Mié May 22, 2024
22 mayo, 2024

Brasil | Enfrentar a los superricos para que el pueblo tenga lo que es suyo

Cerramos esta edición de “Opinião Socialista” en medio de la conmoción por las decenas de muertos en el Litoral Norte de São Paulo. Trabajadores y pobres empujados por la especulación inmobiliaria hacia las laderas de los cerros, mientras los ricos ocupan áreas seguras, pagando hasta R$ 40.000 para enviar un helicóptero privado a rescatarlos de las inundaciones. Esta tragedia es un ejemplo del papel nefasto de esta elite.

Por PSTU-Brasil

Otro caso espantoso expuso la saña explotadora de la burguesía. Más de 200 personas fueron encontradas en trabajos análogos a la esclavitud en la ciudad de Bento Gonçalves, trabajando para grandes vinícolas, como Aurora, Garibaldi y Salton. Confrontados, los empresarios de la región justificaron el caso, achacando la falta de mano de obra en la ciudad a un supuesto “sistema asistencialista”, denunciando así el más puro prejuicio, la ignorancia e, incluso, mucha xenofobia.

El resto de la burguesía no parece pensar muy diferente. La “uberización” del trabajo, la rebaja de los derechos y el derroche de ingresos son expresiones de un proceso de superexplotación que la burguesía y el imperialismo imponen a la clase trabajadora. Este proceso, ligado a la regresión colonial del país, profundiza cada vez más nuestro sometimiento y la rapiña de nuestras riquezas.

El desempleo, cuyos datos oficiales apuntan a una tendencia a la baja, es enmascarado por esta situación, en la que más de la mitad de la fuerza de trabajo es sometida a la informalidad y el subempleo. Un verdadero ejército de trabajadores, la mayoría de los cuales no goza de ningún derecho ni seguridad, como Uber, que se lleva gran parte del valor que recibe el trabajador, quien, a su vez, si se enferma o sufre un accidente, queda librado a su propia suerte.

Finalmente, para el gran capital, los trabajadores son descartables, al igual que las víctimas del Litoral Norte.

El gobierno de Lula-Alckmin no enfrenta a los superricos

El gobierno de Lula llegó con grandes expectativas. Pero, gobernando con y para los superricos, no está dispuesto a enfrentarse a ellos para cambiar de verdad el país. Nada se ha hecho, en realidad, para acabar con el poder de los banqueros que se benefician, aquí, de la tasa de interés más alta del mundo e imponen intereses de más de 400%, en la tarjeta, a una población ya endeudada.

La gasolina está a punto de subir debido a la reoneración de los combustibles. El gobierno incluso anunció que reducirá el precio, a través de la Petrobras, para minimizar el impacto de la vuelta del impuesto. Pero solo lo hará porque, de hecho, la empresa está cobrando más que el mercado internacional.

Es decir, es un paliativo que no resuelve el problema y, además, no se cuestiona la política de internacionalización de precios. Mientras tanto, el verdadero problema no se discute: producimos en reales y seguimos pagando en dólares porque, hoy, quien controla la Petrobras es un grupo selecto de megainversores, allá en Nueva York, que incluso nos impide ser autosuficientes en combustibles.

Salario mínimo de hambre y auxilio insuficiente

Este aumento en los precios de los combustibles presionará aún más la inflación, mientras el gobierno propone un ajuste de meros R$ 18 en el salario mínimo. Un salario que no alcanza para comprar ni dos canastas básicas, cuando en los últimos dos años los alimentos han aumentado un 45% y, para 2023 se proyecta un alza de hasta 9%.

Inflación que corroe, sobre todo, los ingresos de los más pobres. Allá por 2022, cuando Bolsonaro volvió con el Auxílio Brasil de R$ 600, para intentar ganar las elecciones, ese ya debería haber sido de R$ 732, para mantener el poder adquisitivo que tenía en 2020. Pero, incluso así, para los esclavistas de Bento Gonçalves, no hay mano de obra a raíz de la Bolsa Família.

Hablando de Bolsa Família, su presupuesto total es de R$ 70.000 millones. Sólo los dividendos distribuidos por la Petrobras el año pasado, a sus principales accionistas, fueron casi tres veces superiores a ese valor: R$ 217.000 millones. Es dinero que sale de nuestros bolsillos y va a los que ya son ricos. Una fortuna que no solo podría subsidiar precios más baratos para el pueblo, sino también transformarse en inversiones en energía limpia.

Además de que los trabajadores son robados a través de la explotación del trabajo, todavía sufren con los impuestos regresivos que inciden principalmente sobre el consumo. Impuestos que, al final de la línea, van a remunerar a los banqueros, vía deuda. La reforma tributaria propuesta por el gobierno, por su parte, se reduce a organizar mejor esta estructura injusta y desigual, manteniendo exenciones para los superricos y multimillonarios.

Es necesario enfrentar a los superricos

Para cambiar realmente este país, es necesario acabar con la lógica de explotación y rapiña, que roba gran parte de lo que aquí se produce para enriquecer banqueros. Es necesario revocar por completo las reformas Laboral y Previsional y la Ley de Tercerizaciones, garantizando el empleo con contrato formal para todos y todas.

Pero para tener empleo es necesario reducir la jornada laboral a 36 horas, sin reducir los salarios. Y también duplicar el salario mínimo, hacia el salario estipulado por el Dieese.

También es necesario frenar las privatizaciones, retomando lo que ya ha sido entregado al capital extranjero y que se han convertido en verdaderos desagües de riquezas del país hacia afuera. Empresas como la Petrobras, que en la práctica ya está en manos de banqueros internacionales, y la Eletrobras, que acaba de ser vendida en un esquema fraudulento, liderado por la agencia PwC, involucrada en el multimillonario robo de las Lojas Americanas [Tiendas].

También es necesario gravar fuertemente las grandes fortunas, las ganancias y dividendos de los multimillonarios. Suspender los pagos de la deuda a los banqueros y también las deudas de la clase trabajadora y del pueblo pobre.

El gobierno Lula-Alckmin, en frente amplio con los capitalistas, no se propone enfrentar, de verdad, a ese 1% de superricos. Es necesario que la clase trabajadora se organice y se movilice de manera independiente para luchar por nuestras demandas. Incluso para enfrentar y derrotar de una vez por todas a la extrema derecha y el bolsonarismo. Y así construir una alternativa que luche por un gobierno de los trabajadores para aplicar un programa que enfrente a los banqueros y a los superricos y no que gobierne con ellos.

Artículo editorial de Opinião Socialista n.° 648, publicado en www.pstu.org.br, 3/3/2023.-

Traducción: Natalia Estrada.

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