Es un hecho claro que el país atraviesa la peor crisis de su historia reciente, con un hambre que deambula aterrorizante por las barriadas de todas sus ciudades y poblaciones, lo que obliga a miles de familias enteras a escarbar diariamente entre la basura a fin de procurarse algo de comer, con miles de venezolanos directamente pidiendo dinero en las calles para adquirir algún alimento y otros miles muriendo de enfermedades anteriormente erradicadas como el paludismo, la difteria y la malaria.

Por UST de Venezuela

Todo esto consecuencia directa de la escasez creciente de alimentos, la falta de medicinas y tratamientos en farmacias y hospitales, una enorme caída del poder adquisitivo que se expresa en unos precios inaccesibles, como resultado de una inflación que cerrará 2017 por encima de 1000%, a lo que hay que agregarle el deterioro y la decadencia de los servicios de salud y demás servicios básicos a unos niveles jamás vistos y el incremento del desempleo a causa de una ascendente ola de despidos y suspensiones motivadas entre otras cosas a los cierres arbitrarios de empresas tanto en el sector privado como en el público.  

Pese a esta dramática situación el gobierno de Maduro, por medio de sus voceros oficiales, pero también a través de sus periodistas e intelectuales de “izquierda” afectos al régimen chavista (estos últimos con bastante seguridad a cambio de prebendas y buen dinero) intenta mostrarnos un país, cuya población habría salido masivamente a votar y a dar su respaldo al gobierno, en las elecciones por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), en las regionales (de gobernadores) y en las recientes municipales (de Alcaldes). Victorias electorales estas que a su juicio serian la muestra de que la mayoría de los trabajadores y el pueblo pobre apoyan al gobierno de “izquierda” de Maduro en su lucha contra una supuesta “guerra económica”, a la cual atribuyen la crisis.

Nada más alejado de la verdad, contrario a las afirmaciones gubernamentales, estos “triunfos electorales” han sido el producto de un escandaloso fraude, a cuyo mecanismo y elementos nos hemos referido en artículos anteriores; y lo cierto es que a escasos días de llevarse a cabo las elecciones municipales, el país se encuentra atravesado por toda una ola de protestas, que se suceden en los barrios de las principales ciudades de todos los estados del país, a causa del hambre que azota a su población.

Es así como en los últimos días hemos sido testigos de protestas por hambre en sectores populares de Caracas como: Catia, Petare, La Vega, Antímano, entre otros, al igual que en sectores populares de ciudades como Cumaná (donde hubo incluso una tranca de la avenida que da entrada al hospital, en protesta por la falta de medicinas, el paupérrimo estado del mismo y la muerte de pacientes por falta de tratamiento),  dándose incluso en esta ciudad la acción unificada de varios barrios, cuyos habitantes cercaron por horas la gobernación; también trancas y protestas en barrios populares de Ciudad Bolívar, San Félix, Puerto Ordaz, Upata (todas ciudades del Estado Bolívar), saqueos en El Tigre (estado Anzoátegui); así como en otros estados del país.

El incumplimiento por parte del gobierno de las promesas realizadas para la época decembrina, ha venido a actuar como detonante inmediato de la reciente ola de movilizaciones, comenzando a liberar la caldera de la bronca contenida que constituye la desesperada situación que atraviesan los trabajadores y habitantes de los sectores populares de Venezuela, en un proceso que amenaza con generalizarse.

Recordemos que a mediados de noviembre Maduro en cadena nacional ofreció garantías de distribución (venta) a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP’S) de los tradicionales perniles de cerdo (al menos 8 kilos por familia de este ingrediente característico en las cenas navideñas de los venezolanos), así como también de los Kits para la elaboración de las hallacas (plato típico navideño venezolano de peculiar elaboración). Todo esto fue ofrecido como adicionales a la bolsa Clap correspondiente al mes de diciembre (especie de abastecimiento mínimo familiar que con muchas fallas se distribuye entre las familias de los barrios y urbanizaciones del país, a costos relativamente más bajos que en el comercio común). A fin de garantizar unas “navidades felices”.

Aparte de esto el gobierno ofreció la asignación de bonos de alimentación consistentes en talones de 500 mil bolívares a cuatro millones de venezolanos, cuestión que fue usada como mecanismo de chantaje y proselitismo político para garantizarse votos en las pasadas elecciones municipales.

Lo cierto es que a pocos días de finalizar el 2017, y por consiguiente la temporada navideña, los perniles y los kits para hallacas brillan por su ausencia en la mayoría de los barrios del país, y en los escasísimos donde se entregaron las cantidades distribuidas fueron insuficientes (en el mejor de los casos un kilo de pernil por familia) y a precios más elevados de los prometidos. Existen innumerables denuncias de corrupción en la distribución, así como diversos testimonios de robos de los bonos de alimentación por parte de dirigentes y autoridades chavistas.

Como en otras ocasiones el gobierno cínicamente ha salido a calificar dichas protestas como acciones vandálicas, productos de la acción de desadaptados y saboteadores de la derecha, pero esto poco efecto ha tenido, porque la verdad es que se trata de la acción desesperada de las masas ante la escasez de comida y la imposibilidad de adquirir la poca que se encuentra en los anaqueles de los comercios, debido a sus altos precios, es esto lo que mueve a los habitantes de los barrios a trancar las calles y en algunos casos saquear comercios. Las movilizaciones se suceden a diario, pese a las amenazas públicas de represión de Alcaldes, Gobernadores (en su mayoría oficialistas como es sabido) y demás autoridades gubernamentales, acompañados de jefes militares.

Todas estas movilizaciones tienen el elemento progresivo común de cuestionar directamente al gobierno, a quien con razón señalan como el responsable directo del hambre y la escasez que los azota; no tratándose para nada de que el pueblo trabajador no repudie la existente especulación y el consabido acaparamiento de comerciantes y empresarios inescrupulosos, pero algo que es común escuchar en las movilizaciones son expresiones como “estos comerciantes son unos acaparadores y especulan pero ¿y que hace el gobierno?” “los comerciantes abusan y el gobierno no hace nada” “el gobierno no hace nada contra los bachaqueros porque son los militares los que están detrás del negocio”, “este gobierno nos está matando de hambre, esto no se aguanta más”.

Desde la Unidad Socialista de los Trabajadores, manifestamos todo nuestro apoyo a los barrios que se movilizan, a las trancas de calle, y demás acciones populares contra el hambre, la escasez y la miseria, y pondremos todos nuestros esfuerzos en función de participar de las mismas, ayudar a construirlas e impulsar su unificación, a la vez que denunciamos y rechazamos la represión contra las mismas.

Consideramos necesario construir una alternativa política de los trabajadores y el pueblo pobre, que impulse la movilización unitaria, para derrotar a un gobierno burgués que como tal, es enemigo de los trabajadores y del pueblo humilde, completo responsable de la crisis, y que ante la misma, prioriza por garantizar las ganancias de las multinacionales petroleras y mineras, permitiéndoles, mediante los convenios de empresas mixtas y del arco minero respectivamente, adueñarse de una gran tajada de la renta petrolera y de los recursos minerales; que prioriza por las ganancias de empresarios tradicionales y boliburgueses especuladores y acaparadores; que no importa los alimentos y medicinas necesarias para el pueblo venezolano comer y curarse, mientras alardea de haber cancelado en los últimos tres años, más de 73 mil millones de $ por concepto de deuda externa.

Unidad Socialista de los Trabajadores (UST)

Sección Venezolana de la Liga Internacional de los Trabajadores (LITCI)