{"id":40690,"date":"2017-01-03T12:21:34","date_gmt":"2017-01-03T14:21:34","guid":{"rendered":"http:\/\/litci.org\/es\/?p=40690"},"modified":"2017-01-09T08:33:12","modified_gmt":"2017-01-09T10:33:12","slug":"la-dualidad-de-poderes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/litci.org\/es\/la-dualidad-de-poderes\/","title":{"rendered":"La dualidad de poderes"},"content":{"rendered":"<p>De: <em>Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa<\/em> &#8211; Cap\u00edtulo XI<\/p>\n<p><em>\u00bfD\u00f3nde radica la verdadera esencia de la dualidad de poderes? No podemos dejar de detenernos en esta cuesti\u00f3n, que hasta hoy no ha sido dilucidada en la literatura hist\u00f3rica, a pesar de tratarse de un fen\u00f3meno peculiar a toda crisis social y no propio y exclusivo de la revoluci\u00f3n rusa de 1917, aunque en esta se presente con rasgos m\u00e1s acentuados.<\/em><!--more--><\/p>\n<p>Le\u00f3n Trotsky<\/p>\n<p>En toda sociedad existen clases antag\u00f3nicas, y la clase privada de poder aspira inevitablemente a hacer variar en su favor, en mayor o menor grado, los derroteros del Estado. Sin embargo, esto no significa que en la sociedad coexistan necesariamente dos o m\u00e1s poderes. El car\u00e1cter del r\u00e9gimen pol\u00edtico se halla informado directamente por la actitud de las clases oprimidas frente a la clase dominante. El poder \u00fanico, condici\u00f3n necesaria para la estabilidad de todo el r\u00e9gimen, subsiste mientras la clase dominante consigue imponer a toda la sociedad, como \u00fanicas posibles, sus formas econ\u00f3micas y pol\u00edticas.<\/p>\n<p>La coexistencia del poder de los\u00a0<em>junkers<\/em>\u00a0y de la burgues\u00eda -lo mismo bajo el r\u00e9gimen de los Hohenzollern que bajo la Rep\u00fablica- no implica dualidad de poderes, por fuertes que sean, a veces, los conflictos entre las dos clases que comparten el poder; su base social es com\u00fan y sus desavenencias no amenazan con dar al traste con el aparato del Estado. El r\u00e9gimen de la dualidad de poderes solo surge all\u00ed donde chocan de modo irreconocible las dos clases; solo puede darse, por tanto, en \u00e9pocas revolucionarias, y constituye, adem\u00e1s, uno de sus rasgos fundamentales.<\/p>\n<p>La mec\u00e1nica pol\u00edtica de la revoluci\u00f3n consiste en el paso del poder de una a otra clase. La transformaci\u00f3n violenta se efect\u00faa generalmente en un lapso de tiempo muy corto. Pero no hay ninguna clase hist\u00f3rica que pase de la situaci\u00f3n de subordinada a la de dominadora s\u00fabitamente, de la noche a la ma\u00f1ana, aunque esta noche sea la de la revoluci\u00f3n. Es necesario que ya en la v\u00edspera ocupe una situaci\u00f3n de extraordinaria independencia con respecto a la clase oficialmente dominante; m\u00e1s a\u00fan, es preciso que en ella se concentren las esperanzas de las clases y de las capas intermedias, descontentas con lo existente, pero incapaces de desempe\u00f1ar un papel propio. La preparaci\u00f3n hist\u00f3rica de la revoluci\u00f3n conduce, en el per\u00edodo prerrevolucionario, a una situaci\u00f3n en la cual la clase llamada a implantar el nuevo sistema social, si bien no es a\u00fan due\u00f1a del pa\u00eds, re\u00fane de hecho en sus manos una parte considerable del poder del Estado, mientras que el aparato oficial de este \u00faltimo sigue a\u00fan en manos de sus antiguos detentadores. De aqu\u00ed arranca la dualidad de poderes de toda revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero no es este su \u00fanico aspecto. Si la nueva clase exaltada al poder por la revoluci\u00f3n que no quiso es, en el fondo, una clase ya vieja, que ha llegado hist\u00f3ricamente con retraso; si antes de tomar oficialmente el poder est\u00e1 ya gastada; si al empu\u00f1ar el tim\u00f3n se encuentra con que su adversaria est\u00e1 ya suficientemente madura para el poder y alarga la mano para adue\u00f1arse del Estado, entonces la transformaci\u00f3n pol\u00edtica determina la sustituci\u00f3n del equilibrio inestable del poder dual por otro a veces m\u00e1s inconsistente. La misi\u00f3n de la revoluci\u00f3n o de la contrarrevoluci\u00f3n consiste precisamente en triunfar, en cada nueva etapa, sobre esta \u00abanarqu\u00eda\u00bb de la dualidad de poderes.<\/p>\n<p>La dualidad de poderes no solo presupone, sino que, en general, excluye la divisi\u00f3n del poder en dos segmentos y todo equilibrio formal de poderes. No es un hecho constitucional, sino revolucionario, que atestigua que la ruptura del equilibrio social ha roto ya la superestructura del Estado. La dualidad de poderes surge all\u00ed donde las clases adversas se apoyan ya en organizaciones estables substancialmente incompatibles entre s\u00ed y que a cada paso se eliminan mutuamente en la direcci\u00f3n del pa\u00eds. La parte del poder correspondiente a cada una de las dos clases combatientes responde a la proporci\u00f3n de fuerzas sociales y al curso de la lucha.<\/p>\n<p>Por su esencia misma, este estado de cosas no puede ser estable. La sociedad reclama la concentraci\u00f3n del poder, y aspira inexorablemente a esta concentraci\u00f3n en la clase dominante o, en el caso que nos ocupa, en las dos clases que comparten el dominio pol\u00edtico de la naci\u00f3n. La escisi\u00f3n del poder solo puede conducir a la guerra civil. Sin embargo, antes de que las clases rivales se decidan a entablarla, sobre todo en el caso de que teman la intromisi\u00f3n de una tercera fuerza, pueden verse obligadas a soportar durante bastante tiempo y aun a sancionar, por decirlo as\u00ed, el sistema de la dualidad de poderes. Con todo, este estado de cosas no puede durar. La guerra civil da a la dualidad de poderes la expresi\u00f3n m\u00e1s visible, la geogr\u00e1fica: cada poder se atrinchera y hace fuerte en su territorio y lucha por conquistar el de su adversario; a veces, la dualidad de poderes adopta la forma de invasi\u00f3n por turno de los dos poderes beligerantes, hasta que uno de ellos se consolida definitivamente.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n inglesa del siglo XVII, precisamente porque fue una gran revoluci\u00f3n que removi\u00f3 al pa\u00eds hasta su entra\u00f1a, representa una sucesi\u00f3n evidente de reg\u00edmenes de poder dual con tr\u00e1nsitos bruscos de uno a otro en forma de guerras civiles.<\/p>\n<p>En un principio, el poder real, apoyado en las clases privilegiadas o en las capas superiores de las mismas, los arist\u00f3cratas y los obispos, se halla en contraposici\u00f3n con la burgues\u00eda y los sectores de la nobleza territorial que le son afines. El gobierno de la burgues\u00eda es el parlamento presbiteriano, apoyado en la City de Londres. La lucha persistente de estos dos reg\u00edmenes se resuelve en una franca guerra civil. Surgen dos centros gubernamentales, Londres y Oxford, cada cual con su ej\u00e9rcito propio, y la dualidad de poderes asume formas geogr\u00e1ficas, aunque, como sucede siempre en la guerra civil, las limitaciones territoriales son en extremo inconsistentes. Vence el parlamento. El rey cae prisionero y espera su suerte.<\/p>\n<p>Parece que surgen las condiciones para establecer el poder unitario de la burgues\u00eda presbiteriana. Pero ya antes de que se quebrantado el poder real, el ej\u00e9rcito parlamentario se convierte en una fuerza pol\u00edtica aut\u00f3noma, que concentra en sus filas a los independientes, peque\u00f1os burgueses piadosos y decididos, los artesanos, los agricultores. El ej\u00e9rcito se inmiscuye autoritariamente en la vida p\u00fablica, no como una fuerza armada, sencillamente, ni como una guardia pretoriana, sino como la representaci\u00f3n pol\u00edtica de una nueva clase que se levanta contra la burgues\u00eda acomodada y rica. Y fiel a esta misi\u00f3n, el ej\u00e9rcito crea un nuevo \u00f3rgano de Estado que se eleva por encima del mando militar: el consejo de diputados, soldados y oficiales (los \u00abagitadores\u00bb). Se inicia as\u00ed un nuevo per\u00edodo de dualidad de poderes; por un lado, el parlamento presbiteriano; por otro, el ej\u00e9rcito independiente. La dualidad de poderes conduce a una pugna abierta. La burgues\u00eda se revela impotente para oponer su ej\u00e9rcito al \u00abej\u00e9rcito modelo\u00bb de Cromwell, es decir, a la plebe armada. El conflicto termina con el baldeo, barriendo el sable independiente el parlamento presbiteriano. Reducido el parlamento a la nada, se instaura la dictadura de Cromwell. Las capas inferiores del ej\u00e9rcito, bajo la direcci\u00f3n de los \u00abniveladores\u00bb, ala de extrema izquierda de la revoluci\u00f3n, intenta oponer el r\u00e9gimen del alto mando militar, de los grandes del ej\u00e9rcito, su propio r\u00e9gimen plebeyo. Pero el nuevo poder dual no llega a desarrollarse: los \u00abniveladores\u00bb la peque\u00f1a burgues\u00eda no tienen ni pueden tener a\u00fan una senda hist\u00f3rica propia. Cromwell vence r\u00e1pidamente a sus adversarios. Y se establece un nuevo equilibrio pol\u00edtico, no estable ni mucho menos, pero que durar\u00e1 una serie de a\u00f1os.<\/p>\n<p>En la gran Revoluci\u00f3n francesa, la Asamblea constituyente, cuya espina dorsal eran los elementos del \u00abtercer estado\u00bb, concentra en sus manos el poder, aunque sin despojar al rey de todas sus prerrogativas. El per\u00edodo de la Asamblea constituyente es un per\u00edodo caracter\u00edstico de dualidad de poderes, que termina con al fuga del rey a Varennes y no se liquida formalmente hasta la instauraci\u00f3n de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>La primera Constituci\u00f3n francesa (1791), basada en la ficci\u00f3n de la independencia completa entre los poderes legislativo y ejecutivo, ocultaba en realidad o se esforzaba en ocultar al pueblo, la dualidad de poderes reinantes: de un lado, la burgues\u00eda, atrincherada definitivamente en la Asamblea nacional, despu\u00e9s de la toma de la Bastilla por el pueblo; de otro, la vieja monarqu\u00eda, se apoyaba a\u00fan en la aristocracia, el clero, la burocracia y la milicia, sin hablar ya de la esperanza en la intervenci\u00f3n extranjera. Este r\u00e9gimen contradictorio albergaba la simiente de su inevitable derrumbamiento. En este atolladero no hab\u00eda m\u00e1s salida que destruir la representaci\u00f3n burguesa poniendo a contribuci\u00f3n las fuerzas de la reacci\u00f3n europea o llevar a la guillotina al rey y a la monarqu\u00eda. Par\u00eds y Coblenza ten\u00edan que medir sus fuerzas en este pleito.<\/p>\n<p>Pero antes de que las cosas culminen en este dilema: o la guerra o la guillotina, entra en escena la\u00a0<em>Commune<\/em>\u00a0de Par\u00eds, que se apoya en las capas inferiores del \u00abtercer estado\u00bb y que disputa, cada vez con mayor audacia, el poder a los representantes oficiales de la naci\u00f3n burguesa. Surge as\u00ed una nueva dualidad de poderes, cuyas primeras manifestaciones observamos ya en 1790, cuando todav\u00eda la grande y la mediana burgues\u00eda se hallan instaladas a sus anchas en la administraci\u00f3n del Estado y en los municipios. \u00a1Qu\u00e9 espect\u00e1culo m\u00e1s maravilloso -y al mismo tiempo m\u00e1s bajamente calumniado- el de los esfuerzos de los sectores plebeyos para alzarse del subsuelo y de las catacumbas sociales y entrar en la palestra, vedada para ellas, en que aquellos hombres de peluca y calz\u00f3n corto decid\u00edan de los destinos de la naci\u00f3n! Parec\u00eda que los mismos cimientos, pisoteados por la burgues\u00eda ilustrada, se arrimaban y se mov\u00eda, que surg\u00edan cabezas humanas de aquella masa informe, que se tend\u00edan hacia arriba manos encallecidas y se percib\u00edan voces roncas, pero valientes. Los barrios de Par\u00eds, bastardos de la revoluci\u00f3n, se conquistaban su propia vida y eran reconocidos -\u00a1qu\u00e9 remedio!- y transformados en secciones. Pero invariablemente romp\u00edan las barreras de la legalidad y recib\u00edan una avalancha de sangre fresca desde abajo, abriendo el paso en sus filas, contra la ley, a los pobres, a los privados de todo derecho, a los\u00a0<em>sans-culottes<\/em>. Al mismo tiempo, los municipios rurales se convierten en manto del levantamiento campesino contra la legalidad burguesa protectora de la propiedad feudal. Y as\u00ed, bajo los pies de la segunda naci\u00f3n, se levanta la tercera.<\/p>\n<p>En un principio, las secciones de Par\u00eds manten\u00edan una actitud de oposici\u00f3n frente a la\u00a0<em>Commune<\/em>, que se hallaba a\u00fan en manos de la honorable burgues\u00eda. Pero con el gesto audaz del 10 de agosto de 1792, la secciones se apoderan de ella. En lo sucesivo, la\u00a0<em>Commune<\/em>\u00a0revolucionaria se levanta primero frente a la Asamblea legislativa y luego frente a la Convenci\u00f3n; rezagadas ambas con respecto a la marcha y los fines de la revoluci\u00f3n, registraban los acontecimientos, pero no los promov\u00edan, pues no dispon\u00edan de la energ\u00eda, la audacia y la unanimidad de aquella nueva clase que se hab\u00eda alzado del fondo de los suburbios de Par\u00eds y que hallaba su asidero en las aldeas m\u00e1s atrasadas. Y las secciones, del mismo modo que se apoderaron de la\u00a0<em>Commune<\/em>, se adue\u00f1aron, mediante un nuevo alzamiento, de la Convenci\u00f3n. Cada una de dichas etapas se caracteriza por un r\u00e9gimen de dualidad de poderes muy marcado, cuyas dos alas aspiraban a instaurar un poder \u00fanico y fuerte, el ala derecha, defendi\u00e9ndose el ala izquierda tomando la ofensiva. La necesidad de la dictadura, tan caracter\u00edstica lo mismo de la revoluci\u00f3n que de la contrarrevoluci\u00f3n, se desprende de las contradicciones insoportables de la dualidad de poderes. El tr\u00e1nsito de una forma a otra se efect\u00faa por medio de la guerra civil. Adem\u00e1s, las grandes etapas de la revoluci\u00f3n, es decir, el paso del poder a nuevas clases o sectores, no coinciden de un modo absoluto con los cielos de las instituciones representativas, las cuales siguen, como la sombra al cuerpo, a la din\u00e1mica de la revoluci\u00f3n. Cierto es que, en fin de cuentas, la dictadura revolucionaria de los sans-culottes se funde con la dictadura de la Convenci\u00f3n; pero \u00bfqu\u00e9 Convenci\u00f3n? Una Convenci\u00f3n de la cual han sido eliminados por el terror los girondinos, que todav\u00eda ayer dominaban en sus bancos; una Convenci\u00f3n cercenada, adaptada al r\u00e9gimen de la nueva fuerza social. As\u00ed, por los pelda\u00f1os de la dualidad de poderes, la Revoluci\u00f3n francesa asciende en el transcurso de cuatro a\u00f1os hasta su culminaci\u00f3n. Y desde el 9 Thermidor, la revoluci\u00f3n empieza a descender otra vez por los pelda\u00f1os de la dualidad de poderes. Y otra vez la guerra civil precede a cada descenso, del mismo modo que antes hab\u00eda acompa\u00f1ado cada nueva ascensi\u00f3n. La nueva sociedad busca de este modo un nuevo equilibrio de fuerzas.<\/p>\n<p>La burgues\u00eda rusa, que luchaba con la burocracia rasputiniana a la par que colaboraba con ella, reforz\u00f3 extraordinariamente durante la guerra sus posiciones pol\u00edticas. Explotando la derrota del zarismo, fue reuniendo en sus manos, a trav\u00e9s de las asociaciones de zemstvos, las Dumas municipales y los comit\u00e9s industriales de guerra, un gran poder; dispon\u00eda por su cuenta de inmensos recursos del Estado y representaba de suyo, en esencia, un gobierno aut\u00f3nomo y paralelo al oficial. Durante la guerra, los ministros zaristas se lamentaban de que el pr\u00edncipe Lvov aprovisionara al ej\u00e9rcito, alimentara y curara a los soldados e incluso de que organizara barber\u00edas para la tropa. \u00abHay que acabar con esto, o poner todo el poder en sus manos\u00bb, dec\u00eda ya en 1915 el ministro Krivoschein. Mal pod\u00eda este suponer que, a\u00f1o y medio, despu\u00e9s, Lvov obtendr\u00eda \u00abtodo el poder \u00bb pero no de manos del zar precisamente, sino de manos de Kerenski, Cheidse y Suj\u00e1nov. Mas al d\u00eda siguiente de acontecer esto se instauraba un nuevo poder doble: paralelamente con el semigobierno liberal de ayer, hoy formalmente legitimado, surg\u00eda y se desarrollaba un gobierno de las masas obreras, representado por los soviets, no de un modo oficial, pero por ello mismo m\u00e1s efectivo. A partir de este momento, la revoluci\u00f3n rusa empieza a convertirse en un acontecimiento hist\u00f3rico de importancia universal.<\/p>\n<p>Veamos ahora en qu\u00e9 consiste la caracter\u00edstica de la dualidad de poderes de la revoluci\u00f3n de Febrero. En los acontecimientos de los siglos XVII y XVIII, la dualidad de poderes representa siempre una etapa natural en el curso de la lucha, impuesta a los combatientes por la correlaci\u00f3n temporal de fuerzas, con la particularidad de que cada una de las dos partes aspira a suplantar la dualidad de poderes por el poder \u00fanico concentrado en sus manos. En la revoluci\u00f3n de 1917 vemos c\u00f3mo la democracia oficial crea, consciente y deliberadamente, la dualidad de poderes, haciendo todos los esfuerzos imaginables para evitar que el poder caiga en sus manos. A primera vista, la dualidad de poderes se forma, no como fruto de la lucha de clases en torno al poder, sino como resultado de la cesi\u00f3n voluntaria que de dicho poder hace una clase a otra. La \u00abdemocracia\u00bb rusa, que aspiraba a salir del atolladero de la dualidad de poderes, no cre\u00eda encontrar la salida que buscaba m\u00e1s que apart\u00e1ndose del poder. Esto era precisamente lo que calific\u00e1bamos de paradoja de la revoluci\u00f3n de Febrero.<\/p>\n<p>Acaso se pueda encontrar una cierta analog\u00eda con esto en la conducta seguida por la burgues\u00eda alemana en 1848 con respecto a la monarqu\u00eda. Pero la analog\u00eda no es completa. Es cierto que la burgues\u00eda alemana aspiraba a toda costa a compartir el poder con la monarqu\u00eda sobre la base de un pacto. Pero la burgues\u00eda no ten\u00eda la integridad del poder en sus manos y no lo ced\u00eda enteramente, ni mucho menos, a la monarqu\u00eda. \u00abLa burgues\u00eda prusiana era nominalmente due\u00f1a del poder, y no dudaba ni un momento que las fuerzas del viejo Estado se pondr\u00edan incondicionalmente a su disposici\u00f3n y se convertir\u00edan en pros\u00e9litos abnegados del poder de aqu\u00e9lla.\u00bb (Marx y Engels.) La democracia rusa de 1917, que al estallar la revoluci\u00f3n ten\u00eda todo el poder en sus manos, no aspiraba a compartirlo con la burgues\u00eda, sino sencillamente a ced\u00e9rselo entero. Acaso esto signifique que en el primer cuarto del siglo XX la democracia oficial rusa hab\u00eda llegado a un grado de descomposici\u00f3n m\u00e1s acentuado que la burgues\u00eda liberal alemana de mediados del siglo XIX. Y este estado de cosas obedece a una ley l\u00f3gica, pues representa el reverso de la progresi\u00f3n ascensional realizada en el curso de esas d\u00e9cadas por el proletariado, que ven\u00eda a ocupar el puesto de los artesanos de Cromwell, y de los\u00a0<em>sans-culottes\u00a0<\/em>de Robespierre.<\/p>\n<p>Si se examina la cuesti\u00f3n m\u00e1s a fondo se ve que el poder del gobierno provisional y del Comit\u00e9 ejecutivo ten\u00eda un car\u00e1cter puramente reflejo. El candidato al nuevo poder no pod\u00eda ser otro que el proletariado. Los colaboracionistas, que se apoyaban de un modo inseguro en los obreros y en los soldados, ve\u00edanse obligados a llevar una contabilidad por partida doble con los zares y los \u00abprofetas\u00bb. El poder dual de los liberales y dem\u00f3cratas no hac\u00eda m\u00e1s que reflejar el poder dual, que a\u00fan no hab\u00eda salido a la superficie, de la burgues\u00eda y el proletariado. Cuando -al cabo de pocos meses- los bolcheviques eliminan a los colaboracionistas de los puestos directivos de los soviets, el poder dual sale a la superficie, lo cual indica que la revoluci\u00f3n de Octubre se acerca. Hasta este momento, la revoluci\u00f3n vivir\u00e1 en el mundo de los reflejos pol\u00edticos. Abri\u00e9ndose paso a trav\u00e9s de los razonamientos vacuos de la intelectualidad socialista, el poder dual, que era una etapa de la lucha de clases, se convierte en idea normativa. Gracias a esto precisamente se convirti\u00f3 en el problema central de la discusi\u00f3n te\u00f3rica. En este mundo nada se pierde ni sucede en balde. El car\u00e1cter reflejo de la dualidad de poderes de la revoluci\u00f3n de Febrero nos ha permitido comprender mejor las etapas de la historia en que dicho poder aparece como un episodio caracter\u00edstico de la lucha entre dos reg\u00edmenes. As\u00ed, la luz refleja y tenue de la luna nos permite deducir importantes ense\u00f1anzas acerca de la luz solar.<\/p>\n<p>La caracter\u00edstica fundamental semifant\u00e1stica de la revoluci\u00f3n rusa, que condujo en un principio a la paradoja de la dualidad de poderes y al poder dual efectivo que le impidi\u00f3 luego resolverse en provecho de la burgues\u00eda, consiste en la madurez inmensamente mayor del proletariado ruso si se le compara con las masas urbanas de las antiguas revoluciones. Pues la cuesti\u00f3n estaba planteada as\u00ed: o la burgues\u00eda se apoderaba realmente del viejo aparato del Estado, poni\u00e9ndolo al servicio de sus fines, en cuyo caso los soviets tendr\u00edan que retirarse por el foro, o estos se convierten en la base del nuevo Estado, liquidando no solo con el viejo aparato pol\u00edtico, sino con el r\u00e9gimen de predominio de las clases a cuyo servicio se hallaba este.<\/p>\n<p>Los mencheviques y los social-revolucionarios se inclinaban a la primera soluci\u00f3n. Los bolcheviques, a la segunda. Las clases oprimidas, que, seg\u00fan las palabras de Marat, no hab\u00edan tenido en el pasado conocimientos, tacto ni direcci\u00f3n para llevar hasta el fin la obra comenzada, aparecen en la revoluci\u00f3n rusa del siglo XX equipadas con todo eso. Y triunfaron los bolcheviques.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o de triunfar los bolcheviques en Rusia, se repet\u00eda el mismo pleito en Alemania, con distinto balance de fuerzas. La socialdemocracia se inclinaba a la instauraci\u00f3n del poder democr\u00e1tico de la burgues\u00eda y a la liquidaci\u00f3n de los soviets. Y triunfaron los socialdem\u00f3cratas. Hilferding y Kautsky en Alemania como Max Adler en Austria, propon\u00edan una \u00abcombinaci\u00f3n\u00bb de la democracia con el sistema sovi\u00e9tico, dando acogida a los soviets obreros en la Constituci\u00f3n. Esto hubiera significado convertir en parte integrante del r\u00e9gimen del Estado la guerra civil latente o declarada. Sin embargo, esta pretensi\u00f3n pod\u00eda tener, en Alemania, su raz\u00f3n de ser, fundada acaso en la vieja tradici\u00f3n: en el a\u00f1o 48, los dem\u00f3cratas wurtemburgueses ped\u00edan una rep\u00fablica presidida por un duque.<\/p>\n<p>El fen\u00f3meno de la dualidad de poderes, no estudiado hasta ahora suficientemente, \u00bfse halla en contradicci\u00f3n con la teor\u00eda marxista del Estado, que se ve en el gobierno el Comit\u00e9 ejecutivo de la clase dominante? Es lo mismo que si pregunt\u00e1ramos: \u00bfes que la oscilaci\u00f3n de los precios bajo la ley de la oferta y la demanda se halla en contradicci\u00f3n con la teor\u00eda marxista del valor? \u00bfAcaso la abnegaci\u00f3n del macho que defiende a sus cachorros contradice la ley de la lucha por la existencia? No, en esos fen\u00f3menos no reside m\u00e1s que una combinaci\u00f3n m\u00e1s compleja de las mismas leyes que parecen contradecir. Si el Estado es la organizaci\u00f3n del r\u00e9gimen de clase y la revoluci\u00f3n la sustituci\u00f3n de la clase dominante, el tr\u00e1nsito del poder de manos de una clase a otra, es natural que haga brotar una situaci\u00f3n contradictoria de Estado, encarnada, sobre todo, en la dualidad de poderes. La correlaci\u00f3n de fuerzas de clase no es ninguna magnitud matem\u00e1tica susceptible de c\u00e1lculo aprior\u00edstico. Cuando el equilibrio del viejo r\u00e9gimen se rompe, la nueva correlaci\u00f3n de fuerzas solo puede establecerse como resultado de la prueba rec\u00edproca a que estas se ven sometidas en la lucha. La revoluci\u00f3n no es otra cosa.<\/p>\n<p>Podr\u00eda pensarse que esta disgresi\u00f3n te\u00f3rica nos ha apartado de los acontecimientos de 1917. En realidad, nos conduce al coraz\u00f3n de los mismos. En torno al problema de la dualidad de poderes fue, precisamente, donde se libr\u00f3 la lucha dram\u00e1tica de los partidos y de las clases. Solo desde la atalaya te\u00f3rica podr\u00edamos observar esta lucha y comprenderla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Art\u00edculo extra\u00eddo del MIA: <a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/trotsky\/1932\/histrev\/tomo1\/cap_11.htm\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/trotsky\/1932\/histrev\/tomo1\/cap_11.htm<\/a><\/p>\n<p>Lea otros art\u00edculos relacionados en <em>Especial Revoluci\u00f3n Rusa<\/em>. En: www.litci.org<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De: Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa &#8211; Cap\u00edtulo XI \u00bfD\u00f3nde radica la verdadera esencia de la dualidad de poderes? No podemos dejar de detenernos en esta cuesti\u00f3n, que hasta hoy no ha sido dilucidada en la literatura hist\u00f3rica, a pesar de tratarse de un fen\u00f3meno peculiar a toda crisis social y no propio y exclusivo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":40691,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"litci_post_political_author":"","_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[9264,6482,2794],"tags":[8179,9473,9474,5077,9472],"class_list":["post-40690","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-especial-revolucion-rusa","category-historia","category-teoria","tag-doble-poder","tag-dualidad-de-poderes","tag-historia-de-la-revolucion-rusa","tag-leon-trotsky","tag-revolucion-rusa-100-anos"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/litci.org\/es\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/soviet-1905.jpg?fit=1019%2C591&ssl=1","fimg_url":"https:\/\/i0.wp.com\/litci.org\/es\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/soviet-1905.jpg?fit=1019%2C591&ssl=1","categories_names":["Especial Revoluci\u00f3n Rusa","Historia","TEOR\u00cdA"],"author_info":{"name":"Administraci\u00f3n Site","pic":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/1fc4a65db396208ca881747f59a66a20c6b8670747457224753e1e98c43f719b?s=96&d=mm&r=g"},"political_author":null,"tagline":"","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40690","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40690"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40690\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":40730,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40690\/revisions\/40730"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/40691"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40690"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40690"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/litci.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40690"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}