{"id":47559,"date":"2017-12-11T14:01:22","date_gmt":"2017-12-11T16:01:22","guid":{"rendered":"https:\/\/litci.org\/es\/?p=47559"},"modified":"2017-12-11T14:01:22","modified_gmt":"2017-12-11T16:01:22","slug":"aprender-la-revolucion-leyendo-una-obra-maestra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/litci.org\/es\/aprender-la-revolucion-leyendo-una-obra-maestra\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo aprender la revoluci\u00f3n leyendo una obra maestra"},"content":{"rendered":"<p>La <em>Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa<\/em>, de Le\u00f3n Trotsky<\/p>\n<p><em>Balzac escribi\u00f3 que \u00aben las revoluciones como en las tempestades marinas, los valores s\u00f3lidos van al fondo, y las oleadas llevan a flote las cosas ligeras\u00bb. Como muchos refinados artistas, era temeroso de las revoluciones y, por esto, las pint\u00f3 con desprecio en sus novelas.<\/em><!--more--><\/p>\n<p>Por: Fabiana Stefanoni<\/p>\n<p>Aquella de Balzac es una visi\u00f3n de la revoluci\u00f3n opuesta a la que encontramos en la espl\u00e9ndida <em>Historia de la revoluci\u00f3n rusa<\/em> de Le\u00f3n Trotsky: la revoluci\u00f3n emerge en esta obra con toda su fuerza, como reveladora del sentido profundo de la historia, tan potente para limpiar siglos y siglos de prejuicios, infamias, oportunismos, titubeos. Un movimiento tan profundo que a menudo va \u201cm\u00e1s lejos de cuanto imaginaran los protagonistas\u201d (v\u00e9ase el cap\u00edtulo \u00abCinco d\u00edas\u00bb).<\/p>\n<p>No es fuera de lugar iniciar la rese\u00f1a de una lectura de la principal obra de Trotsky citando a un novelista: la <em>Historia de la revoluci\u00f3n rusa<\/em> no tiene nada que envidiar a las obras literarias. La h\u00e1bil y genial <em>Pluma <\/em>[sobrenombre de Trotsky] que la ha escrito ha sabido alternar an\u00e1lisis detallados y puntuales del contexto hist\u00f3rico con maravillosos (a veces divertidos) cuadros de vida que, a menudo m\u00e1s que aquellos mismos an\u00e1lisis, logra plasmar la esencia de aquel a\u00f1o grandioso que fue 1917. Impagables \u2013as\u00ed sea solo porque quedan impresas en la mente\u2013 son las feroces caracterizaciones psicol\u00f3gicas de los dirigentes del menchevismo, del reformismo y del centrismo, que hacen emerger con despiadada crudeza la inconsistencia hist\u00f3rica de su proyecto pol\u00edtico.<\/p>\n<p><strong>De la nulidad del menchevismo\u2026<\/strong><\/p>\n<p>Hagamos, por ejemplo, un salto al Edificio de Tauride al d\u00eda siguiente de aquella gran \u00abparadoja\u00bb que fue la revoluci\u00f3n de febrero, aquella \u00absorprendente equivocaci\u00f3n en las relaciones de clase.\u00bb Nos encontraremos catapultados en aquello que Trotsky, impiadosamente, define un \u00ab<em>vaudeville<\/em> interpretado en el rinc\u00f3n de una arena antigua\u00bb, con la escena dividida en dos partes: de un lado los socialistas \u00abconciliadores\u00bb, sedicentes revolucionarios, suplican a los liberales salvar la revoluci\u00f3n; del otro lado, los liberales suplican a la monarqu\u00eda salvar el liberalismo. Entreteng\u00e1monos asistiendo al espect\u00e1culo \u2013en verdad trist\u00edsimo\u2013 de los \u00abrevolucionarios\u00bb conciliadores, mencheviques y socialistas revolucionarios, que se afanan en entregar la revoluci\u00f3n en las manos de ministros liberales a ella intensamente hostiles; los que, a su vez, no tienen otro objetivo sino aquel de devolver el poder a los Romanov, m\u00e1s precisamente a un \u00abperfecto imb\u00e9cil\u00bb (el hermano del zar). Nos reiremos por fin con gusto leyendo el comentario de Kerensky despu\u00e9s de la renuncia de Michele Romanov, motivada exclusivamente por las escasas garant\u00edas de los liberales sobre el hecho de que la cabeza le ser\u00eda salvada: \u00ab\u00a1Su Alteza es un noble coraz\u00f3n! \u00bb (v\u00e9ase el cap\u00edtulo \u00abLa paradoja de la revoluci\u00f3n de febrero\u00bb).<\/p>\n<p>Tal como Engels dec\u00eda que hab\u00eda aprendido m\u00e1s detalles sobre la historia econ\u00f3mica de Francia con las novelas del ya citado Balzac que de muchos economistas, algo parecido podr\u00edamos decir nosotros de este retrato de Trotsky. Fotograf\u00eda a la perfecci\u00f3n el crimen hist\u00f3rico representado por todas aquellas organizaciones pol\u00edticas que, hoy como en aquel tiempo, no comprenden que la revoluci\u00f3n no puede prescindir de la conquista del poder: olvidar este principio significa renunciar a la revoluci\u00f3n e, inevitablemente, dejar el poder al enemigo de clase.<\/p>\n<p>Es lo que ocurri\u00f3 en febrero del 1917, pero, al mismo tiempo, es el mismo espect\u00e1culo sat\u00edrico al que asistimos hoy. En el momento en que se abre, en muchos pa\u00edses del mundo, una situaci\u00f3n prerrevolucionaria, algunos sedicentes revolucionarios concentran su acci\u00f3n pol\u00edtica en la b\u00fasqueda de algunos sillones en los parlamentos burgueses. Olvidan (o fingen olvidar) que para ser dignos del adjetivo \u00abrevolucionario\u00bb es necesario plantearse desde la \u00f3ptica marxista destruir las instituciones burguesas: de lo contrario, el riesgo es transformarse, como mencheviques y socialistas revolucionarios en 1917, en los que, en los momentos de crisis revolucionaria, tratan de salvar de la revoluci\u00f3n a aquellas mismas instituciones, limit\u00e1ndose al triste papel de \u00abala izquierda del orden burgu\u00e9s\u00bb.<\/p>\n<p><strong>\u2026 a la grandeza del bolchevismo<\/strong><\/p>\n<p>En febrero, la revoluci\u00f3n se resolvi\u00f3 esencialmente en <em>vaudeville<\/em> por un motivo: en aquel momento, los bolcheviques eran en los soviets una \u00abminor\u00eda insignificante\u00bb. Adem\u00e1s, antes del regreso de Lenin, que los orient\u00f3 en la acci\u00f3n, no defin\u00edan con claridad las propias tareas, encontr\u00e1ndose con un enorme retraso respecto de los acontecimientos y totalmente desorientados sobre qu\u00e9 hacer. Las cosas cambian en el curso de 1917, pero atenci\u00f3n: no esperen encontrar en la <em>Historia de la revoluci\u00f3n rusa<\/em> un cuadro endulzado de lo que ocurri\u00f3. La revoluci\u00f3n es brutal, y somete a dura prueba tambi\u00e9n a los revolucionarios con R may\u00fascula: los que, repetidamente y con frecuencia, no se demuestran a la altura.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo \u00abLos bolcheviques y los soviets\u00bb (del cual son tomadas las citas que coloco en este p\u00e1rrafo) este aspecto emerge con claridad. Hasta a la v\u00edspera del Octubre, los instrumentos de agitaci\u00f3n de los bolcheviques fueron \u00abirrelevantes\u00bb, tambi\u00e9n porque com\u00fanmente los intelectuales y las personas de la cultura dirig\u00edan a espaldas del partido: la inmensa mayor\u00eda de los adherentes era analfabeta o casi analfabeta. El aparato del partido era d\u00e9bil y organizaciones locales cuestionaban al centro del partido de dirigir solo Petrogrado (\u00abno sin raz\u00f3n\u00bb, dice Trotsky).<\/p>\n<p>La pregunta surge espont\u00e1nea: \u00bfc\u00f3mo es posible que un partido con tantas limitaciones haya logrado conquistar a las masas? La respuesta est\u00e1, una vez m\u00e1s, en la potencia de la revoluci\u00f3n, que, al contrario de lo que pensaba Balzac, lleva a flote no las \u00abcosas ligeras\u00bb sino la seriedad de los aut\u00e9nticos revolucionarios. Cuando las consignas corresponden a las exigencias reales de la clase encuentran en un contexto revolucionario un terreno f\u00e9rtil sobre el cual florecer.<\/p>\n<p>Todo esto, sin embargo, solo se gana al precio de lograr resistir, por una larga fase, a las muchas presiones a que se est\u00e1 sometido constantemente. No casualmente Trotsky cita esta bella frase de Lenin: \u00abNo somos charlatanes (\u2026) Aunque debamos seguir en minor\u00eda, de hecho lo somos, no hace falta tener miedo de quedar en minor\u00eda. Nosotros desarrollamos un trabajo cr\u00edtico para liberar a las masas del enga\u00f1o. Nuestra l\u00ednea se demostrar\u00e1 justa. Todo los oprimidos vendr\u00e1n a nosotros. No hay otra soluci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Por un largo per\u00edodo, y hasta en 1917, las consignas del bolchevismo fueron tildadas por los adversarios como meras \u00abfantas\u00edas\u00bb: as\u00ed fue, por ejemplo, con las <em>Tesis de Abril<\/em>. En contrapartida, Trotsky nos dice, \u00abel partido de Lenin fue el \u00fanico partido de la revoluci\u00f3n que se inspir\u00f3 en el realismo pol\u00edtico\u00bb. Y es justo esta la gran fuerza de los bolcheviques: elaboraron el programa y orientaron la acci\u00f3n ante todo sobre la base del \u00abproceso objetivo\u00bb, sin adaptarse a la conciencia de las masas obreras, no obstante partir siempre de la viva experiencia de estas.<\/p>\n<p>Nada fue m\u00e1s extra\u00f1o y distante del esp\u00edritu del bolchevismo que un arrogante y aristocr\u00e1tico desprecio por la clase que, en cambio, caracterizaba (y todav\u00eda hoy caracteriza) a peque\u00f1os burgueses intelectuales que se reclaman de palabra con las masas obreras pero que, en realidad, no tienen confianza alguna en ellas y, m\u00e1s bien, en \u00faltima instancia, les temen, y acaban apoyando a la alta burgues\u00eda. Nada fue m\u00e1s extra\u00f1o al bolchevismo que el \u00abesp\u00edritu doctrinario\u00bb de ciertos arrogantes intelectuales de la revoluci\u00f3n: los argumentos doctrinarios, como dice Trotsky, solo sirven para compensar la conciencia de su propia nulidad. En m\u00e1s ocasiones \u2013de esta obra, as\u00ed como en <em>Mi vida<\/em>\u2013 Trotsky remarca su personal \u00abdisgusto\u00bb y el de Lenin respecto a aquellos intelectuales \u00abmarxistas\u00bb cuyos an\u00e1lisis te\u00f3ricos son solo una \u00abjustificaci\u00f3n cient\u00edfica de la pasividad\u00bb. Por el contrario, los bolcheviques partieron de la experiencia de la clase obrera y se basaron en ella: \u00abesta fue una de las razones de su superioridad.\u00bb<\/p>\n<p>Pero basarse en la experiencia de la clase no significa de ning\u00fan modo limitarse a ella. Por el contrario, \u00abel bolchevismo se distingui\u00f3 porque supo subordinar su objetivo \u2013la tutela de los intereses de las masas populares\u2013 a las leyes de la revoluci\u00f3n\u00bb. Fueron estas leyes las que gobernaron la acci\u00f3n de los bolcheviques: esto tambi\u00e9n signific\u00f3, en algunas fases, nadar contra la corriente y aceptar ser una \u00abinsignificante minor\u00eda\u00bb, como en los primeros meses de 1917. Signific\u00f3 (y significa), precisamente, como dijo Lenin, \u00abno tener miedo de estar en minor\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de la realidad, concebida por Lenin y los bolcheviques solo en funci\u00f3n de la acci\u00f3n, a menudo implicaba situarse en contraste directo con la orientaci\u00f3n predominante de las masas; al mismo tiempo, este contraste era una condici\u00f3n <em>sine qua non <\/em>para posteriormente poder ganarlas para la revoluci\u00f3n. Es lo que Trotsky define la incomparable \u00abescuela\u00bb de estrategia revolucionaria de Lenin: la \u00abpol\u00edtica de largo alcance\u00bb de los bolcheviques.<\/p>\n<p><strong>La g\u00e9nesis de la obra<\/strong><\/p>\n<p>No bastan por cierto estas peque\u00f1as muestras para dar idea de la importancia de esta obra: aconsejamos encarecidamente a los lectores [en el caso, de este site] a leer la obra en su totalidad. Queremos recordar aqu\u00ed, brevemente, su origen. La idea de escribir una historia de la revoluci\u00f3n rusa, como el historiador franc\u00e9s Jean-Jacques Marie recuerda en su biograf\u00eda de Trotsky [1], toma vida en 1929 por petici\u00f3n de una editorial estadounidense. Trotsky acepta y en diciembre de aquel mismo a\u00f1o se aboca al trabajo sin interrupci\u00f3n. En noviembre de 1930 concluye el primer volumen, que va de febrero a julio de 1917, mientras el segundo, que concierne al per\u00edodo hasta noviembre de 1917, se concluir\u00e1 en mayo de 1932. Son los a\u00f1os dif\u00edciles del destierro en Turqu\u00eda. Anteriormente, en enero de 1928, hab\u00eda sido deportado a Alma-Ata, en el Turkest\u00e1n sovi\u00e9tico, acusado por el estalinismo de \u00abactividad contrarrevolucionaria\u00bb. Adem\u00e1s de la tragedia pol\u00edtica, vivi\u00f3 en aquel per\u00edodo dos tragedias familiares, con la muerte de su hija Nina y la reclusi\u00f3n en un hospital psiqui\u00e1trico de su primog\u00e9nita Zina (quien se suicidar\u00eda en 1933). En enero de 1929 es expulsado de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica: permanecer\u00e1 en Turqu\u00eda hasta 1933, en la b\u00fasqueda afanosa de alg\u00fan pa\u00eds que le conceda una visa.<\/p>\n<p>A pesar del dif\u00edcil momento, Trotsky no abandona un minuto, en aquellos a\u00f1os, la actividad pol\u00edtica, basada principalmente en una abundante correspondencia con los miembros de la Oposici\u00f3n de Izquierda (ahora llamada por sus miembros \u00abFracci\u00f3n bolchevique-leninista\u00bb) que incluso padeciendo una feroz represi\u00f3n gan\u00f3 en aquel per\u00edodo cuadros importantes y construy\u00f3 la secci\u00f3n estadounidense dirigida por Cannon. Si se piensa en el momento en que fue escrita, la <em>Historia de la revoluci\u00f3n rusa<\/em> asume un valor a\u00fan m\u00e1s grande. Es una obra que sirve para explicar al mundo c\u00f3mo fue realmente la revoluci\u00f3n bolchevique, escrita en el momento en que el estalinismo la traicionaba: tambi\u00e9n por esto asume un valor excepcional.<\/p>\n<p>Es una obra, como recuerda entre otros Pierre Brou\u00e9 en su biograf\u00eda de Trotsky[2], basada sobre una s\u00f3lida documentaci\u00f3n: obras, revistas, peri\u00f3dicos, ensayos, material de archivo, trabajos llevados desde la URSS o enviados por su hijo (material en gran parte obtenido en el Instituto de Historia de la Revoluci\u00f3n, de Mosc\u00fa y Leningrado). Obviamente \u2013y el propio Trotsky lo precisa\u2013 algunas reconstrucciones est\u00e1n necesariamente basadas en recuerdos o testimonios. Pero la fuerza de la obra probablemente est\u00e9 justo en esto: ha sido escrita por uno de los principales protagonistas del Octubre, que ha vivido los hechos no como simple espectador sino como art\u00edfice. Es una historia viva, profunda, como solo pueden escribirla los que han sabido entender las din\u00e1micas profundas de la historia en aquellos a\u00f1os, condicion\u00e1ndolas con la acci\u00f3n; es decir, los que han puesto en juego su propia vida por la victoria del proletariado.<\/p>\n<p>Despierta un poco de rabia, por lo tanto, leer las cr\u00edticas de algunos acad\u00e9micos \u2013que el mismo Brou\u00e9 cree tener el deber de citar\u2013 que pone pulgas a la obra por las numerosas \u00ablagunas\u00bb bibliogr\u00e1ficas o por el car\u00e1cter \u00abtendencioso\u00bb (\u00abteleol\u00f3gico\u00bb incluso, <em>sic<\/em>!). Podemos imaginar c\u00f3mo habr\u00eda respondido Trotsky \u2013qu\u00e9 no gustaba por cierto de los acad\u00e9micos arrogantes\u2013 a estas cr\u00edticas: las habr\u00eda liquidado con sarcasmo. Creemos recoger plenamente el esp\u00edritu de esta monumental <em>Historia<\/em> si decimos que son otros los lectores que interesaron al autor: los militantes pol\u00edticos, las trabajadoras y los trabajadores, los obreros y las obreras en lucha, que pueden extraer grandes ense\u00f1anzas de este escrito para orientar su acci\u00f3n cotidiana en el enfrentamiento de clase.<\/p>\n<p>Del resto, Trotsky, en el prefacio, casi parece contestar preventivamente a ciertas cr\u00edticas catedr\u00e1ticas: \u00abEl lector serio y animado de esp\u00edritu cr\u00edtico necesita no de una tramposa imparcialidad que le ofrezca beber del c\u00e1liz de la conciliaci\u00f3n con una buena dosis de veneno reaccionario depositada en el fondo, sino de conciencia cient\u00edfica: aquella conciencia que, sin esconder simpat\u00edas y antipat\u00edas, abiertamente y sin m\u00e1scaras, trata de basarse en un estudio honesto de los hechos, en la individuaci\u00f3n de la relaci\u00f3n real entre ellos, para descubrir cu\u00e1nto de racional hay en el desarrollo de los hechos. \u00c9sta es la \u00fanica objetividad hist\u00f3rica posible\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1No nos resta sino desearles una buena lectura!<\/p>\n<p>[1] J. J. Marie, <em>Trotsky r\u00e9volutionnaire sans fronti\u00e8res<\/em>.<\/p>\n<p>[2] P. Brou\u00e9, <em>La rivoluzione perduta.<\/em><\/p>\n<p>Traducci\u00f3n: Natalia Estrada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa, de Le\u00f3n Trotsky Balzac escribi\u00f3 que \u00aben las revoluciones como en las tempestades marinas, los valores s\u00f3lidos van al fondo, y las oleadas llevan a flote las cosas ligeras\u00bb. 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