El pasado 13 de abril, en los distritos que abarcan desde Nueva Inglaterra, los estados del Atlántico medio y hasta Virginia, 39 mil trabajadores de Verizon abandonaron sus labores y se unieron a los piquetes. Ellos son miembros tanto de Trabajadores de Comunicaciones de América (Communication Workers of America, CWA), como de la Hermandad Internacional de Trabajadores de la Electricidad (Internacional Brotherhood of Electrical Workers, IBEW).

Por: Wayne DeLuca

Las principales cuestiones que están en juego en la huelga incluyen “cambios estructurales” a los beneficios en salud –significando un mayor grado en los costos que se cobran a los trabajadores; efectivamente, una reducción en el pago– así como garantías en la seguridad laboral y límites en las pensiones de los miembros. Miles de empleados de los ‘call center’ pueden ver sus trabajos reubicados o trasladados al extranjero. Verizon también ha exigido la reubicación arbitraria durante meses para equipos de trabajadores, sin recursos.

Mientras Verizon ha hecho alrededor de 39 billones de dólares en ganancias durante los últimos tres años, los trabajadores están completamente dispuestos a volver al trabajo bajo los términos de sus contratos previos. Es la recuperación de los beneficios y la seguridad laboral, en lugar de la codicia por la cual Verizon los acusa, lo que los ha forzado a ir a huelga.

Muchas de las tiendas de Verizon Wireless no son administradas por empleados afiliados a los sindicatos, pero aun así IBEW y CWA se han dirigido a ellos con un mayor éxito. Las ventas sin ninguna cita previa han caído rápidamente, así como los potenciales clientes han evitado los piquetes. Nuevas instalaciones para teléfonos, DSL y FiOS se han mantenido en espera, únicamente enviando rompehuelgas para atender emergencias, y los ‘call center’ han estado en caos, con llamadas de soporte que simplemente no están siendo respondidas.

La intransigencia de la compañía no puede ocultar el hecho de que en los primeros diez días de huelga han reducido sus ganancias. Esto continuará empeorando entre más lejos vaya, y habrá una creciente presión proveniente del sector financiero para estabilizarse a lo largo del año. Sin embargo, las acciones de Verizon no apuntan simplemente a los costos inmediatos, sino también a quitarle el poder al sindicato, y todo indica que será una batalla prolongada.

Lowell McAdam, el presidente ejecutivo de Verizon, fue tan ajeno a las preocupaciones de sus trabajadores que visitó uno de los piquetes y les dijo: “Para ser honesto, no estoy realmente seguro de por qué están aquí”. Con 18 millones de dólares de salario y alarmantes millones en bonificaciones para la dirección, exige más y más reducciones a sus trabajadores, McAdam representa en persona al arrogante, despiadado capitalista del siglo XXI. Su rudeza ha causado una respuesta negativa, tanto que los periódicos burgueses, como el New Jersey Star-Ledger, denuncian la “mala conexión” entre Verizon y sus trabajadores.

En los primeros momentos de la huelga, la solidaridad ha tenido un gran impacto. En tres casos, los trabajadores de CWA en la Ciudad de Nueva York han localizado los hoteles que estaban siendo usados para hospedar a los rompehuelgas. Con el apoyo de los camioneros (Teamsters) y los sindicatos de los hoteles, los piquetes se han quedado sin rompehuelgas. Un almacén que estaba siendo utilizado como centro de despacho para técnicos rompehuelgas, fue cerrado con la ayuda de Teamsters local 814 [empresa de traslado y almacenamiento]. Conductores de USP también han honrado los piquetes, saliendo con un mensaje en el segundo día de huelga para evitar los lugares afectados y reportar los paquetes como no entregados.

Los huelguistas en Nueva York también han sido capaces de seguir los vehículos de la compañía hasta los sitios de trabajo, en una forma de “piquetes móviles” que son considerados legales bajo la ley de trabajo. Los clientes que llaman para soporte a los rompehuelgas, encuentran en sus casas un piquete, un duro golpe que ha dañado la imagen de Verizon.

En muchos sitios, Verizon es beneficiario de una legislación monopólica o semi-monopólica que limita a los potenciales clientes de teléfonos, televisión y servicios de internet a uno o dos proveedores. Teóricamente, esto es una concesión para la inversión en infraestructura de comunicación, pero Verizon ha optado por dejar todas las potenciales áreas de servicios sin televisión e internet FiOS de alta calidad. Esencialmente, Verizon es un servicio público al que se le permite actuar como una compañía de alta tecnología, y ha sido lo peor de ambas cosas.

Este ataque hacia los trabajadores no está limitado a los actuales empleados de Verizon en la parte noreste de Estado Unidos. El objetivo de la compañía no es nada menos que [quebrar] la habilidad del movimiento obrero para proteger a los trabajadores en sus filas. Nada le gustaría más que deshacerse de los sindicatos que defienden los salarios, los horarios y las condiciones de trabajo que se han ganado durante décadas de lucha. A medida que presiona a los trabajadores y debilita los beneficios, Verizon mantiene su posición de bajar los salarios de todos los trabajadores. Hay un sentimiento entre los huelguistas de que la apuesta es más alta y que esto es una verdadera batalla entre las empresas y la clase trabajadora.

Verizon –uno de los principales sucesores del viejo ‘Bell System’­ [sistema de alarmas]– ha existido fuera del subsidio público y el monopolio por décadas. La corporación debe ser nacionalizada bajo el control de los trabajadores, y ser administrada como un bien público. Hasta que haya un movimiento de trabajadores lo suficientemente poderoso para llamar a que esto pueda ser forjado, los trabajadores necesitan construir la solidaridad con los huelguistas de Verizon y apoyarlos de cualquier manera que sea posible.

¡Ninguna concesión! ¡Los piquetes significan no pasarán!

¡Por la reintegración de todos los trabajadores huelguistas con seguridad laboral y beneficios!

Traducción: Misty M.