Vie Abr 12, 2024
12 abril, 2024

Bolsonaro, las Fuerzas Armadas y el intento de golpe

Por: Mariucha Fontana

Los hechos revelados por el operativo de la Policía Federal (PF) están lejos de revelar toda la verdad, pero muestran el papel clave y específico de las Fuerzas Armadas en la extrema derecha brasileña.

Además de revelar la participación de parte de la alta cúpula de las Fuerzas Armadas (FFAA) en el complot golpista, las últimas revelaciones muestran que quienes no aceptaron dar el golpe sabían del intento y no dijeron nada a nadie. Muchos articulistas de la propia prensa burguesa no se centran en lo que pasó exactamente. Hasta el punto de que muchos se preguntan si los demás realmente estaban en contra o si simplemente no aceptaron participar en el momento.

Un columnista del diario Folha de S. Paulo, por ejemplo, cuestionó: Si toda la conspiración se llevó a cabo con el conocimiento de los superiores, ¿por qué no se arrestó a los golpistas? ¿Por qué los golpistas fueron o estaban a punto de ser promovidos o nombrados para puestos importantes? ¿Querían los comandantes silenciar el caso o tenían miedo de ser derrocados, presos o muertos?

Los hechos antes conocidos y los ahora revelados

En enero del año pasado, poco después de la intentona golpista del día 8, se encontró una “Minuta del Golpe” en la casa de Anderson Torres, ex ministro de Justicia de Bolsonaro.

En mayo, Mauro Cid fue detenido y liberado en septiembre, tras llegar a un acuerdo de delación premiada con el Supremo Tribunal Federal (STF). Él implicó a Bolsonaro en los planes de golpa de Estado, en el escándalo de las joyas saudíes y en el fraude de las tarjetas de vacunación del Covid-19.

Bolsonaro habría tenido acceso a la “Minuta del Golpe” y le habría hecho cambios. El documento ordenaba la detención de varias autoridades, incluido el juez Alexandre de Moraes, y convocaba nuevas elecciones.

La reunión de Bolsonaro con sus ministros, donde se discutió la propuesta de golpe, se realizó el 5 de julio de 2022. Días después, Bolsonaro tuvo una reunión con 70 embajadores y cuestionó el uso de las urnas electrónicas y las propias elecciones.

Se articula un intento de golpe

Una parte de la burguesía reaccionó. Al día siguiente de la reunión con los embajadores, el Departamento de Estado de los Estados Unidos (equivalente al Ministerio de Relaciones Exteriores), que desde 2021 ya enviaba emisarios para asegurar a las FFAA, avaló en un comunicado el sistema de votación.

La semana siguiente, el Secretario de Defensa de los Estados Unidos vino al Brasil, celebró una reunión regional de ministros de Defensa, y dejó un mensaje claro a los militares de que no habría apoyo a un golpe. Mensaje reforzado por el general norteamericano responsable del Comando Sur (que cubre América Latina). Además, también vino al Brasil un representante de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA). Como dijo el ex embajador de los Estados Unidos en el Brasil, Michael McKinley, a la agencia de noticias británica BBC, “el Secretario de Defensa, el jefe de la CIA, el asesor de Seguridad Nacional, todos visitaron el Brasil en año electoral. ¿Eso es normal? ¡No, no es!»

Nuestra evaluación era que un golpe exitoso sería muy improbable, ya que, en ese momento, no había apoyo de la mayoría de la burguesía y del gobierno estadounidense, a diferencia de lo que ocurrió en 1964. Sin embargo, decíamos que un intento de golpe era posible, por una combinación de factores: Bolsonaro tenía una base movilizada; contaba con el apoyo de una fracción de la burguesía, especialmente del agronegocio; tenía gran incidencia en las Fuerzas Armadas y policiales; y, también, la referencia en Trump.

En rigor, esta investigación revela que hubo un intento de golpe y que la participación de la cúpula de la FFAA, por acción y por omisión, fue mayor de lo esperado, dado el movimiento del imperialismo y de la burguesía.

Cronología

Recordemos la sucesión de acontecimientos en el intento de golpe:

Una vez finalizadas las elecciones, a finales de octubre y principios de noviembre de 2022, 814 carreteras fueron bloqueadas en el país.

02/11 – Manifestaciones frente a los cuarteles, pidiendo un golpe militar. Parte de los manifestantes permanecieron acampados: 43.000, según el Ejército.
11/11- Los comandantes de las Fuerzas Armadas Almir Garnier (Marina), Marco Antônio Freire Gomes (Ejército) y Carlos Baptista Junior (Aeronáutica) firmaron una nota conjunta titulada “A las Instituciones y al Pueblo Brasileño”, en defensa de las protestas.
15/11 – Manifestación en Brasilia frente al Cuartel General del Ejército, que costó R$ 100.000, financiados por el agro, según audio de Mauro Cid al general Freire Gomes.
28/11 – El coronel Correa Neto convocó a una reunión con oficiales de las Fuerzas Especiales (Kids Pretos), quienes el 12/12 fueron protagonistas del motín frente al cuartel general de la PF, la quema de ocho vehículos y el saqueo de varias tiendas.
08/01 (8J) – Kids Pretos realizó los movimientos más decisivos en la invasión de edificios que representan los “tres poderes”.

Los nuevos hechos

– La “Minuta del Golpe” fue presentada a los comandantes del Ejército, de la Marina y al Ministro de Defensa, a principios de diciembre.
– Según Mauro Cid, el general Estevam Theófilo, responsable del Comando de Operaciones Terrestre, aprobó la minuta. La Marina también. Freire Gomes, del Ejército, y el general Batista, de la Fuerza Aérea, no lo aprobaron.
– El general Heleno comandaba una fuerza paralela al Gabinete de Seguridad Institucional (GSI), que monitoreaba a los adversarios y la ubicación del ministro Moraes, quien, según la PF, sería detenido en diciembre.
– Los generales que no aceptaron el golpe, sin embargo, sabían de la conspiración y no dijeron nada a nadie. Al contrario, continuaron con sus nombramientos, promociones, y guardaron silencio sobre los golpistas.

Bolsonarismo: la especificidad de la extrema derecha brasileña

Las raíces socioeconómicas y políticas de la extrema derecha tienen que ver con la crisis del capitalismo, siendo parte de un fenómeno mundial. Aquí, la profunda decadencia del país, administrado durante años por el PSDB y el PT, nos llevaron hasta Bolsonaro.

El PT gobernó y sigue gobernando en los marcos del capitalismo y de las exigencias que imponen los ajustes neoliberales y este proceso penaliza a la clase trabajadora, la fragmenta y la empobrece, lo mismo ocurre con los sectores medios, en beneficio de los monopolios.

Este proceso dio base al bolsonaroísmo y al gobierno semibonapartista de Bolsonaro, cuyo proyecto era cambiar el régimen. Algo que se combinó con una especificidad brasileña: las Fuerzas Armadas, de tradición golpista, y que emergieron intactas de la dictadura, fueron un componente fundamental del gobierno de Bolsonaro.

Parte de los dirigentes del intento de golpe eran generales que, sin embargo, no lograron ganarse a la mayoría del Alto Comando. Al parecer, no por legalismo o “aprecio a la democracia”, sino porque Biden, esta vez, no quería (sobre todo porque fortalecería a Trump), y ni la mayoría de la burguesía brasileña apoyaba la iniciativa golpista.

Por primera vez desde la dictadura tuvimos un gobierno abiertamente de extrema derecha. El regreso de los militares a la política muestra la profundidad de la crisis. Da testimonio de la quiebra y el agotamiento de la Nueva República (nombre que recibe el período que comenzó tras el fin de la dictadura, en 1985), y revela un país que vive un profundo proceso de decadencia en medio de la crisis mundial del sistema capitalista.

Además, el pacto y la Ley de Amnistía, en los años 1980, impidieron un ajuste de cuentas con la dictadura, preservando intactas las FFAA, y, ahora, están pasando factura.

¡Sin amnistía para los golpistas!

El gobierno Lula-Alckmin no enfrenta a la derecha, concilia con ella

El gobierno Lula-Alckmin, con amplias alianzas con la burguesía, no combate a la extrema derecha. Ya sea desde el punto de vista del proyecto socioeconómico, ya sea en lo que se refiere a afrontar e intentar resolver una tarea política democrática inconclusa y muy importante, no conceder amnistía, no conciliar con los golpistas y acabar con sus privilegios. De hecho, hace lo opuesto.

Lula apostó a la pacificación con las Fuerzas Armadas de la dictadura y también apuesta a que la democracia de los ricos y la actual institucionalidad burguesa garantizarán las libertades democráticas. Y que los multimillonarios capitalistas siempre estarán muy agradecidos con su gobierno social liberal.

Pero, la alianza con los multimillonarios capitalistas y con la Faria Lima (avenida de São Paulo, símbolo del poder del capital), con el PSDB y los otros partidos burgueses, así como con parte de la base bolsonarista, en los límites de la Ley de Responsabilidad Fiscal, que expresa su Marco Fiscal, reproduce, aunque de forma diferente, y mantiene las mismas condiciones sociales que dieron base al bolsonarismo.

La política de gobernar en alianza con la burguesía es, de hecho, una alianza contra la clase trabajadora y contra las clases medias, y sólo favorece a las grandes empresas, los bancos y los fondos de inversión.

Esta política tiene un doble efecto. Primero, el efecto objetivo de promover la precarización del trabajo, la fragmentación de la clase trabajadora y la concentración de capital que aplasta al pequeño propietario. Además, tiene un tremendo efecto subjetivo, al provocar decepción, desorganización y desmovilización de la clase trabajadora.

Respecto de las Fuerzas Armadas, hay una característica terrible de este modelo de gobierno: la conciliación con la cúpula militar. Precisamos, con todo, recordar a Allende en el Chile en la década de 1970, que nombró a Pinochet ministro del Ejército.

Lula deja en manos del STF el castigo parcial de los golpistas y tiende la mano a la pacificación con la ceupula de las FFAA, manteniendo intactos todos sus privilegios. Comenzó por poner a Múcio como ministro de Defensa. Luego, por elegir para el Ejército al general bolsonarista Arruda, que salió recién después del 8J. El mismo Arruda que no quiso renunciar a Mauro Cid como jefe responsable del Batallón de Operaciones Especiales.

Por si fuera poco, el general Estevam Theófilo, del Comando de Operaciones Terrestres, que estuvo de acuerdo con la “Minuta del Golpe” y sería clave en esto, permaneció en su cargo durante todo el primer año del gobierno Lula, entrando sólo en reserva en noviembre de 2022.

Los privilegios de la cúpula militar también permanecen intactos. Baste decir que, incluso si son condenados por la Justicia Civil, el castigo de sus miembros está sujeto a las decisiones de la Justicia Militar. Además, si pierden su rango y son apartados de la fuerza, conservan la pensión para sus herederos. Hasta que sean juzgados, las promociones y los salarios continuarán. El teniente coronel Mauro Cid, por ejemplo, si no es juzgado hasta abril, debería ser ascendido a coronel y su salario pasaría de R$ 26.000 a R$ 32.000.

Lula aún mantiene el artículo 142 de la Constitución, exigido por los militares e interpretado por ellos como una garantía de que las Fuerzas Armadas funcionan como un “poder moderador” en el país.

Prisión y castigo para Bolsonaro, los militares golpistas y sus financistas

El gobierno, incluso, no hace ningún esfuerzo para que la Comisión de la Verdad y de los Muertos y Desaparecidos rescate nuestra memoria. Barre bajo la alfombra importantes tareas democráticas, demostrando que una alianza con la burguesía es, también, la no resolución siquiera de cuestiones políticas democráticas.

La clase trabajadora debe exigir investigación y castigo, hasta el final, para Bolsonaro, los militares golpistas y los empresarios, asesores y políticos involucrados. Pero sólo debe confiar en sus propias fuerzas, en su movilización, en la independencia política de la clase y en el camino de su autodefensa.

El 31 de marzo de este año se cumplirán 60 años del golpe militar de 1964. Y, hasta la fecha, no ha habido castigo ni detención de ningún torturador, las empresas que colaboraron con la dictadura han salido ilesas, y las PM del régimen militar permanecen intactas.

“Sin amnistía para los golpistas” es una exigencia que sólo podremos lograr y garantizar con independencia de clase y con movilización. El camino del Frente Amplio no sólo no derrota a los golpistas, sino que también desarma completamente a los trabajadores y trabajadoras frente a iniciativas como estas.

Artículo publicado en www.opiniaosocialista.com.br, 21/2/2024.-

Traducción: Natalia Estrada.

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