El avance de la crisis política en medio de la profundización de la crisis económica y social hizo soltar el alerta rojo en las instituciones. La creciente inestabilidad podría poner en riesgo no solo las reformas que la burguesía y el imperialismo exigen, como la propia supervivencia política de gran parte de los políticos ya sumergidos en una enorme desmoralización.

Por: Diego Cruz

La escandalosa “pizza” asada por el Tribunal Superior Electoral (TSE), preparada por Gilmar Mendes con la ayuda de los abogados de Dilma y Temer, ya señalaba el “acuerdazo” al salvar la lista electa en 2014. La semana pasada, poco tiempo después de la presentación de la denuncia de corrupción contra Temer, el propio Gilmar Mendes recibió a Temer en una cena en su propia casa. El encuentro, a las escondidas, claro, no constó en la agenda oficial del presidente.

Ya sobre el final de la semana, de una sola vez, el Supremo Tribunal Federal (STF) vía ministro Marco Aurélio, no solo niega el pedido de prisión al senador Aécio Neves (PSDB-MG) como devuelve el mandato al “tucano”. En una decisión que es un verdadero escarnio, el ministro llega a decir que Aécio, flagrado pidiendo 2 millones de reales a Joesley Batista, cuenta con “una carrera política elogiable”.

Pocos minutos después, el también ministro del STF, Edson Fachin, mandó soltar al ex diputado Rodrigo Rocha Loures (PMDB-PR), el “hombre de la valija”, agarrado cargando una valija con R$ 500.000, cuyo destinatario era el Planalto [Casa de Gobierno]. Con eso, se hace más difícil para el cargador de valijas hacer delación premiada y entregar a su jefe.

El “acuerdazo”, sin embargo, no se restringe al gobierno y al Poder Judicial. En declaración a la prensa, Lula se alineó con Temer contra el Procurador General, Rodrigo Janot, que lo denuncia: “Si el Procurador General de la República tiene denuncia contra el Presidente, tiene que probarlo”, dijo, para enseguida después completar: “me cansé de ser escarnecido sin pruebas”. Y no para por ahí. Este domingo, la Folla de S. Paulo trajo la noticia de que Lula articula, junto con Temer, Dilma y Aécio, una manifiesto contra la Justicia y el Ministerio Público, atacando la Lava Jato.

Si por encima el gobierno, el PT, el PSDB y el STF avanzan en un “acuerdazo”, por abajo las cúpulas de las principales centrales sindicales no se quedan atrás y cumplen el papel de frenar el movimiento para impedir la derrota de las reformas y la caída del gobierno. Las direcciones de la Fuerza Sindical y de la UGT ya venían negociando con el gobierno para frenar la huelga general marcada para el día 30 de junio a cambio de la mantención del célebre impuesto sindical en la reforma laboral. No consiguieron levantar la huelga por cuenta de la presión de la base, pero emprendieron una gran operativo de desmonte para que la huelga general del 28 de abril no se repitiese.

La CUT también entró en esa, no movilizó sus bases y juega todas sus fuerzas para canalizar todo en el movimiento de las “Directas Ya”, una campaña que intenta la elección de Lula en 2018. Eso en un momento en que el gobierno se encontraba fragilizado con la denuncia de corrupción y que la reforma laboral avanzaba en el Senado, quedando pronta para ser aprobada definitivamente en el Congreso. Había condiciones, incluso, para que el 30 de junio fuese superior al 28 de abril, pero la acción consciente de las grandes centrales lo impidió.

La división de tareas es descarada: gobierno, PT, PSDB, y STF frenan la Lava Jato y la crisis política arriba, y las centrales sindicales frenan el movimiento por abajo. Y, así, se teje un gran “acuerdazo” a favor del gobierno, de los corruptos y de las reformas.

La fuerza de la clase trabajadora, sin embargo, puede, aliada a la crisis y desmoralización de este régimen y a la división de la burguesía, echar por tierra ese “acuerdazo”. La prisión del ex ministro Geddel Vieira Lima, hasta ayer el hombre fuerte de Temer en el gobierno, es expresión de eso.

Para eso es preciso avanzar en la organización de los trabajadores, en los comités de lucha contra la reforma, en la base y en las periferias, y en la construcción de una dirección consecuente para la clase. El propio 30 de junio, que fue un fuerte día de luchas y paralizaciones contra la voluntad de las cúpulas de las principales centrales, mostró eso.

Traducción: Natalia Estrada.

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