Francia Márquez ha sido nombrada fórmula vicepresidencial de la candidatura de Gustavo Petro, a pesar del esfuerzo que él hizo por ofrecerle ese cargo a un liberal sin importarle incumplir los acuerdos previos. Pudo más la presión del proceso político que le dio a Francia 803.000 votos en la consulta del Pacto Histórico. Era ella quien mejor podía canalizar el descontento y la radicalidad de la lucha de masas en las calles, especialmente tras el paro nacional de 45 días en 2021.

Por: Comité Ejecutivo del PST-Colombia

El grito que no quieren escuchar los de arriba

El descontento de la población y la indignación ante la profundización de la crisis social, por un lado, y por otro, la corrupción descarada, las masacres, la represión del régimen político y la acumulación de la riqueza por parte de un puñado de capitalistas, mientras millones aguantan hambre, no da para abrazos, reconciliación, perdón, pacifismo y resignación; no da para que todo siga igual, para más de lo mismo; lo único que nos está quedando a los de abajo es la dignidad y fuerzas para luchar por un cambio radical, un grito que no quieren escuchar los de arriba.

La necesidad de un cambio es lo que expresa el ascenso de Francia Márquez; que se manifiesta en el desprestigio del uribismo, lo que obliga a Federico Gutiérrez a intentar esconder cualquier nexo con este sector y al mismo tiempo a representarlo; es lo que también explica que el centro conciliador encabezado hoy por Sergio Fajardo haya recibido tan pocos votos; la necesidad de cambio es lo que obliga a Petro a nombrar a Francia Márquez como su vicepresidenta.

Nuestra indignación contra su odio

La “gente de bien” no han podido disimular el odio que les produce Francia Márquez por ser una mujer, negra, de origen pobre, trabajadora minera, representante de todos los sectores oprimidos y líder social perseguida y amenazada; según ellos una zarrapastrosa, una igualada. Para completar, una candidata a la vicepresidencia que ha mostrado dignidad, con un discurso pausado, firme franco, directo y honesto.

El odio de la clase capitalista contra Francia Márquez lo expresó Cesar Gaviria porque ella le dijo que él representa el neoliberalismo y a más de lo mismo. Como si no fuera verdad. Eso para Cesar Gaviria son “palabras groseras, falsas y malintencionadas que constituyen una ofensa inaceptable”. Gaviria dice que Francia es una “grosera” porque considera un atrevimiento que una mujer, negra y pobre le hable de igual a igual, sin embargo, no hubo nada de grosero en sus palabras. Asimismo, muchos pronunciamientos, trinos, publicaciones en redes sociales, sobre Francia Márquez apenas se conoció su designación, como el caso de Paola Ochoa, expresan el machismo, el racismo y odio de clase contra esta líder social que finalmente es un desprecio hacia todos nosotros los desposeídos.

Para Gaviria y la burguesía, entregar el país al imperialismo, aprobar leyes para precarizar el trabajo y aumentar el desempleo, el robo cada año de 50 billones de pesos mediante contratos, el asesinato a líderes sociales y la represión a los manifestantes, no merecen indignación ni descontento, sino perdón, reconciliación y olvido. Los de arriba odian y cometen todos los crímenes posibles de manera impune, pero a los de abajo nos atacan por defender la dignidad y luchar por el cambio que necesitamos. Si nos defendemos dicen que fomentamos “el odio”.

Petro intenta conciliar lo irreconciliable

Petro intenta reconciliar los intereses de las clases sociales que son antagónicos e irreconciliables. Luis Carlos Sarmiento no va a renunciar a sus 9.600 millones de dólares que suma su capital acumulado mediante corrupción con contratos, expropiación de apartamentos a los pobres que se endeudan con sus bancos, ni va a entregar su fondo de ahorros Porvenir que con engaños lo presenta como fondo de pensiones; los demás capitalistas tampoco entregarán las riquezas que se han apropiado para solventar la crisis social y la inequidad.

Uribe, los ganaderos y los terratenientes no van a devolver pacífica y voluntariamente los siete millones de hectáreas de tierra que le han expropiado a los campesinos pobres e indígenas; ni la burguesía narcotraficante dejará su jugoso negocio que alimenta la guerra y las masacres contra el pueblo.

Los empresarios le pedirán al gobierno de Petro más subsidios, menos impuestos y mayor precarización del empleo; los trabajadores le exigiremos más impuestos para los ricos, menos para los pobres; distribuir el trabajo y aumentar los salarios. En esta lucha de clases, e intereses de clase, que tratan de esconder los de arriba, ¿cómo se pueden conciliar intereses?

Francia representa la lucha democrática

Francia representa la lucha contra el régimen político; contra las opresiones, contra la represión a las protestas, contra el asesinato a líderes sociales y por las reivindicaciones de la tierra y territorios de campesinos pobres y pueblos indígenas y negritudes. Pero tiene y tendrá fuertes presiones para distanciarse de esta lucha democrática. Ha mencionado que ya se hizo la experiencia con la lucha y que ahora se hará con la política. Otra gran debilidad es que no es cercana al sector obrero ni a las luchas de los trabajadores.

El paro de 2021 nos enseñó que el único camino efectivo para derrotar los planes de los capitalistas es la lucha en las calles. Ni con un gobierno conciliador, ni con un congreso mayoritariamente de los de arriba se conquistarán reivindicaciones posibles de lograr con la lucha directa.

Contradictoriamente, frente a la lucha de Francia Márquez, el programa del Pacto Histórico es para un gobierno que representará más de lo mismo. Algunos dirán que es para el cambio. En el mejor de los casos será una promesa de cambio o un cambio parcial y temporal, no un cambio real, profundo y revolucionario, que es lo que exige la situación actual y la crisis social; lo que exige la profunda crisis del sistema. Además, a Francia le falta darle más importancia a las reivindicaciones de los trabajadores que sumamos la mayoría de la población (25 millones de población económicamente activa), como reparto del trabajo sin rebaja salarial, formalización del empleo y estabilidad laboral.

La única alternativa para que un gobierno de Petro vaya más allá de su programa es que los trabajadores, la juventud, los campesinos pobres, los indígenas y las negritudes nos unamos, y desde las calles le exijamos que aplique un programa de cambios radicales que defiendan los intereses de los de abajo, contra los intereses de los de arriba; que se expropie a los expropiadores y se redistribuya equitativamente la riqueza. No más gobiernos para los de arriba, necesitamos un gobierno de los trabajadores.