Mar Feb 20, 2024
20 febrero, 2024

Brasil | Ninguna amnistía. Combatir realmente a los golpistas y devolver a la ultraderecha al basurero de la historia

Por: Redacción PSTU Brasil

La Operación Tempus Veritatis, lanzada por la Policía Federal este jueves 8, en medio de las investigaciones contra el intento de golpe de Estado, arrojó aún más luz sobre los meandros de la articulación golpista meticulosamente gestada en el núcleo duro del bolsonarismo. 

El conjunto de pruebas que ya se han hecho públicas –muchas otras aún se mantienen en secreto– no deja lugar a dudas: el bolsonarismo no sólo consideró un golpe de Estado, sino que lo preparó en cada detalle, de manera articulada y “profesional”. Incluso estando por detrás de las manifestaciones golpistas que tomaron las fachadas de los cuarteles y culminaron el 8 de enero. El objetivo del golpe sería no sólo deslegitimar el resultado electoral, sino instaurar un régimen de fuerza en el país, acabando con las libertades democráticas e imponiendo una dictadura. 

También es cada vez más evidente que no fue la resistencia del conjunto de la cúpula militar lo que impidió que se consumara el golpe, un discurso ampliamente difundido principalmente por el actual ministro de Defensa y aliado de los militares y del bolsonarismo, José Múcio. Si, por un lado, algunos sectores de las Fuerzas Armadas no lideraron el movimiento golpista, tampoco actuaron para derrotarlo. “Lo dejaron como está para ver como queda”, como se dice.

De lo descubierto hasta ahora se refuerza la idea de que no hubo golpe sólo porque las llamadas condiciones objetivas no lo permitieron. Internacionalmente, no había apoyo del imperialismo para esto, e internamente, no había manera de sostenerlo sin el apoyo de la mayoría de la población. Por lo demás, hubo mucha intención, preparación y movilización para ello. De la cúpula bolsonarista, de sectores del comando de las Fuerzas Armadas, y de empresarios que organizaron y financiaron los actos golpistas, muchos vinculados al agronegocio.

Un golpe sería un retroceso de las libertades democráticas y dictadura

El PSTU estuvo en primera línea convocando movilizaciones en rechazo al 8J y al golpismo, y venía alertando sobre la necesidad de combatir en profundidad, y sin tregua, a estos sectores de la ultraderecha, incluso avanzando en la discusión sobre la necesidad de la autodefensa por parte de la clase trabajadora (lea la nota aquí ).

El partido no defiende esta actual democracia de los ricos, una democracia falsa e hipócrita donde los multimillonarios, los grandes conglomerados financieros y el imperialismo son los que realmente mandan. Sin embargo, un retroceso en las parcas libertades democráticas que hoy tienen los trabajadores, resultado de mucha lucha, como libertad de organización, de huelga, de manifestación y de expresión, sería un ataque muy duro y haría aún más difícil nuestra lucha. 

Ante cualquier ataque o amenaza a nuestras libertades democráticas, la clase trabajadora no debe dudar en movilizarse para derrotarlo. De hecho, es la única manera de combatir realmente, de forma eficaz y a fondo, la amenaza golpista.

¡Ninguna amnistía!

La revelación de los detalles de la preparación del golpe refuerza el clima de impunidad para quienes realmente estuvieron detrás de esta organización criminal de extrema derecha. Mientras los peces pequeños, manipulados por el bolsonarismo para la desafortunada reedición del Capitolio, reciben duras condenas del Supremo Tribunal Federal (STF), Bolsonaro, Heleno, Braga Neto, están libres, a pesar del cartel “golpista” pegado en su frente, al igual que los principales miembros de la cúpula militar que preparaban el golpe. Los empresarios que financiaron los actos golpistas también gozan de impunidad. 

Es necesario exigir “ninguna amnistía” a los golpistas, empezando por Bolsonaro, Heleno y toda la cúpula militar que participó en esta articulación para atentar contra las libertades democráticas. 

El STF y el Gobierno Lula frente al combate al golpismo

La clase trabajadora no puede fiarse y tener esperanza en que el STF, el Congreso Nacional y las otras instituciones de esta democracia burguesa combatan las amenazas golpistas de manera consecunete y hasta el fin. Llegamos a este punto precisamente porque estas instituciones fracasaron miserablemente a la hora de poner fin al golpismo. Sólo para dar un ejemplo más sobre de la impunidad de que goza la cúpula bolsonarista: pocas horas después de la acción de la Policía Federal, el general y senador Hamilton Mourão estaba en el pleno de la Cámara instando a las Fuerzas Armadas y a su base de extrema derecha a un golpe.

El gobierno de Lula, a su vez, ha estado haciendo muy poco contra los golpistas. Increíblemente mantiene al frente del Ministerio de Defensa a José Múcio, un hombre vinculado al bolsonarismo y que no hace más que impedir que las Fuerzas Armadas sean responsabilizadas, o incluso investigadas, por el 8J y los preparativos golpistas. Múcio, de hecho, afirmó recientemente que las Fuerzas Armadas garantizaban la democracia, demostrando que es partidario de la tesis de las FFAA como “poder moderador”, justamente la tesis esgrimida por la ultraderecha para justificar el golpismo.

Pero no sólo eso, Lula, en su política de conciliación con los golpistas, atrae a su base a partidos de ultraderecha y apuesta por el acercamiento con sus cuadros, como el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas. Una política de apaciguamiento que, lejos de “dividir” al bolsonarismo como atestiguan (o apoyan) sus defensores, en realidad garantiza la supervivencia y fortalece a estos sectores. 

Hemos visto esta historia antes. Augusto Heleno comandó las fuerzas de ocupación brasileñas en Haití durante el primer gobierno de Lula. Los sectores fundamentalistas neopentecostales, que constituyen una base importante del bolsonarismo, se han fortalecido precisamente durante los gobiernos petistas, incluso con el abandono por parte del gobierno de pautas de los sectores más oprimidos, como los LGBTI.

Por último, es necesario exigir un castigo ejemplar para los golpistas. Pero también es fundamental ser conscientes de que la ultraderecha, como bacterias en la basura, prolifera en medio del profundo proceso de regresión, desindustrialización, subordinación y degradación social vivido en los últimos años por la clase trabajadora y los sectores más oprimidos. Proceso este que fue seguido por los gobiernos petistas, y una tendencia que sólo se profundizará con la política llevada a cabo por el tercer gobierno de Lula, como el Marco Fiscal que impone un régimen radical de austeridad a favor de los banqueros. O incluso la reciente Ley General de las Policías Militares (PM) aprobada por el gobierno Lula y que refuerza el militarismo de las PM, pilar de la ultraderecha en nuestro país.

La desmoralización de los gobiernos de conciliación, o vistos como “de izquierda”, es combustible para la ultraderecha, como estamos viendo en Argentina o incluso en los propios EE.UU. con Biden y el inminente regreso de Trump. 

La única manera de enterrar a la ultraderecha y mandarla de vuelta al basurero de la historia es fortalecer una alternativa de lucha, con independencia de clase, para la clase trabajadora, y una alternativa revolucionaria y socialista, verdaderamente antisistema, y ​​que pueda ser, a los ojos del conjunto de la clase y de la mayoría pobre de nuestro país, una referencia de cambio social y esperanza de días mejores.

Artículo publicado en www.opiniaosocialista.com.br, 9/2/2024.-

Traducción: Natalia Estrada

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