El resultado del Plebiscito demostró un enorme repudio a la forma como el país ha sido gobernado en las últimas décadas, a las AFP’s, al sistema privado de salud, al CAE, a la falta de derechos laborales, a la corrupción de los políticos y militares, etc. Quedó en evidencia que la enorme mayoría de la población quiere cambios profundos (y no sólo un nuevo papel, la Constitución, donde estén escritos los derechos sociales).

Por MIT-Chile

Quedó claro también que en las últimas décadas el país no ha sido gobernado para la mayoría de la población, sino para algunos.

El resultado del Plebiscito lo demuestra: el país fue gobernado para el 20%. Eso es más o menos 1 millón 400 mil personas. El núcleo más duro se concentra en las comunas más ricas, en las 3 comunas dónde ganó el Rechazo. Ellos son los que se benefician del trabajo de los que cargan en el lomo el trono de unos pocos todo el puto día. A estos ricos que viven en las 3 comunas debemos sumar algunos miles de inversionistas extranjeros que ganan mucho dinero con sus negocios en Chile. Sin embargo, hay muchos trabajadores y trabajadoras que fueron influenciados por los que dominan el país para votar por el Rechazo, defendiendo un modelo de privilegios.

Entre los sectores privilegiados la distribución de renta tampoco es igualitaria. Sin duda hay miles de médicos, gerentes, abogados, ingenieros que ganan 4, 5 o hasta 10 millones de pesos mensuales. Si bien esas miles de personas tampoco ven ninguna necesidad de cambiar el país, ellas no son las dueñas de Chile (aunque muchas veces lo crean).

Chile tiene dueños. No, no es una metáfora. Es la realidad. En nuestro país hay 140 personas que concentran una riqueza de casi 90 mil millones de dólares. Para que tengamos una idea de qué significa ese monto, con esa plata podríamos pagar un sueldo de 600 mil pesos durante un año para más de 9 millones de chilenos. ¡Exactamente, la pobreza en nuestro país desaparecería solo dividiendo el patrimonio de esas 140 personas!

Esas personas son parte de algunas pocas familias que están totalmente relacionadas entre sí por lazos familiares y negocios. Son las familias Luksic, Matte, Angelini, Piñera, Paulmann, Solari, Yarur, Edwards, Falabella, Larraín, Ponce Lerou y unas pocas más. Además de su propia asociación, esas familias reparten el saqueo con grandes transnacionales. Hay una verdadera división de tareas entre el capital internacional y esa oligarquía chilena.

Las transnacionales se quedan con el sector minero: BHP Billiton (anglo-australiana), AngloAmerican (anglo-americana), Glencore (Suiza); parte de las AFPs: Provida (EEUU), Capital (Colombia), del sistema bancario: Santander (España), Scotiabank (Canadá), BBVA (país Vasco), Itaú (Brasil), energía: Enel (Italia) y próximamente CGE que pasará a manos del Estado Chino, que concentrará más de la mitad de la distribución de energía en Chile. Además están presentes en varios otros sectores (pesqueras, industria, etc.)

Así, hay un verdadero consorcio de grandes capitalistas internacionales y algunas familias chilenas para saquear el país y explotar la fuerza laboral de la clase trabajadora que vive en Chile. La riqueza que se queda en Chile se concentra en las manos de esas familias, lo que sale del país va para los capitalistas internacionales. La mayoría de la población, que produce todo eso, con suerte alcanza a llegar a fin de mes.

Esa ínfima minoría de grandes empresarios y banqueros tienen como base de apoyo un sector más amplio que no desea cambiar nada, como ya dijimos. Conforman un verdadero ejército de intelectuales, políticos, gerentes, abogados, ejecutivos de empresas, oficiales de las Fuerzas Armadas y Carabineros, sectores privilegiados de la Iglesia, etc. Y también están los “fachos pobres” o de “clase media”, trabajadores sin consciencia de clase que defienden los intereses de los sectores privilegiados para ver si logran comer de sus migajas.

Los que están en la cumbre de esa pirámide y sus aliados son los verdaderos enemigos del pueblo, los que no quieren que nada cambie. Tenemos que comprender cómo mantienen su dominación, cómo logran concentrar tanta riqueza y poder en sus manos. Si no sabemos contra quiénes luchamos no podremos vencer.

Propiedad privada de los medios de producción: el nudo del problema

Por qué la ínfima minoría termina concentrando la gran mayoría de la riqueza? Esas familias ricas son más inteligentes que los demás? Se esforzaron más? Fueron agraciadas por la bondad de Dios?

No. Es que ellas son dueñas de las empresas y dominan el Estado, el que administra toda la sociedad en favor de ellas. Así de simple. Van pasando de padre a hijo sus herencias y manteniendo su dominación a través del aparato estatal, los medios de comunicación y otras instituciones. A esa clase de personas, que son los dueños de los medios de producción, les decimos burguesía. Al Estado que defiende sus intereses, Estado burgués, y a la “democracia” que utilizan para administrar el aparato del Estado, democracia burguesa. Los trabajadores y pobres, la amplia mayoría, no tienen ni propiedad ni poder en las decisiones estatales. Aunque nos digan que podemos votar cada 4 años, todo el sistema “democrático” está hecho para alejar a los trabajadores y trabajadoras de las decisiones políticas.

El título de propiedad de esas grandes empresas les posibilita a los empresarios e inversionistas extranjeros quedarse con la mayor parte de las utilidades que generan las empresas. Esas enormes utilidades, que vienen del trabajo de cada uno de nosotros, podrían ser utilizadas para solucionar todos los problemas principales de nuestro país. Hablaremos más de esto en las páginas centrales de este periódico.
Por ello, uno de los principales debates del Proceso Constituyente se dará alrededor de ese tema: la propiedad privada y la posibilidad de expropiación de las empresas. Todos los grandes empresarios ponen el problema de la propiedad como el centro de las cosas que no quieren que se cambie en la nueva Constitución.

La “democracia burguesa”

Para mantener su dominación la gran burguesía y sus aliados internacionales utilizan varios mecanismos: los grandes medios de comunicación (que son de los mismos empresarios – La Tercera pertenece a Álvaro Saieh, El Mercurio a la familia Edwards, Canal 13 a los Luksic, etc.), la Iglesia, las universidades, los sindicatos (controlados por la burocracia sindical). Sin embargo, la principal institución que la burguesía tiene para mantener su dominación es el Estado. Exactamente, el Estado. El Estado no es neutral. No es un representante de toda la sociedad. El Estado es dominado por los grandes grupos económicos y sus representantes. La Constitución y las leyes actuales fueron elaboradas por la Dictadura en íntima conexión con el empresariado. Toda la legislación actual, defendida por los Tribunales, fue hecha a la medida del gran empresariado e implementada a punta de fusil.

El aparato legislativo y judicial están íntimamente conectados al poder Ejecutivo y a las Fuerzas Armadas y Carabineros. Cuando la ideología de la Iglesia, de los medios de comunicación y las amarras de los sindicatos dejan de funcionar para controlar la rabia de los trabajadores, entran en juego la policía y los militares para garantizar el orden. La democracia burguesa solo tiene apariencia de democracia. En el fondo, es una dictadura del Capital.

Para llegar a los cambios que queremos, debemos entender que todo el sistema económico y político nos juegan en contra y son manejados por la burguesía. Nuestra estrategia, por lo tanto, debe ser cambiarlos profunda y radicalmente, construyendo otro orden social que beneficie a los trabajadores, trabajadoras y a la juventud.