Mié Nov 30, 2022
30 noviembre, 2022

El fracaso del Plan Control Territorial y el aumento de la represión en El Salvador

El país centroamericano sigue atravesando por un proceso violento en el cual los grupos de pandillas ejercen terror en la población, pese a los “planes de seguridad” y su millonaria inversión la violencia en el país sigue como antes, las treguas entre el gobierno y estos grupos no han evitado que la clase trabajadora siga muriendo.

Por PCT – El Salvador

Ante esta situación en la cual el mes de marzo registró más de 60 asesinatos la administración de Nayib Bukele, pese a que sus planes han fracasado opta incrementar la represión con reformas al código penal, y un estado de excepción que involucra detenciones injustas a trabajadores que ningún vínculo poseen con las pandillas.

Como PCT queremos entablar un análisis ante la situación y la necesidad de sentar posición ante las medidas impuestas, es por ello que nuestros siguientes artículos exponen no solo un estudio sobre la coyuntura sino también la necesidad de alzar la voz contra la violencia y las políticas represivas del Estado salvadoreño.

Hacemos una primera caracterización sobre las pandillas y su origen social, las medidas legales  autoritarias impuestas, el fracaso del Plan Control Territorial y la hipocresía del gobierno que vende discurso de paz y felicidad mientras realiza tregua con las pandillas.

Las pandillas en El Salvador son el lumpen proletario del país, según el marxismo y en específico en nuestro caso son un grupo mayormente de jóvenes sin conciencia de clase, provenientes de familias pobres, fáciles de manipular y dirigidos por élites de poder económico o político que los utilizan cuando les conviene y con métodos de extrema violencia para mantener bajo terror a la población.

Desde que la revolución salvadoreña fue traicionada estos grupos han sido pieza clave para contener la libertad de movilidad y expresión en el país, los atroces hechos que perpetúan no es algo nuevo ni es para afectar al actual gobierno, pero nos venden la idea de que entre más represión exista estos grupos serán desarticulados, sin embargo los planes de seguridad que imponen no han servido de nada porque no son para que funcionen y acaben con la violencia, es para sostener un Estado represivo y preparado para cualquier rebelión del pueblo.

Otro de los planes utilizados (bajo la mesa) es la tregua que los gobiernos anteriores y el actual han mantenido, dando privilegios y beneficios a los cabecillas mientras los necesitan y conviene tener un intercambio de favores, tregua que termina pagando la clase trabajadora con su vida, los asesinatos diarios, las desapariciones, robos o extorciones.

La violencia incrementa y es la excusa perfecta para un Estado capitalista salvadoreño que siempre a torturado, capturado y reprimido sin medida al pueblo obrero, un ejemplo de ello es que ahora los cantones son patrullados por militares en tanques comprados a una empresa israelí, con drones y armas que pueden usarse a control remoto.

Con base a los recientes y desagradables hechos donde la clase trabajadora pone los muertos, el gobierno de Nayib Bukele junto a su parlamento servil aprobaron un decreto por 30 días donde suspenden la libertad de manifestación, expresión, el debido proceso al momento de una detención y permite (aparte de la ley aprobada para el espionaje legal) que las telefonías sean intervenidas, estas garantías se enmarcan en los artículos 7, 12, 13 y 24.

Esta suspensión es posible gracias al artículo 29 de la constitución donde estipula que el régimen de excepción puede imponerse en casos de guerra, rebelión o desorden público.

Ahora la clase trabajadora no sólo atraviesa por el temor de ser víctima de violencia por parte de las pandillas sino también sea reprimido por parte del Estado negándoles los derechos más básicos.

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