Mientras la COP26 camina hacia un sonoro fracaso más, el mundo está a camino de niveles desastrosos de calentamiento global, mucho más allá de los límites del Acuerdo de París. Todo eso, a pesar de una chorrada de promesas de reducción de carbono de los gobiernos en la cúpula climática de la ONU realizada en Glasgow, Escocia. Es claro que hasta el término de la conferencia, el próximo fin de semana, se celebrará algún tipo de acuerdo para salvar las apariencias. Pero eso no impedirá el colapso climático causado por el capitalismo.

Por: Jeferson Choma

De acuerdo con la evaluación del Climate Action Tracker (CAT), una coalición para análisis climático muy respetada en el mundo, los aumentos de temperatura llegarán a 2,4 °C hasta el final de este siglo, con base en las metas de corto plazo que los países establecieron. La pesquisa fue publicada en Glasgow, el último 9 de noviembre. Eso sobrepasaría en mucho el límite superior de 2 °C que estableció el Acuerdo de París, y el límite mucho más seguro de 1,5 °C pretendido en la negociaciones de la COP26.

Una temperatura media de 2,4 °C significa un clima extremo generalizado, con aumento del nivel del mar, sequías, inundaciones, olas de calor y tempestades más violentas, que causarían devastaciones en todo el globo.

Rumbo al colapso

Entre 1850 y 2019, los seres humanos lanzaron a la atmósfera 2,39 billones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), siendo que la mayor parte de esas emisiones (entre 80 y 90%) fue generada por la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón mineral).

El resultado fue el aumento medio de la temperatura de la Tierra que, desde 1850 subió 1.25 °C. Más de la mitad de la elevación de la temperatura ocurrió a partir de 1980 (0.7 °C). Y a pesar de todos los alertas de la ciencia, conferencias climáticas, etc., hubo un nuevo salto a partir de 2014. Los años 2016 y 2020, respectivamente, fueron los más calientes desde 1850. El primero de los dos períodos tiene la disculpa de la ocurrencia de La Niña (fenómeno cada vez más intenso y frecuente, además), cuyo efecto es aumentar la temperatura global. Pero en 2020 ese fenómeno no ocurrió. Al contrario, fue el año de la pandemia y de la retracción económica, e incluso así las temperaturas afectaron niveles récords.

En ese tono, muy probablemente, antes del final de esta década deberemos alcanzar los poco más de 0.25 °C que faltan para cruzar el límite establecido por el Acuerdo de París. Mantener la temperatura entre 1,5 y 1,9 °C significaría administrar los cambios climáticos un poco más severos que se presentan hoy. Pero vale recordar que en toda su historia, la humanidad nunca enfrentó un aumento de la temperatura media global como este.

Arriba de 2 °C ya puede significar un paso para accionar puntos de ruptura del sistema Tierra, como la transformación de la Amazonía en una sabana degradada y la liberación del gas metano del permafrost, un suelo permanentemente congelado que existe en el extremo norte de Rusia y Canadá. Arriba de 3 °C es el fin del sistema y de la biosfera tal como los conocemos.

Manifestación de Glasgow, Escocia, ciudad sede de la Conferencia del Clima de las Naciones Unidas (COP26).

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«“Cambio de sistema, no cambio climático”. En las calles contra la catástrofe climática

De: Lena Souza

Mientras la COP26 reunía a jefes de Estado y muchos empresarios que buscaban ganar algún dinero con soluciones inútiles para revertir la catástrofe climática, la juventud de varios países presentes en la conferencia protagonizaban movilizaciones y actos callejeros durante el evento. El viernes 5 de noviembre, se realizó una marcha convocada por el movimiento Fridays for Future, donde los jóvenes continúan pidiendo más acción y menos bla, bla. “Al grito de ‘El pueblo unido jamás será vencido’ y ‘¿Qué queremos? Justicia climática. ¿Cuándo la queremos? ¡Ya!’ caminaban muchos jóvenes de pueblos indígenas de la Amazonía, de otras regiones de América Latina y de Asia, y también activistas de diferentes países africanos, que encabezaron la comitiva de esta protesta”, explicaba un reportaje del diario El País. La joven Greta Thunberg continuaba diciendo en su discurso que es todo bla, bla, bla y que la COP26 era un verdadero fracaso. Dijo también que los verdaderos líderes son las personas que participan de las protestas y que “Las voces de las generaciones futuras están siendo ignoradas con las falsas promesas”. El día 7 de noviembre, más de 100.000 tomaron las calles de Glasgow nuevamente para denunciar la farsa de la COP26.

Apoyamos e incentivamos las protestas de la juventud en las calles y continuamos afirmando que la salida está en la movilización y en la lucha, pues los ricos y sus representantes continuarán haciendo lindos discursos y no cumpliendo las promesas y acuerdos que están escenificando en la COP26. Este es el 26° fracaso en más de tres décadas de engaños. La verdadera salida está en la ruptura definitiva con esos engañadores y en la organización independiente de la juventud en alianza con los/as trabajadores/as y el pueblo pobre del planeta, la destrucción del capitalismo y la construcción de una sociedad socialista. La conclusión a que debemos llegar es que el capitalismo es incompatible con la protección del planeta y que la defensa de la vida solo puede estar en manos de quien sufre las consecuencias de su destrucción. Solo una sociedad sobre bases socialistas puede establecer las condiciones para poner en práctica un plan para impedir el colapso ambiental, lo que los capitalistas son incapaces de garantizar». Por eso, tienen razón los activistas que dicen: “¡Cambio de sistema, no cambio climático!”.

Bolsonaro vuelve a mentir sobre protección del medio ambiente

El mayor enemigo del medio ambiente y de la ciencia en el Brasil es Jair Bolsonaro. Incluso así, después de propagar decenas de declaraciones negacionistas contra la vacuna del Covid-19 y la comunidad científica, él se concedió a sí mismo la Medalla de Orden Nacional del Mérito Científico, el último 4 de noviembre. Pero tan absurda como su autopremiación fueron las promesas hechas por Bolsonaro a la COP26, diciendo que el Brasil será un “líder de una nueva agenda verde mundial”.

El 25 de octubre de 2021, antes de la conferencia mundial, el ministro del Medio Ambiente, Joaquim Leite, lanzó un “Programa Nacional de Crecimiento Verde”. En la COP26, la delegación brasileña presentó nuevas metas de conservación forestal y se comprometió a acabar con la deforestación ilegal hasta 2028. Pero todo eso es pura conversación, ninguna de esas medidas prevé cualquier plan operacional para su implementación o explica cómo cumplirá las metas.

Brasil venció el primer lugar en el “Fósil del Día”, por su tratamiento “horrible e inaceptable” de los pueblos indígenas.
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Realidad

Desde que asumió, Bolsonaro cortó 93% de los gastos para estudios y proyectos de mitigación y adaptación a los cambios climáticos. Su gobierno ha debilitado sistemáticamente la fiscalización ambiental, envalentonando, en la práctica, la actuación de redes mafiosas que impulsan la deforestación y que usan la violencia contra los defensores de las selvas. Y, muchas veces, confraterniza con los responsables por esos ataques.

No por casualidad, las tasas de deforestación en la Amazonía brasileña aumentaron dramáticamente durante los primeros dos años de su gobierno. Entre el 31 de octubre y el 5 de noviembre, en los primeros seis días de la COP26, más de nueve millones de árboles fueron al suelo en la Amazonía brasileña. En total, se derrumbaron, hasta ahora, más de 471 millones de árboles desde el 1 de enero. El balance de los once meses apunta que 1.539.970 árboles se tumbaron cada día, lo que significa 1.059 árboles por cada minuto o 17 árboles por segundo. Los números son del monitor de deforestación del PlenaMata y pueden ser conferidos en internet. Este es el retrato de un gobierno criminal que ahora jura defender el medio ambiente y luchar contra los cambios del clima.

La verdad es que la deforestación en la Amazonía Legal en 2021 ya se aproxima de 800.000 hectáreas (8.000 km2), según los alertas del sistema Deter del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (Inpe). El área derribada equivale a la ciudad de San Pablo y Región Metropolitana, que reúne 39 municipios.

El absurdo de Bolsonaro es tal que incluso otros líderes de gobiernos capitalistas rechazaron encuentros o conversaciones con el presidente brasileño, reforzando la imagen del Brasil como un paria internacional.

En el lado de afuera de la COP26, activistas ambientales concedieron un “antipremio” a Bolsonaro por su tratamiento “horrible e inaceptable a los pueblos indígenas”: el denominado “Fósil del día”. La premiación es concedida de forma irónica durante las conferencias climáticas de la ONU. Bolsonaro llevó el premio por criticar a la activista indígena Txai Suruí, de la etnia Paiter Suruí, que en su pronunciamiento en la COP26 llamó la atención del mundo al recordar que los pueblos originarios son los que más sufren con el calentamiento global. “Los pueblos indígenas están en la línea de frente de la emergencia climática. Por eso debemos estar en el centro de las decisiones que ocurren aquí”, discursó. Tras los ataques de Bolsonaro, su “milicia digital” lanzó innumerables amenazas a Taxai Suruí.

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Revista explica cómo el capitalismo provoca el colapso ambiental

No se puede impedir el colapso ambiental sin acabar con el capitalismo. Si quiere saber más, lea la edición especial de la revista Correo Internacional, que reúne artículos que profundizan sobre los problemas que el sistema capitalista está produciendo para la vida en el planeta.

Baje la revista aquí: https://litci.org/es/colpaso-ambiental-el-capitalismo-es-el-responsable

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 10/11/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.