{"id":43872,"date":"2017-06-01T09:22:01","date_gmt":"2017-06-01T11:22:01","guid":{"rendered":"http:\/\/litci.org\/es\/?p=43872"},"modified":"2017-06-01T09:26:17","modified_gmt":"2017-06-01T11:26:17","slug":"el-congreso-de-los-soviets-y-la-manifestacion-de-junio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/litci.org\/es\/el-congreso-de-los-soviets-y-la-manifestacion-de-junio\/","title":{"rendered":"El Congreso de los s\u00f3viets y la manifestaci\u00f3n de junio"},"content":{"rendered":"<p>El cap\u00edtulo que presentamos de \u201cHistoria de la Revoluci\u00f3n Rusa\u201d analiza los sucesos de junio de 1917 (considerando el viejo calendario ruso). Este mes y el siguiente fueron un per\u00edodo de inflexi\u00f3n en el acelerado proceso revolucionario en curso.<\/p>\n<p>Los trabajadores y las masas que hab\u00edan protagonizado la revoluci\u00f3n de febrero comprend\u00edan r\u00e1pidamente que no hab\u00eda bastado derribar el r\u00e9gimen zarista para conseguir sus reivindicaciones (Paz, Pan y Tierra). Y los gobiernos burgueses provisorios que se suced\u00edan desde entonces (integrados y apoyados por las corrientes de la izquierda reformista, como los mencheviques y los \u201ceseristas\u201d) no ten\u00edan ninguna intenci\u00f3n de resolverla.<\/p>\n<p>Por el contrario, postergaban cuestiones centrales como la reforma agraria y la opresi\u00f3n de las nacionalidades menores por parte de Rusia. Y en el tema m\u00e1s candente (la guerra), el gobierno hab\u00eda ordenado movilizar a todas las tropas de la guarnici\u00f3n de Petrogrado (capital del pa\u00eds y centro de la revoluci\u00f3n) para intentar una ofensiva contra el ej\u00e9rcito alem\u00e1n.<\/p>\n<p>Esto gener\u00f3 un estado de rebeli\u00f3n en la base del ej\u00e9rcito ruso: millones de soldados, en su mayor\u00eda campesinos, que solo quer\u00edan volver a sus tierras y que, por ello, rechazaban de plano la orden de ir al frente.<\/p>\n<p>En ese marco, se realiza en Petrogrado el primer congreso nacional de los s\u00f3viets y este es el tema esencial en debate. Pero estos organismos expresaban, en ese momento, una profunda contradicci\u00f3n. Por un lado, eran la referencia para los trabajadores y las masas y expresaban el doble poder con el gobierno burgu\u00e9s. Por el otro, las corrientes reformistas sumadas a\u00fan ten\u00edan mayor\u00eda de los diputados y la direcci\u00f3n de los s\u00f3viets. Los bolcheviques representaban menos de 20% de ese organismo: hab\u00edan aumentado su peso pero a\u00fan eran minoritarios. Por eso, su propuesta de rechazar la orden militar del gobierno es rechazada.<\/p>\n<p>Pero esta relaci\u00f3n de fuerzas estaba \u201catrasada\u201d con respecto a la din\u00e1mica de los trabajadores y la base de soldados y campesinos pobres que giraban cada vez m\u00e1s a la izquierda. Y ese \u201catraso\u201d era a\u00fan m\u00e1s agudo en Petrogrado, donde los bolcheviques ya eran la corriente m\u00e1s fuerte.<\/p>\n<p>Ese es el marco de los hechos que analiza Trotsky en este cap\u00edtulo: la manifestaci\u00f3n levantada del 10 de junio, las delegaciones del s\u00f3viet a las f\u00e1bricas y los barrios obreros de la capital, y la movilizaci\u00f3n llamada en conjunto por el s\u00f3viet para el 18 de junio (en el que la pol\u00edtica de los bolcheviques es abrumadoramente mayoritaria).<\/p>\n<p>Era claro para la burgues\u00eda que el enemigo eran los bolcheviques y as\u00ed lo dec\u00edan p\u00fablicamente. A ella se abrazaban las corrientes reformistas que repet\u00edan los ataques y casi las mismas palabras: \u201clos bolcheviques son los principales enemigos de la revoluci\u00f3n\u201d (es decir, el principal enemigo del Estado burgu\u00e9s y de la construcci\u00f3n de un r\u00e9gimen pol\u00edtico a su servicio).<\/p>\n<p>Tal como dice Trotsky, <em>\u201cesta vez no lleg\u00f3 a estallar la pugna violenta. Pero ya no se pod\u00eda evitar que estallase. Lo que se hizo fue \u00fanicamente aplazarla hasta dos semanas despu\u00e9s\u201d<\/em>. La revoluci\u00f3n aceleraba su ritmo y los choques violentos se suceder\u00edan, casi sin interrupci\u00f3n, en los meses siguientes, culminando con la Revoluci\u00f3n de Octubre en la que los bolcheviques derrotan no solo a la burgues\u00eda sino tambi\u00e9n a sus agentes de izquierda.<\/p>\n<p>En un balance de los hechos de junio, Lenin escribe palabras que podr\u00edan repetirse hoy con solo reemplazar los nombres de las corrientes pol\u00edticas:<\/p>\n<p><em>\u00abLos salvajes aullidos de furor y de rabia contra los bolcheviques son el gemido de los kadetes, los socialrevolucionarios y los mencheviques por su propia impotencia. Tienen la mayor\u00eda, est\u00e1n en el poder y forman un bloque. Pero ven que, a pesar de todo, no pueden nada. \u00bfC\u00f3mo no han de ponerse furiosos contra los bolcheviques?\u00bb<\/em><!--more--><\/p>\n<p><strong>Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa &#8211; Capitulo XXII<\/strong><\/p>\n<p>De: Le\u00f3n Trotsky<\/p>\n<p>El primer Congreso de los s\u00f3viets, que sancion\u00f3 los planes de ofensiva de Kerenski, se reuni\u00f3 el 3 de junio en Petrogrado, en el edificio de la Academia militar. Acudieron a \u00e9l 820 delegados con voz y voto y 268 con voz, pero sin voto. Estos delegados representaban a 305 s\u00f3viets locales y a 53 s\u00f3viets cantonales y de distrito, a las organizaciones del frente, a los institutos armados del interior del pa\u00eds y a algunas organizaciones campesinas. Ten\u00edan voz y voto los s\u00f3viets integrados por m\u00e1s de 25.000 miembros. Los formados por 10 a 25.000 s\u00f3lo ten\u00edan voz. Bas\u00e1ndose en estas normas, que, dicho sea de paso, es poco probable que se observaran al pie de la letra, puede calcularse que en el Congreso estaban representadas m\u00e1s de 20 millones de personas. De los 777 delegados que facilitaron datos sobre su filiaci\u00f3n pol\u00edtica, 285 resultaban ser social-revolucionarios, 243 mencheviques y 105 bolcheviques; despu\u00e9s ven\u00edan otros grupos menos nutridos. El ala izquierda, formada por los bolcheviques y los internacionalistas, representaba menos de la quinta parte de los delegados. En su mayor\u00eda, el Congreso estaba compuesto por elementos que en marzo se hab\u00edan hecho socialistas y en junio estaban ya cansados de la revoluci\u00f3n. Petrogrado ten\u00eda que parecerles una ciudad de locos.<!--more--><\/p>\n<p>El Congreso empez\u00f3 aprobando la expulsi\u00f3n de Grimm, un lamentable socialista suizo que hab\u00eda intentado salvar a la revoluci\u00f3n rusa y a la socialdemocracia alemana negociando detr\u00e1s de la cortina con la diplomacia de los Hohenzolern. La proposici\u00f3n presentada por el ala izquierda para que se discutiera inmediatamente la cuesti\u00f3n de la ofensiva que se estaba preparando fue rechazada por una mayor\u00eda abrumadora. Los bolcheviques no eran all\u00ed m\u00e1s que un pu\u00f1ado. Pero el mismo d\u00eda y acaso a la misma hora, la conferencia de los Comit\u00e9s de f\u00e1brica de Petrogrado votaba, tambi\u00e9n por una aplastante mayor\u00eda, una resoluci\u00f3n en la que se dec\u00eda que s\u00f3lo el poder de los s\u00f3viets pod\u00eda salvar al pa\u00eds.<\/p>\n<p>Por miopes que fueran los conciliadores, no pod\u00edan dejar de ver lo que estaba sucediendo diariamente a su alrededor. Influido seguramente por los delegados de provincias, L\u00edber, este encarnizado enemigo de los bolcheviques, denunciaba en la sesi\u00f3n del 4 de junio a los ineptos comisarios del gobierno, a quienes en el campo no quer\u00edan entregar el poder. \u00abA consecuencia de esto, una serie de funciones de la competencia de los \u00f3rganos del gobierno han pasado a manos de los soviets, incluso cuando \u00e9stos no lo deseaba.\u00bb Estos hombres se quejaban de s\u00ed mismos. Uno de los delegados, maestro de escuela, contaba en el Congreso que durante los cuatro meses de revoluci\u00f3n no se hab\u00eda operado el cambio m\u00e1s insignificante en la esfera de la instrucci\u00f3n p\u00fablica. Los antiguos maestros, inspectores, directores, etc., muchos de ellos antiguos afiliados a las \u00abcenturias negras\u00bb, los viejos planes escolares, los viejos manuales reaccionarios, hasta los viejos subsecretarios del ministerio; todo segu\u00eda tranquilamente donde estaba. S\u00f3lo los retratos del zar hab\u00edan sido descolgados para llevarlos al desv\u00e1n, de donde no era dif\u00edcil, ciertamente, sacarlos para volverlos a sus sitios.<\/p>\n<p>El Congreso no se decidi\u00f3 a levantar la mano contra la Duma ni contra el Consejo de Estado. El orador menchevique Bogdanov justificaba su timidez ante la reacci\u00f3n con el pretexto de que la Duma y el Consejo \u00abno son m\u00e1s que instituciones muertas, inexistentes\u00bb. M\u00e1rtov, con su gracejo pol\u00e9mico habitual, replic\u00f3le: \u00abBogdanov propone que se declare la Duma inexistente, pero que no se atente contra su existencia.\u00bb<\/p>\n<p>El Congreso, a pesar de la gran mayor\u00eda gubernamental, transcurri\u00f3 en una atm\u00f3sfera de inquietud e inseguridad. Aquel patriotismo remojado no daba ya m\u00e1s que llamaradas t\u00edmidas. Era claro que las masas estaban descontentas y que los bolcheviques eran incomparablemente m\u00e1s fuertes en el pa\u00eds, sobre todo en la capital, que en el Congreso. El debate mantenido entre los bolcheviques y los conciliadores, reducido a su ra\u00edz, giraban entorno a este tema: \u00bfA qui\u00e9n tiene que asociarse la democracia, a los imperialistas o a los obreros? Sobre el Congreso se cern\u00eda la sombra de la Entente. La cuesti\u00f3n de la ofensiva estaba resuelta de antemano, los dem\u00f3cratas no ten\u00edan m\u00e1s recurso que doblegarse. \u00abEn estos momentos cr\u00edticos -dec\u00eda Tsereteli, en tono de mentor- no debemos prescindir de ninguna fuerza social que pueda ser \u00fatil para la causa popular.\u00bb Era el argumento en que se fundaba la coalici\u00f3n de la burgues\u00eda. Y como el proletariado, el ej\u00e9rcito y los campesinos estropeaban a cada paso los planes de los dem\u00f3cratas, hab\u00eda que declarar la guerra al pueblo bajo el manto de una guerra contra los bolcheviques. Ya hemos visto c\u00f3mo Tsereteli no ten\u00eda inconveniente en \u00abprescindir\u00bb de los marineros de Kronstadt para no arrojar de su regazo al kadete Pepliayev. La coalici\u00f3n se aprob\u00f3 por una mayor\u00eda de 443 votos contra 126 y 52 abstenciones.<\/p>\n<p>Las tareas de la inmensa e inconsistente asamblea congregada en la Academia militar de Petrogrado se distinguieron pro el tono pomposo de las declaraciones y la mezquindad conservadora de los cometidos pr\u00e1cticos. Esto imprimi\u00f3 a todas las resoluciones una huella de inutilidad y de hipocres\u00eda. El Congreso proclam\u00f3 el derecho de todas las naciones de Rusia a gobernarse libre y soberanamente. Pero la clave de este problem\u00e1tico derecho se entregaba, no a las propias naciones oprimidas, sino a la futura Asamblea constituyente, en la que los conciliadores confiaban en tener mayor\u00eda, prepar\u00e1ndose a capitular en ella ante los imperialistas, ni m\u00e1s ni menos que lo hab\u00edan hecho en el gobierno.<\/p>\n<p>El Congreso se neg\u00f3 a votar un decreto sobre la jornada de ocho horas. Tsereteli explic\u00f3 las vacilaciones de la coalici\u00f3n en este terreno por las dificultades con que se tropezaba para coordinar los intereses de los distintos sectores de la poblaci\u00f3n. \u00a1C\u00f3mo si en la historia se hubiera hecho nunca nada grande a fuerza de \u00abcoordinar intereses\u00bb y no imponiendo el triunfo de los intereses del progreso sobre los de la reacci\u00f3n!<\/p>\n<p>Groman, economista del Soviet, present\u00f3 al final su inevitable proposici\u00f3n \u00absobre el desastre econ\u00f3mico que se avecina y la necesidad de atajarlo mediante la reglamentaci\u00f3n de la econom\u00eda por el Estado\u00bb. El Congreso vot\u00f3 esta resoluci\u00f3n ritual, en la seguridad de que las cosas seguir\u00edan como estaban.<\/p>\n<p>\u00abGrimm ha sido expulsado -escrib\u00eda Trotski el 7 de junio-, y el Congreso ha pasado al orden del d\u00eda. Pero para Skobelev y sus colegas los beneficios capitalistas siguen siendo sagrados e inviolables. La crisis de las subsistencias se agudiza cada d\u00eda m\u00e1s. En el terreno diplom\u00e1tico, el gobierno no cesa de recibir golpes. Finalmente, la ofensiva tan hist\u00e9ricamente proclamada, se echar\u00e1 muy pronto sobre los hombros del pueblo como una monstruosa aventura.\u00bb Tenemos paciencia y estar\u00edamos dispuestos a seguir contemplando tranquilamente la clarividente actuaci\u00f3n del ministerio Lvov-Terechneko-Tsereteli unos cuantos meses m\u00e1s. Necesitamos de tiempo para nuestra preparaci\u00f3n. Pero el topo subterr\u00e1neo mina aceleradamente, y con la ayuda de los ministros \u00absocialistas\u00bb el problema del poder puede ech\u00e1rseles encima a los miembros de este Congreso mucho antes de lo que todos sospechamos.<\/p>\n<p>Procurando atrincherarse ante las masas detr\u00e1s de una autoridad superior a ellos, los caudillos hac\u00edan intervenir al Congreso en todos los conflictos pendientes, comprometi\u00e9ndolo sin piedad a los ojos de los obreros y soldados de Petrogrado. El episodio m\u00e1s ruidoso de este g\u00e9nero fue el sucedido con la casa de campo de Durnovo, antiguo dignatario zarista, que, siendo ministro del Interior, se cubri\u00f3 de gloria con la represi\u00f3n de la revoluci\u00f3n de 1905. La villa deshabitada de este odiado bur\u00f3crata, cuyas manos, adem\u00e1s, no estaban del todo limpias, fue ocupada por las organizaciones obreras de la barriada de Viborg, principalmente a causa de su inmenso jard\u00edn, que se convirti\u00f3 en el lugar de juegos favorito de los ni\u00f1os. La prensa burguesa pintaba la villa confiscada como una cueva de bandidos, una especie de Kronstadt de la barriada de Viborg. Nadie se tomaba el trabajo de darse una vuelta por all\u00ed a comprobar la verdadera realidad. El gobierno, que sorteaba cuidadosamente todas las cuestiones de importancia, se entreg\u00f3 con verdadero ardor a la obra de salvar la villa de Durnovo. Se pidi\u00f3 la sanci\u00f3n del Comit\u00e9 ejecutivo para tomar medidas heroicas y, naturalmente, Tsereteli no la neg\u00f3. El fiscal dio orden al grupo de \u00abanarquistas\u00bb de que desahuciasen la casa en un plazo de veinticuatro horas. Los obreros, enterados de las acciones militares que se preparaban, lanzaron la voz de alarma. Los anarquistas, por su parte, amenazaron con resistirse por la fuerza de las armas. Veintiocho f\u00e1bricas declararon una huelga de protesta. El Comit\u00e9 ejecutivo lanz\u00f3 un manifiesto acusando a los obreros de Viborg de auxiliares de la contrarrevoluci\u00f3n. Despu\u00e9s de esta preparaci\u00f3n, los representantes de la justicia y de la milicia penetraron en la madriguera del le\u00f3n. Pronto se comprob\u00f3 que en la villa, en la que se hab\u00edan instalado una serie de organizaciones obreras de cultura, reinaba el m\u00e1s completo orden. Y no hubo m\u00e1s remedio que retroceder de un modo ignominioso. Pero la cosa no par\u00f3 ah\u00ed.<\/p>\n<p>El 9 de junio cay\u00f3 en el Congreso esta noticia como una bomba. La Pravda de aquella ma\u00f1ana publicaba un llamamiento a una manifestaci\u00f3n organizada para el d\u00eda siguiente. Cheidse, hombre asustadizo, raz\u00f3n por la cual propend\u00eda tambi\u00e9n harto f\u00e1cilmente a asustar a los dem\u00e1s, declar\u00f3, con voz de ultratumba: \u00abSi el Congreso no toma medidas, el d\u00eda de ma\u00f1ana ser\u00e1 fatal.\u00bb Los delegados alzaron la cabeza, intranquilos. Para concebir la idea de enfrentar a los obreros y soldados de Petrogrado con el Congreso, no hac\u00eda falta ninguna cabeza genial: bastaba con fijarse en la situaci\u00f3n. Las masas apretaban a los bolcheviques. Apretaba, sobre todo, la guarnici\u00f3n, temerosa de que, con motivo de la ofensiva, fueran a dispersarla y enviarla a distintos frentes. A esto se a\u00f1ad\u00eda el profundo descontento producido por la \u00abDeclaraci\u00f3n de los derechos del soldado\u00bb, que representaba un gran paso atr\u00e1s, en comparaci\u00f3n con el \u00abdecreto n\u00famero 1\u00bb, y el r\u00e9gimen que se hab\u00eda implantado de hecho en el ej\u00e9rcito. La iniciativa de la manifestaci\u00f3n parti\u00f3 de la organizaci\u00f3n militar de los bolcheviques. Los directores de la misma afirmaban fundadamente, como demostraron los acontecimientos, que si el partido no asum\u00eda la direcci\u00f3n, los soldados se echar\u00edan ellos mismos a la calle. Sin embargo, el cambio profundo operado en el estado de esp\u00edritu de las masas no era siempre f\u00e1cilmente perceptible, y esto engendraba ciertas vacilaciones hasta entre los propios bolcheviques. Los directores de la misma afirmaban fundadamente, como demostraron los acontecimientos, que si el partido no asum\u00eda la direcci\u00f3n, los soldados se echar\u00edan ellos mismos a la calle. Sin embargo, el cambio profundo operado en el estado de esp\u00edritu de las masas no era siempre f\u00e1cilmente perceptible, y esto engendraba ciertas vacilaciones hasta entre los propios bolcheviques. Volodarski no estaba seguro de que los obreros salieran a la calle. Hab\u00eda dudas asimismo acerca del giro que tomar\u00eda la manifestaci\u00f3n. Los representantes de la organizaci\u00f3n militar afirmaban que los soldados, ante el miedo a que les atacasen, no saldr\u00edan a la calle desarmados. \u00ab\u00bfEn qu\u00e9 parar\u00e1 esta manifestaci\u00f3n?\u00bb, preguntaba el prudente Tomski, exigiendo que la cuesti\u00f3n volviera a examinarse con cuidado. Stalin afirmaba que \u00abla efervescencia entre los soldados era indudable, pero que no pod\u00eda decirse lo mismo, de un modo concluyente, con respecto a los obreros\u00bb; a pesar de todo, cre\u00eda necesario resistir al gobierno. Kalinin, siempre m\u00e1s inclinado a rehuir la batalla que a aceptarla, se pronunciaba decididamente contra la manifestaci\u00f3n, fund\u00e1ndose en la ausencia de un motivo claro, sobre todo en lo tocante a los obreros: \u00abLa manifestaci\u00f3n ser\u00e1 una cosa artificial\u00bb. El 8 de junio, en la conferencia celebrada con los representantes de las barriadas, despu\u00e9s de una serie de votaciones preliminares, 131 manos se levantaron en favor de la manifestaci\u00f3n, seis votaron en contra y 22 se abstuvieron. La manifestaci\u00f3n fue se\u00f1alada para el domingo d\u00eda 10 de junio.<\/p>\n<p>Los trabajos preparatorios se llevaron en secreto hasta el \u00faltimo momento, con el fin de no dar a los social-revolucionarios y mencheviques la posibilidad de emprender una campa\u00f1a en contra. Esta leg\u00edtima medida de previsi\u00f3n hab\u00eda de interpretarse m\u00e1s tarde como prueba de que exist\u00eda un complot militar. El Consejo central de los Comit\u00e9s de f\u00e1brica se adhiri\u00f3 a la idea de organizar la manifestaci\u00f3n. \u00abBajo la presi\u00f3n de Trotski, y contra el parecer de Lunacharski, que era contrario a la proposici\u00f3n -escribe Yugov-, el Comit\u00e9 de los meirayontsi, decidi\u00f3 adherirse a la manifestaci\u00f3n.\u00bb Los preparativos se llevaron a cabo con una energ\u00eda febril.<\/p>\n<p>La manifestaci\u00f3n hab\u00eda de alzar bandera por el poder de los soviets. La divisa de combate era: \u00ab\u00a1Abajo los diez ministros capitalistas!\u00bb Era el modo m\u00e1s sencillo de expresar la necesidad de romper el bloque con la burgues\u00eda. La manifestaci\u00f3n se dirig\u00eda hacia la Academia militar, donde estaba reunido el Congreso. Con esto, se daba a entender que no se trataba de derribar al gobierno, sino de ejercer presi\u00f3n sobre los dirigentes de los soviets.<\/p>\n<p>Huelga decir que en las reuniones preliminares celebradas por los bolcheviques no fueron \u00e9stas las \u00fanicas voces que sonaron. Por ejemplo, Smilga, que hab\u00eda sido elegido hac\u00eda poco miembro del Comit\u00e9 central, propuso \u00abno renunciar a apoderarse de Correos, de Tel\u00e9grafos y del Arsenal, si los acontecimientos toman el giro de un choque abierto\u00bb. Otro de los reunidos, el miembro del Comit\u00e9 de Petrogrado, Latzis, escrib\u00eda en su diario, refiri\u00e9ndose a que hab\u00eda sido desechada la proposici\u00f3n de Smilga: \u00abNo puedo estar conforme con esto&#8230; Me pondr\u00e9 de acuerdo con los camaradas Semaschko y Rachjia, para estar preparados en caso de necesidad y apoderarnos de las estaciones, los arsenales, los Bancos y de Correos y Tel\u00e9grafos, apoy\u00e1ndonos en el regimiento de ametralladoras.\u00bb Semaschko era oficial de este regimiento y Rachjia un obrero bolchevique muy combativo.<\/p>\n<p>\u00abEste estado de esp\u00edritu era muy explicable. El partido navegaba derechamente rumbo a la toma del poder; lo problem\u00e1tico no era m\u00e1s que el modo de apreciar la situaci\u00f3n. En Petrogrado se estaba operando un cambio evidente de opini\u00f3n a favor de los bolcheviques; pero en provincias, este proceso se desarrollaba m\u00e1s lentamente; adem\u00e1s, el frente necesitaba de la lecci\u00f3n de la ofensiva para vencer su recelo contra los bolcheviques. Por eso Lenin se manten\u00eda firme en su posici\u00f3n de abril: \u00abExplicar pacientemente.\u00bb<\/p>\n<p>En sus Memorias, Suj\u00e1nov expone el plan de la manifestaci\u00f3n del 10 de junio como si se tratase de un designio deliberado de Lenin para adue\u00f1arse del poder, \u00abcaso de que las circunstancias fuesen propicias\u00bb. En realidad, los que intentaron plantear la cuesti\u00f3n en estos t\u00e9rminos fueron unos cuantos bolcheviques aislados que, seg\u00fan la expresi\u00f3n que les aplicaba, bromeando, Lenin, viraban \u00abun poquit\u00edn m\u00e1s a la izquierda\u00bb de lo que era preciso. Suj\u00e1nov no se molesta siquiera en contrastar sus arbitrarias conjeturas con la l\u00ednea pol\u00edtica mantenida por Lenin en numerosos discursos y art\u00edculos.<\/p>\n<p>El bur\u00f3 del Comit\u00e9 ejecutivo exigi\u00f3 inmediatamente de los bolcheviques que suspendieran la manifestaci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 raz\u00f3n? Era evidente que s\u00f3lo el gobierno ten\u00eda atribuciones para prohibir formalmente la manifestaci\u00f3n. Pero \u00e9ste no se atrev\u00eda siquiera a pensar en tal cosa. \u00bfC\u00f3mo se explica que el Soviet, que era oficialmente una \u00aborganizaci\u00f3n privada\u00bb dirigida por el bloque de dos partidos pol\u00edticos, pudiera prohibir una manifestaci\u00f3n a un partido que nada ten\u00eda que ver con ellos? El Comit\u00e9 central del partido bolchevique se neg\u00f3 a acceder a la demanda, pero crey\u00f3 oportuno subrayar aun m\u00e1s el car\u00e1cter pac\u00edfico de la manifestaci\u00f3n. El 9 de junio se fij\u00f3 en los barrios obreros esta proclama de los bolcheviques: \u00abComo ciudadanos libres, tenemos el derecho de protestar, y debemos aprovecharnos de este derecho antes de que sea demasiado tarde. El derecho a manifestarnos pac\u00edficamente no puede discut\u00edrnoslo nadie.\u00bb<\/p>\n<p>Los conciliadores sometieron la cuesti\u00f3n al Congreso. Fue entonces cuando Cheidse pronunci\u00f3 aquellas palabras acerca de las consecuencias fatales que podr\u00eda tener la manifestaci\u00f3n, a\u00f1adiendo que ser\u00eda preciso constituirse toda la noche en sesi\u00f3n permanente. Guegtschkori, miembro de la presidencia, otro de los hombres de la Gironda, puso fin a su discurso con un denuesto grosero dirigido a los bolcheviques. \u00ab\u00a1Apartad vuestras sucias manos de nuestra gran obra!\u00bb A pesar de sus requerimientos, a los bolcheviques no se les concedi\u00f3 el tiempo necesario para reunirse en fracci\u00f3n a deliberar sobre el asunto. El Congreso tom\u00f3 el acuerdo de prohibir todo g\u00e9nero de manifestaciones durante tres d\u00edas. Ese acto de violencia contra los bolcheviques era, al propio tiempo, un acto de usurpaci\u00f3n de funciones con respecto al gobierno; los Soviets segu\u00edan rob\u00e1ndose neciamente el poder de debajo de la almohada.<\/p>\n<p>A la misma hora, Miliukov hablaba en el Congreso cosaco y acusaba a los bolcheviques de ser los \u00abprincipales enemigos de la revoluci\u00f3n rusa\u00bb. Seg\u00fan la l\u00f3gica natural de las cosas, su mejor amigo era, indiscutiblemente, el propio Miliukov, que en v\u00edsperas de febrero se inclinaba m\u00e1s a aceptar la derrota infligida a Rusia por los alemanes que la revoluci\u00f3n realizada por el pueblo ruso. Y como los cosacos preguntasen qu\u00e9 actitud hab\u00eda que adoptar con los adeptos de Lenin, Miliukov contest\u00f3: \u00abYa va siendo hora de acabar con esos se\u00f1ores.\u00bb El jefe de la burgues\u00eda ten\u00eda demasiada prisa. Y, sin embargo, hay que reconocer que el tiempo apremiaba.<\/p>\n<p>Entre tanto, en las f\u00e1bricas y en los regimientos se celebraban m\u00edtines, en los cuales se acordaba echarse al d\u00eda siguiente a la calle tremolando la divisa de \u00ab\u00a1Todo el poder, a los soviets!\u00bb El ruido que arrancaban los Congresos sovi\u00e9tico y cosaco hizo que pasara inadvertido el hecho de que en las elecciones a la Duma del barrio de Viborg obtuvieran 37 puestos los bolcheviques, 22 el bloque socialrevolucionario y menchevique y cuatro los kadetes.<\/p>\n<p>Ante la categ\u00f3rica decisi\u00f3n del Congreso y la misteriosa alusi\u00f3n a la amenaza de un golpe de derecha, los bolcheviques decidieron revisar la cuesti\u00f3n. Lo que ellos quer\u00edan era una manifestaci\u00f3n pac\u00edfica y no una insurrecci\u00f3n, y no ten\u00edan motivos para convertir en seminsurrecci\u00f3n la manifestaci\u00f3n prohibida. La presidencia del Congreso, por su parte, decidi\u00f3 tomar medidas. Unos cuantos centenares de delegados fueron organizados en grupos de diez y enviados a los barrios obreros y a los cuarteles con el fin de evitar la manifestaci\u00f3n y volver despu\u00e9s al palacio de T\u00e1urida para dar cuenta del cumplimiento de su cometido. El Comit\u00e9 ejecutivo de los diputados campesinos se asoci\u00f3 a esta expedici\u00f3n destinando a ella setenta hombres.<\/p>\n<p>Aunque de un modo inesperado, los bolcheviques consiguieron lo que se propon\u00edan: los delegados del Congreso ve\u00edanse obligados a ponerse en contacto con los obreros y soldados de la capital. No se dej\u00f3 que la monta\u00f1a se acercara a los profetas, pero los profetas no tuvieron m\u00e1s remedio que acercarse a la monta\u00f1a. Aquel encuentro result\u00f3 fecundo en alto grado. En las\u00a0<em>Izvestia<\/em>\u00a0del Soviet de Mosc\u00fa, el corresponsal -un menchevique- traza el siguiente cuadro: \u00abLa mayor\u00eda del Congreso, m\u00e1s de quinientos miembros del mismo, se pasaron la noche en blanco, dividi\u00e9ronse en grupos de a diez, que recorrieron las f\u00e1bricas y los cuarteles de Petrogrado invitando a los obreros y a los soldados a no acudir a la manifestaci\u00f3n&#8230; El Congreso no goza de prestigio en una parte considerable de las f\u00e1bricas, como tampoco en algunos regimientos de la guarnici\u00f3n&#8230; Muy a menudo, los miembros del Congreso no eran acogidos con simpat\u00eda, ni mucho menos; a veces, se les recib\u00eda con hostilidad y hasta con rencor.\u00bb El \u00f3rgano sovi\u00e9tico oficial no exagera, ni mucho menos; al contrario, da una idea bastante atenuada de aquel encuentro nocturno entre los dos mundos.<\/p>\n<p>Desde luego, despu\u00e9s de ponerse al habla con las masas de Petrogrado, los delegados no pod\u00edan abrigar ya ninguna duda respecto a qui\u00e9n pod\u00eda, en lo sucesivo, acordar una manifestaci\u00f3n o prohibirla. Los obreros de la f\u00e1brica de Put\u00edlov no accedieron a fijar el manifiesto del Congreso contra la manifestaci\u00f3n hasta persuadirse, por la lectura de la\u00a0<em>Pravda<\/em>, de que no contradec\u00eda al acuerdo de los bolcheviques. El primer regimiento de ametralladoras, que desempe\u00f1aba el papel de vanguardia en la guarnici\u00f3n, como lo desempe\u00f1aba la f\u00e1brica Put\u00edlov en los medios obreros, despu\u00e9s de conocidos los informes de Cheidse y Avksentiev, presidentes de los dos Comit\u00e9s ejecutivos, vot\u00f3 la siguiente resoluci\u00f3n: \u00abDe acuerdo con el Comit\u00e9 central de los bolcheviques y de la organizaci\u00f3n militar, el regimiento decide aplazar su acci\u00f3n&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Las brigadas de pacificadores llegaban al palacio de T\u00e1urida, despu\u00e9s de una noche entera sin dormir, en un estado de completa desmoralizaci\u00f3n. Ellos, que cre\u00edan que la autoridad del Congreso era indiscutible, hab\u00edan chocado contra un recio muro de desconfianza y hostilidad. \u00abLas masas est\u00e1n al lado de los bolcheviques.\u00bb \u00abReina una actitud muy hostil contra los mencheviques y socialrevolucionarios.\u00bb \u00abNo creen m\u00e1s que a la\u00a0<em>Pravda<\/em>.\u00bb En algunos sitios, nos gritaron: \u00abNo os consideramos como compa\u00f1eros.\u00bb Uno tras otro, los delegados daban cuenta de c\u00f3mo a pesar de haberse conseguido aplazar la batalla, hab\u00edan sufrido una dura derrota.<\/p>\n<p>Las masas se sometieron a la resoluci\u00f3n de los bolcheviques, pero no sin protestas y manifestaciones de indignaci\u00f3n. En algunas f\u00e1bricas se votaron resoluciones censurando al Comit\u00e9 central. En los barrios obreros los miembros m\u00e1s fogosos del partido rompieron sus carnets. Era un aviso serio.<\/p>\n<p>Los conciliadores razonaron la prohibici\u00f3n alegando que los mon\u00e1rquicos preparaban un complot, para el cual se hubieran aprovechado de la manifestaci\u00f3n bolchevique; alud\u00edan a la participaci\u00f3n de una parte del Congreso cosaco en este complot y a la marcha de tropas contrarrevolucionarias sobre Petrogrado. Era natural que, despu\u00e9s de prohibida la manifestaci\u00f3n, los bolcheviques exigieran explicaciones respecto al pretendido complot. Los jefes del Congreso, en vez de dar la contestaci\u00f3n que se les ped\u00eda, acusaron de conspiradores a los propios bolcheviques. De este modo, sal\u00edan bastante airosamente del apuro.<\/p>\n<p>Hay que reconocer, sin embargo, que en la noche del 10 de junio los conciliadores descubrieron, en efecto, un complot que los conmovi\u00f3 profundamente. Era el complot tramado pro las masas con los bolcheviques contra los conciliadores. No obstante, el hecho de que los bolcheviques se hubiesen sometido a las \u00f3rdenes del Congreso alent\u00f3 a los conciliadores y permiti\u00f3 que su p\u00e1nico se convirtiera en furor. Los mencheviques y socialrevolucionarios decidieron dar pruebas de una f\u00e9rrea energ\u00eda. El 10 de junio, el peri\u00f3dico de los mencheviques dec\u00eda: \u00abEs hora ya de denunciar a los leninistas como traidores a la revoluci\u00f3n.\u00bb El representante que habl\u00f3 en el Congreso de los cosacos en nombre del Comit\u00e9 ejecutivo, pidi\u00f3 que los cosacos apoyaran al Soviet contra los bolcheviques. El presidente, que era el atam\u00e1n del Ural Dutov, le contest\u00f3: \u00abLos cosacos estaremos siempre al lado del Soviet.\u00bb Los reaccionarios, para dar la batalla a los bolcheviques, estaban dispuestos a aliarse incluso con el Soviet, para luego poderlo estrangular de un modo m\u00e1s seguro.<\/p>\n<p>El 11 de junio se re\u00fane un tribunal imponente: el Comit\u00e9 ejecutivo, los miembros de la presidencia del Congreso, los dirigentes de las fracciones, unas cien personas en total. Como siempre, el papel del fiscal corre a cargo de Tsereteli, quien exige furiosamente que se tomen medidas severas, y trata con desd\u00e9n a Dan, dispuesto siempre a atacar a los bolcheviques, pero que no acaba de decidirse a exterminarlos. \u00abLo que ahora hacen los bolcheviques se sale ya de los l\u00edmites de la propaganda ideol\u00f3gica, para convertirse en un complot&#8230; Que nos dispensen, pero ha llegado la hora de adoptar otros m\u00e9todos de lucha.\u00a0<em>Hay que desarmar a los bolcheviques<\/em>. No se pueden dejar en sus manos los abundantes recursos t\u00e9cnicos de que hasta ahora han dispuesto. No podemos dejar en sus manos las ametralladoras y las armas. No toleraremos ning\u00fan complot.\u00bb Resonaba aqu\u00ed una nueva nota: desarmar a los bolcheviques. Pero \u00bfqu\u00e9 significaba, en realidad, desarmar a los bolcheviques? Suj\u00e1nov escribe, hablando de esto: \u00abNo hay que olvidar que los bolcheviques no tienen ning\u00fan dep\u00f3sito propio de armas. Estas se hallan en poder de los soldados y los obreros, que en su imponente mayor\u00eda siguen a los bolcheviques. Desarmar a los bolcheviques no puede significar m\u00e1s que desarmar al proletariado. Y no bastar\u00eda siquiera esto, pues habr\u00eda que desarmar tambi\u00e9n a las tropas.\u00bb<\/p>\n<p>Como se ve, se acerca el momento cl\u00e1sico de la revoluci\u00f3n, ese momento en que la democracia burguesa, acosada por la reacci\u00f3n, pretende desarmar a los obreros que han asegurado el triunfo de una causa revolucionaria. Los se\u00f1ores dem\u00f3cratas, entre los cuales hab\u00eda gentes le\u00eddas, pon\u00edan invariablemente sus simpat\u00edas en los desarmados, nunca en los que desarmaban, cuando en los libros le\u00edan estas cosas, pero cuando el problema se planteaba ante ellos en la realidad tangible, las cosas cambiaban. El hecho de que fuera Tsereteli, un revolucionario que se hab\u00eda pasado varios a\u00f1os en presidio, que todav\u00eda ayer era un zimmerwaldiano, quien emprendiera el desarme de los obreros, no era cosa f\u00e1cil de comprender. La sala, al o\u00edrlo, se qued\u00f3 estupefacta. A pesar de todo, los delegados de provincias parec\u00edan darse cuenta de que les estaban empujando al abismo. Uno de los oficiales tuvo un ataque hist\u00e9rico.<\/p>\n<p>No menos p\u00e1lido que Tsereteli, K\u00e1menev se puso en pie y exclam\u00f3, con un tono de dignidad cuya fuerza impresion\u00f3 al auditorio: \u00abSe\u00f1or ministro, si no lanza usted sus palabras al viento, no tiene derecho a limitarse a amenazar. \u00a1Det\u00e9ngame usted y som\u00e9tame a proceso por conspirar contra la revoluci\u00f3n!\u00bb Los bolcheviques abandonaron la sala en se\u00f1al de protesta, neg\u00e1ndose a tomar parte en el escarnio de que se hac\u00eda objeto a su partido. La tensi\u00f3n en la sala se hace insoportable.<\/p>\n<p>L\u00edber acude en auxilio de Tsereteli. Al furor contenido sucede en la tribuna el furor hist\u00e9rico. L\u00edber exige que se adopten medidas implacables. \u00abSi quer\u00e9is que os siga la masa que est\u00e1 con los bolcheviques, romped con el bolchevismo.\u00bb Pero se le escucha sin ninguna simpat\u00eda, y basta con un cierto sentimiento de hostilidad.<\/p>\n<p>Lunacharski, siempre impresionable, intenta encontrar inmediatamente palabras que no desentonen de los sentimientos de la mayor\u00eda: si bien los bolcheviques aseguraban que su intenci\u00f3n no era otra que celebrar una manifestaci\u00f3n pac\u00edfica, a \u00e9l la propia experiencia le hab\u00eda ense\u00f1ado que \u00abera un error organizar la manifestaci\u00f3n\u00bb. Pero no hab\u00eda por qu\u00e9 agudizar el conflicto. Lunacharski irrita a los amigos sin conseguir calmar a los adversarios.<\/p>\n<p>\u00abNo vamos contra las tendencias izquierdistas -dice jesu\u00edticamente Dan, el jefe m\u00e1s experimentado, pero, al mismo tiempo, el m\u00e1s est\u00e9ril de todo el pantano-; nuestro enemigo es la contrarrevoluci\u00f3n. No tenemos la culpa de que detr\u00e1s de vosotros acechen los agentes de Alemania.\u00bb Aquella alusi\u00f3n a los alemanes no ten\u00eda m\u00e1s objeto que suplir la carencia de argumentos. Huelga decir que entre todos ellos no pod\u00edan aportar el nombre de un solo agente a sueldo de Alemania.<\/p>\n<p>Tsereteli propon\u00edase asestar el golpe. Dan no quer\u00eda m\u00e1s que levantar la mano. Consciente de su impotencia, el Comit\u00e9 ejecutivo se asoci\u00f3 a la propuesta del segundo. La resoluci\u00f3n que se someti\u00f3 al Congreso al d\u00eda siguiente ten\u00eda el car\u00e1cter de una ley de excepci\u00f3n contra los bolcheviques, pero sin consecuencias pr\u00e1cticas inmediatas.<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s de la visita girada a las f\u00e1bricas y a los regimientos por vuestros delegados -rezaba la declaraci\u00f3n escrita elevada al Congreso por los bolcheviques- no puede caber la menor duda de que si la manifestaci\u00f3n no se ha celebrado no ha sido precisamente porque vosotros la hubieseis prohibido, sino porque nuestro partido la suspendi\u00f3&#8230; La ficci\u00f3n del complot militar ha sido denunciada por un miembro del gobierno provisional para desarmar al proletariado de Petrogrado y disolver la guarnici\u00f3n de la capital&#8230; Aun dado el caso de que el poder del Estado pasara \u00edntegramente a manos del Soviet -punto de vista que nosotros defendemos- y \u00e9ste intentara poner trabas a nuestras campa\u00f1as, esto nos obligar\u00eda, tal vez, no a someternos pasivamente, sino a aceptar la c\u00e1rcel y cualesquiera otras sanciones en aras de la idea del socialismo internacional que nos separa de vosotros.\u00bb<\/p>\n<p>La mayor\u00eda y la minor\u00eda del Soviet se enfrentaron durante aquellos d\u00edas, como prepar\u00e1ndose a librar la batalla decisiva. Pero, en el \u00faltimo momento, los dos bandos dieron un paso atr\u00e1s. Los bolcheviques renunciaron a celebrar la manifestaci\u00f3n: los conciliadores, a desarmar a los obreros.<\/p>\n<p>A Tsereteli le dejaron en minor\u00eda sus huestes. Sin embargo, no puede negarse que, a su manera, ten\u00eda raz\u00f3n. La pol\u00edtica de alianza con la burgues\u00eda hab\u00eda llegado a un punto en que era necesario reducir a la impotencia a las masas rebeldes. \u00danicamente desarmando a los obreros y a los soldados pod\u00eda llevarse la pol\u00edtica del bloque hasta el anhelado fin, o sea hasta la instauraci\u00f3n del r\u00e9gimen parlamentario de la burgues\u00eda. Pero Tsereteli, aun teniendo raz\u00f3n, era impotente para imponerla. Ni los soldados ni los obreros hubieran entregado voluntariamente las armas. No hubiera habido m\u00e1s remedio que emplear contra ellos la fuerza. Tsereteli no ten\u00eda ya fuerza para tanto. Para obtenerla, si es que la hab\u00eda en alg\u00fan lado, hubiera tenido que pactar con la reacci\u00f3n, quien, una vez aniquilado el partido bolchevique, se habr\u00eda cuidado, sin p\u00e9rdida de tiempo, de hacer lo mismo con los soviets conciliadores, y pronto le hubiera hecho saber a Tsereteli que \u00e9l no era m\u00e1s que un simple ex presidiario. Pero el rumbo tomado m\u00e1s tarde por los acontecimientos demuestra que tampoco la reacci\u00f3n dispon\u00eda de la fuerza necesaria.<\/p>\n<p>Tsereteli basaba pol\u00edticamente la necesidad de dar la batalla a los bolcheviques en el hecho de que, seg\u00fan \u00e9l, \u00e9stos divorciaban al proletariado de los campesinos. M\u00e1rtov le objet\u00f3: \u00abNo es del seno de la masa campesina precisamente de donde Tsereteli toma sus ideas\u00bb. El grupo de los kadetes de derecha, el grupo de los capitalistas, el grupo de los terratenientes, el grupo de los imperialistas, la burgues\u00eda de los pa\u00edses occidentales: \u00e9sos son los que exigen el desarme de los obreros y los soldados. M\u00e1rtov ten\u00eda raz\u00f3n: en la historia, en las clases poseedoras se atrincheran no pocas veces, para hacer prosperar sus intereses, detr\u00e1s de los campesinos.<\/p>\n<p>Desde el d\u00eda en que vieran la luz las tesis de abril mantenidas por Lenin, el peligro de que el proletariado se aislara de los campesinos fue el principal argumento de todos los que pugnaban por tirar para atr\u00e1s la revoluci\u00f3n. Se explica perfectamente que Lenin comparase a Tsereteli con los \u00abviejos bolcheviques\u00bb.<\/p>\n<p>En uno de sus trabajos publicados en 1917, Trotski escrib\u00eda, a este prop\u00f3sito: \u00abEl aislamiento en que se encuentra nuestro partido con respecto a los socialrevolucionarios y mencheviques, por radical que sea, llevado incluso hasta detr\u00e1s de los muros carcelarios, no significa, ni mucho menos, el aislamiento del proletariado con respecto a las masas oprimidas de la ciudad y el campo. Al contrario, la recia oposici\u00f3n de la pol\u00edtica del proletariado revolucionario contra la p\u00e9rfida pol\u00edtica de concesiones de los actuales dirigentes sovi\u00e9ticos es lo \u00fanico que puede trazar una diferenciaci\u00f3n pol\u00edtica salvadora en los millones de campesinos, arrancar a los campesinos pobres a la direcci\u00f3n traicionera de los labriegos socialrevolucionarios acomodados y convertir al proletariado socialista en el verdadero caudillo de la revoluci\u00f3n popular triunfante.\u00bb<\/p>\n<p>Y, sin embargo, aquel argumento, falso hasta la m\u00e9dula, de Tsereteli result\u00f3 tener una gran fuerza vital. En v\u00edsperas de la revoluci\u00f3n de Octubre, volvi\u00f3 a levantar cabeza con fuerza redoblada, como el argumento que esgrim\u00edan muchos \u00abviejos bolcheviques\u00bb contra la toma del poder. A\u00f1os despu\u00e9s, al iniciarse la reacci\u00f3n ideol\u00f3gica contra las tradiciones de octubre, la f\u00f3rmula de Tsereteli convirti\u00f3se en la principal arma te\u00f3rica de la escuela de los ep\u00edgonos.<\/p>\n<p>En la misma sesi\u00f3n del Congreso de los s\u00f3viets, que conoci\u00f3, en rebeld\u00eda, del proceso contra los bolcheviques, el representante del menchevismo propuso, cuando menos se esperaba, que para el pr\u00f3ximo domingo, 18 de junio, se organizase en Petrogrado y en las ciudades m\u00e1s importantes una manifestaci\u00f3n de obreros y soldados, para patentizar a los enemigos la unidad y la fuerza de la democracia. La proposici\u00f3n, aunque dej\u00f3 un poco perplejo al Congreso, fue aceptada. Un mes despu\u00e9s, Miliukov explicaba de un modo bastante plausible este inesperado cambio de frente de los conciliadores: \u00abDespu\u00e9s de pronunciar en el Congreso de los s\u00f3viets discursos de tono liberal, despu\u00e9s de hacer fracasar la manifestaci\u00f3n armada del 10 de junio&#8230;, los ministros socialistas tuvieron la sensaci\u00f3n de que hab\u00edan ido demasiado lejos en su acercamiento a nuestro campo, de que empezaba a faltarles el terreno en que pisaban. Entonces se asustaron y dieron un viraje hacia los bolcheviques.\u00bb Claro est\u00e1 que aquel acuerdo de organizar una manifestaci\u00f3n para el 18 de junio no era precisamente un viraje hacia los bolcheviques, sino algo muy distinto: una tentativa de viraje hacia las masas contra el bolchevismo. El encuentro nocturno con los obreros y los soldados les hab\u00eda producido una impresi\u00f3n bastante fuerte a los elementos dirigentes de los s\u00f3viets. As\u00ed se explica que, abandonando los prop\u00f3sitos imperantes al abrirse el Congreso, se publicase atropelladamente, en nombre del gobierno, un decreto disolviendo la Duma y convocando la Asamblea constituyente para el 30 de septiembre pr\u00f3ximo. Las divisas de la manifestaci\u00f3n hab\u00edan sido concebidas de modo que no suscitaran la irritaci\u00f3n de las masas:\u00abPaz general\u00bb, \u00abConvocaci\u00f3n inmediata de la Asamblea constituyente\u00bb, \u00abRep\u00fablica democr\u00e1tica\u00bb. Ni una palabra acerca de la ofensiva ni de la coalici\u00f3n. Lenin preguntaba en la\u00a0<em>Pravda<\/em>: \u00ab\u00bfQu\u00e9 se ha hecho, se\u00f1ores, de aquella confianza absoluta en el gobierno provisional? \u00bfPor qu\u00e9 la lengua se os pega al paladar?\u00bb Estas iron\u00edas daban en el blanco: en efecto, los conciliadores no se atrev\u00edan a exigir de las masas que depositasen su confianza en el gobierno de que formaban parte.<\/p>\n<p>Los delegados sovi\u00e9ticos, despu\u00e9s de recorrer por segunda vez las barriadas obreras y los cuarteles, en v\u00edsperas de la manifestaci\u00f3n, dieron informes muy alentadores al Comit\u00e9 ejecutivo. Tsereteli, a quien estos informes devolvieron la serenidad y la afici\u00f3n a desempe\u00f1ar el papel de mentor, se dirigi\u00f3 en estos t\u00e9rminos a los bolcheviques: \u00abAhora tenemos ocasi\u00f3n de pasar revista a nuestras fuerzas de un modo franco y honrado&#8230; Ha llegado la hora de que sepamos todos a qui\u00e9n sigue la mayor\u00eda: si a vosotros o a nosotros.\u00bb Los bolcheviques aceptaron el reto aun antes de que fuera formulado de un modo tan imprudente. \u00abAcudiremos a la manifestaci\u00f3n del 19 -dec\u00eda la\u00a0<em>Pravda<\/em>&#8211; para luchar por las mismas consignas por las que quer\u00edamos manifestarnos el d\u00eda 10.\u00bb<\/p>\n<p>Pensando seguramente en el entierro de marzo, que hab\u00eda sido, a lo menos exteriormente, una grandiosa manifestaci\u00f3n de unidad de la democracia, la ruta trazada para \u00e9sta conduc\u00eda tambi\u00e9n al Campo de Marte, a las tumbas de las v\u00edctimas de febrero. Pero la ruta era lo \u00fanico que recordaba los ya lejanos d\u00edas de marzo. Tomaron parte en la manifestaci\u00f3n cerca de cuatrocientas mil personas: muchas menos, por tanto, que en el entierro: de esta manifestaci\u00f3n sovi\u00e9tica no s\u00f3lo estaba ausente la burgues\u00eda, aliada de los s\u00f3viets, sino que lo estaban tambi\u00e9n los intelectuales radicales, que en las otras paradas de la democracia hab\u00edan ocupado un puesto tan preeminente. En sus filas formaban casi exclusivamente los cuarteles y las f\u00e1bricas.<\/p>\n<p>Los delegados del Congreso, congregados en el Campo de Marte, iban leyendo los cartelones que desfilaban ante ellos. Las primeras divisas bolcheviques fueron acogidas medio en broma. Era natural que as\u00ed fuese; no en vano la v\u00edspera, Tsereteli hab\u00eda lanzado su reto con tanta firmeza. Lo malo era que estas consignas se repet\u00edan profusamente: \u00ab\u00a1Abajo los diez ministros capitalistas!\u00bb, \u00ab\u00a1Abajo la ofensiva!\u00bb, \u00ab\u00a1Todo el poder a los S\u00f3viets!\u00bb La sonrisa ir\u00f3nica fue borr\u00e1ndose de los rostros. Las banderas bolchevistas iban desfilando, unas tras otras, en procesi\u00f3n inacabable. Los delegados no las ten\u00edan todas consigo. El triunfo de los bolcheviques era demasiado evidente para negarlo. \u00abDe vez en cuando -dice Suj\u00e1nov- aparec\u00edan entre las banderas y las columnas bolcheviques las divisas espec\u00edficamente social-revolucionarias y sovi\u00e9ticas. Pero se perd\u00edan entre la masa.\u00bb Al d\u00eda siguiente, el \u00f3rgano oficioso del S\u00f3viet daba cuenta del furor con que en algunos sitios hab\u00edan sido destrozadas las banderas con las consignas pidiendo un voto de confianza para el gobierno provisional. En estas palabras hay una evidente exageraci\u00f3n. Por la sencilla raz\u00f3n de que s\u00f3lo tres peque\u00f1os grupos portaban cartelones de homenaje al gobierno provisional: eran los amigos de Plej\u00e1nov, el regimiento de cosacos y un grupo de intelectuales jud\u00edos afiliados al \u00abBund\u00bb. Este tr\u00edo combinado que, por los elementos que lo integraban, produc\u00eda la impresi\u00f3n de un hecho pol\u00edtico raro, parec\u00eda no tener m\u00e1s finalidad que poner al descubierto, para que todo el mundo lo viese, la impotencia del r\u00e9gimen. Ante los gritos de protesta de la multitud, los amigos de Plej\u00e1nov y los del \u00abBund\u00bb se vieron obligados a retirar los cartelones. La bandera de los cosacos que mostraron m\u00e1s tozudez fue, en efecto, arrebatada y destrozada por el p\u00fablico.<\/p>\n<p>\u00abLo que hasta ahora no era m\u00e1s que un arroyuelo -comentan las\u00a0<em>Izvestia<\/em>&#8211; se ha convertido en un caudaloso r\u00edo, cada vez m\u00e1s hinchado y que amenaza con desbordarse.\u00bb Se trataba de la barriada de Viborg, cubierta toda ella de banderas bolcheviques con la inscripci\u00f3n: \u00ab\u00a1Abajo los diez ministros capitalistas!\u00bb Una de las f\u00e1bricas tremolaba un cartel\u00f3n que dec\u00eda as\u00ed: \u00abEl derecho a la vida est\u00e1 por encima del derecho de propiedad.\u00bb Esta divisa no obedec\u00eda a \u00f3rdenes del partido.<\/p>\n<p>Los delegados de provincias, aturdidos, buscaban a los jefes con los ojos. \u00c9stos rehu\u00edan la mirada o se escabull\u00edan buenamente. Los bolcheviques asediaban a preguntas a los provincianos. \u00bfSe parece esto, acaso, a un pu\u00f1ado de conspiradores? Los delegados de provincias conven\u00edan en que no, en que no lo parec\u00edan. \u00abNo pude negarse que en Petrogrado sois una fuerza -reconoc\u00edan en un tono bastante distinto del adoptado en la sesi\u00f3n oficial del Congreso-; pero no ocurre lo mismo en las provincias ni en el frente.\u00bb Esperad, les contestaban los bolcheviques, que pronto os llegar\u00e1 tambi\u00e9n a vosotros el turno y se alzar\u00e1n en provincias los mismos cartelones.<\/p>\n<p>\u00abDurante el desfile -escrib\u00eda el viejo Plej\u00e1nov-, yo estaba en el Campo de Marte, al lado de Cheidse. Por su semblante, ve\u00eda que no se enga\u00f1aba en lo m\u00e1s m\u00ednimo respecto a la significaci\u00f3n de aquella profusi\u00f3n asombrosa de carteles pidiendo el derrocamiento de los ministros capitalistas. Y aun parec\u00edan subrayar deliberadamente esa significaci\u00f3n de las \u00f3rdenes verdaderamente autoritarias con que se dirig\u00edan a \u00e9l algunos de los representantes leninistas que desfilaban ante nosotros con aire triunfal.\u00bb<\/p>\n<p>Desde luego, los bolcheviques ten\u00edan motivos para estar satisfechos. \u00abJuzgando por los cartelones y las divisas de los manifestantes -dec\u00eda el peri\u00f3dico de Gorki-, la manifestaci\u00f3n del domingo ha puesto de relieve el triunfo completo alcanzado por el bolchevismo entre el proletariado petersburgu\u00e9s.\u00bb Era, en efecto, un gran triunfo, obtenido, adem\u00e1s, en la palestra escogida por el propio adversario., El Congreso de los s\u00f3viets, despu\u00e9s de aprobar la ofensiva, aceptar la coalici\u00f3n y anatemizar a los bolcheviques, se aventuraba a llamar a la calle a las masas. \u00c9stas acud\u00edan y le dec\u00edan a la cara: votamos contra la ofensiva y contra la coalici\u00f3n; estamos al lado de los bolcheviques. Tal era el balance pol\u00edtico de la manifestaci\u00f3n de junio. Y se explica que el peri\u00f3dico de los mencheviques, iniciadores de la manifestaci\u00f3n, preguntara melanc\u00f3licamente al d\u00eda siguiente: \u00ab\u00bfA qui\u00e9n se le ocurri\u00f3 esta desdichada idea?\u00bb<\/p>\n<p>Naturalmente que no todos los obreros y soldados de la capital tomaron parte en la manifestaci\u00f3n, como tampoco todos los manifestantes eran bolcheviques. Pero lo evidente era que nadie quer\u00eda la coalici\u00f3n. Los obreros adversos aun al bolchevismo no sab\u00edan qu\u00e9 oponerle, raz\u00f3n por la cual su enemiga se tornaba en expectante neutralidad. No pocos mencheviques y social-revolucionarios, que a\u00fan no hab\u00edan roto con sus partidos pero que hab\u00edan perdido ya la confianza en sus consignas, abrazaban las de los bolcheviques.<\/p>\n<p>La manifestaci\u00f3n del 18 de junio produjo una inmensa impresi\u00f3n a los propios manifestantes. Las masas vieron que el bolchevismo se convert\u00eda en una fuerza, y los vacilantes se sintieron atra\u00eddos hacia \u00e9l. En Mosc\u00fa, Kiev, Charkov, Yekaterinoslav y muchas ciudades provinciales, las manifestaciones pusieron de relieve los inmensos avances conseguidos por los bolcheviques sobre las masas. Por todas partes surg\u00edan los mismos lemas, clavados en el mismo coraz\u00f3n del r\u00e9gimen de Febrero. Hab\u00eda que sacar las consecuencias de todo esto. Parec\u00eda que ya los conciliadores no ten\u00edan salida del atolladero, cuando, a \u00faltima hora, vino en su auxilio la ofensiva.<\/p>\n<p>El 19 de junio, la avenida Nevski presenci\u00f3 varias manifestaciones patri\u00f3ticas organizadas por los kadetes y con retratos de Kerenski por bandera. El propio Miliukov confiesa que estas manifestaciones se parec\u00edan tan poco a la que desfilara por aquellas mismas calles el d\u00eda anterior, que al sentimiento de entusiasmo se un\u00eda involuntariamente la desconfianza. \u00a1Sentimiento muy leg\u00edtimo! Pero los conciliadores respiraron tranquilos. Su pensamiento se remont\u00f3 inmediatamente por encima de las dos manifestaciones, como la esencia de la s\u00edntesis democr\u00e1tica. Esta gente estaba condenada a apurar hasta las heces la copa de las decepciones y de la humillaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En abril hab\u00edan chocado en la calle dos manifestaciones: la revolucionaria y la patri\u00f3tica, y el choque produjo v\u00edctimas. Las manifestaciones adversas del 18 y del 19 de junio se sucedieron la una a la otra. Esta vez no lleg\u00f3 a estallar la pugna violenta. Pero ya no se pod\u00eda evitar que estallase. Lo que se hizo fue \u00fanicamente aplazarla hasta dos semanas despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Los anarquistas, que no sab\u00edan c\u00f3mo manifestar su fiera independencia, se aprovecharon de la manifestaci\u00f3n del 19 de junio para asaltar la c\u00e1rcel de Viborg. Los detenidos, presos comunes en su mayor\u00eda, fueron puestos en libertad, sin combate ni v\u00edctimas. El ataque no cog\u00eda desprevenida, manifiestamente, a la administraci\u00f3n, que no ofreci\u00f3 la menor resistencia a la agresi\u00f3n de los anarquistas reales y supuestos. Este enigm\u00e1tico episodio no ten\u00eda nada que ver con la manifestaci\u00f3n. Pero la prensa patri\u00f3tica lo mezcl\u00f3 todo como le convino. Los bolcheviques propusieron en el Congreso de los s\u00f3viets que se abriera una informaci\u00f3n rigurosa para averiguara como hab\u00edan podido ponerse en libertad 460 presos de delitos comunes. Pero los conciliadores no pod\u00edan permitirse este lujo, pues tem\u00edan chocar con los representantes de la superioridad administrativa y con sus aliados del bloque. Adem\u00e1s, no ten\u00edan el menor deseo de defender contra las calumnias malignas a la manifestaci\u00f3n organizada por ellos.<\/p>\n<p>El ministro de Justicia, Perevedzey, que unos d\u00edas antes se hab\u00eda cubierto de oprobio en el asunto de la villa de Durnovo, decidi\u00f3 tomarse la revancha y, so pretexto de buscar a los reclusos evadidos, volvi\u00f3 a asaltar la dicha villa. Los anarquistas ofrecieron resistencia, y, durante el tiroteo que se abri\u00f3, result\u00f3 muerto uno de ellos, qued\u00f3 la villa destrozada. Los obreros de la barriada de Viborg, que consideraban como suya esta casa, dieron la voz de alarma. En algunas f\u00e1bricas abandonaron el trabajo. La alarma se extendi\u00f3 por otros barrios y hasta por los cuarteles.<\/p>\n<p>Los \u00faltimos d\u00edas de junio se caracterizan por un estado constante de efervescencia. El regimiento de Ametralladoras est\u00e1 dispuesto a lanzarse inmediatamente al ataque contra el gobierno provisional. Los huelguistas recorren los cuarteles invitando a los soldados a echarse a la calle. Una manifestaci\u00f3n de protesta, formada por campesinos con uniforme de soldados, muchos ya canosos, recorre las calles: son hombres de cuarenta a\u00f1os, que exigen que les dejen marcharse a los trabajos del campo. Los bolcheviques se pronuncia contra la acci\u00f3n inmediata: la manifestaci\u00f3n del 18 de junio ha dicho todo lo que ten\u00eda que decir: para obtener un cambio, no bastaba con manifestaciones, y la hora del golpe decisivo no hab\u00eda sonado a\u00fan. El 22 de junio, los bolcheviques dirigen un llamamiento a la guarnici\u00f3n: \u00abNo atend\u00e1is a las invitaciones que os hagan para que os ech\u00e9is a la calle, en nombre de la organizaci\u00f3n militar.\u00bb Del frente llegan delegados que se lamentan de los actos violentos y de las sanciones de que son v\u00edctimas los soldados. La amenaza de disolver los regimientos insumisos no consigue m\u00e1s que echar le\u00f1a al fuego. \u00abEn muchos regimientos, los soldados duermen con las armas al brazo\u00bb, dice una declaraci\u00f3n elevada por los bolcheviques al comit\u00e9 ejecutivo. Las manifestaciones patri\u00f3ticas, no pocas veces armadas, provocan colisiones en las calles. Son peque\u00f1as descargas de la electricidad acumulada. Ninguno de los bandos se decide a emprender la ofensiva: la reacci\u00f3n es demasiado d\u00e9bil y la revoluci\u00f3n no tiene a\u00fan una confianza absoluta en sus fuerzas. Pero tal parece que las calles de la ciudad est\u00e1n regadas con materias explosivas. Flota en el ambiente la inminencia del choque. La prensa bolchevique explica y frena. La prensa patri\u00f3tica exterioriza su inquietud lanz\u00e1ndose a una campa\u00f1a desenfrenada contra los bolcheviques. El 25 de junio, Lenin escribe: \u00abLos salvajes aullidos de furor y de rabia contra los bolcheviques son el gemido de los kadetes, los social-revolucionarios y los mencheviques por su propia impotencia. Tienen la mayor\u00eda. Est\u00e1n en el poder. Forman un bloque. Y ven que, a pesar de todo, no pueden nada. \u00bfC\u00f3mo no han de ponerse furiosos contra los bolcheviques?\u00bb<\/p>\n<h6><strong>Publicada por primera vez, en traducci\u00f3n de Max Eastman, como\u00a0<em>The History of the Russian Revolution<\/em>\u00a0vols I-III, en Londres 1932-33. Digitalizado por Julagaray en julio de 1997, para la\u00a0<a href=\"http:\/\/www.basque-red.net\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Red Vasca Roja<\/a>, con cuyo permiso aparece aqu\u00ed. Recodificado para el MIA por Juan R. Fajardo en octubre de 1999.<\/strong><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El cap\u00edtulo que presentamos de \u201cHistoria de la Revoluci\u00f3n Rusa\u201d analiza los sucesos de junio de 1917 (considerando el viejo calendario ruso). Este mes y el siguiente fueron un per\u00edodo de inflexi\u00f3n en el acelerado proceso revolucionario en curso. 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