Mié May 22, 2024
22 mayo, 2024

Declaración |28S: el aborto en el mundo, avances y retrocesos

El 28 de septiembre se conmemora el día de acción global por el aborto legal y seguro. Fue establecido por el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe; y se extendió desde entonces por todo el mundo. El origen de esta fecha se remonta al 28 de septiembre de 1871, cuando fue proclamada en Brasil la “libertad de vientres”, dando libertad a los hijos e hijas de las mujeres esclavizadas. Este precedente histórico, es muy poderoso porque reivindica la autonomía de las mujeres no solo para abortar sino para parir, y conmemora la lucha de las mujeres negras por la libertad en el mundo semicolonial.

Por LIT-CI

Esta fecha, que inicialmente se conmemoraba por les activistas, que se nombraba en la academia o grupos feministas, ha empezado a ganar la calle. Desde hace algunos años, el 28S dejó de estar solo en foros y artículos y se ha venido transformando en una fecha de lucha. Cada vez son más países donde ese día las mujeres y sus pañuelos verdes toman las calles para exigir sus derechos.

Situación del aborto en el mundo

La victoria más reciente de esta lucha de las mujeres se obtuvo hace pocas semanas en México donde la Suprema Corte despenalizó el aborto a nivel federal (ya se había despenalizado en el Distrito Federal y en el estado de Coahuila), en Colombia en 2022 el aborto se despenalizó completamente hasta las 24 semanas y parcialmente hasta el final del embarazo (ya existía un modelo previo de causales). Convirtiéndose estos dos países en unos de los más avanzados del mundo, al nivel de Reino Unido, Canadá o Cuba, que cuentan desde hace varios años con legislaciones liberales en la materia.

Pero también en 2022, se dio quizá el retroceso en materia de aborto más grande desde la pérdida de este derecho en la antigua URSS por causa de la contrarrevolución estalinista, luego de ser otorgado por el gobierno Bolchevique en 1920, cuando fue el primer país del mundo en dar este paso. Este gran retroceso histórico, es la caída de Roe vs Wade en Estados Unidos, en pleno corazón del imperialismo y de la democracia burguesa. La Corte Suprema, retrocedió una sentencia de más de 50 años, mostrando con un crudo ejemplo de que en el capitalismo todos los derechos son parciales y están amenazados por firmes que parezcan, en especial los de las mujeres. Este fallo cambió el panorama de los derechos reproductivos a nivel continental, afectando gravemente a miles de mujeres, en especial las niñas, las negras y las migrantes.

En otros países se ha obtenido fruto de enormes movilizaciones, una legalización parcial durante el primer trimestre como es el caso de Argentina, y Uruguay.

Persiste una situación grave en países como R. Dominicana, en El Salvador y en general en Centroamérica, así como en la mayor parte de los países africanos; donde la legislación prohíbe el aborto completamente o lo permite solo en caso de riesgo inminente para la vida de la mujer.

Esto a pesar de que ya se ha demostrado de manera científica que la prohibición del aborto no disminuye su práctica, sino que condena a las mujeres más pobres al aborto clandestino e inseguro, con severas consecuencias para la salud e incluso la muerte. El aborto inseguro fue una de las principales causas de muerte materna en el mundo durante la pandemia.

Las consecuencias físicas, emocionales y legales del aborto clandestino e inseguro, muestran que este es un problema fundamentalmente de género y clase, pero también de raza. Las mujeres que cuentan con la capacidad adquisitiva pueden viajar para realizarse un aborto legal en otro país o región, o pueden pagar un aborto clandestino pero seguro. Estas legislaciones restrictivas afectan de manera desproporcionada a las niñas, las negras, las indígenas, las campesinas, las refugiadas y las migrantes, así como a los hombres trans y las personas no binarias con capacidad de gestar; quienes no solo ponen la mayoría de las muertes, sino que, además, son en mayor medida criminalizadas en los países donde existe la persecución activa por este delito.

Un derecho constantemente amenazado

Existe una presión constante de organizaciones antiderechos que actúan como una red organizada alrededor del mundo, asociada y articulada a la presión de la agenda de los grupos de la extrema derecha en el mundo; que actúan no solo a través de los partidos como Vox en Estado Español, sino a través de organizaciones que posan de benefactoras, y de las iglesias en especial de las evangélicas pentecostales y el catolicismo. En los países semicoloniales estos grupos reciben subvenciones de sus contrapartes en los países imperialistas.

Es el caso de la campaña 40 días por la vida, que tiene presencia en más de 65 países y cuenta con un millón de voluntarios, en general personas reclutadas en sus lugares de oración; que son fácilmente adoctrinadas, y ejercen acciones no solo de incidencia sino de directo hostigamiento en contra de las mujeres que abortan y el personal de salud. Lo hacen con argumentos falsos como el supuesto dolor fetal en momentos de la gestación donde esto es imposible, o el supuesto síndrome posaborto que ha sido desestimado por la psicología, y la psiquiatría. Pero no todos los grupos actúan mediante la oración y el hostigamiento, incluso este tipo de organizaciones ha llegado a cometer acciones terroristas en contra de centros de salud prestadores de aborto, en especial en los Estados Unidos.

La realidad que observamos en la mayoría de los países donde si existe el derecho al aborto total o parcial, es que al igual que ocurre con otros derechos sexuales y reproductivos, las mujeres enfrentan innumerables barreras de acceso y el derecho al aborto es susceptible de retroceder. Esto es así porque bajo el capitalismo, todos nuestros derechos son parciales y están constantemente amenazados mientras no sea la clase trabajadora la que esté en el poder.

No es raro que, el derecho al aborto sea utilizado como moneda de cambio electoral, prometido en la campaña de los más liberales, y estigmatizado y con promesas de hacerlo retroceder en las campañas de la derecha. Cuando gobiernos “progresistas” llegan al poder, lo primero que negocian para garantizar la gobernabilidad es el derecho al aborto; cuando llega al poder la derecha lo primero que hace es eliminar el derecho o al menos intentar impedir el acceso o restringirlo.

 Pero el derecho al aborto también se ve afectado diariamente, por un problema que amenaza a toda la clase trabajadora y el pueblo pobre, y que afecta con mayor intensidad a las mujeres: la desfinanciación y privatización de los sistemas de salud. Durante la pandemia, los límites de los sistemas de salud en el mundo fueron puestos en evidencia con absoluta claridad, y también las diferencias entre los sistemas privatizados y los que aún conservan niveles de asistencia pública.

 Un ejemplo es el Estado Español, donde pese a la reforma de la Ley del aborto en vigor desde marzo, no hay garantizas de ejercer este derecho en la sanidad pública, tal como recoge la reforma. Según datos oficiales, el 84,3% de las IVE en 2021 se realizaron en la red privada, actualmente hasta en cinco comunidades autónomas todas las interrupciones de embarazo se siguen practicando en clínicas y hospitales privados y miles de mujeres se ven obligadas a salir de su provincia para poder abortar.

Los servicios de maternidad, anticoncepción y aborto fueron recortados en la mayoría de los países del mundo para desviar los recursos hacia la atención del Covid. Por eso la lucha por el aborto legal y seguro, está atravesada por la lucha por el derecho a la salud para toda la clase trabajadora.

Ni siquiera en los países con las legislaciones más progresistas tocan la llamada objeción de conciencia, que es un obstáculo para impedir que las mujeres ejerzamos nuestro derecho a abortar.

La objeción de conciencia debe garantizar la prestación del servicio por otro profesional, y nunca se debe traducir en obstrucción de la misma. Pero lo que ocurre es todo lo contrario, la objeción de conciencia se utiliza en diferentes países del mundo como una verdadera barrera y como excusa para impedir el aborto, incluso llegando a casos donde la niña o mujer han sido secuestradas por el hospital para obligarlas a continuar el embarazo. Incluso hay países donde se permite la objeción de conciencia institucional o colectiva, lo cual es totalmente contrario a los principios que rigen este derecho.

Por supuesto y aunque algunas leyes lo contemplen en el papel, tampoco se garantizan de forma universal anticonceptivos fiables y gratuitos en la sanidad pública para no abortar y menos aún existe una Educación afectivo-sexual en todas las etapas educativas, para prevenir embarazos no deseados. Esto por el peso social de la iglesia en todo el mundo, por la falta de voluntad política, así como por los recortes en Educación. 

La lucha debe ser de clase, unificada e internacionalista

De todo lo dicho podemos concluir que la lucha por el derecho al aborto está ligada a la lucha general contra la opresión machista, contra el racismo, por los derechos de la clase trabajadora a una atención en salud digna, por los derechos de los trabajadores de la salud, contra las privatizaciones y los planes de ajuste y a la propia lucha por el socialismo

Negar el acceso al aborto libre, seguro y gratuito, así como a una atención sanitaria materna decente, refuerza los aspectos más reaccionarios de la vida familiar bajo el capitalismo.  Este sistema capitalista en crisis necesita regular y controlar nuestros derechos reproductivos para garantizar que se lleve a cabo la reproducción de la fuerza de trabajo. Pero al mismo tiempo, trata de que esto se haga al menor coste posible para la burguesía y los gobiernos a su servicio.

Por eso, desde la LITCI, no consideramos que la pelea por aborto libre, seguro y gratuito sea sólo de las mujeres, sino de toda la clase trabajadora. Se trata de una expresión de la lucha de clases sobre la reproducción de la fuerza de trabajo, y más concretamente sobre quien controla y con qué criterio el poder reproductivo de la clase trabajadora: la clase dominante y el Estado, o las mujeres de la clase trabajadora, las comunidades LGBTI y sus familias, es decir nuestra clase. Por eso hacemos un llamado a todas las organizaciones de la clase trabajadora y la juventud a luchar por el pleno acceso de las mujeres al aborto y a la totalidad de los derechos reproductivos que incluyen los permisos plenos de maternidad y paternidad, las guarderías públicas, el acceso universal a la contracepción y a la educación sexual entre otras cosas.

Esta demanda debe ponerse en relación con otras luchas de nuestra clase y no puede darse únicamente en el marco de las fronteras nacionales, sino que debe ser articulada a nivel internacional. La fecha del 28S es muy importante, porque nos da la oportunidad de manifestar esa unidad, y de realizar acciones a nivel global. Acompañamos y seguimos la lucha en Brasil donde se está debatiendo la despenalización justo ahora. Nos sumamos a estas acciones, y llamamos a toda nuestra clase a sumarse a las movilizaciones, eventos y demás actividades, organizadas para ese día en todo el mundo.

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