{"id":44152,"date":"2017-06-09T06:17:02","date_gmt":"2017-06-09T08:17:02","guid":{"rendered":"http:\/\/litci.org\/es\/?p=44152"},"modified":"2017-06-09T09:26:30","modified_gmt":"2017-06-09T11:26:30","slug":"la-playa-del-desengano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/litci.org\/es\/la-playa-del-desengano\/","title":{"rendered":"La playa del desenga\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p class=\"p1\"><em>En la tarde habanera no hab\u00eda nadie m\u00e1s, s\u00f3lo unos perros rusos correteando a todo pulm\u00f3n por las arenas de una playa m\u00e1s solitaria que ninguna, bueno, y un negro que esperaba apoyado en su carro a que el viejo, a quien le serv\u00eda de chofer, terminara de jugar con los galgos, terminara de distraerse frente al mar del Caribe de todo aquello que llevaba encerrado entre pecho y espalda; que sin dificultad, podr\u00edamos decir que era un siglo completo, s\u00ed, porque \u00e9l asesin\u00f3 a un hombre que pudo haber transformado para siempre eso que lleg\u00f3 a ser la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica de Stalin.<\/em><!--more--><\/p>\n<p class=\"p1\">Por:\u00a0\u00c1lvaro Rojas Salazar<\/p>\n<p class=\"p1\">El viejo de los perros se siente enfermo, amarillento, d\u00e9bil, como esos hombres que tienen los dedos manchados de tanto fumar; su madre lo meti\u00f3 en todo esto, su Edipo lo llev\u00f3 a hacerse socialista, a dejar de pensar, a volverse ciego, a obedecer \u00f3rdenes que llegaban a la Espa\u00f1a de la Guerra Civil desde ese Mosc\u00fa de los hu\u00e9rfanos y de los proletarios del mundo, desde la capital de una revoluci\u00f3n que acab\u00f3 con los zares para transformarse en una potencia industrial administrada por un tirano que ten\u00eda por enemigo a un profeta armado, a un intelectual, a un estratega, a quien persigui\u00f3 por todos los rincones de la tierra, de Turqu\u00eda a M\u00e9xico, hasta lograr clavarle un piolet de alpinista en su cabeza de anciano genial.<\/p>\n<p class=\"p1\">La literatura es la vida, por eso en ella pasa lo mismo que conocemos y encontramos d\u00eda a d\u00eda en las cosas que hacemos, por eso en ella las personas y los pa\u00edses se encuentran por casualidad o por azar. Cuba perfectamente pudo llegar a ser un estado norteamericano, de hecho, en una de sus esquinas todav\u00eda ondea la bandera de las barras y de las estrellas; no lo fue, no lo ha sido, y eso le ha costado vida, coraz\u00f3n y l\u00e1grimas. Sin embargo, su econom\u00eda nunca dej\u00f3 de ser dependiente, con la revoluci\u00f3n del 59 sali\u00f3 de la \u00f3rbita gringa para pasar, pocos a\u00f1os despu\u00e9s, a la \u00f3rbita sovi\u00e9tica y cuando todo aquello se vino al suelo al filo de los a\u00f1os noventa, los cubanos sintieron el terremoto en sus ciudades y en sus est\u00f3magos y lo sintieron de verdad.<\/p>\n<p class=\"p1\">Por aquella playa solitaria caminaba Iv\u00e1n, un hombre triste, com\u00fan, nada especial, \u00e9l ten\u00eda un pasado conflictivo como casi todas las personas y se encontraba frustrado como casi todos los cubanos que hicieron su vida durante el per\u00edodo especial. A \u00e9l, \u00bfc\u00f3mo no?, le llamaron la atenci\u00f3n ese par de perros salidos de otro mundo, que corr\u00edan por la arena vigilados por un enigma, por ese viejo fugitivo, ex presidiario, ex agente, ex mexicano o ex canadiense, por ese hombre que nadie sab\u00eda qui\u00e9n era, por ese hombre a quien lo esperaba un chofer.<\/p>\n<p class=\"p1\">Los rusos en La Habana parec\u00edan extraterrestres, eso pasa cuando dos culturas tan distantes se juntan impulsadas por el motor de la geopol\u00edtica y el viejo, aunque tampoco era ruso sino catal\u00e1n, estaba en Cuba protegido por el Estado; esas cosas ocurren en todas partes, los aliados se ayudan. El viejo ven\u00eda de descontar una condena larga en una c\u00e1rcel de M\u00e9xico donde toc\u00f3 con los huesos de su cuerpo entrenado las brasas del olvido y de la desesperaci\u00f3n. Era el final de su misi\u00f3n, bueno, hay que decir tambi\u00e9n que despu\u00e9s vino su condecoraci\u00f3n secreta por parte de las altas autoridades sovi\u00e9ticas.<\/p>\n<p class=\"p1\">Iv\u00e1n ve\u00eda a los perros, la elegancia, la rareza de esos galgos rusos jadeando junto a las aguas color\u00a0 turquesa del Caribe cubano. Esos perros lo llevar\u00edan a \u00e9l a perderse entre sus patas y a conocer a un hombre que viv\u00eda entre papeles que escrib\u00eda con angustia y talento para que nadie le creyera a Stalin, para que se supiera toda la verdad de sus cr\u00edmenes, para que se supiera la tortura de los disidentes, para que no se olvidara la otra cara de la Revoluci\u00f3n de Octubre, para que se conocieran los lazos sovi\u00e9ticos con el nazismo; ese hombre al que Iv\u00e1n conoci\u00f3 en las palabras del viejo que paseaba a los galgos, escrib\u00eda gan\u00e1ndole d\u00edas a la muerte, a la muerte que ya se hab\u00eda llevado a sus hijos, a sus amigos, a su pa\u00eds y \u00e9l escrib\u00eda como si estuviera en pulso contra la historia, haciendo lo que Michel Foucault llama la <i>contra historia <\/i>de la narraci\u00f3n sovi\u00e9tica, la contra filosof\u00eda del <i>DIAMAT, <\/i>\u00e9l escrib\u00eda el lado inteligente, la contracara de los manuales que el Kremlin distribuy\u00f3 por el mundo entero con ayuda de los partidos comunistas.<\/p>\n<p class=\"p1\">Su cabeza ten\u00eda precio por haber dicho una verdad, muchas verdades, pero principalmente una: \u201cla revoluci\u00f3n fue raptada por una dictadura\u201d. Y hoy d\u00eda, con el paso de tanta agua bajo el puente, no nos resulta dif\u00edcil creerle a \u00e9l esas palabras que tambi\u00e9n resonaron en el Caribe, en el pa\u00eds de Iv\u00e1n, el amigo del hombre que amaba a los perros, ese que en alg\u00fan momento se llam\u00f3 Ram\u00f3n Mercader y fue un muchacho catal\u00e1n hijo de un empresario exitoso y de una madre inestable que finalmente regul\u00f3 sus emociones con las leyes del stalinismo.<\/p>\n<p class=\"p1\">Ella sedujo a Ram\u00f3n, ella, como Yocasta en la tragedia de S\u00f3focles, ten\u00eda sus motivos; ella le mostr\u00f3 a Mercader el camino que finalmente lo llevar\u00eda a aceptar la misi\u00f3n m\u00e1s importante de su vida, la m\u00e1s cara, el encargo de asesinar al enemigo principal de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, al jud\u00edo, al gran traidor. Y Ram\u00f3n acept\u00f3 la misi\u00f3n, se entren\u00f3, cambi\u00f3 de identidad y de personalidad, fue un falso novio de mujeres enga\u00f1adas y tambi\u00e9n fue falso en los m\u00faltiples oficios y en las m\u00faltiples nacionalidades que lo acompa\u00f1aron en su ruta hacia Coyoac\u00e1n, donde se hizo tan allegado de la familia Trotsky que hasta logr\u00f3 quedar solo en aquella habitaci\u00f3n, con la cabeza del anciano frente a \u00e9l, frente a sus manos fuertes que sacaron el piolet del bolsillo y se aprovecharon del descuido monumental de aquel hombre genial, que en pocos segundos ya estaba dando espantosos gritos de dolor con aquel pico de alpinista clavado en su mente, en la mente de un siglo que no lo trat\u00f3 bien.<\/p>\n<p class=\"p1\">Sin Trotsky, Ram\u00f3n Mercader no ser\u00eda nadie, sin Ram\u00f3n Mercader Iv\u00e1n, el cubano de los a\u00f1os noventa, no tendr\u00eda nada que escribir. As\u00ed se juntan las historias y las personas en la vida y en la literatura, que como ya dijimos, vienen siendo lo mismo. As\u00ed, con las historias de estas tres personas entrelaz\u00e1ndose, est\u00e1 estructurada una gran novela.<\/p>\n<p class=\"p1\">En el a\u00f1o 2009 el escritor cubano Leonardo Padura public\u00f3 su obra m\u00e1s conocida, <i>El hombre que amaba a los perros, <\/i>que es una novela triste, largu\u00edsima, agobiante, donde se cuenta en m\u00e1s o menos ochocientas p\u00e1ginas, los caminos que dise\u00f1\u00f3 el destino para que Ram\u00f3n Mercader y Le\u00f3n Trotsky se encontraran y supieran, como dice Borges, para qu\u00e9 era que estaban vivos en este mundo.<\/p>\n<p class=\"p1\">Cuando a Stalin ya no le serv\u00eda mantener vivo a Trotsky inici\u00f3 su cacer\u00eda por todas partes y ese es el agobio que siente el lector de esta novela de Padura al identificarse con el antiguo l\u00edder del Ej\u00e9rcito Rojo y con su familia, quienes viv\u00edan as\u00ed, solos, perseguidos, angustiados, llenos de recriminaciones contenidas y de culpas reprimidas que llevaban consigo por todo el mundo hasta terminar en aquel distante pa\u00eds que se llamaba M\u00e9xico, hasta donde el stalinismo tambi\u00e9n logr\u00f3 extender sus brazos.<\/p>\n<p class=\"p1\">Pero <i>El hombre que amaba a los perros <\/i>tampoco es la novela de la reivindicaci\u00f3n de Trotsky, de hecho, en ella Padura pretende mostrar supuestos \u00a0lados oscuros, sus excesos cuando tuvo poder, el uso pol\u00edtico que hizo de sus hijos, la tentaci\u00f3n de Frida Kahlo y la traici\u00f3n que eso supuso para su esposa. A mi juicio, <i>El hombre que amaba a los perros <\/i>es la novela del gran desenga\u00f1o con la utop\u00eda socialista, es la narraci\u00f3n de una desilusi\u00f3n monumental.<\/p>\n<p class=\"p1\">En ella, el sin sentido de todas esas vidas entregadas por una causa que fue raptada por el autoritarismo, salta y brilla por todas partes en un tiempo, el actual, en el que a casi nadie le interesa creer en un proyecto que se vino al suelo con todo lo que una cosa as\u00ed implica. Eso es lo que se desprende de las p\u00e1ginas de <i>El hombre que amaba a los perros<\/i> y no es casual que haya sido un cubano quien escogiese contar el movimiento en paralelo de las vidas de Ram\u00f3n Mercader y de Le\u00f3n Trotsky. Tampoco es casual que haya sido Padura quien nos presentara a Mercader como hu\u00e9sped del Estado cubano, ni que Iv\u00e1n muera aplastado dentro de su casa habanera, la que se derrumb\u00f3 con \u00e9l adentro hasta llevarlo a la asfixia. La met\u00e1fora est\u00e1 clara y el gesto de Padura tambi\u00e9n. De todo aquello s\u00f3lo se salv\u00f3 la literatura, los cuadernos de Iv\u00e1n que rescat\u00f3 un amigo, uno que s\u00f3lo aparece en las \u00faltimas p\u00e1ginas de la novela para hacernos saber qui\u00e9n es el narrador de la historia de todos ellos, de Mercader, de Trotsky, de Iv\u00e1n y de los galgos rusos.<\/p>\n<p class=\"p2\">Los libros de Trotsky, su figura, su pensamiento y su pol\u00edtica, como se sabe, no eran bien tratados en ning\u00fan pa\u00eds amigo de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y Cuba no era la excepci\u00f3n. Por eso tiene m\u00e1s m\u00e9rito toda la investigaci\u00f3n que hizo Padura y que sostiene, junto a su extraordinario estilo literario, esta novela tan triste como ineludible, porque ella resulta indispensable para comprender uno de los asesinatos m\u00e1s relevantes del siglo veinte, todo su contexto y los enormes ecos de todo aquello. Tambi\u00e9n, hay que decirlo, Padura demuestra con sus obras, que \u00e9l sigue la escuela de esos escritores que piensan que la literatura es una v\u00eda privilegiada para conocer un pa\u00eds, una ciudad y toda la subjetividad de los seres de carne y hueso que los habitan, los disfrutan y los padecen.<\/p>\n<p class=\"p3\"><a href=\"http:\/\/socialismohoy.com\/tag\/literatura-y-revolucion\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Literatura y Revoluci\u00f3n<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la tarde habanera no hab\u00eda nadie m\u00e1s, s\u00f3lo unos perros rusos correteando a todo pulm\u00f3n por las arenas de una playa m\u00e1s solitaria que ninguna, bueno, y un negro que esperaba apoyado en su carro a que el viejo, a quien le serv\u00eda de chofer, terminara de jugar con los galgos, terminara de distraerse [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":44153,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"litci_post_political_author":"","_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[2679,6482],"tags":[10665,5416,5077,6332],"class_list":["post-44152","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-costa-rica","category-historia","tag-alvaro-rojas-salazar-autor","tag-cultura","tag-leon-trotsky","tag-literatura-y-revolucion"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/litci.org\/es\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/4trotsky_mexico1940.jpg?fit=600%2C384&ssl=1","fimg_url":"https:\/\/i0.wp.com\/litci.org\/es\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/4trotsky_mexico1940.jpg?fit=600%2C384&ssl=1","categories_names":["Costa Rica","Historia"],"author_info":{"name":"Administraci\u00f3n Site","pic":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/1fc4a65db396208ca881747f59a66a20c6b8670747457224753e1e98c43f719b?s=96&d=mm&r=g"},"political_author":null,"tagline":"","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44152","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=44152"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44152\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":44412,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44152\/revisions\/44412"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/44153"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=44152"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=44152"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=44152"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}