Claramente puede parecer reduccionista la cuestión del nombre de la compañía de bandera con respecto al futuro de 11.000 trabajadores y trabajadoras, pero detrás de esta diatriba se esconde un proyecto bien preciso, con la representación política y sindical dispuesta a traicionar una de las principales luchas en curso en el país.

Por: Daniele Cofani*

Repartición de los cielos

Como repetidamente informé en las páginas de Progetto Comunista y en este sitio, el futuro de Alitalia está ligado a una reorganización del sector aéreo en nivel internacional, donde los principales países capitalistas europeos quisieran ser los amos incluso de los cielos. Este plan, claramente ha tomado vuelo desde hace ya varios años y ha visto consolidarse a las grandes compañías de bandera de Alemania, Francia y Gran Bretaña, pero también y sobre todo a los grandes lobbies de las aerolíneas de bajo costo, con Ryanair a la cabeza.

Todo esto se produjo en medio de uno de los grandes procesos de liberalización del mercado, que afectó a todo el sector aeronáutico. Muchas compañías –pero también grandes empresas de gestión de aeropuertos– han pasado por importantes procesos de reestructuración y privatización: las principales víctimas del sacrificio, en términos de empleo y salarios, han sido los trabajadores.

Todo ello ha permitido una enorme acumulación de capitales en manos de las grandes multinacionales del sector, las cuales han puesto bajo su control los principales flujos turísticos y de mercancías con el único fin de generar ganancias, sin importarles las condiciones de miles de trabajadores como tampoco las repercusiones en términos ambientales.

El resultado de estas políticas se tradujo en la quiebra de muchas aerolíneas y empresas de servicios terrestres, que no han podido sostenerse en la jungla de la liberalización, dando lugar a una «baja cotización» no solo de los pasajes aéreos sino también de los salarios y de los derechos de los trabajadores.

De dónde viene Ita (nueva compañía propuesta por el gobierno)

Frente a lo dicho, Alitalia puede ser considerada una pieza importante en el tablero de ajedrez del sector aéreo internacional, siendo la aerolínea nacional de referencia en uno de los principales mercados europeos en cuanto a número de pasajeros transportados (193 millones en 2019).

Precisamente por esto, desde hace tiempo es asediada, en un intento de derribarla para dar cabida al mercado de vuelos internacionales de bajo costo y «reubicar» a los pasajeros de larga distancia en las principales escalas europeas, como París, Frankfurt, Amsterdam y Londres.

Hoy, gran parte de este trabajo se realiza con la complicidad de todos los gobiernos que se han sucedido desde principios de la década de 2000 hasta el presente, donde incluso la mayor parte de las direcciones sindicales ha jugado un papel central en el desmantelamiento de Alitalia, firmando planes de negocio, contratos desechables y despidos.

A partir de la privatización de 2009 (Alitalia-Cai); luego la venta de 49% en 2014 a la compañía de los Emiratos Árabes Unidos Etihad (Alitalia-Sai); pasando por el segundo comisionado (concurso de acreedores) de 2017 gestionado por el ministro Calenda (PD), llegamos a los fallidos gobiernos del M5s [Movimiento Cinco Estrellas], que de hecho tuvieron el expediente de Alitalia en sus manos durante cuatro años sin completar la reestructuración ni mucho menos la venta, lo que provocó que la compañía llegara en quiebra a la pandemia.

Es en el preciso momento en que explotó la crisis global del sector aeronáutico, desencadenada por el Covid-19, que se propone una falsa nacionalización (Ita), funcional al redimensionamiento (reducción), desmantelamiento y despido de miles de trabajadores. Todo esto está escrito en el plan Ita elaborado por el gobierno –próximo accionista–, que tanto recuerda los deseos históricos de la compañía alemana Lufthansa de apoderarse de los restos de Alitalia (y, sobre todo, del rico mercado del sector aéreo italiano).

El papel de la Unión Europea

Como ya hemos dicho, todos los gobiernos de los últimos quince años han sido responsables de la deriva de la aerolínea de bandera italiana, pero hoy nos encontramos ante un ejecutivo que responde directamente a los intereses de los bancos y de los grandes capitalistas europeos, con Draghi (presidente del Consejo) como principal representante. Esto coloca el asunto Alitalia en una situación aún más compleja, mientras al mismo tiempo hace aún más extraordinaria la resistencia de las trabajadoras y los trabajadores.

La UE, a través de sus estructuras burocráticas está desempeñando un papel rector con la específica intención de aniquilar lo que queda de la aerolínea nacional, no solo respaldando el plan Ita, compatible con sus objetivos, sino colocando otras traumáticas condiciones bajo lo oscuro de la discontinuidad. La cancelación del logo y del nombre Alitalia se suma al desmantelamiento y la reducción propuestos por Lazzerini y Caio (CEO y presidente de Ita), con el fin de reducir la compañía a una aerolínea regional, inofensiva para la competencia y lista para pasar el yugo a manos de Lufthansa.

Alitalia única, pública y global

La imponente lucha en Alitalia comenzó a dar sus primeros pasos en el momento en que se presentó a las organizaciones sindicales (diciembre de 2020) el plan Ita, que ya preveía solo 52 aviones (la mitad de la flota), una corporativización de los servicios terrestres (mantenimiento y handling) y 5.500 despidos, esto frente a una inversión pública de tres mil millones. Es precisamente contra tal proyecto que se movilizan miles de trabajadoras y trabajadores de Alitalia a todos los edificios institucionales y aeropuertos de Roma y Milán. Una movilización que ha tenido tal crecimiento en la participación y la combatividad que la UE, el gobierno y las organizaciones sindicales están intentando sofocar de algún modo. De hecho, todas las modalidades de chantaje que se han puesto en marcha no son por casualidad, como los limitados refrigerios (financiamiento de la crisis de Covid) de parte de Europa, los sueldos pagados a plazos, la falta subsidios por despido (layoff) y el temido riesgo de quiebra. Todo esto sirve para salvaguardar el largo proyecto de desmantelamiento de Alitalia, que pasó de la privatización (Cai y Sai) para terminar en Ita: quien hoy quiere hacer creer a los trabajadores que es posible una Ita mejor omite este proyecto del que tiene conocimiento, llevándolos a una rendición incondicional como fue en la privatización de 2009.

Todo esto no debe suceder, los trabajadores deben imponer al gobierno la suspensión de las negociaciones con la UE, y a las organizaciones sindicales que abandonen las mesas de negociación. Quien defiende la idea de una Ita mejor está contra la voluntad de los trabajadores en lucha, anteponiendo los intereses de las estructuras sindicales a los intereses de los trabajadores y del país: ¡Esto es un gran engaño! Que seamos los trabajadores los que nos organicemos contra Ita, reivindicando hasta la victoria una Alitalia única, pública, global, bajo nuestro control, como única solución posible para salvaguardar 74 años de historia de la compañía, el empleo y el salario.

Queridos compañeros y colegas, fuimos capaces de hacerlo en el referendo de 2017, lo estamos demostrando durante estos meses de lucha, unidos podemos triunfar, ¡seguimos creyendo en ello!

¡NO ITA – TODOS A BORDO!

* Daniele Cofani es trabajador de Alitalia y uno de los portavoces de la lucha.

Traducción: Natalia Estrada.