{"id":49508,"date":"2018-05-22T11:02:58","date_gmt":"2018-05-22T13:02:58","guid":{"rendered":"https:\/\/litci.org\/es\/?p=49508"},"modified":"2018-05-22T11:02:58","modified_gmt":"2018-05-22T13:02:58","slug":"despues-mayo-del-68","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/litci.org\/es\/despues-mayo-del-68\/","title":{"rendered":"Antes, durante y despu\u00e9s de Mayo del \u201968"},"content":{"rendered":"<p><em>En ocasi\u00f3n del cincuentenario del Mayo del \u201968, entre las muchas cosas que fueron dichas y escritas, es siempre interesante el debate que se da entre los partidarios del Mayo de 1968 como siendo un proceso y aquellos que afirman que fue un evento. Unos enfatizan el per\u00edodo medio-largo plazo, la duraci\u00f3n en el tiempo y la preparaci\u00f3n y causa, y las repercusiones en la sociedad que siguieron al Mayo del \u201968; otros tienden a acentuar el momento de ruptura representado por el evento. Hoy, tal vez con esp\u00edritu m\u00e1s pac\u00edfico, podemos decir que una elecci\u00f3n clara entre las dos tesis significa sacar algo de la comprensi\u00f3n hist\u00f3rica, porque el Mayo del \u201968 fue tanto un proceso como un evento.<\/em><!--more--><\/p>\n<p>Por: Diego Giachetti<\/p>\n<p>En Italia, este fue un proceso, porque Mayo de 1968 no acab\u00f3 aquel a\u00f1o sino que, cruz\u00e1ndose con las luchas obreras de 1969, penetr\u00f3 en la vida social y pol\u00edtica de los a\u00f1os \u201970. Pero tambi\u00e9n fue un evento en el sentido de que la acumulaci\u00f3n de varias contradicciones produjo un \u201cinfarto\u201d simult\u00e1neo en Italia, y no solo en ella.<\/p>\n<p><strong>Antes<\/strong><\/p>\n<p>Antes de Mayo del \u201968, en los a\u00f1os del <em>boom<\/em> econ\u00f3mico (1958-1963), Italia pas\u00f3 por transformaciones que cambiaron la fisonom\u00eda de las clases sociales, de la sociedad, de la cultura y de las costumbres. Aquellos a\u00f1os, de acuerdo con el juicio empe\u00f1ado del historiador Guido Quazza, representaron un \u201cverdadero divisor de aguas de la historia social, [debido] a la gran migraci\u00f3n de personas que se hab\u00edan desplazado o estaban haci\u00e9ndolo desde el Sur hacia el Norte, desde el campo hacia la ciudad\u201d[1]. Aquella ola de migraci\u00f3n mezcl\u00f3 culturas, h\u00e1bitos de vida, costumbres y dialectos diferentes, y cambi\u00f3 la composici\u00f3n de las clases sociales. La clase obrera fue alcanzada por procesos de renovaci\u00f3n y recomposici\u00f3n, en particular, sufri\u00f3 un cambio debido tanto a la natural renovaci\u00f3n generacional como al masivo aflujo de trabajadores con otra formaci\u00f3n, provenientes de la migraci\u00f3n interna. Las nuevas levas obreras evidenciaron comportamientos y actitudes que, en 1969 las pusieron al frente del movimiento de lucha en la f\u00e1brica o fuera de ella. Ellos eran los \u201cobreros de masa\u201d, de acuerdo con el t\u00e9rmino acu\u00f1ado por el proletariado italiano: trabajadores m\u00e1s o menos j\u00f3venes, muchas veces inmigrantes del sur, que especialmente trabajaban en la cadena de producci\u00f3n \u2013pocos eran sindicalizados\u2013, sujetos a la fragmentaci\u00f3n taylorista de las tareas en las f\u00e1bricas. La dificultad encontrada para insertarse en la vida urbana pes\u00f3 sobre su condici\u00f3n obrera. Crec\u00eda un malestar social y existencial que se manifestaba en el aumento de la tensi\u00f3n en los barrios donde viv\u00edan los inmigrantes, en los cuales ocurr\u00edan episodios de rebeli\u00f3n violenta y repentina.<\/p>\n<p>La modernizaci\u00f3n del pa\u00eds se manifest\u00f3, tambi\u00e9n, en el surgimiento de una intolerancia juvenil, semejante a lo que ocurr\u00eda en otros pa\u00edses europeos, que se manifestaba en la contraposici\u00f3n de estilos de vida diferentes de aquellos de los adultos, ligados a la m\u00fasica <em>beat<\/em>, a la manera de vestirse, al corte de cabello y a la forma de vivir las relaciones interpersonales. Eso se manifestaba en la familia y en la escuela, con actitudes y reivindicaciones de libertades personales.<\/p>\n<p>Cuando estallaron las luchas estudiantiles en las universidades, ese malestar generacional constituy\u00f3 el tel\u00f3n de fondo del consenso y a participaci\u00f3n. De hecho, cuando estallaron las protestas estudiantiles, representadas en la forma del movimiento estudiantil, 61% de una muestra estad\u00edstica que representaba a los j\u00f3venes afirm\u00f3 que aprobaba las manifestaciones estudiantiles y sus prop\u00f3sitos[2].<\/p>\n<p>Paralelamente, en los a\u00f1os \u201960, estaba form\u00e1ndose una nueva generaci\u00f3n militante influenciada por los acontecimientos pol\u00edticos y de costumbres nacionales e internacionales: la revoluci\u00f3n argelina, la cubana, las manifestaciones contra la guerra de Vietnam, la muerte del Che Guevara en Bolivia en 1967, la Revoluci\u00f3n Cultural china. La disidencia cr\u00edtica de la izquierda se desarroll\u00f3 dentro y fuera del propio PC italiano y, en particular, entre los j\u00f3venes de la Federaci\u00f3n de la Juventud Comunista. El nacimiento del Partido Socialista Italiano de Unidad Proletaria (PSIUP) en 1964, que no acept\u00f3 las decisiones de los dirigentes del Partido Socialista, ayud\u00f3 a fortalecer el debate, mientras las constantes diferencias entre China y la URSS favorecieron el surgimiento de una disidencia marxista-leninista que se ali\u00f3 a la ya existente militancia cr\u00edtica de otros grupos de izquierda \u2013reunidos alrededor de revistas, entre ellas <em>Fracemartello, La Sinistra<\/em>, y antes a\u00fan, <em>Bandiera Rossa, Quaderni Rossi<\/em> y <em>Classe operaria<\/em> \u2013anarquistas y bordiguistas<em>\u2013. <\/em>El mundo cat\u00f3lico, atravesado por fermentaciones cr\u00edticas, trajo su contribuci\u00f3n para las contestaciones estudiantiles, incentivado por el clima de renovaci\u00f3n de la Iglesia, inaugurado por el Papa Juan XXIII, por el Concilio Vaticano II, por las luchas de liberaci\u00f3n en los pa\u00edses latinoamericanos, con sus protagonistas cat\u00f3licos, como Camilo Torres.<\/p>\n<p><strong>Durante<\/strong><\/p>\n<p>Los or\u00edgenes estructurales del movimiento estudiantil se encuentran en la extensi\u00f3n de la escolaridad obligatoria hasta los 14 a\u00f1os (1962), en el aumento significativo de los inscriptos para la ense\u00f1anza media, con relativo aunque no proporcional aumento de los inscriptos en las facultades universitarias. La propuesta de reforma universitaria presentada por el gobierno fue el estop\u00edn de la protesta estudiantil ya en el a\u00f1o acad\u00e9mico de 1966-1967. A este motivo se agregaron otras insatisfacciones. La ense\u00f1anza did\u00e1ctica parec\u00eda incapaz de responder a las nuevas necesidades de formaci\u00f3n tra\u00eddas por la transformaci\u00f3n neocapitalista; los sistemas de selecci\u00f3n, el deterioro de las condiciones materiales de varios tipos, la opresi\u00f3n ideol\u00f3gica y el despotismo de los \u201cbarones\u201d universitarios se hicieron cada vez m\u00e1s intolerables para la nueva masa de estudiantes. La elecci\u00f3n de enfrentar los movimientos estudiantiles con represi\u00f3n policial contribuy\u00f3 a aumentar la tensi\u00f3n. De hecho, la polic\u00eda intervino para acabar con la ocupaci\u00f3n de la universidad de Pisa y en Tur\u00edn, en febrero de 1967, y en Trento, en marzo del mismo a\u00f1o. El autoritarismo no era solo el de los \u201cbarones\u201d, dedujeron los estudiantes, sino que toda la sociedad, con sus diversas instituciones, era autoritaria y represiva.<\/p>\n<p>En el a\u00f1o acad\u00e9mico de 1967-1968, las agitaciones universitarias asumieron dimensiones y caracter\u00edsticas nunca antes vistas. De noviembre de 1967 a junio de 1968 hubo 102 ocupaciones de unidades o facultades universitarias. Las luchas estudiantiles y el nacimiento del movimiento estudiantil llevaron a abandono del pedido de reforma democr\u00e1tica de la escuela y de los instrumentos tradicionales de representaci\u00f3n estudiantil, sustituidos por la democracia directa basada en la asamblea general y en los grupos de estudio o de trabajo. Durante las ocupaciones, los estudiantes tomaron conciencia de la relaci\u00f3n existente entre el sistema escolar y el mundo de la acumulaci\u00f3n capitalista. Llegaron a la conclusi\u00f3n de que el objetivo de la reforma escolar no producir\u00eda nada m\u00e1s all\u00e1 de un fortalecimiento del sistema capitalista como un todo, de modo que la lucha alcanz\u00f3 todo el sistema de dominaci\u00f3n y poder. En el movimiento estudiantil, se abri\u00f3 un debate para trazar las l\u00edneas de una estrategia revolucionaria apoyada por una serie de medidas organizativas y de iniciativas de lucha a ser conducidas juntamente con otros estratos sociales oprimidos. El encuentro con las luchas de los trabajadores el a\u00f1o siguiente hizo que el Mayo del \u201968 italiano no muriese despu\u00e9s de aquel verano sino que abriese una larga fase de conflictos que sacudieron todos los a\u00f1os setenta.<\/p>\n<p>Mirando bien, antes mismo del \u201969 obrero, ya en 1968 se hab\u00edan desarrollado luchas obreras con nuevas e inquietantes caracter\u00edsticas para los patrones, pero tambi\u00e9n para los sindicatos, en el transcurso de algunos grandes embates, tales como los de Marzotto en Valdagno, de la Pirelli en Mil\u00e1n, y aquellos del \u00e1rea de Porto Marghera. En estos dos \u00faltimos establecimientos surgieron organizaciones de base aut\u00f3nomas en ruptura abierta con los sindicatos: eran los Cubs (Comit\u00e9s Unitarios de Base) y la asamblea obrera llamada \u201cPoder Obrero\u201d. En 1969, se despert\u00f3 el gigante adormecido representado por la Fiat. Ya en mayo-junio del mismo a\u00f1o se iniciaron las disputas en varios sectores, durante las cuales diversas veces los sindicatos fueron sobrepasados en las reivindicaciones (aumento igual para todos, aumento de salarios con reducci\u00f3n de jornada, progresi\u00f3n autom\u00e1tica para la segunda categor\u00eda) y en los m\u00e9todos de lucha por parte de los obreros (paralizaciones repentinas, huelgas y marchas internas). Despu\u00e9s de las vacaciones lleg\u00f3 el oto\u00f1o caliente. La protesta de los obreros italianos llam\u00f3 la atenci\u00f3n por su intensidad en el \u201coto\u00f1o caliente\u201d de 1969 y la continuidad y extensi\u00f3n del fen\u00f3meno, que se repiti\u00f3 durante la lucha por las renovaciones contractuales de 1973 y en los a\u00f1os siguientes.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Mayo del \u201968, lo que sigui\u00f3, escribi\u00f3 un historiador de la Italia republicana, \u201cfue un per\u00edodo de extraordinaria convulsi\u00f3n social, la mayor \u00e9poca de acci\u00f3n colectiva en la historia de la Rep\u00fablica. Durante esos a\u00f1os, la organizaci\u00f3n de la sociedad italiana fue cuestionada en casi todos los niveles. En Italia, las protestas fueron las m\u00e1s profundas y duraderas de Europa\u201d[3].<\/p>\n<p><strong>Despu\u00e9s<\/strong><\/p>\n<p>Las luchas estudiantiles del bienio 1968-1969 desencadenaron una crisis pol\u00edtica, social y cultural en que nuevos protagonistas aparecieron en escena: la nueva subjetividad obrera, la izquierda extraparlamentaria, los movimientos por los derechos civiles y los de las mujeres. Las luchas obreras cambiaron la relaci\u00f3n de fuerza en las f\u00e1bricas a favor de los trabajadores. Cuestiones como la organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n, los ritmos y los tiempos, la tercerizaci\u00f3n, el ambiente de trabajo fueron objeto de negociaci\u00f3n a trav\u00e9s de delegados obreros electos en asambleas por sector. A trav\u00e9s de la introducci\u00f3n de los consejos de f\u00e1brica y de los delegados, aceptados por los sindicatos para sustituir las antiguas comisiones internas, los trabajadores encontraron una respuesta a su pedido de reconocimiento y representaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A pesar de los esfuerzos que hizo una parte del PCI en 1968, bajo la direcci\u00f3n de su secretario Luigi Longo, para recuperar el movimiento estudiantil con una propuesta pol\u00edtica de cu\u00f1o anticapitalista, evitando as\u00ed los riesgos, seg\u00fan el Partido, de peligrosos desv\u00edos ultraizquierdistas, el PCI no consigui\u00f3 impedir que en la ola de luchas del bienio 1968-1969 se formase una minoritaria pero din\u00e1mica zona de consenso y participaci\u00f3n pol\u00edtica activa de grupos extraparlamentarios, que se constituyeron durante esos dos a\u00f1os. En realidad, el propio PCI dio su contribuci\u00f3n para el nacimiento de uno de esos grupos cuando en 1969 expuls\u00f3 a los dirigentes que se reun\u00edan en torno de la revista <em>Il Manifesto<\/em>, de la cual adopt\u00f3 el nombre la hom\u00f3nima organizaci\u00f3n pol\u00edtica que cont\u00f3, de acuerdo con fuentes del PCI, con 6.000 o 7.000 miembros; de la misma forma <em>Avanguardia operaia <\/em>(Ao), nacida en 1968, ten\u00eda entre 13.000 y 18.000 miembros, <em>Lotta continua<\/em>, que tom\u00f3 el nombre del peri\u00f3dico publicado a partir de noviembre de 1969, con cerca de 13.000 a 14.000 miembros, y el Partido de Unidad Proletaria (Pdup), construido luego de la disoluci\u00f3n del Psiup, con 14.000 a 15.000 miembros[4].<\/p>\n<p>Un conjunto de grupos, por lo menos en su origen, eran formados as\u00ed, y en la mayor\u00eda de los casos surgieron sin congresos de fundaci\u00f3n y frecuentemente adoptaban el nombre de su peri\u00f3dico. El caso m\u00e1s emblem\u00e1tico, para destacar qu\u00e9 eran esos grupos pol\u00edticos compuestos principalmente por j\u00f3venes y muy j\u00f3venes, era el representado por <em>Lotta continua<\/em>, una organizaci\u00f3n nacida en el fervor de la lucha, como se dec\u00eda entonces. Una organizaci\u00f3n an\u00f3mala, de acuerdo con los criterios actuales, que realiz\u00f3 su primer congreso solo en 1975, seis a\u00f1os despu\u00e9s de su surgimiento.<\/p>\n<p>Todas estas organizaciones fueron inmediatamente puestas a prueba en la elaboraci\u00f3n pol\u00edtica en un contexto que tom\u00f3 rumbos turbios y oscuros, especialmente a partir de la masacre de la Plaza Fontana de Mil\u00e1n, el 12 de diciembre de 1969, donde una bomba puesta en el Banco Agr\u00edcola explot\u00f3 causando 17 muertos y una centena de heridos. Era el comienzo del per\u00edodo de masacres neofascistas y de las asociaciones entre grupos subversivos de derecha y sectores de los servicios secretos del Estado; en total, entre 1969 y 1974, fueron contabilizadas 92 muertes por motivos pol\u00edticos, de las cuales 63 se debieron a la violencia y los actos terroristas de derecha, 10 muertos en enfrentamientos con la polic\u00eda, 8 en otras circunstancias, y 9 atribuidas a acciones de grupos de izquierda[5]. La reacci\u00f3n de la derecha y de las instituciones se manifest\u00f3 con la creciente ola represiva contra la izquierda extraparlamentaria, con el aumento de votos al Movimiento Social Italiano (MSI), con la constituci\u00f3n, despu\u00e9s de las elecciones de 1972, de un gobierno de centroderecha. La reacci\u00f3n conservadora era un peligro real; por otro lado, Italia era la \u00fanica democracia en el sur de la Europa Occidental, cercada por la Grecia de los coroneles, por la Espa\u00f1a franquista y por el Portugal de Salazar.<\/p>\n<p>En esta situaci\u00f3n, la tem\u00e1tica de la resistencia y antifascista fue retomada por los movimientos y grupos extraparlamentarios. Naci\u00f3 el antifascismo militante, entendido como un m\u00e9todo de lucha y no solo como celebraci\u00f3n de la liberaci\u00f3n contra un Estado y una patronal que se mov\u00edan todav\u00eda, en muchos aspectos, en sinton\u00eda con los aparatos de poder (econ\u00f3mico, burocr\u00e1tico y policial) que hab\u00edan caracterizado el r\u00e9gimen fascista. El nuevo antifascismo reconoc\u00eda y practicaba el uso de formas de violencia, especialmente defensiva, como la protecci\u00f3n de las marchas y los locales p\u00fablicos a trav\u00e9s de los equipos de seguridad, de enfrentamiento con los fascistas, y de la interrupci\u00f3n de los comicios de la MSI, sin jam\u00e1s ilusionarse \u201ccon resolver integralmente los problemas pol\u00edticos a trav\u00e9s de la violencia\u201d[6]. En ese sentido, a pesar de las apariencias, los contrastes eran muchos: exist\u00edan diferencias profundas entre la pr\u00e1ctica del antifascismo militante y aquella de la lucha armada. Las Brigadas Rojas llamaron a la Resistencia, pero, de hecho, como admiti\u00f3 uno de los principales dirigentes de la organizaci\u00f3n, causaron, con sus elecciones, una ruptura sustancial en lo que se refiere a la concepci\u00f3n tradicional del uso de la fuerza, o sea, que tambi\u00e9n reconoc\u00eda la eventualidad de la lucha armada pero subordin\u00e1ndola a una estrategia de masa, consider\u00e1ndola una necesidad inconveniente, no un a priori para diferenciar a los revolucionarios de los reformistas. \u201cLas Brigadas Rojas, a partir de un cierto momento, pusieron en pr\u00e1ctica una \u2018violencia ofensiva\u2019, [\u2026] No m\u00e1s la defensa de agrupamientos pol\u00edticos, con las marchas, o piquetes, u otras soluciones, sino la conquista de otros espacios. No nos limit\u00e1bamos a defender con armas el terreno donde hab\u00eda llegado la lucha de masa\u201d[7].<\/p>\n<p>En aquella circunstancia, la izquierda extraparlamentaria tuvo que reorientar sus t\u00e1cticas y su estrategia. 1973 fue un a\u00f1o emblem\u00e1tico, dividido en per\u00edodos. La crisis del petr\u00f3leo fue el preanuncio de la verdadera ola recesiva que alcanz\u00f3 las econom\u00edas capitalistas en 1974, poniendo fin a la fase de la \u201cedad de oro\u201d del desarrollo econ\u00f3mico. Mientras tanto, la sociedad civil italiana viv\u00eda una efervescencia de movimientos sociales, de protagonismo y de participaci\u00f3n: de las mujeres a la magistratura, a la psiquiatr\u00eda, a los soldados, a los prisioneros, a los estudiantes de secundaria, que se alineaban a un movimiento obrero activo, organizado en la red ramificada de los consejos de f\u00e1brica.<\/p>\n<p>El golpe chileno del 11 de setiembre de 1973 represent\u00f3 el evento que ofreci\u00f3 la oportunidad al PCI, a trav\u00e9s de su secretario Enrico Berlinguer, para lanzar el \u201ccompromiso hist\u00f3rico\u201d, una apelaci\u00f3n a la unidad de todos los partidos antifascistas para gobernar juntos el pa\u00eds, combatiendo el fascismo y la crisis econ\u00f3mica y social. Era, en el fondo, el renacimiento de una amplia unidad de los partidos antifascistas que hab\u00eda caracterizado la l\u00ednea comunista en el Comit\u00e9 de Liberaci\u00f3n Nacional durante la lucha de resistencia, y despu\u00e9s con la participaci\u00f3n comunista en los gobiernos de reconstrucci\u00f3n hasta 1947.<\/p>\n<p>Alternativamente, la nueva izquierda, aunque dividida, intent\u00f3 combatir la estrategia comunista, trabajando por la unidad de la izquierda contra las fuerzas conservadoras y la Democracia Cristiana (DC). La victoria electoral obtenida en el referendo sobre el divorcio, el 12 de mayo de 1974, propuesta por la DC para revocar la ley que lo permit\u00eda, fue una sorpresa y se\u00f1al\u00f3 la madurez de la sociedad italiana en relaci\u00f3n con los derechos civiles. Pol\u00edticamente, aquel voto fue interpretado como un gran impulso para el cambio. Mientras la nueva izquierda pon\u00eda en el centro del cambio el sujeto social representado por los movimientos y por la lucha obrera, el PCI persegu\u00eda una estrategia que ataba a los movimientos a la pol\u00edtica partidaria en las instituciones, con vistas a formar un gobierno de coalici\u00f3n que abarcar\u00eda a comunistas, socialistas, cat\u00f3licos, liberales y republicanos.<\/p>\n<p>Las elecciones pol\u00edticas del 20 de junio de 1976 representaron la flexibilizaci\u00f3n de la pol\u00edtica comunista y de la nueva izquierda. Gran \u00e9xito del PCI que lleg\u00f3 a 34% de los votos, p\u00e9rdida de votos de los socialistas, mantenci\u00f3n de la DC, peque\u00f1o e insatisfactorio resultado de la Democracia Proletaria (1,55). Un gobierno de solidaridad nacional fue constituido con la abstenci\u00f3n de los comunistas, pero el a\u00f1o siguiente ellos entraron en el gobierno. La pol\u00edtica comunista fue inmediatamente caracterizada por un sentido exasperante del Estado, de la legalidad y de respeto por la mantenci\u00f3n del sistema. Ellos respondieron a la crisis econ\u00f3mica pidiendo sacrificios a los trabajadores para permitir la recuperaci\u00f3n del sistema productivo y de las tasas de ganancia. Solo despu\u00e9s de esta primera fase ser\u00eda posible tener la perspectiva de la segunda: la de las reformas que podr\u00edan llegar, dijo el secretario Enrico Berlinguer, hasta la introducci\u00f3n de algunos \u201celementos del socialismo\u201d. A este estadio, in\u00fatil decir, nunca se lleg\u00f3. Habiendo agotado su tarea, en las elecciones de 1979 el PCI perdi\u00f3 4% de los votos y fue forzado a retornar a la oposici\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Final<\/strong><\/p>\n<p>La decepci\u00f3n con los resultados electorales del 20 de junio de 1976 se transform\u00f3 en una crisis de los grupos de la nueva izquierda. En octubre de 1976, <em>Lotta continua<\/em> dej\u00f3 de existir como organizaci\u00f3n. La hip\u00f3tesis de una unificaci\u00f3n entre <em>Avanguardia operaia<\/em> y <em>Pdup-Manifesto<\/em> tambi\u00e9n fall\u00f3. Muchos militantes y simpatizantes de esos grupos abandonaron la militancia pol\u00edtica cotidiana, otros creyeron que encontrar\u00edan el camino de la salvaci\u00f3n sumergi\u00e9ndose en el nuevo movimiento juvenil y estudiantil que estaba surgiendo en 1977, en el cual desempe\u00f1\u00f3 un papel importante en el campo de la <em>Autonomia operaia<\/em>, en expansi\u00f3n y crecimiento luego de la crisis de los principales grupos extraparlamentarios. Frente al nuevo movimiento de protesta pol\u00edtica, el PCI fue severo y dur\u00edsimo. La mayor\u00eda de los participantes fue juzgado como si fuesen provocadores fascistas, revoltosos, \u201cdrogados\u201d, marginales, que deb\u00edan ser combatidos de todas las formas. Al contrario de lo que ocurri\u00f3 en 1968, esta vez ning\u00fan di\u00e1logo fue posible con un Partido que se sent\u00eda una fuerza de gobierno y no m\u00e1s de oposici\u00f3n. La Cgil (Confederaci\u00f3n General Italiana del Trabajo) entra en campo decididamente al lado de la pol\u00edtica comunista y se vio envuelta en la contraposici\u00f3n al movimiento, que culmin\u00f3 con la expulsi\u00f3n, por los estudiantes de la universidad de Roma, del secretario Luciano Lama, que hab\u00eda ido all\u00e1 para realizar un comicio, el 16 de febrero de 1977.<\/p>\n<p>En la segunda mitad de los a\u00f1os \u201970, el fen\u00f3meno del \u201cterrorismo rojo\u201d creci\u00f3 en tama\u00f1o y relevancia. Subestimados o r\u00e1pidamente liquidados como provocadores fascistas, agentes de la CIA o agentes de una conspiraci\u00f3n organizada por la clase dominante, por parte de las fuerzas de la izquierda tradicional y hasta de la nueva, la estrategia de las organizaciones de lucha armada cambi\u00f3, pasando de los proyectos pol\u00edtico-administrativos a la pr\u00e1ctica de secuestros, matando o hiriendo a aquellos que ellos cre\u00edan fuesen los adversarios a ser alcanzados. Al lado de las Brigadas Rojas, a partir de los a\u00f1os 1976-1977 hubo una infinidad de otras siglas que practicaban una especie de \u201cespontane\u00edsmo armado\u201d. Entre esos grupos, el m\u00e1s consistente fue el <em>Prima l\u00ednea<\/em>, cuyos miembros, mientras pudieron, practicaban una doble militancia: en los movimientos y en los grupos de fuego. De 1974 a 1980, hubo 293 muertes y 171 heridos por motivos atribuibles a razones pol\u00edticas. De estos, 104 muertes y 106 heridos fueron atribuidos al terrorismo de izquierda[8]. Todo se volvi\u00f3 m\u00e1s dif\u00edcil y complicado para los movimientos que, como aquel de 1977, presionados por el terrorismo de izquierda, por la represi\u00f3n policial y por la contraposici\u00f3n frontal del PCI, fueron puestos a la defensiva y despu\u00e9s derrotados.<\/p>\n<p>Contra las historias trituradas, de moda hoy cuando se habla de los a\u00f1os setenta, debe destacarse que hab\u00eda una diferencia profunda entre el movimiento, la mayor\u00eda de los grupos o partidos de la nueva izquierda, y aquellos que eligieron el camino de la clandestinidad y de la lucha armada. Los movimientos y la nueva izquierda continuaron a considerar: \u201cque para cambiar la sociedad italiana era preciso actuar profundamente dentro de la propia sociedad civil, intentando constituir un movimiento de masas y cambiar la conciencia [\u2026]. Los terroristas, al contrario de eso, eligieron la clandestinidad y la acci\u00f3n violenta, coloc\u00e1ndose fuera de la realidad y aisl\u00e1ndose [\u2026] Hasta cuando no fue tarde dem\u00e1s, ellos fueron incapaces de medir los efectos probables de sus acciones, de evaluar su tr\u00e1gico balance: no solo mataron a sangre fr\u00eda, sino que contribuyeron a la destrucci\u00f3n de todo el movimiento que quer\u00eda cambiar la sociedad italiana\u201d[9].<\/p>\n<p>En este sentido, el secuestro del presidente de la Democracia Cristiana, Aldo Moro, por las Brigadas Rojas, y su asesinato el 9 de mayo de 1978, fue el comienzo del fin de un per\u00edodo de lucha y participaci\u00f3n colectiva que dur\u00f3 por lo menos una d\u00e9cada. Marc\u00f3 el fortalecimiento de la unidad indistinta de los partidos pol\u00edticos en los gobiernos de unidad nacional, la adopci\u00f3n de medidas represivas contra los movimientos de protesta, la condena de cada posici\u00f3n que contrastase con la posici\u00f3n oficial del gobierno y del Estado. Represent\u00f3 tambi\u00e9n el canto de cisne del terrorismo de izquierda, que en pocos a\u00f1os fue derrotado militar y pol\u00edticamente. El otro evento que encerr\u00f3 los a\u00f1os setenta fue la lucha de la Fiat en 1980, contra la exigencia de no reducci\u00f3n de salarios de 23.000 empleados. Para vencer la resistencia obrera y de los consejos de f\u00e1brica, no bastando la presi\u00f3n patronal y gubernamental, tuvo que intervenir la direcci\u00f3n de los sindicatos asociados y buena parte de los dirigentes comunistas: hicieron eso a su manera, diciendo que el acuerdo alcanzado, despu\u00e9s de treinta y cinco d\u00edas de lucha, era una \u201cvictoria\u201d. Finalmente, en 1985, el movimiento obrero sufri\u00f3 otra derrota en el referendo, que confirm\u00f3 pesados cortes en la actualizaci\u00f3n de los salarios.<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Aun cuando varias d\u00e9cadas hayan pasado desde aquellos a\u00f1os, muchas veces el Mayo del \u201968 a\u00fan es presentado como un breve meteoro que dur\u00f3 pocos meses y la d\u00e9cada del \u201970 se torna una \u00e9poca de los \u201ca\u00f1os de plomo\u201d, de terrorismo. As\u00ed, aquella d\u00e9cada parece no pertenecer a la historia de Italia, aparece como el bien conocido \u201cpar\u00e9ntesis del esp\u00edritu\u201d, de <em>Benedetto Croce<\/em>. En lugar de eso, en la historia italiana, atravesada por cambios, m\u00e1s sufridos por el pueblo que participados, como en el caso del proceso de Resurgimiento, el Mayo del \u201968 y los a\u00f1os setenta se diferenciaron por una gran actuaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n, el deseo de ser protagonista, de participar y no delegar, que guarda relaci\u00f3n aunque en dimensi\u00f3n menor pero significativa con la experiencia de la lucha de resistencia de 1943-1945.<\/p>\n<p>La democracia formal, que es reducida a la participaci\u00f3n de peque\u00f1as elites partidarias, se junt\u00f3 a una alegre y joven democracia sustancial. Es a partir de ese sustrato de relacionamientos y relaciones sociales, de efervescencia que anim\u00f3 la sociedad civil, de los movimientos y de los conflictos desencadenados, del protagonismo de los estratos sociales anteriormente excluidos o mal representados, que se debe retornar para narrar hechos y eventos de \u201csuperficie\u201d de aquella d\u00e9cada y su interrelaci\u00f3n con las instituciones, con los partidos y con los sindicatos. En aquel contexto y en aquel marco, los hechos adquieren un significado, una localizaci\u00f3n, una perspectiva, pueden ser comprendidos, explicados, y juzgados aberrantes cuando es el caso. Todo eso no puede ser hecho apenas por el historiador, porque el inter\u00e9s por el pasado, si no surge de cuestiones del presente, permanece o se torna pura erudici\u00f3n, ejercicio de acumulaci\u00f3n de un conocimiento sin alma, incapaz de estar vivo.<\/p>\n<p>Notas:<\/p>\n<p>[1] QUAZZA. G. \u201cLa Resistencia al Fascismo en Italia\u201d, en <em>Italia contempor\u00e1nea<\/em>, n.\u00b0 162, marzo de 1986, p. 11<\/p>\n<p>[2] Investigaci\u00f3n de la Shell n.\u00b0 9, <em>Questi giovani<\/em>, G\u00e9nova: Shell Italiana, 1970, pp. 15-16.<\/p>\n<p>[3] GINSBORG, P. <em>Historia de la Italia de la posguerra hasta hoy<\/em>. Einaudi, 1989, p. 404.<\/p>\n<p>[4] Cfr., Ermanno Taviani, \u201cPCI, extremismo de izquierda y terrorismo\u201d, en: <em>Italia republicana en la crisis de los a\u00f1os setenta. Sistema pol\u00edtico e instituciones, <\/em>editado por Gabriele De Rosa y Giancarlo Monina, vol. IV, Soveria Mannelli, Rubbettino de 2003. A estos datos deben ser adicionados los miembros de otras organizaciones y grupos pol\u00edticos, como el Partido Comunista de Italia (m-I) y la Uni\u00f3n de los comunistas italianos, que ten\u00edan ambos entre 5.000 a 10.000 miembros, Poder Operario, cerca de 2.000; adem\u00e1s de algunos millares de adeptos de otros grupos, como los anarquistas, hasta grupos pol\u00edticos menores que variaban de algunas decenas a algunas centenas de militantes, como es el caso de los trotskistas de los <em>Grupos<\/em> comunistas revolucionarios, del Grupo Gramsci, de la Liga de los Comunistas, etc.<\/p>\n<p>[5] Datos extra\u00eddos de M. Galleni (editado por) <em>Rapporto sul terrorismo. Le stragi, gli agguati, i sequestri, Le sigre, <\/em>1969-1980. Rizzoli, 1981, pp. 51, 84, 89.<\/p>\n<p>[6] RAPINI, A. <em>Antifascismo y ciudadan\u00eda. Juventud, identidad y memorias en la Italia republicana.<\/em> Bonomia university press, 2005, p. 170.<\/p>\n<p>[7] MORETTI, M. <em>Brigadas Rojas, Una historia italiana<\/em>, Anabasi, 1994, p. 47.<\/p>\n<p>[8] Datos tomados de M. Galleni, op. cit, pp. 51, 84, 89. En ese contexto, el mayor n\u00famero de atentados fue reivindicado por las Brigadas Rojas. La primera l\u00ednea fue seguida (Ibid, pp. 182 y 186).<\/p>\n<p>[9] GINSBORG, P. op. cit., p. 488.<\/p>\n<p>Art\u00edculo original en italiano, traducido por Alberto Alberio.<br \/>\n Traducci\u00f3n del portugu\u00e9s: Natalia Estrada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En ocasi\u00f3n del cincuentenario del Mayo del \u201968, entre las muchas cosas que fueron dichas y escritas, es siempre interesante el debate que se da entre los partidarios del Mayo de 1968 como siendo un proceso y aquellos que afirman que fue un evento. 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