La duda –y los cuestionamientos a ella asociados– es una actitud natural y saludable frente a hechos nuevos. Analizar críticamente la realidad es indispensable para comprenderla mejor.

Por: Cristina Portella, Portugal

Para eso, y sabedores de nuestras propias insuficiencias en casi todos los temas, debemos movilizar el conocimiento acumulado hasta este momento por filósofos, científicos y otras autoridades de saber comprobado en el área que nos disponemos a entender. El objetivo frente a la duda debe ser el de intentar superarla en la búsqueda de un entendimiento superior de determinado problema. Alimentarla sin buscar respuestas provoca parálisis y puede ser extremadamente peligroso cuando está en causa nuestro bienestar y el de la Humanidad.

La pandemia que ahora atravesamos nos propone una serie de cuestiones… y muchas dudas. Es natural que sea así por la novedad que representa, al reunir una crisis económica a una crisis pandémica de dimensiones mundiales. En su artículo “La originalidad absoluta de la crisis sanitaria y económica mundial”[1], el economista François Chesnais considera que “la salida de la crisis no depende de la mejoría de la tasa de ganancia. Depende del retroceso de la pandemia, o sea, depende, en primer lugar, de los avances de la Medicina (testes y vacunas) y, en segundo lugar, de la eficacia de la acción de los gobiernos”. En otras palabras, es absolutamente necesario al capitalismo controlar el virus sin confinamientos que paralizan la economía e impiden la acumulación de capital y de lucro. Es eso lo que explica –y no, obviamente, su amor por la Humanidad– la investigación y la producción en tiempo récord de una vacuna contra el SARS-CoV-2.

Las vacunas

Existen más de 200 candidatas a vacunas contra el Covid-19 en desarrollo en el mundo en este momento. De esas, una de las que se encuentran en estadio más avanzado es la de la farmacéutica norteamericana Pfizer, en asociación con el laboratorio de biotecnología alemán BioNTech. Recién autorizada por la Food and Drug Administration (FDA) y en vías de serlo por la Agencia Europea para el Medicamento (EMA), ya comenzó a ser aplicada en Inglaterra, en diciembre. El primer estudio sobre la fase 3 (con testes en humanos) de esa vacuna fue publicado en el New England Journal of Medicine, una de las más importantes revistas científicas del mundo, el 10 de diciembre, siendo considerada segura y capaz de proteger contra el nuevo coronavirus, con una eficacia de 95% en el público en general y 94,7% en las personas con más de 65 años.

Otra vacuna que se encuentra en la fase 3 es la CoronaVac, desarrollada por la farmacéutica china Sinovac Biotech. Según artículo publicado en la inglesa The Lancet, una de las más prestigiadas revistas médicas, ella es segura e induce respuestas de anticuerpos en 97% de los voluntarios saludables testados. Los síntomas adversos relatados en 35% de ellos fueron considerados leves.

La vacuna ASD1222, producida por la AstraZeneca, conglomerado farmacéutico anglo-sueco, y por la Universidad de Oxford, fue la primera a tener un artículo evaluado por pares y a ser publicado en The Lancet, demostrando 70% de eficacia, pero aún necesita testar su desempeño en personas con más de 55 años. Existe incluso la vacuna de la Moderna, empresa de biotecnología de los Estados Unidos, y la Sputnik V, del instituto de pesquisa ruso Gamaleya, que comenzó a ser aplicada en Rusia antes de que terminasen los testes de la fase 3.

Escepticismo y desconfianza

Con la vacunación prevista para comenzar en Portugal en breve, muchos portugueses, 37,2% según estudio de la Eurosondagem divulgado en la primera quincena de diciembre, dicen que no van a vacunarse, contra 48,5% que respondieron afirmativamente y 14,3% que dijeron no saber. En el Brasil, el porcentaje de los que no quieren vacunarse es mucho menor, pero no desconsiderado: 22%. En todo el mundo, muchas personas rechazan la vacuna por desconfiar de su eficacia o de las intenciones de sus gobernantes. “Yo no confío en eso”, dijo la estudiante rusa de ingeniería mecánica Lia Shulman, de 21 años, en reportaje del Washington Post, “porque ellos siempre mienten. Si el gobierno dice que usted haga algo, usted debe hacer lo opuesto”.

El movimiento antivacuna es también estimulado por los negacionistas de la pandemia, por la extrema derecha y por sus representantes, como el presidente del Brasil, Jair Bolsonaro. “El pueblo brasileño no será cobaya de nadie”, dijo él, refiriéndose a los chinos y la CoronaVac. Esa es la vacuna que el principal adversario político de Bolsonaro, el gobernador de San Pablo, João Doria, pretende utilizar para inmunizar a la población de su Estado. En los EEUU, después de burlarse de la pandemia y de la vacuna, el aún presidente Donald Trump quiere instrumentar la vacunación en masa para de ahí sacar dividendos políticos.

Vacuna para todos, ya

Si los grandes capitalistas y sus representantes en los gobiernos quieren vacunar a la población para salvar el sistema, la población precisa de vacuna para salvar vidas. Los testes realizados comprueban la seguridad y la eficacia de varias vacunas. Ahora es preciso garantizar que estas estén disponibles para todos, y no solo para los pueblos de los países ricos. El movimiento antivacuna es no solo mentiroso sino criminal, porque confunde a la población, aprovechándose de la justa desconfianza que tienen sobre sus gobiernos y el sistema. Muchos de los que oponen a la vacuna defienden, en contrapartida, la inmunidad de grupo, un método que, caso fuese adoptado, provocaría la muerte de muchos millones, prolongaría la pandemia y agudizaría una crisis que ya se demuestra catastrófica para la humanidad.

Notas:

[1] Artículo reproducido en https://www.esquerda.net/artigo/originalidade-absoluta-da-crise-sanitaria-e-economica-mundial/71296, en una traducción del artículo original “L’originalité absolue de la crise sanitaire et éconimique mondiale du Covid-19”, publicado en https://alencontre.org/economie/loriginalite-absolue-de-la-crise-sanitaire-et-economique-mondiale-du-covid-19.html, en octubre de 2020.

Traducción al castellano: Natalia Estrada.