Entre el 21 y el 23 de abril se realizará en Holanda la cúpula virtual sobre cambio climático, que servirá para preparar la Conferencia Climática de las Organizaciones de las Naciones Unidas (ONU), la COP26, prevista para noviembre en Glasgow (Reino Unido). Esta vez, la reunión contará con el retorno de los Estados Unidos, bajo el comando de Joe Biden, al llamado Acuerdo de París. Según la Casa Blanca, líderes de 40 países están convidados, entre ellos el Brasil.

Por Jeferson Choma

En temario, están medidas para minimizar los efectos del calentamiento global, cuyas consecuencias son terribles para toda la civilización. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos (IPCC, en la sigla original), el panel del clima de las Naciones Unidas, la temperatura media de la superficie del planeta subió cerca de 1° Celsius desde 1880, siendo que la mayor parte del calentamiento ocurrió hacia finales de la década de 1970. La temperatura media de los océanos también subió 450%, solo en las últimas seis décadas.

Aceleración del calentamiento global

La ciencia muestra que este es el mayor y más rápido aumento de la temperatura global en más de 800.000 años. También apunta que la elevación de la temperatura es cada vez más acelerada. El derretimiento del hielo en los polos (Sur y Norte) es la evidencia más manifiesta. Datos de la agencia espacial norteamericana, la Nasa, muestran que Groenlandia perdió entre 1993 y 2016 una media de 286.000 millones de toneladas de hielo por año; mientras la Antártida perdió aproximadamente 127.000 millones de toneladas en el mismo período.

El calentamiento global es resultado del uso desenfrenado de los combustibles fósiles, que por más de un siglo alimentaron la economía capitalista. El resultado del uso de esa matriz energética fue la emisión de enormes cantidades de gases de efecto invernadero (como dióxido de carbono y metano), mucho mayor que la capacidad que tiene la Tierra para absorberlos.

Son innumerables e, incluso, imprevisibles las consecuencias de la catástrofe climática: la elevación de los océanos y el fin de las ciudades costeras; ondas de calor y desertificación de inmensas áreas del planeta; la disminución de la producción agrícola y aumento del hambre; la explosión de movimientos de refugiados climáticos; la extinción de la mayoría de las especies de los océanos; la intensificación extrema de sequías e inundaciones; el fin de la Amazonía y, obviamente muchas otras pandemias. Además, el derretimiento del hielo en el Ártico ruso provocó un brote de antrax en 2016.

La salida es superar el sistema. El capitalismo es incapaz de resolver la crisis climática

El calentamiento global es resultado de la lógica destructiva del capitalismo. Su saña desenfrenada por el lucro promueve la apropiación brutal de la naturaleza, rompiendo, así, sus ciclos energéticos y ecológicos. La acumulación capitalista es incompatible con cualquier tipo de “desarrollo sostenible”, como defienden los gobiernos de Biden o de la Unión Europea. En realidad, el capitalismo es incapaz de impedir la catástrofe climática que el propio sistema desató. La mayor prueba de eso es la quiebra de todos los acuerdos climáticos realizados hasta hoy.

Los científicos alertan que limitar el calentamiento global entre 1,5° y 2° Celsius sería el camino más racional. Pero para eso, sería preciso disminuir las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero en 45% hasta 2030, y llegar a cero alrededor de 2050.

Pero, esa proyección solo sería posible en caso de que haya una sustitución de la matriz energética mundial, disminuyendo considerablemente la emisión de dióxido de carbono (CO2), de modo que llegásemos a cero en 2100, aliada a grandes programas de reforestaciones para secuestro de carbono (quite de gas carbónico de la atmósfera) y acuerdos climáticos rigurosos, que garanticen, efectivamente, el cumplimiento de las metas.

Tal salida sería racional. Pero el capitalismo no es racional. Estamos en 2021 y ni siquiera uno, apenas uno, de los municipios de todo el planeta comenzó a implementar este tipo de medida.

Por lo tanto, la única manera de “mitigar” (o suavizar) el calentamiento global, detener la catástrofe ambiental que golpea a las puertas y amenaza a toda la civilización es la superación del capitalismo y la construcción de una sociedad socialista, sin clases sociales, sin explotación del trabajo y de la naturaleza, pautada en el dominio del poder económico y político de la clase trabajadora y en la planificación de la producción y distribución de los recursos.

Biden y Bolsonaro: ninguno de ellos quiere salvar la Amazonía

Durante la preparación de la reunión, se especuló en los grandes medios sobre un acuerdo que se estaría haciendo, tras bastidores, entre Biden y Bolsonaro. En primer lugar, es preciso repudiar cualquier tipo de amenaza o interferencia política del imperialismo sobre el Brasil, particularmente aquellas que supuestamente pretenden “salvar la Amazonía”, que sirven de disculpa para que el capital se apropie de sus riquezas naturales.

No obstante, no podemos olvidar que Bolsonaro y su ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, son, hoy, los mayores enemigos del medio ambiente y de los pueblos de la selva. Es que el gobierno quiere “pasar por encima” de todo el sistema de legislación de protección y fiscalización ambiental. Defiende a madereros, el garimpo [búsqueda de oro] en tierras indígenas, hacendados incendiarios, y el grillaje [apropiación mediante documentos falsos] de las tierras públicas en la Amazonía. Son también aquellos que castigan a los que intentan fiscalizar y combatir a esos criminales.

La última de Salles y Bolsonaro fue la exoneración del superintendente de la Policía Federal del Amazonas, Alexandre Saraiva. Su “crimen” fue haber comandado la mayor aprehensión de madera ilegal de la historia: la confiscación de más de 43.000 toras, por un valor estimado en R$ 130 millones [23,6 millones de dólares, aprox.]. Salles y los madereros presionaron por su salida. En mensajes de WhatsApp, los madereros investigados por la PF se referían al delegado como el “blanco a ser abatido”.

Así como el proyecto de Bolsonaro en la pandemia es el genocidio programado, actuando de forma deliberada para la propagación del virus, el proyecto de Salles para el medio ambiente es la destrucción de la selva y el exterminio de las poblaciones indígenas, en pro de las ganancias de los grandes madereros, de los “grileiros” [los que se apropian de las tierras públicas falsificando documentos] y de las empresas mineras. Y el único camino que nos queda es la caída de este gobierno y no la ilusión de que Biden nos salvará.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 21/4/2021.-

Traducción: Natalia Estrada.