de la Unitá en Moscú).

En los artículos de 1991, y también en el libro de 1994, Buranov explica haber encontrado en los archivos soviéticos una página manuscrita del día 23 de diciembre de 1922, aquella que abre el texto de Lenin después conocido como Testamento, recopiado (como confirma la pericia caligráfica) por Nadiezhda Allilueva, una de las secretarias de Lenin y también esposa de Stalin.

La situación es interesante por varios motivos: no era el turno de Allilueva con Lenin aquel día (como testifican los diarios de las secretarias). Aquel día, Volodiceva estaba con la tarea. Esta última, como ya había aparecido en las entrevistas que permanecieron inéditas hasta 1989, hechas en 1967 por el historiador Aleksandr Bek a las secretarias de Lenin, admitió que, así que Lenin dictaba el Testamento, las secretarias llevaban rápidamente el texto para Stalin.

Cuando Volodiceva, con la orden de Fotieva –­la responsable por las secretarias–, lleva el primer dictado de Lenin a la oficina de Stalin, encuentra a Allilueva, Bujarin y otros dirigentes. Stalin lee el texto y, visiblemente asustado, da la orden de quemarlo. Pero pide a su esposa hacer antes una copia y conservarla, mientras ordena a Volodiceva insertar en la copia a ser conservada en archivo, algunas frases que Lenin no había dictado. Y de esa versión modificada es que se hacen las cinco copias de los textos de Lenin.

Por lo tanto, el texto encontrado en los archivos por Buranov, escrito por la mano de esposa de Stalin, es una copia del texto original efectivamente dictado por Lenin. Esta página difiere por una frase de aquella después publicada en las Obras de Lenin, y considerada por todos, por décadas, como original: donde Lenin dice estar de acuerdo con Trotsky sobre la cuestión de la Gosplan (“al encuentro, a este respecto, con el compañero Trotsky”), por orden de Stalin fue agregado: “hasta un cierto punto y en ciertas condiciones”.

Estas pocas palabras, como se percibe, distorsionan el sentido de la frase: no solo relativizando el acuerdo entre Lenin y Trotsky sobre aquel punto importante (constituye el inicio de la batalla contra Stalin) sino haciendo aparecer casi una diferencia entre los dos, que Lenin resolvería con un compromiso parcial.

Buranov demostró de ese modo, inequívocamente, que Stalin falsificó el Testamento, al menos en la página de la cual se encontró la copia del original. ¿Pero se puede creer que en el resto del texto, que puntualmente era entregado por las secretarias a Stalin así que Lenin dictaba, no había otras falsificaciones?

La hipótesis de Canfora

Muchos años después, Luciano Canfora, historiador de formación stalinista, y con certeza sin sospecha de simpatía por Trotsky, empeñado en general en descubrir alguna e inexistente diferencia entre Stalin y Togliatti, para beatificar a este último como a la así llamada “vía italiana al socialismo”, esto es, el reformismo stalinista dirigido por uno de los peores stalinistas de la historia, Togliatti, publica un libro dedicado a las falsificaciones de varios textos históricos. En el libro se ocupa también del Testamento de Lenin.

Recapitulando los descubrimientos hechos por Buranov, que prueban incontestablemente que por lo menos el dictado del 23 de diciembre fue adulterado por Stalin, Canfora se pregunta: ¿y si lo mismo, usando el mismo método, esto es, agregando una frase para distorsionar el sentido, hubiese sido hecho también en otras partes del texto?

Releyendo el Testamento, parece evidente que la frase más contradictoria es aquella de la cual hablamos arriba, aquella respecto del pasado no bolchevique de Trotsky. Esa frase constituyó (o en la versión “original” o en su deformación) en la época, y por décadas, el caballo de batalla de los stalinistas: la frase gracias a la cual pretendieron oscurecer el verdadero sentido del Testamento.

El razonamiento de Canfora es al respecto muy simple: sabemos que Stalin hizo falsificar una frase en la parte inicial del dictado; sabemos que tenía la posibilidad, a través de las secretarias, de agregar otras “correcciones” al texto de Lenin (quien ignoraba que sus páginas terminaban directamente sobre el escritorio de Stalin); sabemos que aquella frase, fundamental, no está en sintonía con relación a las intenciones de Lenin; sabemos que aquella frase incluso desde el punto de vista lingüístico no concuerda con el texto.

Canfora no tiene pruebas, porque no fueron encontradas otras copias de las otras páginas originales de Testamento. Es posible que Stalin no haya mandado a hacer copias como por el contrario sí hizo con el dictado del 23 de diciembre. O es posible, para no decir probable, que las copias hechas hayan sido perdidas en los archivos o destruidas. La conclusión del historiador, repetimos, privado de simpatías por el trotskismo, es así una: la casi certeza, basada sobre todas las evidencias, de que Lenin nunca haya dictado en su Testamento ninguna frase sobre el pasado no bolchevique de Trotsky.

Sabiendo lo que luego hizo Stalin: la falsificación sistemática de toda la historia revolucionaria para adjudicarse un papel fundamental que nunca tuvo en los momentos cruciales; el exterminio de todos los dirigentes bolcheviques; tal vez, también, como sospechan algunos historiadores sin tener las pruebas, el envenenamiento de Lenin; sabiendo todo eso, sería extraño sorprendernos si la hipótesis de Canfora coincidiese con la verdad de los hechos.

Es significativo que ni el descubrimiento de Buranov ni la hipótesis de Canfora hayan encontrado espacio en los sucesivos estudios históricos y en sus publicaciones. En cuanto a nosotros, la cuestión suscitó apenas algún interés periodístico y, por lo menos en Italia, también se siguió una ampliación dada por Canfora a la investigación de Buranov.

Aun cuando la hipótesis de Canfora encontrase una confirmación documental, la situación no cambiaría el curso de la historia ni agregaría gran cosa a los crímenes del stalinismo. Pero sería una demostración más, que se suma a una infinidad de otras, de que entre Lenin y Stalin había una diferencia irreparable. Por un lado, la revolución y el Partido Bolchevique del cual el primero fue el autor; y por otro, la contrarrevolución y la burocracia stalinista de las cuales el segundo fue responsable.

Una curiosidad: el error de Canfora

Para terminar, merece destacarse el hecho –aparentemente escapó también a todos los que revisaron el libro de Canfora– de que “La historia falsa” contenga por su parte una falsificación involuntaria, o por lo menos un error grosero, tanto más imperdonable en un libro que desenmascara las falsificaciones históricas.

En la reconstrucción del momento en el cual los dirigentes del partido fueron a conocer el Testamento de Lenin, Canfora se basa en la reconstitución que hizo el escritor Emil Ludwig, el cual citando a Radek (en aquel momento dirigente próximo a Stalin), escribe sobre “un salto en la silla” que Trotsky habría dado durante un CC en el cual Stalin habría leído el Testamento y, en particular, en el momento de la lectura de la frase sobre su pasado anti-bolchevique. Según Ludwig, citado por Canfora, Trotsky habría pedido a Stalin para releer aquel fragmento.

Después de haber precisado correctamente que en realidad la primera lectura del Testamento fe hecha en un plenario restringido del XIII Congreso, en mayo de 1924, Canfora da como cierta el resto de la historia de Ludwig y Radek, y se aventura en suposiciones sobre el hecho de que tal vez Trotsky haya encontrado sospechosa aquella frase, pero no lo suficiente para demostrarlo. Probablemente, agrega Canfora, Trotsky ya conociese el texto original (sin la frase criminal), visto que una de las secretarias de Lenin, Marija Gljasser, era políticamente próxima a él y podría haberle dado esas informaciones.

Pero Canfora incurre en un error que podría haber evitado si se hubiese preocupado en leer el artículo que Trotsky, en 1932, dedica a la historia del Testamento. En él, Trotsky explica que Ludwig-Radek mienten para ampliar la leyenda propagada por los stalinistas sobre el hecho de que el Testamento contendría duras acusaciones de Lenin al pasado no bolchevique de Trotsky, cuando, por el contrario, en el texto original (o mejor, podemos decir hoy, el texto que Trotsky suponía era el original) Lenin dice que no imputaría a Trotsky su pasado no bolchevique. Trotsky agrega que no dio ningún “salto en la silla” y que toda la reconstrucción de Ludwig es falsa no solo porque (como recuerda también Canfora) el Testamento fue leído a los dirigentes en otro momento, sino porque quien lo leyó fue Kamenev y no Stalin. Un “salto en la silla”, concluye Trotsky, efectivamente lo dio pero en otra ocasión. Fue en un plenario del Comité Central, en 1926, cuando fueron leídos (esta vez por Stalin) varios textos hasta aquel momento inéditos de Lenin. Es en esa ocasión que Trotsky interrumpe a Stalin durante la lectura de la carta del 5 de marzo de 1923 (que citamos antes), carta en la cual Lenin convida a Trotsky para defender la cuestión georgiana en el CC. Aquella carta concluía con palabras muy afectuosas, que eran raras en Lenin: “Con los mejores saludos comunistas”. Al leer, Stalin salteó palabras y leyó más resumidamente “saludos comunistas”, por lo que Trotsky (cuya memoria recordaba ese detalle significativo de la carta recibida de Lenin) lo interrumpe y le pide que relea las palabras con precisión. Cosa que Stalin tuvo que hacer, irritado porque aquellos “mejores saludos comunistas” eran dirigidos por Lenin al dirigente con el cual había decidido dar su último combate, la primera tarea de los bolcheviques contra la degeneración stalinista.

Notas:

[1] LENIN, V. I., en Opere Complete, vol. 33, p. 253.

[2] TROTSKY, La mia vita, p. 441.

[3] MARIE, J. J. Lénine, p. 271 (nuestra traducción del francés).

[4] LENIN, V. I. op. cit., vol.45.

[5] Ver V.I. Lenin, op.cit., vol. 36.

[6] Citado de V. I. Lenin, op. cit., vol. 45.

Traducción: Nívia Leão y Natalia Estrada.

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