{"id":40882,"date":"2017-02-05T08:13:37","date_gmt":"2017-02-05T10:13:37","guid":{"rendered":"http:\/\/litci.org\/es\/?p=40882"},"modified":"2017-02-06T08:12:28","modified_gmt":"2017-02-06T10:12:28","slug":"quien-dirigio-la-insurreccion-de-febrero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/litci.org\/es\/quien-dirigio-la-insurreccion-de-febrero\/","title":{"rendered":"\u00bfQui\u00e9n dirigi\u00f3 la insurrecci\u00f3n de febrero?"},"content":{"rendered":"<p><em>El proceso revolucionario (que llev\u00f3 a la toma del poder por parte de la clase obrera rusa en octubre de 1917) hab\u00eda comenzado en febrero de ese mismo a\u00f1o cuando fue derrocado el r\u00e9gimen zarista. Muchos historiadores consideran que esta primera revoluci\u00f3n fue \u201cespont\u00e1nea\u201d y que no tuvo ninguna direcci\u00f3n. Por el contrario, Trotsky dedica un cap\u00edtulo de su libro para demostrar que, aunque no fue centralizada, s\u00ed hubo una direcci\u00f3n: los obreros de vanguardia educados por el partido bolchevique de Lenin en los a\u00f1os anteriores.<\/em><!--more--><\/p>\n<p>De: Le\u00f3n Trotsky<\/p>\n<p><strong>Cap\u00edtulo VIII &#8211; Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa<\/strong><\/p>\n<p>Los abogados y los periodistas, las clases perjudicadas por la revoluci\u00f3n, han gastado grandes cantidades de tinta en demostrar que el movimiento de Febrero, que se quiere hacer pasar por una revoluci\u00f3n, no fue en rigor m\u00e1s que un mot\u00edn de mujeres, transformado despu\u00e9s en mot\u00edn militar. Tambi\u00e9n Luis XVI se obstinaba en creer en su tiempo que la toma de la Bastilla no era m\u00e1s que un mot\u00edn, hasta que las cosas se encargaron de demostrarle de un modo harto elocuente que se trataba de una revoluci\u00f3n. Los que salen perdiendo con una revoluci\u00f3n rara vez se inclinan a llamarla por su nombre, pues \u00e9ste, a pesar de todos los esfuerzos de los reaccionarios enfurecidos, va asociado, en el recuerdo hist\u00f3rico de la Humanidad, a una aureola de emancipaci\u00f3n de las viejas cadenas y prejuicios. Los privilegiados de todos los siglos y sus lacayos intentan, invariablemente, motejar de mot\u00edn, sedici\u00f3n o revuelta de la chusma a la revoluci\u00f3n que los derriba de sus puestos. Las clases caducas no se distinguen precisamente por su gran inventiva.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s del 27 de febrero hici\u00e9ronse tentativas para equiparar la revoluci\u00f3n de Febrero al golpe de Estado militar de los J\u00f3venes Turcos, con que, como sabemos, tanto hab\u00eda so\u00f1ado la alta burgues\u00eda rusa. Tan infundada era, sin embargo, esta analog\u00eda, que hubo de ser seriamente combatida por uno de los peri\u00f3dicos burgueses. Tugan-Baranovski, economista que en su juventud hab\u00eda pasado por la escuela de Marx, una especie de variante rusa de Sombart, escrib\u00eda el 20 de marzo, en Las Noticias de la Bolsa (Birchevie Wedomosti):<\/p>\n<p>\u00abLa revoluci\u00f3n turca consisti\u00f3 en una sublevaci\u00f3n victoriosa del ej\u00e9rcito, preparada y realizada por los jefes del mismo. Los soldados no eran m\u00e1s que unos ejecutores obedientes de los prop\u00f3sitos de sus oficiales. Los regimientos de la Guardia que el 27 de febrero derribaron el trono ruso prescindieron de sus oficiales&#8230; No fueron las tropas, sino los obreros quienes iniciaron la insurrecci\u00f3n; no los generales, sino los soldados quienes se personaron ante la Duma. Los soldados apoyaban a los obreros no porque obedecieran d\u00f3cilmente las \u00f3rdenes de sus oficiales, sino porque&#8230; sent\u00edan el lazo que les un\u00eda a los obreros como una clase compuesta de trabajadores, como parte de ellos mismos. Los campesinos y los obreros: he ah\u00ed las dos clases sociales a cuyo cargo ha corrido la revoluci\u00f3n rusa.\u00bb<\/p>\n<p>Estas palabras no necesitan de enmienda ni de comentario. El desarrollo ulterior de la revoluci\u00f3n hab\u00eda de confirmarlas plenamente.<\/p>\n<p>El \u00faltimo d\u00eda de febrero fue para Petersburgo el primer d\u00eda de la nueva era triunfante: d\u00eda de entusiasmos, de abrazos, de l\u00e1grimas de gozo, de efusiones verbales; pero, al mismo tiempo, de golpes decisivos contra el enemigo. En las calles resonaban todav\u00eda los disparos. Se dec\u00eda que los \u00abfaraones\u00bb de Protopopov, ignorantes todav\u00eda del triunfo del pueblo, segu\u00edan disparando desde lo alto de las casas. Desde abajo disparaban contra las azoteas y los campanarios, donde se supon\u00eda que se guarec\u00edan los fantasmas armados del zarismo. Cerca de las cuatro fue ocupado el Almirantazgo, donde se hab\u00edan refugiado los \u00faltimos restos del poder zarista. Las organizaciones revolucionarias y grupos improvisados efectuaban detenciones en la ciudad. La fortaleza de Schluselburg fue tomada sin disparar un solo tiro. Tanto en la ciudad como en los alrededores iban sum\u00e1ndose constantemente a la revoluci\u00f3n nuevos batallones.<\/p>\n<p>El cambio de r\u00e9gimen en Mosc\u00fa no fue m\u00e1s que un eco de la insurrecci\u00f3n de Petrogrado. Entre los soldados y los obreros reinaba el mismo estado de esp\u00edritu, pero expresado de un modo menos vivo. En el seno de la burgues\u00eda, el estado de \u00e1nimo imperante era un poco m\u00e1s izquierdista; en las orillas del Neva, los intelectuales radicales de Mosc\u00fa organizaron una reuni\u00f3n, que no condujo a nada, para tratar de lo que hab\u00eda de hacerse. Hasta el d\u00eda 27 de febrero no empezaron las huelgas en las f\u00e1bricas de Mosc\u00fa; luego, vinieron las manifestaciones. En los cuarteles, los oficiales dec\u00edan a los soldados que en las calles estaban promoviendo disturbios unos canallas a los cuales ser\u00edan preciso poner coto. \u00abPero ahora -cuenta el soldado Chischilin- los soldados empezaban a entender la palabra \u00abcanalla\u00bb en sentido contrario\u00bb. A las dos se presentaron en el edificio de la Duma municipal un gran n\u00famero de soldados de diversos regimientos, que buscaban el modo de adherirse a la causa de la revoluci\u00f3n. Al d\u00eda siguiente se extendi\u00f3 el movimiento huelgu\u00edstico. De todas partes acud\u00eda la muchedumbre a la Duma con banderas. El soldado de la compa\u00f1\u00eda de automovilistas Muralov, viejo bolchevique, agr\u00f3nomo, gigante generoso y valiente, condujo a la Duma el primer regimiento completo y disciplinado, que ocup\u00f3 la estaci\u00f3n radiotelegr\u00e1fica y otros puntos estrat\u00e9gicos. Ocho meses despu\u00e9s, este Muralov era nombrado jefe de las tropas de la regi\u00f3n militar de Mosc\u00fa.<\/p>\n<p>Se abrieron las c\u00e1rceles. El mismo Muralov lleg\u00f3 con un cami\u00f3n lleno de presos pol\u00edticos liberados. El oficial, con la mano en la visera, pregunt\u00f3 al revolucionario si hab\u00eda que soltar tambi\u00e9n a los jud\u00edos. Dzerchinski, que acababa de ser libertado y no se hab\u00eda quitado a\u00fan el traje de presidiario, se present\u00f3 en la Duma, donde se estaba formando ya el Soviet de diputados obreros. El artillero Dorofeiev cuenta que el primero de marzo los obreros de la f\u00e1brica de caramelos Siou se presentaron con banderas en el cuartel de la brigada de Artiller\u00eda para fraternizar con los soldados, y que muchos de ellos, desbordantes de gozo, lloraban. En la ciudad sonaron algunos disparos hechos desde las esquinas; pero, en general, no hubo choques armados ni v\u00edctimas: Petrogrado respond\u00eda por Mosc\u00fa.<\/p>\n<p>En varias ciudades de provincias el movimiento no empez\u00f3 hasta el primero de marzo, despu\u00e9s que la revoluci\u00f3n hab\u00eda triunfado ya hasta en Mosc\u00fa. En Tver, los obreros se dirigieron en manifestaci\u00f3n desde las f\u00e1bricas a los cuarteles, y, mezclados con los soldados, recorrieron las calles de la ciudad cantando, como en todas partes entonces, La Marsellesa, no La Internacional. En Nijni-Novgorod, millares de personas se reunieron en los alrededores del edificio de la Duma municipal, que desempe\u00f1\u00f3 en la mayor\u00eda de las ciudades el papel que representaba en Petrogrado el palacio de T\u00e1urida. Despu\u00e9s de escuchar un discurso del alcalde, los obreros se dirigieron con banderas rojas a sacar de la c\u00e1rcel a los presos pol\u00edticos. Al atardecer, dieciocho unidades, de las veintiuna que compon\u00edan la guarnici\u00f3n, se hab\u00edan puesto ya al lado de la revoluci\u00f3n. En Samara y Saratov celebr\u00e1ronse m\u00edtines y se organizaron soviets de diputados obreros. En Charkov, el jefe superior de la gendarmer\u00eda, al enterarse en la estaci\u00f3n del triunfo de la insurrecci\u00f3n, se puso en pie en un coche ante la multitud agitada y, tremolando la gorra, grit\u00f3 con todas las fuerzas de sus pulmones: \u00ab\u00a1Viva la revoluci\u00f3n!\u00bb A Yekaterinoslav, la noticia lleg\u00f3 de Charkov. Al frente de la manifestaci\u00f3n iba el ayudante del jefe superior de gendarmer\u00eda, con un gran sable en la mano, como durante las paradas de grandes solemnidades. Cuando se vio claramente que la monarqu\u00eda estaba definitivamente derrumbada, en las oficinas p\u00fablicas empezaron aves revolucionarias, la decisi\u00f3n era menor que en Petrogrado. Cuando empezaban los liberales, que no hab\u00edan perdido a\u00fan la afici\u00f3n a emplear el tono de chanza para hablar de la revoluci\u00f3n, circulaban no pocas an\u00e9cdotas, ver\u00eddicas o imaginadas. Los obreros, lo mismo que los soldados de las guarniciones, viv\u00edan los acontecimientos de un modo muy distinto.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a otra serie de ciudades provinciales (Pskov, Oril, Ribinsk, Penza, Kaz\u00e1n, Tsaritsin, etc.), la cr\u00f3nica se\u00f1ala, con fecha del 2 de marzo: \u00abHa llegado la noticia del cambio de r\u00e9gimen, y la poblaci\u00f3n se ha adherido a la revoluci\u00f3n.\u00bb Estas l\u00edneas, a pesar de su car\u00e1cter sumario, expresan de un modo sustancialmente ver\u00eddico la realidad.<\/p>\n<p>A los pueblos, las noticias relativas a la revoluci\u00f3n llegaban de las capitales pr\u00f3ximas, unas veces por conducto de las propias autoridades y otras veces a trav\u00e9s de los mercados, de los obreros, de los soldados licenciados. Los pueblos acog\u00edan la revoluci\u00f3n m\u00e1s lentamente y con menos entusiasmo que las ciudades, pero no menos profundamente. Los campesinos relacionaban el cambio con la guerra y con la tierra.<\/p>\n<p>No pecaremos de exageraci\u00f3n si decimos que la revoluci\u00f3n de Febrero la hizo Petrogrado. El resto del pa\u00eds se adhiri\u00f3. En ning\u00fan sitio, a excepci\u00f3n de la capital, hubo lucha. No hubo en todo el pa\u00eds un solo grupo de poblaci\u00f3n, un solo partido, una sola instituci\u00f3n, un solo regimiento, que se decidiera a defender el viejo r\u00e9gimen. Esto demuestra cu\u00e1n fundados son los razonamientos que hacen con la caballer\u00eda de la Guardia o si Ivanov no hubiera llegado del frente con una brigada de confianza, el destino de la monarqu\u00eda hubiera sido otro. Ni en el interior ni en el frente hubo una sola brigada ni un solo regimiento dispuesto a luchar por Nicol\u00e1s II.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n se llev\u00f3 a cabo por la iniciativa y el esfuerzo de una sola ciudad, que representaba aproximadamente 1\/75 parte de la poblaci\u00f3n del pa\u00eds. D\u00edgase, si se quiere, que el magno acto democr\u00e1tico fue realizado del modo menos democr\u00e1tico imaginable. Todo el pa\u00eds se hall\u00f3 ante un hecho consumado. El hecho de que se anunciase en perspectiva la convocatoria de la Asamblea constituyente no significa nada, pues las fechas y los procedimientos de convocaci\u00f3n de la representaci\u00f3n nacional fueron decretados por los \u00f3rganos del poder surgidos de la insurrecci\u00f3n triunfante en Petrogrado. Esto proyecta un vivo resplandor sobre el problema referente a las funciones de las formas democr\u00e1ticas, en general, y las de per\u00edodos revolucionarios, en particular. Las revoluciones han inferido siempre grandes reveses al fetichismo jur\u00eddico de \u00abla soberan\u00eda nacional\u00bb, y tanto m\u00e1s implacablemente cuanto m\u00e1s profunda, audaz y democr\u00e1tica es la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se ha dicho muchas veces, sobre todo con referencia a la gran revoluci\u00f3n francesa, que el riguroso centralismo implantado por la monarqu\u00eda permiti\u00f3 luego a la capital revolucionaria pensar y obrar por todo el pa\u00eds. Esta explicaci\u00f3n es harto superficial. La revoluci\u00f3n manifiesta tendencias centralistas, pero no es imitando a la monarqu\u00eda derribada, sino por inexorable imposici\u00f3n de las necesidades de la nueva sociedad, que no se aviene con el particularismo. Si la capital desempe\u00f1a en la revoluci\u00f3n un papel tan preeminente, que en ella parece concentrarse, en ciertos momentos, la voluntad del pa\u00eds, es sencillamente por dar expresi\u00f3n m\u00e1s elocuente a las tendencias fundamentales de la nueva sociedad, llev\u00e1ndolas hasta sus \u00faltimas consecuencias. Las provincias aceptan lo hecho por la capital como el reflejo a sus propios prop\u00f3sitos, pero transformados ya en acci\u00f3n. La iniciativa de los centros urbanos no representa ninguna infracci\u00f3n del democratismo, sino su realizaci\u00f3n din\u00e1mica. Sin embargo, el ritmo de esta din\u00e1mica, en las grandes revoluciones, no coincide nunca con el de la democracia formal representativa. Las provincias se adhieren a los actos del centro, pero con retraso. Dado el r\u00e1pido desarrollo de los acontecimientos que caracteriza a las revoluciones, esto conduce a una aguda crisis del parlamentarismo revolucionario, que no se puede resolver con los m\u00e9todos de la democracia. La representaci\u00f3n nacional se estrella invariablemente contra toda aut\u00e9ntica revoluci\u00f3n al chocar con la din\u00e1mica revolucionaria, cuyo foco principal reside en las capitales. As\u00ed sucedi\u00f3 en Inglaterra, en el siglo XVII, en Francia, en el XVIII, y en el XX en Rusia. El papel de la capital se halla trazado, no por las tradiciones del centralismo burocr\u00e1tico, sino por la situaci\u00f3n de la clase revolucionaria dirigente, cuya vanguardia, lo mismo la de la burgues\u00eda que la del proletariado, se halla naturalmente concentrada en la ciudad m\u00e1s importante.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de las jornadas de Febrero se contaron las v\u00edctimas. En Petrogrado hubo mil cuatrocientos cuarenta y tres muertos y heridos, de los cuales ochocientos sesenta y nueve pertenec\u00edan al ej\u00e9rcito. De estos \u00faltimos, sesenta eran oficiales. En comparaci\u00f3n con las v\u00edctimas de cualquier combate de la gran guerra, estas cifras, considerables de suyo, resulta insignificantes. La prensa liberal proclam\u00f3 que la revoluci\u00f3n de Febrero hab\u00eda sido incruenta. En los d\u00edas de entusiasmo general y de amnist\u00eda rec\u00edproca de los partidos patri\u00f3ticos, nadie se dedic\u00f3 a restablecer el imperio de la verdad. Albert Thomas, como amigo de todo lo que triunfa, incluso de las insurrecciones victoriosas, hablaba entonces de la \u00abrevoluci\u00f3n rusa, la m\u00e1s luminosa, la m\u00e1s jubilosa y la m\u00e1s incruenta\u00bb. Claro que \u00e9l ten\u00eda entonces la esperanza de que la revoluci\u00f3n entregar\u00eda a Rusia a merced de la Bolsa francesa. Pero, al fin y al cabo, Thomas no es precisamente ingenioso. El 27 de junio de 1789, Mirabeau exclamaba: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 dicha que esta gran revoluci\u00f3n salga adelante sin matanzas y sin l\u00e1grimas!&#8230; La historia ha hablado ya demasiado de actos de fiereza. Podemos tener la esperanza de que empezamos una historia de hombres.\u00bb Cuando los tres estado se unieron en la Asamblea nacional, los antepasados de Albert Thomas escrib\u00edan: \u00abLa revoluci\u00f3n ha terminado sin que costase ni una gota de sangre.\u00bb Hay que reconocer que en aquel periodo a\u00fan no hab\u00eda sangre. No se puede decir lo mismo de las jornadas de Febrero. Pero se mantuvo tenazmente la leyenda de la revoluci\u00f3n incruenta para alimentar la necesidad que el buen burgu\u00e9s liberal tiene de representarse las cosas tal y como si el poder hubiese ca\u00eddo en sus manos por s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Si la revoluci\u00f3n de Febrero no fue incruenta, no puede dejar de producir asombro que hubiera tan pocas v\u00edctimas en el momento de la revoluci\u00f3n y, sobre todo, durante los d\u00edas que la siguieron. No hay que olvidar que se trataba de vengarse de la opresi\u00f3n, de las persecuciones, de los escarnios, de los insultos ignominiosos de que hab\u00eda sido v\u00edctima durante siglos el pueblo de Rusia. Es verdad que los marineros y los soldados hicieron en algunos casos justicia sumaria a los verdugos m\u00e1s aut\u00e9nticos, los oficiales. Pero en un principio el n\u00fameros de esos actos fue insignificante en comparaci\u00f3n con el de las viejas y sangrientas ofensas sufridas. Las masas no se sobrepusieron a su primitiva benevolencia hasta mucho m\u00e1s tarde, despu\u00e9s de persuadirse de que las clases dominantes quer\u00edan dar marcha atr\u00e1s y adue\u00f1arse de la revoluci\u00f3n que no hab\u00edan hecho, acostumbrados como est\u00e1n a adue\u00f1arse de los bienes y los frutos no producidos por ellos.<\/p>\n<p>Tugan-Baranovski tiene raz\u00f3n cuando dice que la revoluci\u00f3n de Febrero fue obra de los obreros y los campesinos, representados \u00e9stos por los soldados. Pero queda todav\u00eda una gran cuesti\u00f3n que resolver. \u00bfQui\u00e9n dirigi\u00f3 la revoluci\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n puso en pie a los obreros? \u00bfQui\u00e9n ech\u00f3 a la calle a los soldados? Despu\u00e9s del triunfo, estas cuestiones se convirtieron en la manzana de la discordia entre los partidos. El modo m\u00e1s sencillo de resolverlas consist\u00eda en la aceptaci\u00f3n de una f\u00f3rmula universal: la revoluci\u00f3n no la dirigi\u00f3 nadie, se realiz\u00f3 por s\u00ed misma. La teor\u00eda de la \u00abespontaneidad\u00bb daba entera satisfacci\u00f3n no s\u00f3lo a todos los se\u00f1ores que todav\u00eda la v\u00edspera administraban, juzgaban, acusaban, defend\u00edan, comerciaban o mandaban pac\u00edficamente en nombre del zar y que hoy se apresuraban a marchar al paso de la revoluci\u00f3n, sino tambi\u00e9n a muchos pol\u00edticos profesionales y ex-revolucionarios que, habiendo dejado pasar de largo la revoluci\u00f3n, quer\u00edan creer que en este respecto no se distingu\u00edan de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>En su curiosa Historia de la sedici\u00f3n rusa, el general Denikin, ex-general\u00edsimo del ej\u00e9rcito blanco, dice, hablando del 27 de febrero: \u00abEn ese d\u00eda decisivo no hubo jefes; actu\u00f3 s\u00f3lo la fuerza espont\u00e1nea, en cuya terrible corriente no se ve\u00edan entonces ni objetivos, ni plan, ni consignas.\u00bb El historiador Miliukov no profundiza m\u00e1s que ese general aficionado a la literatura. Antes de la ca\u00edda del zarismo, el jefe liberal ve\u00eda en toda idea de revoluci\u00f3n la mano del Estado Mayor alem\u00e1n, pero la situaci\u00f3n se complic\u00f3 cuando el cambio de r\u00e9gimen llev\u00f3 a los liberales al poder. Ahora, la misi\u00f3n de Miliukov no consist\u00eda ya en marcar a la revoluci\u00f3n con el deshonor de atribuir iniciativa a los Hohenzollern, sino al contrario, en no asignar el honor de la iniciativa a los revolucionarios. El liberalismo abraza sin reservas la teor\u00eda de la espontaneidad y la impersonalidad de la revoluci\u00f3n. Miliukov cita con simpat\u00eda la opini\u00f3n de Stankievich, ese profesor semiliberal, semisocialista, convertido en comisario del gobierno cerca del Cuartel general. \u00abLa masa se puso en movimiento sola, obedeciendo a impulso interior inconsciente\u00bb&#8230; escribe Stankievich, hablando de las jornadas de Febrero. \u00bfCon qu\u00e9 consignas salieron los soldados a la calle? \u00bfQui\u00e9n los conduc\u00eda cuando conquistaron Petrogrado, cuando pegaron fuego a la Audiencia? No era una idea pol\u00edtica ni una consigna revolucionaria, ni un complot, ni un mot\u00edn, sino un movimiento espont\u00e1neo, que redujo s\u00fabitamente a cenizas todo el viejo r\u00e9gimen. Aqu\u00ed, la espontaneidad adquiere un car\u00e1cter casi m\u00edstico.<\/p>\n<p>El propio Stankievich hace una declaraci\u00f3n extraordinariamente importante: \u00abA finales de enero tuve ocasi\u00f3n de hablar con Kerenski en la intimidad&#8230; Todo el mundo se manifestaba esc\u00e9ptico de una revuelta popular, pues todos tem\u00edan que el movimiento popular de las masas tomara una orientaci\u00f3n de extrema izquierda, la cual crear\u00eda dificultadas extraordinarias para la prosecuci\u00f3n de la guerra.\u00bb Las opiniones de los c\u00edrculos frecuentados por Kerenski no se distingu\u00edan sustancialmente en nada, como se ve, de los kadetes. No era de aqu\u00ed, por tanto de donde pod\u00eda partir la iniciativa.<\/p>\n<p>\u00abLa revoluci\u00f3n se desencaden\u00f3 como el trueno en d\u00eda sereno -dice Zenzinov, representante del partido de los social-revolucionarios-. Seamos francos: la revoluci\u00f3n fue magna y gozosa sorpresa aun para nosotros, los revolucionarios, que hab\u00edamos trabajado por ella durante tantos a\u00f1os y que siempre la hab\u00edamos esperado.\u00bb<\/p>\n<p>Poco m\u00e1s o menos les ocurr\u00eda a los mencheviques. Uno de los periodistas de la emigraci\u00f3n burguesa habla del encuentro que tuvo el 24 de febrero, en un tranv\u00eda, con Skobelev, futuro ministro del gobierno revolucionario: \u00abEste socialdem\u00f3crata, uno de los l\u00edderes del movimiento, me dec\u00eda que los des\u00f3rdenes tomaban un car\u00e1cter de saqueo que era necesario sofocar. Esto no impidi\u00f3 que un mes despu\u00e9s, Skobelev afirmara que \u00e9l y sus amigos hab\u00edan hecho la revoluci\u00f3n.\u00bb La nota, aqu\u00ed, est\u00e1 probablemente exagerada, pero en lo fundamental la posici\u00f3n de los socialdem\u00f3cratas mencheviques que actuaban dentro de la ley est\u00e1 expresada de un modo muy cercano a la realidad.<\/p>\n<p>Finalmente, uno de los l\u00edderes del ala izquierda de los socialrevolucionarios, Mstislavski, que se pas\u00f3 posteriormente a los bolcheviques, dice, hablando de la revoluci\u00f3n de Febrero: \u00abA los miembros del partido de aquel entonces la revoluci\u00f3n nos sorprendi\u00f3 como a las v\u00edrgenes del Evangelio: durmiendo.\u00bb No importa gran cosa saber hasta qu\u00e9 punto se les pod\u00eda comparar en justicia con las v\u00edrgenes; pero que estaban durmiendo todos es indiscutible.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l fue la actitud de los bolcheviques? En parte, ya lo sabemos. Los principales dirigentes de la organizaci\u00f3n bolchevista clandestina que actuaba a la saz\u00f3n en Petrogrado eran tres: los ex-obreros Schliapnikov y Zalutski, y el ex-estudiante M\u00f3lotov. Schliapnikov, que hab\u00eda vivido durante bastante tiempo en el extranjero y que estaba en estrecha relaci\u00f3n con Lenin, era, desde el punto de vista pol\u00edtico, el m\u00e1s activo de los tres militantes que constitu\u00edan la oficina del Comit\u00e9 central. Sin embargo, las Memorias del propio Schliapnikov confirman mejor que nada que el peso de los acontecimientos era desproporcionado con lo que pod\u00edan soportar los hombros de este tr\u00edo. Hasta el \u00faltimo momento, los dirigentes entend\u00edan que se trataba de una de tantas manifestaciones revolucionarias, pero en modo alguno de un alzamiento armado. Kajurov, uno de los directores de la barriada de Viborg, a quien ya conocemos, afirma categ\u00f3ricamente: \u00abNo hab\u00eda instrucci\u00f3n alguna de los organismos centrales del partido&#8230; El Comit\u00e9 de Petrogrado hab\u00eda sido detenido y el camarada Schliapnikov, representante del Comit\u00e9 Central, era impotente para dar instrucciones para el d\u00eda siguiente.\u00bb<\/p>\n<p>La debilidad de las organizaciones clandestinas era un resultado directo de las represiones polic\u00edacas, las cuales hab\u00edan dado al gobierno resultados verdaderamente excepcionales en la situaci\u00f3n creada por el estado de esp\u00edritu patri\u00f3tico reinante al empezar la guerra. Toda organizaci\u00f3n, sin excluir las revolucionarias, tiende al retraso con respecto a su base social. A principios de 1917, las organizaciones clandestinas no se hab\u00edan rehecho a\u00fan del estado de abatimiento y de disgregaci\u00f3n, mientras que en las masas el contagio patri\u00f3tico hab\u00eda sido ya suplantado radicalmente por la indignaci\u00f3n revolucionaria.<\/p>\n<p>Para formarse una idea m\u00e1s clara de la verdadera situaci\u00f3n, por lo que a la direcci\u00f3n revolucionaria se refiere, es necesario recordar que los revolucionarios m\u00e1s prestigiosos, jefes de los partidos de izquierda, se hallaban en la emigraci\u00f3n, en las c\u00e1rceles y en el destierro. Cuanto m\u00e1s peligroso era un partido para el viejo r\u00e9gimen, m\u00e1s cruelmente se hallaba decapitado al estallar la revoluci\u00f3n. Los populistas ten\u00edan una fracci\u00f3n en la Duma, capitaneada por el radical sin partido Kerenski. El l\u00edder oficial de los socialistas revolucionarios, Chernov, se hallaba en la emigraci\u00f3n. Los mencheviques dispon\u00edan en la Duma de una fracci\u00f3n de partido capitaneado por Cheidse y Skobelev al frente. M\u00e1rtov estaba emigrado, Dan y Tseretelli se hallaban en el destierro. Alrededor de las fracciones de izquierda populista y menchevista se agrupaba un n\u00famero considerable de intelectuales socialistas con un pasado revolucionario. Esto creaba una apariencia de estado mayor pol\u00edtico, pero de un car\u00e1cter tal que s\u00f3lo pod\u00eda revelarse despu\u00e9s del triunfo. Los bolcheviques no ten\u00edan en la Duma fracci\u00f3n alguna: los cinco diputados obreros, en los cuales el gobierno del zar hab\u00eda visto el centro organizador de la revoluci\u00f3n, fueron detenidos en los primeros meses de la guerra. Lenin se hallaba en la emigraci\u00f3n con Zin\u00f3viev, y K\u00e1menev estaba en el destierro, lo mismo que otros dirigentes pr\u00e1cticos, poco conocidos en aquel entonces: Sverlov, Rikov, Stalin. El socialdem\u00f3crata polaco Dzerchinski, que no se hab\u00eda afiliado a\u00fan a los bolcheviques, estaba en presidio. Los dirigentes accidentales, precisamente porque estaban habituados a obrar como elementos subalternos bajo la autoridad inapelable de la direcci\u00f3n, no se consideraban a s\u00ed mismos ni consideraban a los dem\u00e1s capaces de desempe\u00f1ar una misi\u00f3n directiva en los acontecimientos revolucionarios.<\/p>\n<p>Si el partido bolchevique no pod\u00eda garantizar a los revolucionarios una direcci\u00f3n prestigiosa, de las dem\u00e1s organizaciones pol\u00edticas no hab\u00eda ni que hablar. Esto contribu\u00eda a reforzar la creencia tan extendida de que la revoluci\u00f3n de Febrero hab\u00eda tenido un car\u00e1cter espont\u00e1neo. Sin embargo, esta creencia es profundamente err\u00f3nea o, en el mejor de los casos, inconsistente.<\/p>\n<p>La lucha en la capital dur\u00f3 no una hora ni dos, sino cinco d\u00edas. Los dirigentes intentaban contenerla. Las masas contestaban intensificando el ataque y siguieron adelante. Ten\u00edan enfrente al viejo Estado, detr\u00e1s de cuya fachada tradicional se supon\u00eda que acechaba a\u00fan una fuerza poderosa; la burgues\u00eda liberal, con la Duma del Estado, con las asociaciones de zemstvos y las Dumas municipales, con las organizaciones industriales de guerra, las academias, las Universidades, la prensa; finalmente, dos partidos socialistas fuertes que opon\u00edan una resistencia patri\u00f3tica a la presi\u00f3n de abajo. La insurrecci\u00f3n ten\u00eda en el partido de los bolcheviques a la asociaci\u00f3n m\u00e1s af\u00edn, pero decapitada, con cuadros dispersos y grupos d\u00e9biles y fuera de la ley. Y a pesar de todo, la revoluci\u00f3n, que nadie esperaba en aquellos d\u00edas, sali\u00f3 adelante, y cuando en las esferas dirigentes se cre\u00eda que el movimiento se estaba ya apagando, \u00e9ste, con una poderosa convulsi\u00f3n, arranc\u00f3 el triunfo.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde proced\u00eda esta fuerza de resistencia y ataque sin ejemplo? El encarnizamiento de la lucha no basta para explicarla. Los obreros petersburgueses, por muy aplastados que se hubieran visto durante la guerra por la masa humana gris, ten\u00edan una gran experiencia revolucionaria. En su resistencia y en la fuerza de su ataque, cuando en las alturas faltaba la direcci\u00f3n y se opon\u00eda una resistencia, hab\u00eda un c\u00e1lculo de fuerzas y un prop\u00f3sito estrat\u00e9gico no siempre manifestado, pero fundado en las necesidades vitales.<\/p>\n<p>En v\u00edsperas de la guerra el sector obrero revolucionario sigui\u00f3 a los bolcheviques y arrastr\u00f3 consigo a las masas. Al empezar la guerra la situaci\u00f3n cambi\u00f3 radicalmente; los sectores conservadores levantaron cabeza, llevando consigo a una parte considerable de la clase. Los elementos revolucionarios vi\u00e9ronse aislados y enmudecieron. En el curso de la guerra la situaci\u00f3n empez\u00f3 a modificarse, al principio lentamente, y despu\u00e9s de la guerra de un modo cada vez m\u00e1s veloz y m\u00e1s radical. Un descontento activo iba apoder\u00e1ndose de toda la clase obrera. Es cierto que en una parte considerable de la masa trabajadora este descontento tomaba un matiz patri\u00f3tico; pero este patriotismo no ten\u00eda que ver nada con el patriotismo interesado y cobarde de las clases poderosas, que aplazaban todas las cuestiones interiores hasta el triunfo. Fue precisamente la guerra, las v\u00edctimas que caus\u00f3, sus errores y su ignorancia, lo que puso frente a frente no s\u00f3lo a los viejos sectores obreros, sino tambi\u00e9n a los nuevos y al r\u00e9gimen zarista, provocando un choque agudo que llev\u00f3 a la conclusi\u00f3n: \u00a1No se puede seguir soportando esto! La conclusi\u00f3n fue general, uni\u00f3 a las masas en un bloque \u00fanico y les infundi\u00f3 una poderosa fuerza de ataque.<\/p>\n<p>El ej\u00e9rcito hab\u00eda visto aumentar sus efectivos enormemente, incorporando a sus filas a millones de obreros y campesinos. No hab\u00eda nadie que no tuviera a alguien de su familia en el ej\u00e9rcito: a un hijo, al marido, al hermano, al cu\u00f1ado. El ej\u00e9rcito no se hallaba separado del pueblo, como antes de la guerra. La gente se ve\u00eda con los soldados con una frecuencia incomparablemente mayor, los acompa\u00f1aba al frente, viv\u00eda con ellos cuando llegaban con permiso, conversaba con ellos sobre el frente en las calles y en los tranv\u00edas, les visitaba en los hospitales. Los barrios obreros, el cuartel, el frente, y en un grado considerable la aldea, se convirtieron en una especie de vasos comunicantes. Los obreros sab\u00edan lo que sent\u00eda y pensaba el soldado. Entre ellos se entablan conversaciones interminables acerca de la guerra, de los que negociaban con ella, acerca de los generales y del gobierno, acerca del zar y la zarina. El soldado dec\u00eda, hablando de la guerra: \u00ab\u00a1Maldita sea!\u00bb, y el obrero contestaba: \u00ab\u00a1Malditos sean!\u00bb, aludiendo al gobierno. El soldado dec\u00eda: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 os call\u00e1is, los de dentro?\u00bb El obrero contestaba: \u00abCon las manos vac\u00edas no se puede hacer nada. En 1905 el ej\u00e9rcito nos hizo ya fracasar&#8230;\u00bb El soldado reflexionaba: \u00ab\u00a1Ah! \u00a1Si nos levant\u00e1ramos todos de una vez!\u00bb El obrero: \u00abEso precisamente es lo que hay que hacer.\u00bb Antes de la guerra las conversaciones de este g\u00e9nero eran contadas y ten\u00edan siempre un car\u00e1cter de conspiraci\u00f3n. Ahora se sosten\u00edan por dondequiera, por cualquier motivo y casi abiertamente, por lo menos, en los barrios obreros.<\/p>\n<p>La Ocrana zarista tend\u00eda a veces sus tent\u00e1culos con gran acierto. Dos semanas antes de la revoluci\u00f3n, un polic\u00eda de Petrogrado, que firmaba con el sobrenombre de Krestianinov, comunicaba la conversaci\u00f3n que hab\u00eda o\u00eddo en un tranv\u00eda que pasaba por un suburbio obrero. Un soldado cuenta que ocho hombres de su regimiento han sido mandados a presidio porque el oto\u00f1o pasado se hab\u00edan negado a disparar contra los obreros de la f\u00e1brica Nobel, volviendo sus fusiles contra los gendarmes. La conversaci\u00f3n se sostiene sin recato alguno, pues en los barrios obreros los polic\u00edas prefieren pasar inadvertidos. \u00abYa les ajustaremos las cuentas\u00bb, concluye el soldado. El confidente sigue informando: Un obrero le dice: \u00abPara eso hay que organizarse y conseguir que todo el mundo obre como un solo hombre.\u00bb El soldado contesta: \u00abNo os preocup\u00e9is de eso; ya hace tiempo que estamos organizados&#8230; y va siendo hora de que no nos dejemos chupar m\u00e1s la sangre. Los soldados sufren en las trincheras mientras ellos aqu\u00ed engordan&#8230;\u00bb No se ha producido ning\u00fan suceso digno de menci\u00f3n. diez de febrero de 1917, Krestianinov.\u00bb \u00a1Documento incomparable! \u00abNo se ha producido ning\u00fan suceso digno de menci\u00f3n.\u00bb Se producir\u00e1n, y muy pronto; esta conversaci\u00f3n sostenida en el tranv\u00eda se\u00f1ala su inevitable proximidad.<\/p>\n<p>Mstislavski ilustra con un ejemplo curioso el car\u00e1cter espont\u00e1neo de la insurrecci\u00f3n. Cuando la \u00abAsociaci\u00f3n de oficiales del 27 de febrero\u00bb, surgida inmediatamente despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n, intent\u00f3 dejar establecido por medio de una encuesta qui\u00e9n hab\u00eda sido el primero en sacar el regimiento de Volinski a la calle, se reunieron siete declaraciones relativas a siete incitadores de esta acci\u00f3n decisiva. Es muy probable, a\u00f1adimos por nuestra cuenta, que parte de la iniciativa perteneciera efectivamente a algunos soldados; pudo adem\u00e1s suceder que el iniciador principal cayera durante los combates en la calle, llev\u00e1ndose su nombre a lo desconocido. Pero esto no disminuye el valor hist\u00f3rico de su iniciativa an\u00f3nima.<\/p>\n<p>M\u00e1s importante es todav\u00eda otro aspecto de la cuesti\u00f3n, que nos lleva ya fuera de los muros del cuartel. La sublevaci\u00f3n de los batallones de la Guardia, que fue una sorpresa para los elementos liberales y socialistas que actuaban dentro de la ley, no fue inesperada, ni mucho menos, para los obreros. Y sin esta sublevaci\u00f3n no habr\u00eda salido a la calle el regimiento de Volinski. La colisi\u00f3n producida en la calle entre los obreros y los cosacos, que el abogado observaba desde su ventana y de la cual dio cuenta por tel\u00e9fono a un diputado, se les antojaba a ambos un episodio de un proceso impersonal: la masa gris de la f\u00e1brica hab\u00eda chocado con la masa gris del cuartel. Pero no era as\u00ed como ve\u00eda las cosas el cosaco que se hab\u00eda atrevido a gui\u00f1ar el ojo de un modo significativo. El proceso de intercambio molecular entre el ej\u00e9rcito y el pueblo se efectuaba sin interrupci\u00f3n. Los obreros observaban la temperatura del ej\u00e9rcito y se dieron cuenta inmediatamente de que se acercaba el momento cr\u00edtico. Esto fue lo que dio una fuerza tan invencible a la ofensiva de las masas, seguras de su triunfo.<\/p>\n<p>Apuntaremos aqu\u00ed la certera observaci\u00f3n de un elevado funcionario liberal, que ha intentado resumir sus noticias de las jornadas de febrero. \u00abSe ha convertido en un t\u00f3pico corriente decir que el movimiento se inici\u00f3 espont\u00e1neamente, que los soldados se echaron ellos mismos a la calle. No puedo estar conforme con esto de ning\u00fan modo. Al fin y al cabo, \u00bfqu\u00e9 significa la palabra \u00abespont\u00e1neamente\u00bb?&#8230; A\u00fan es m\u00e1s impropio hablar de generaci\u00f3n espont\u00e1nea en sociolog\u00eda que en los dominios de las ciencias naturales. El hecho de que ninguno de los jefes revolucionarios conocidos pudiera tremolar su bandera no significa que \u00e9sta fuera impersonal, sino an\u00f3nima.\u00bb Este modo de plantear la cuesti\u00f3n, incomparablemente m\u00e1s serio que las alusiones de Miliukov a los agentes alemanes y a la espontaneidad rusa, pertenece a un ex-fiscal, que en el momento de la revoluci\u00f3n desempe\u00f1a el cargo de senador zarista. Puede que fuera precisamente su experiencia judicial lo que permiti\u00f3 a Zavadski comprender que el levantamiento revolucionario no pod\u00eda surgir obedeciendo a las \u00f3rdenes de unos agentes extranjeros ni en forma de proceso impersonal, obra de la naturaleza.<\/p>\n<p>Este mismo autor cita dos episodios que le permitieron observar, como a trav\u00e9s del ojo de una cerradura, el laboratorio en que se operaba el proceso revolucionario. El viernes, 24 de febrero, cuando en las alturas nadie esperaba la revoluci\u00f3n para los d\u00edas que se avecinaba, el tranv\u00eda en que iba el senador, de un modo completamente inesperado, dio media vuelta desde la Liteina a una calle de la esquina y se par\u00f3 de un modo tan r\u00e1pido, que se estremecieron los cristales e incluso uno de ellos se rompi\u00f3. El cobrador indic\u00f3 a los pasajeros que salieran: \u00abEl tranv\u00eda no puede pasar de aqu\u00ed.\u00bb Los pasajeros protestaron, gritaron, pero salieron. \u00abNo he podido olvidar el rostro del silencioso cobrador: una expresi\u00f3n decidida y rencorosa, que ten\u00eda algo de lobo\u00bb, deb\u00eda poseer una elevada conciencia del deber para detener en plena guerra y en una calle del Petersburgo imperial un tranv\u00eda lleno de funcionarios. Otros obreros como \u00e9ste fueron tambi\u00e9n los que detuvieron el vag\u00f3n de la monarqu\u00eda, empleando aproximadamente las mismas palabras: \u00abEl tren no pasa de aqu\u00ed\u00bb, e hicieron salir del vag\u00f3n a la burocracia, sin distinguir, por la urgencia del momento, a los generales de la gendarmer\u00eda de los senadores liberales. El conductor de Liteina era un factor consciente de la historia, a quien alguien ten\u00eda que haber educado.<\/p>\n<p>Durante el incendio de la Audiencia, un jurisconsulto liberal,perteneciente a la misma esfera de este senador que relata el episodio, empez\u00f3 a expresar en la calle su pesar por el hecho de que fueran destruidos el laboratorio de peritaje judicial y el archivo notarial. Un hombre de edad madura y expresi\u00f3n sombr\u00eda, de aspecto como de obrero, le contest\u00f3, irritado: \u00ab\u00a1Ya sabremos repartirnos las casas y la tierra sin necesidad de tu archivo!\u00bb Es posible que este episodio est\u00e9 un poco adornado literalmente. Pero entre la multitud hab\u00eda no pocos obreros de \u00e9sos, de edad madura, capaces de contestar al jurista como era debido. Aunque no estuviesen complicados personalmente en el incendio de la Audiencia, no pod\u00eda asustarles aquel g\u00e9nero de \u00abexcesos\u00bb. Estos obreros suministraban a las masas las ideas necesarias, no s\u00f3lo contra los gendarmes zaristas, sino tambi\u00e9n contra los jurisconsultos liberales, que lo que m\u00e1s tem\u00edan era que las actas notariales de propiedad fueran devoradas por el fuego de la revoluci\u00f3n. Estos pol\u00edticos an\u00f3nimos, salidos de las f\u00e1bricas y de la calle, no hab\u00edan ca\u00eddo del cielo; alguien hab\u00eda tenido que educarlos.<\/p>\n<p>La Ocrana, al registrar los acontecimientos en los \u00faltimos d\u00edas de febrero, consignaba asimismo que el movimiento era \u00abespont\u00e1neo\u00bb, es decir, que no estaba dirigido sistem\u00e1ticamente desde arriba. Pero a\u00f1ad\u00eda: \u00abSin embargo, los efectos de la propaganda se dejan sentir mucho entre el proletariado.\u00bb Este juicio da en el blanco; los profesionales de la lucha contra la revoluci\u00f3n,,, antes de ocupar los calabozos que dejaban libres los revolucionarios, comprendieron mejor que los jefes del liberalismo el car\u00e1cter del proceso que se estaba operando.<\/p>\n<p>La leyenda de la espontaneidad no explica nada. Para apreciar debidamente la situaci\u00f3n y decidir el momento oportuno para emprender el ataque contra el enemigo, era necesario que las masas, su sector dirigente, tuvieran sus postulados ante los acontecimientos hist\u00f3ricos y su criterio para la valoraci\u00f3n de los mismos. En otros t\u00e9rminos, era necesario contar, no con una masa como otra cualquiera, sino con la masa de los obreros petersburgueses y de los obreros rusos en general, que hab\u00edan pasado por la experiencia de la revoluci\u00f3n de 1905, por la insurrecci\u00f3n de Mosc\u00fa del mes de diciembre del mismo a\u00f1o, que se estrell\u00f3 contra el regimiento de Semenov, y era necesario que en el seno de esa masa hubiera obreros que hubiesen reflexionado sobre la experiencia de 1905, que supieran adoptar una actitud cr\u00edtica ante las ilusiones constitucionales de los liberales y de los mencheviques, que se asimilaran la perspectiva de la revoluci\u00f3n, que hubieran meditado docenas de veces acerca de la cuesti\u00f3n del ej\u00e9rcito, que observaran celosamente los cambios que se efectuaban en el mismo, que fueran capaces de sacar consecuencias revolucionarias de sus observaciones y de comunicarlas a los dem\u00e1s. Era necesario, en fin, que hubiera en la guarnici\u00f3n misma soldados avanzados ganados para la causa, o, al menos, interesados por la propaganda revolucionaria y trabajados por ella.<\/p>\n<p>En cada f\u00e1brica, en cada taller, en cada compa\u00f1\u00eda, en cada caf\u00e9, en el hospital militar, en el punto de etapa, incluso en la aldea desierta, el pensamiento revolucionario realizaba una labor callada y molecular. Por dondequiera surg\u00edan int\u00e9rpretes de los acontecimientos, obreros precisamente, a los cuales pod\u00eda preguntarse la verdad de lo sucedido y de quienes pod\u00edan esperarse las consignas necesarias. Estos caudillos se hallaban muchas veces entregados a sus propias fuerzas, se orientaban mediante las generalizaciones revolucionarias que llegaban fragmentariamente hasta ellos por distintos conductos, sab\u00edan leer entre l\u00edneas en los peri\u00f3dicos liberales aquello que les hac\u00eda falta. Su instinto de clase se hallaba agudizado por el criterio pol\u00edtico, y aunque no desarrollaran consecuentemente todas sus ideas, su pensamiento trabajaba invariablemente en una misma direcci\u00f3n. Estos elementos de experiencia, de cr\u00edtica, de iniciativa, de abnegaci\u00f3n, iban impregnando a las masas y constitu\u00edan la mec\u00e1nica interna, inaccesible a la mirada superficial, y sin embargo decisiva, del movimiento revolucionario como proceso consciente.<\/p>\n<p>Todo lo que sucede en el seno de las masas se les antoja, por lo general, a los pol\u00edticos fanfarrones del liberalismo y del socialismo domesticado como un proceso instintivo, algo as\u00ed como si se tratara de un hormiguero o de una colmena. En realidad, el pensamiento que agitaba a la masa obrera era incomparablemente m\u00e1s audaz, penetrante y consciente que las indigentes ideas de que se nutr\u00edan las clases cultas. Es m\u00e1s, aquel pensamiento era m\u00e1s cient\u00edfico, no solamente porque en buena parte hab\u00eda sido engendrado por los m\u00e9todos del marxismo, sino, ante todo, porque se nutr\u00eda constantemente de la experiencia viva de las masas, que pronto hab\u00edan de lanzarse a la palestra revolucionaria. El car\u00e1cter cient\u00edfico del pensamiento consiste en su armon\u00eda con el proceso objetivo y en su capacidad para influir en \u00e9l y dirigirlo. \u00bfPose\u00edan acaso esta cualidad, aunque fuera en la m\u00e1s m\u00ednima proporci\u00f3n, los c\u00edrculos gobernantes que se hallaban inspirados por el Apocalipsis y cre\u00edan en los sue\u00f1os de Rasputin? \u00bfAcaso ten\u00edan alg\u00fan fundamento cient\u00edfico las ideas del liberalismo, confiado en que, participando en la contienda de los gigantes capitalistas, la atrasada Rusia podr\u00eda obtener a un tiempo mismo la victoria sobre Alemania y el parlamentarismo? \u00bfO acaso era cient\u00edfica la vida ideol\u00f3gica de los c\u00edrculos intelectuales, que tan servilmente se plegaban a un liberalismo ing\u00e9nitamente caduco, preservando al mismo tiempo su pretendida independencia con discurso retirados de la circulaci\u00f3n desde hac\u00eda mucho tiempo? En realidad, todas estas clases viv\u00edan en el reino de la inmovilidad espiritual, de los fantasmas, las supersticiones y las ficciones, o, si se quiere, en el reino de la \u00abespontaneidad\u00bb. Y si es as\u00ed, \u00bfno tenemos derecho a rechazar de plano toda la filosof\u00eda liberal de la revoluci\u00f3n de Febrero? S\u00ed, tenemos derecho a hacerlo y a decir: Mientras la sociedad oficial, toda esa superestructura de las clases dirigentes, de los sectores, grupos, partidos y camarillas, viv\u00eda en la inercia y el automatismo, nutri\u00e9ndose de las reminiscencias de las ideas caducas y permanec\u00eda sorda a las exigencias inexorables del progreso, dej\u00e1ndose seducir por fantasmas y no previendo nada, en las masas obreras se estaba operando un proceso aut\u00f3nomo y profundo, caracterizado no s\u00f3lo por el incremento del odio hacia los dirigentes, sino por la apreciaci\u00f3n cr\u00edtica de su impotencia y la acumulaci\u00f3n de experiencia y de conciencia creadora, proceso que tuvo su remate y apogeo en la insurrecci\u00f3n revolucionaria y en su triunfo.<\/p>\n<p>A la pregunta formulada m\u00e1s arriba: \u00bfQui\u00e9n dirigi\u00f3 la insurrecci\u00f3n de Febrero?, podemos, pues, contestar de un modo harto claro y definido: los obreros conscientes, templados y educados principalmente por el partido de Lenin. Y dicho esto, no tenemos m\u00e1s remedio que a\u00f1adir: este caudillaje, que bast\u00f3 para asegurar el triunfo de la insurrecci\u00f3n, no bast\u00f3, en cambio, para poner inmediatamente la direcci\u00f3n del movimiento revolucionario en manos de la vanguardia proletaria.<\/p>\n<p>Fuente:\u00a0https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/trotsky\/1932\/histrev\/tomo1\/cap_08.htm<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El proceso revolucionario (que llev\u00f3 a la toma del poder por parte de la clase obrera rusa en octubre de 1917) hab\u00eda comenzado en febrero de ese mismo a\u00f1o cuando fue derrocado el r\u00e9gimen zarista. Muchos historiadores consideran que esta primera revoluci\u00f3n fue \u201cespont\u00e1nea\u201d y que no tuvo ninguna direcci\u00f3n. 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