{"id":81872,"date":"2026-09-05T14:20:42","date_gmt":"2026-09-05T14:20:42","guid":{"rendered":"https:\/\/litci.org\/es\/?p=81872"},"modified":"2026-09-05T14:20:54","modified_gmt":"2026-09-05T14:20:54","slug":"tolima-en-llamas-el-fuego-el-estado-y-la-disputa-por-el-territorio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/litci.org\/es\/tolima-en-llamas-el-fuego-el-estado-y-la-disputa-por-el-territorio\/","title":{"rendered":"Tolima en llamas: el fuego, el Estado y la disputa por el territorio"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>El fuego no apareci\u00f3 de un d\u00eda para otro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando este agosto el Tolima se convirti\u00f3 en el epicentro de una de las mayores emergencias forestales del pa\u00eds, el departamento ya llevaba meses acumulando se\u00f1ales de advertencia: altas temperaturas, disminuci\u00f3n de lluvias, municipios en riesgo, incendios recurrentes y llamados institucionales para fortalecer la capacidad de respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>La cronolog\u00eda muestra que la emergencia fue creciendo progresivamente. Entre el 3 de mayo y el 23 de julio se hab\u00edan registrado 151 incendios forestales y m\u00e1s de 821 hect\u00e1reas afectadas. Para comienzos de agosto, la cifra acumulada ascend\u00eda a 271 incendios y, el 6 de ese mes, 46 de los 47 municipios del departamento estaban en alerta roja o naranja por amenaza de incendios.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta que deja esta secuencia es inevitable: \u00bfqu\u00e9 ocurri\u00f3 entre las advertencias y la cat\u00e1strofe? Porque un incendio puede comenzar con una chispa, pero una crisis ambiental de semejante magnitud no puede explicarse \u00fanicamente por el instante en que aparece la llama. El fuego se extendi\u00f3 sobre un territorio concreto, atravesado por desigualdades sociales, capacidades institucionales diferentes, relaciones de propiedad y disputas hist\u00f3ricas por el control de la tierra y los recursos naturales.<\/p>\n\n\n\n<p>El fuego no cay\u00f3 sobre un espacio vac\u00edo. Ardi\u00f3 sobre un territorio.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las advertencias antes del desastre<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La amenaza fue identificada antes de alcanzar las dimensiones de agosto.<\/p>\n\n\n\n<p>El 28 de mayo de 2026, Cortolima adopt\u00f3, mediante la Resoluci\u00f3n 3426, un Plan de Contingencia frente a la probabilidad y los posibles efectos del fen\u00f3meno de El Ni\u00f1o. Entre las medidas figuraban la prevenci\u00f3n de incendios de cobertura vegetal, la protecci\u00f3n del recurso h\u00eddrico y restricciones sobre fogatas y quemas a cielo abierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Para el 8 de julio, la Gobernaci\u00f3n del Tolima reportaba 28 municipios bajo alg\u00fan nivel de riesgo por incendios. Dos semanas despu\u00e9s, entre el 3 de mayo y el 23 de julio, ya se contabilizaban 151 incendios y 821,19 hect\u00e1reas afectadas. En algunos municipios las temperaturas superaban los 39 grados Celsius.<\/p>\n\n\n\n<p>El 3 de agosto se registraron 68 conflagraciones durante un solo fin de semana. Doce incendios permanec\u00edan activos y la propia Secretar\u00eda de Ambiente y Gesti\u00f3n del Riesgo advert\u00eda que la capacidad de respuesta de los organismos de socorro pod\u00eda verse comprometida si la situaci\u00f3n continuaba creciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tres d\u00edas despu\u00e9s, 36 municipios estaban en alerta roja y 10 en alerta naranja. Las alertas exist\u00edan, los incendios tambi\u00e9n, el riesgo hab\u00eda sido identificado. Sin embargo, la emergencia continu\u00f3 creciendo hasta alcanzar dimensiones que obligaron a movilizar recursos extraordinarios. Aqu\u00ed aparece una de las primeras contradicciones pol\u00edticas de la crisis.<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede afirmar que el Estado permaneci\u00f3 completamente ausente. Hubo planes de contingencia, monitoreo, reuniones institucionales y solicitudes de apoyo. Pero la cronolog\u00eda muestra que la mayor capacidad de respuesta se activ\u00f3 cuando la emergencia ya hab\u00eda superado los mecanismos ordinarios.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta, entonces, no es si las instituciones hicieron algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo hicieron tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta es por qu\u00e9 las acciones extraordinarias llegaron cuando el territorio ya estaba ardiendo y hab\u00eda un problema ambiental a gran escala.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Estado entre la prevenci\u00f3n y la reacci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El 10 de agosto ya hab\u00eda 15 incendios forestales activos. Un d\u00eda despu\u00e9s, 36 incendios permanec\u00edan activos en 20 municipios. En San Luis se reportaban m\u00e1s de 2.000 hect\u00e1reas afectadas y da\u00f1os en viviendas rurales. El 13 de agosto, el Tolima enfrentaba una de sus jornadas m\u00e1s cr\u00edticas: 39 incendios forestales activos en 18 municipios.<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta incluy\u00f3 bomberos, Defensa Civil, Cruz Roja, Ej\u00e9rcito Nacional, Polic\u00eda, Fuerza Aeroespacial, organismos de socorro y comunidades. Se desplegaron operaciones terrestres y aeronaves para atender los focos m\u00e1s graves. Pero al d\u00eda siguiente, el Consejo Departamental de Gesti\u00f3n del Riesgo reconoci\u00f3 que la emergencia hab\u00eda superado la capacidad ordinaria. El Tolima declar\u00f3 la calamidad p\u00fablica departamental.<\/p>\n\n\n\n<p>La declaratoria permiti\u00f3 agilizar recursos y fortalecer la capacidad institucional para enfrentar los incendios activos. Las operaciones posteriores lograron reducir temporalmente el n\u00famero de focos, pero para entonces el da\u00f1o territorial ya hab\u00eda alcanzado una dimensi\u00f3n mucho mayor.<\/p>\n\n\n\n<p>La crisis deja una pregunta inc\u00f3moda: si el Estado pod\u00eda movilizar recursos extraordinarios, aeronaves y mecanismos excepcionales cuando la emergencia alcanz\u00f3 dimensiones cr\u00edticas, \u00bfpor qu\u00e9 esa capacidad no estuvo presente con la misma intensidad durante las etapas previas de prevenci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>Esta no es \u00fanicamente una discusi\u00f3n administrativa. Es una discusi\u00f3n pol\u00edtica. La prevenci\u00f3n exige inversi\u00f3n permanente en territorios donde muchas veces el Estado tiene una presencia limitada: fortalecimiento de cuerpos de bomberos, brigadas comunitarias, protecci\u00f3n de fuentes h\u00eddricas, mantenimiento de v\u00edas rurales, sistemas de alerta temprana y monitoreo ambiental. Son inversiones poco visibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Una brigada comunitaria que evita un incendio no produce las mismas im\u00e1genes que un helic\u00f3ptero descargando agua sobre una monta\u00f1a en llamas. La cat\u00e1strofe, en cambio, concentra la atenci\u00f3n p\u00fablica y permite demostrar capacidad institucional cuando el da\u00f1o ya se ha convertido en una realidad imposible de ignorar. Esta contradicci\u00f3n revela una caracter\u00edstica fundamental de la relaci\u00f3n entre Estado y territorio: la presencia institucional no se distribuye de manera uniforme. Hay territorios donde el Estado est\u00e1 presente de manera permanente. Y hay otros donde aparece principalmente cuando la crisis ya ha estallado.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde una perspectiva marxista, el problema no puede reducirse a la ineficiencia administrativa o a la falta ocasional de coordinaci\u00f3n institucional. El Estado interviene sobre territorios atravesados por relaciones desiguales de poder, propiedad y capacidad econ\u00f3mica. La distribuci\u00f3n de recursos p\u00fablicos expresa prioridades pol\u00edticas: mientras algunas inversiones orientadas a la prevenci\u00f3n permanecen invisibles y reciben atenci\u00f3n limitada, otras formas de intervenci\u00f3n se activan con rapidez cuando la crisis amenaza actividades econ\u00f3micas, infraestructura estrat\u00e9gica o produce una presi\u00f3n p\u00fablica imposible de ignorar. La pregunta, entonces, no es \u00fanicamente por qu\u00e9 faltaron recursos, sino c\u00f3mo y en funci\u00f3n de qu\u00e9 intereses se definen hist\u00f3ricamente las prioridades de inversi\u00f3n y presencia estatal.<\/p>\n\n\n\n<p>La cat\u00e1strofe ambiental no afecta a todos los territorios de la misma manera porque los territorios tampoco parten de las mismas condiciones.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La cat\u00e1strofe no es solamente natural<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La explicaci\u00f3n m\u00e1s c\u00f3moda consiste en atribuirlo todo al clima.<\/p>\n\n\n\n<p>El cambio clim\u00e1tico y la variabilidad clim\u00e1tica son factores fundamentales. Crean condiciones favorables para incendios m\u00e1s intensos y dif\u00edciles de controlar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Pero el clima no organiza los presupuestos p\u00fablicos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 El clima no decide d\u00f3nde se construye infraestructura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 El clima no determina la capacidad de los organismos de socorro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 El clima tampoco explica por s\u00ed solo por qu\u00e9 determinadas comunidades rurales enfrentan mayores dificultades para acceder a mecanismos de prevenci\u00f3n y respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>El fuego necesita condiciones materiales para expandirse. Vegetaci\u00f3n seca, altas temperaturas y vientos son parte de esas condiciones. Tambi\u00e9n se requiere, en la mayor\u00eda de los casos, una fuente de ignici\u00f3n, que puede ser accidental, producto de negligencia, consecuencia de determinadas pr\u00e1cticas productivas o resultado de acciones intencionales.<\/p>\n\n\n\n<p>Determinar la causa espec\u00edfica de cada incendio corresponde a las autoridades competentes, y no podemos descartar intereses econ\u00f3micos. Pero limitar la investigaci\u00f3n al origen inmediato de las llamas ser\u00eda insuficiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Una crisis ambiental debe ser entendida tambi\u00e9n como un proceso social. Los incendios ocurren sobre territorios transformados hist\u00f3ricamente por actividades humanas, modelos productivos, formas de propiedad y relaciones econ\u00f3micas. Los bosques no existen fuera de la sociedad. El agua no existe fuera de la econom\u00eda. La tierra no existe fuera de las relaciones de poder.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde una perspectiva marxista, la naturaleza no puede entenderse como un escenario externo sobre el cual ocurre la historia humana. Es una de las condiciones materiales que hacen posible la vida y la producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Sin agua no hay agricultura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Sin suelos f\u00e9rtiles no hay producci\u00f3n de alimentos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Sin ecosistemas funcionales, se deterioran las condiciones de vida de las comunidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, la crisis ambiental debe entenderse tambi\u00e9n como una expresi\u00f3n de la fractura metab\u00f3lica entre la sociedad y la naturaleza. La producci\u00f3n humana depende permanentemente de los suelos, el agua, los bosques y los ciclos ecol\u00f3gicos. Sin embargo, una econom\u00eda orientada prioritariamente por la acumulaci\u00f3n puede extraer recursos, transformar ecosistemas y expandir actividades productivas sin asumir plenamente los costos ecol\u00f3gicos de esa transformaci\u00f3n. El resultado es una contradicci\u00f3n: mientras la producci\u00f3n depende de la naturaleza para existir, determinadas formas de acumulaci\u00f3n pueden deteriorar las mismas condiciones materiales que hacen posible la vida y la producci\u00f3n futura, e incluso, como sucede en la Amazon\u00eda, la destrucci\u00f3n muchas veces es intencional con el fin de ampliar la frontera agr\u00edcola y ganadera.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El territorio que qued\u00f3 bajo las cenizas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El incendio no termina cuando desaparecen las llamas. El 12 de agosto, Cortolima reportaba cerca de 2.000 hect\u00e1reas afectadas. Diez d\u00edas despu\u00e9s, un an\u00e1lisis mediante im\u00e1genes satelitales y cartograf\u00eda oficial determin\u00f3 que 22.319 hect\u00e1reas hab\u00edan sido afectadas en 28 municipios.<\/p>\n\n\n\n<p>Para el 26 de agosto, la cifra ascendi\u00f3 a 31.046 hect\u00e1reas. Los municipios con mayor afectaci\u00f3n eran Ortega, Armero-Guayabal, San Luis, Guamo, Coyaima y Chaparral. Pero las hect\u00e1reas no son solamente n\u00fameros. Dentro de esas \u00e1reas hab\u00eda bosques, pastizales, cultivos, ecosistemas seminaturales, fauna silvestre y suelos productivos. El an\u00e1lisis de Cortolima revel\u00f3 que una parte significativa de las \u00e1reas afectadas correspond\u00eda a bosques y ecosistemas seminaturales. Tambi\u00e9n se reportaron impactos directos sobre la fauna silvestre.<\/p>\n\n\n\n<p>El da\u00f1o tampoco termina en la superficie. Los incendios pueden alterar la estructura del suelo, reducir la materia org\u00e1nica y dejar extensas \u00e1reas expuestas a procesos posteriores de erosi\u00f3n. Cuando regresen las lluvias, los suelos sin cobertura vegetal pueden convertirse en fuentes de sedimentos para quebradas y r\u00edos, siendo un riesgo de derrumbes y avalanchas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, la emergencia no puede medirse \u00fanicamente por el n\u00famero de incendios. Debe medirse tambi\u00e9n por lo que desapareci\u00f3 dentro de las \u00e1reas quemadas. Cuando un bosque arde, no desaparece \u00fanicamente una cobertura vegetal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Se transforma un territorio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Se afectan fuentes de agua.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Se modifica la capacidad productiva de los suelos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Se altera el h\u00e1bitat de especies.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Se debilitan ecosistemas de los cuales dependen comunidades enteras.<\/p>\n\n\n\n<p>La naturaleza, desde esta perspectiva, no es un paisaje que debe ser protegido \u00fanicamente por razones est\u00e9ticas o sentimentales.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Es una condici\u00f3n material de la existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Defender un bosque significa defender el agua.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Defender el suelo significa defender la producci\u00f3n de alimentos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Defender los ecosistemas significa defender las condiciones de vida de las comunidades que dependen de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta perspectiva aparece una contradicci\u00f3n fundamental entre el valor de uso y el valor econ\u00f3mico del territorio. Para una comunidad campesina, un bosque puede significar agua, alimentos, protecci\u00f3n del suelo y continuidad de la vida. Para determinados intereses econ\u00f3micos, ese mismo espacio puede ser evaluado principalmente seg\u00fan su capacidad de generar rentabilidad. La disputa ambiental comienza precisamente cuando las condiciones materiales necesarias para la vida son subordinadas a la l\u00f3gica de la valorizaci\u00f3n econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p>La cat\u00e1strofe tampoco tiene las mismas consecuencias para todos los sectores sociales. La p\u00e9rdida de un bosque, una fuente de agua o un cultivo afecta de manera distinta a quien posee m\u00faltiples propiedades que a una familia campesina cuya reproducci\u00f3n material depende directamente de una peque\u00f1a parcela. Desde una perspectiva de clase, los desastres ambientales tienden a profundizar desigualdades preexistentes: quienes poseen menos recursos tienen menor capacidad para recuperarse, mientras que los sectores con mayor capital pueden absorber con mayor facilidad las p\u00e9rdidas o incluso adquirir nuevos activos en contextos de crisis.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Despu\u00e9s del fuego comienza la disputa<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El concepto de ecocidio permite dimensionar pol\u00edticamente la magnitud de una destrucci\u00f3n ambiental de gran escala. Sin embargo, determinar si los hechos constituyen jur\u00eddicamente un delito ambiental espec\u00edfico o si existieron incendios provocados de manera intencional excede nuestras posibilidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Actualmente, existen investigaciones y denuncias sobre posibles incendios intencionales. Las autoridades han mencionado indicios relacionados con el uso de acelerantes y personas presuntamente involucradas en la generaci\u00f3n de algunos focos. Estos hechos deben ser investigados. Pero incluso si cada incendio tuviera una explicaci\u00f3n inmediata diferente, la pregunta pol\u00edtica permanecer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00e1 con el territorio despu\u00e9s de las llamas?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El Tolima no es solamente una regi\u00f3n agr\u00edcola. Su geograf\u00eda re\u00fane ecosistemas estrat\u00e9gicos, importantes cuencas hidrogr\u00e1ficas, zonas de producci\u00f3n agropecuaria y \u00e1reas con riqueza geol\u00f3gica y potencial minero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 El territorio no es una superficie vac\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Es un espacio de disputa.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed confluyen comunidades rurales, recursos naturales, actividades econ\u00f3micas, formas de propiedad e intereses sobre el uso de la tierra. No existen actualmente pruebas judiciales, t\u00e9cnicas o cient\u00edficas que permitan afirmar o descartar si los incendios forestales de 2026 fueron provocados deliberadamente para facilitar proyectos minero-energ\u00e9ticos, de hidrocarburos o procesos de expansi\u00f3n ganadera.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la ausencia de una relaci\u00f3n directa demostrada entre un incendio y un inter\u00e9s econ\u00f3mico espec\u00edfico no elimina otra pregunta fundamental: \u00bfqu\u00e9 transformaciones pueden producirse posteriormente sobre los territorios afectados?<\/p>\n\n\n\n<p>Una lectura marxista no necesita construir teor\u00edas conspirativas para reconocer que la destrucci\u00f3n ambiental ocurre dentro de espacios donde existen relaciones econ\u00f3micas concretas. La investigaci\u00f3n debe mirar antes y despu\u00e9s del incendio.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes, para comprender qu\u00e9 procesos estaban transformando el territorio: cambios en el uso del suelo, expansi\u00f3n de actividades productivas, fragmentaci\u00f3n de ecosistemas, presi\u00f3n sobre los recursos naturales y concentraci\u00f3n de la propiedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s, para observar qui\u00e9n compra las tierras, qui\u00e9n las ocupa, qui\u00e9n decide sobre su restauraci\u00f3n y qu\u00e9 nuevas actividades econ\u00f3micas aparecen sobre los territorios degradados. El incendio no tiene que ser necesariamente la causa original de esos procesos para convertirse en un acelerador de transformaciones que ya estaban en marcha.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta perspectiva, el an\u00e1lisis no requiere demostrar que una actividad econ\u00f3mica provoc\u00f3 directamente el incendio para investigar sus consecuencias territoriales. Una cat\u00e1strofe puede convertirse en un momento de reconfiguraci\u00f3n del espacio. Cuando comunidades pierden capacidad econ\u00f3mica, los ecosistemas se degradan y las tierras disminuyen temporalmente su capacidad productiva, pueden abrirse nuevas condiciones para procesos de compra, concentraci\u00f3n o transformaci\u00f3n del uso del suelo. La investigaci\u00f3n debe establecer si, despu\u00e9s de la emergencia, los territorios afectados son restaurados en beneficio de las comunidades y los ecosistemas o incorporados progresivamente a nuevas din\u00e1micas de acumulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa es una de las preguntas fundamentales que deja la emergencia. \u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00e1 con las m\u00e1s de 31.000 hect\u00e1reas afectadas?, \u00bfser\u00e1n restauradas?, \u00bfser\u00e1n protegidas?, \u00bflas comunidades participar\u00e1n en las decisiones?, \u00bfo la degradaci\u00f3n ambiental abrir\u00e1 paso a nuevas formas de transformaci\u00f3n y apropiaci\u00f3n econ\u00f3mica del territorio?<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta por el futuro de las tierras quemadas conduce inevitablemente a la cuesti\u00f3n de la propiedad. En una sociedad profundamente desigual, la capacidad de decidir sobre el territorio no est\u00e1 distribuida de manera democr\u00e1tica. Quien posee grandes extensiones de tierra o dispone de capital para adquirirlas tiene mayores posibilidades de intervenir sobre el uso futuro del suelo que una comunidad campesina afectada por la p\u00e9rdida de cultivos, agua o condiciones de producci\u00f3n. Por eso, cualquier proceso de reconstrucci\u00f3n posterior a los incendios debe vigilar no solamente la recuperaci\u00f3n ecol\u00f3gica, sino tambi\u00e9n posibles procesos de concentraci\u00f3n de la propiedad y desplazamiento econ\u00f3mico de las comunidades locales.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Tolima despu\u00e9s del fuego<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El cambio clim\u00e1tico explica parte de la crisis. No explica toda la historia. Una explicaci\u00f3n exclusivamente clim\u00e1tica corre el riesgo de convertir una cat\u00e1strofe pol\u00edtica y social en un fen\u00f3meno natural inevitable. Y cuando una cat\u00e1strofe parece inevitable, desaparecen las preguntas sobre responsabilidad. \u00bfQui\u00e9n deb\u00eda prevenir?, \u00bfd\u00f3nde estaban los recursos?, \u00bfpor qu\u00e9 la capacidad extraordinaria lleg\u00f3 cuando la emergencia ya hab\u00eda alcanzado dimensiones cr\u00edticas?, \u00bfqu\u00e9 ocurrir\u00e1 con los territorios despu\u00e9s?<\/p>\n\n\n\n<p>Una lectura marxista de la crisis ambiental obliga a mirar m\u00e1s all\u00e1 del momento de la destrucci\u00f3n. Obliga a analizar la relaci\u00f3n entre naturaleza y acumulaci\u00f3n, entre territorio y propiedad, entre capacidad estatal y desigualdad social. Porque la naturaleza no est\u00e1 fuera de las relaciones de poder. La tierra, el agua, los bosques y el subsuelo son parte de las condiciones materiales sobre las cuales se organiza la vida y se desarrolla la econom\u00eda. Quien controla esos recursos tiene poder.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, la reconstrucci\u00f3n posterior a los incendios no puede reducirse a apagar los \u00faltimos focos, contabilizar hect\u00e1reas perdidas y declarar superada la emergencia. La verdadera discusi\u00f3n comienza despu\u00e9s. Cuando haya que decidir qu\u00e9 se har\u00e1 con las tierras quemadas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Si los ecosistemas ser\u00e1n restaurados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Si las fuentes h\u00eddricas ser\u00e1n protegidas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013&nbsp; Si las comunidades tendr\u00e1n participaci\u00f3n en las decisiones.<\/p>\n\n\n\n<p>O si la destrucci\u00f3n ambiental terminar\u00e1 facilitando nuevas formas de concentraci\u00f3n de la tierra y transformaci\u00f3n econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p>-Las llamas pueden extinguirse en cuesti\u00f3n de d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>-Las consecuencias pueden durar d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que ocurra en el Tolima despu\u00e9s de los incendios permitir\u00e1 determinar si las cenizas fueron el comienzo de un verdadero proceso de restauraci\u00f3n ecol\u00f3gica y justicia territorial o si, por el contrario, la destrucci\u00f3n abri\u00f3 paso a nuevas formas de apropiaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La defensa ambiental no puede reducirse a una pol\u00edtica t\u00e9cnica administrada exclusivamente desde instituciones o empresas. La defensa de los ecosistemas requiere participaci\u00f3n efectiva de las comunidades que habitan los territorios. Defender un r\u00edo implica defender a quienes dependen de sus aguas. Defender un bosque implica defender las condiciones materiales de las comunidades rurales. Defender el suelo implica defender la posibilidad de producir alimentos. Por eso, la lucha ambiental est\u00e1 inseparablemente ligada a la lucha por la democratizaci\u00f3n del territorio y por el derecho de las comunidades a participar en las decisiones sobre la tierra, los recursos naturales y su futuro colectivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque una cat\u00e1strofe nunca ocurre sobre un territorio vac\u00edo. Ocurre sobre tierras habitadas, trabajadas, disputadas y atravesadas por relaciones de poder. El fuego destruy\u00f3 miles de hect\u00e1reas. Pero la disputa por el territorio apenas comienza.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Juan Castro, ingeniero agr\u00f3nomo de la Universidad del Tolima<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Agosto 2026<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fuego no apareci\u00f3 de un d\u00eda para otro Cuando este agosto el Tolima se convirti\u00f3 en el epicentro de una de las mayores emergencias forestales del pa\u00eds, el departamento ya llevaba meses acumulando se\u00f1ales de advertencia: altas temperaturas, disminuci\u00f3n de lluvias, municipios en riesgo, incendios recurrentes y llamados institucionales para fortalecer la capacidad de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":81873,"menu_order":9,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"litci_post_political_author":"Juan Castro","footnotes":""},"categories":[2678],"tags":[],"class_list":["post-81872","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-colombia"],"fimg_url":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/whatsapp-image-2026-08-21-at-8-26_51419135_20260821095602.webp","categories_names":["Colombia"],"author_info":{"name":"Cris","pic":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/8be19d9542307ef9e5c90edceee6bf8064823a89e1c6319d77e8c5798fc2b7ed?s=96&d=mm&r=g"},"political_author":"Juan Castro","tagline":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/81872","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=81872"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/81872\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":81874,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/81872\/revisions\/81874"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/81873"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=81872"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=81872"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=81872"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}