Los terribles atentados de París en los que murieron más de cien personas provocaron un cambio político en Europa. La conmoción que se creó tras la muerte de Aylan, el niño sirio que yacía ahogado en una playa turca, han dado paso, tras los atentados, a una histeria islamofóbica. Las vidas segadas en Paris están siendo utilizadas de forma hipócrita por el imperialismo francés y europeo para desatar una contraofensiva que no sólo afecta a Oriente Medio sino que se vuelve igualmente contra los pueblos de Europa.

Por Corriente Roja

No hace mucho, más de un centenar de jóvenes murieron en Turquía cuando se manifestaban en la calle, en un salvaje atentado atribuido a Estado Islámico (ISIS). Sin embargo, este asesinato masivo no causó furor alguno en los grandes medios de comunicación mundiales. La doble moral ante la valoración de la vida humana hace que la suerte de familias enteras que mueren en Siria bajo las bombas lanzadas por Francia y Rusia sea absolutamente ignorada y tratada como “daño colateral”. Y sin embargo, estos bombardeos traslucen los verdaderos objetivos de sus autores: sofocar la rebelión del pueblo sirio, atrapado entre dos fuegos, como consecuencia del apoyo velado dado al régimen de Al Assad por parte de las potencias imperialistas y el apoyo abierto dado por Rusia e Irán.

Hollande, emulando a Bush, ha anunciado en tono belicoso que los sucesos en la sala Bataclan se deben considerar como una “declaración de guerra”, ha iniciado una ofensiva de bombardeos contra Raqqa, la capital del denominado “Califato Islámico” y ha declarado el estado de emergencia en Francia. La policía y el ejército franceses llevan a cabo una ofensiva que atenta contra garantías democráticas básicas, con centenares de detenciones arbitrarias e invasiones de domicilios sin mandato judicial y un control masivo de las comunicaciones. Las fronteras de Francia también fueron selladas por tiempo indeterminado.

La campaña iniciada por Hollande cuenta con el apoyo incondicional de EE.UU. y de todos los gobiernos europeos. Alemania, Austria, Bélgica y otros países de la UE han tomado medidas internas en la misma dirección que Hollande. Rajoy afirmó en reiteradas ocasiones que “el combate al terrorismo” será una de sus prioridades si gana las elecciones y que el “pacto antjihadista” firmado en febrero con el PSOE debe ser ampliado a nuevos partidos. El jueves 26 de noviembre se celebró en Madrid una reunión en la que Ciudadanos, UPyD, Uniò se sumaron al pacto. Podemos asistió a la reunión en la calidad de observador.

Albert Rivera, de Ciudadanos, ha hablado de la necesidad de un pacto de Estado y se ha convertido en el campeón del envío de tropas a Mali para “ayudar a Francia”. Pablo Iglesias ha hecho algunas críticas y ha defendido la necesidad de que se invite a organizaciones civiles a formar parte del pacto. UPyD, ha enfatizado la necesidad de acciones rápidas y contundentes en el marco de la coalición impulsada por Hollande. La única honrosa excepción ha sido Garzón, de Unidad Popular, que rechazó firmar y comparecer en la reunión.

¿Es progresivo el pacto contra el terrorismo jihadista?

El discurso de todos es que es el momento de defender los “valores europeos” contra la barbarie jihadista. Pablo Iglesías, pese las críticas, ha querido señalar que “hay más elementos que nos unen que elementos que nos diferencian”. El pacto busca construir una amplia unidad para tomar medidas duras: acciones militares en el exterior y restricciones de derechos y libertades en el interior.

El Estado Islámico es una organización totalmente retrógrada y reaccionaria. Acaba de llevar a cabo un atentado en Túnez que tuvo como consecuencia directa la declaración del estado de emergencia por parte del gobierno, como antes habían hecho los gobiernos francés y belga. El ISIS lucha contra la revolución siria y actúa para derrotarla e imponer normas bárbaras, basadas en una interpretación absurda del Corán. Usa métodos fascistas de terror en los territorios que controla.

Atentados como el de París generan un amplio rechazo popular que es utilizado por los gobiernos para imponer medidas contra toda la población, especialmente contra los sectores socialmente más oprimidos, como los inmigrantes, en particular los de origen árabe o bereber, y los refugiados.

Atentados de esta naturaleza merecen el mayor de los repudios. Y, al mismo tiempo, frente a la interesada manipulación de los gobiernos tenemos que preguntarnos por qué ocurren y a quién benefician.

No puede ser progresivo un pacto que tiene como objetivo profundizar una guerra que es justo el motivo por el cual los refugiados huyen de Siria y de Iraq, cuando en realidad son los mismos gobiernos que ahora hablan de “lucha contra el terrorismo” quienes sembraron la barbarie de la que ISIS es expresión,

El Estado español tiene cerca de 2.300 efectivos desplegados en operaciones en el exterior, todas presuntas “misiones de paz” en el vocabulario hipócrita de los políticos. Estuvieron en Afganistán, uno de los países de donde vienen una parte de los refugiados, apoyando la guerra promovida por EEUU. Tiene cerca de nueve misiones en África, continente del cual huyen anualmente centenares de miles de personas a causa de la pobreza, las dictaduras amigas y los innumerables conflictos bélicos detrás de las cuales están las manos de multinacionales y gobiernos occidentales. Hay militares españoles en Libia, supuestamente combatiendo la mafias de transporte ilegal, pero en realidad impidiendo que más personas crucen el Mediterráneo rumbo a Europa.

Las “misiones de paz” buscan defender los intereses políticos y económicos de los países que las impulsan. El gobierno español se está ofreciendo a liderar la misión de la ONU en el Líbano y se prepara -en medio de maniobras electorales- para ofrecerse a Francia y participar en las misiones militares de los países del Sahel, que son “de interés estratégico para España”, según el ministro Margallo.

Tampoco podemos estar de acuerdo con un pacto que impondrá límites a las libertades democráticas que con tanto esfuerzo hemos ganado y que ya están siendo severamente maltratadas. El estado de emergencia supuso en Francia la prohibición de manifestaciones y huelgas, así como la concesión de libertad a las fuerzas policiales y militares para actuar sin la obligación de respetar la ley. Es en los barrios pobres de la periferia de las grandes ciudades, como Sant Denis en París, donde se llevan a cabo las operaciones de búsqueda y captura de los presuntos terroristas.

En Bélgica el calendario de movilizaciones contra los recortes y el aumento de la edad mínima para la jubilación a 67 años fue suspendida por los sindicatos, para sumarse a la “unidad nacional” contra el terrorismo. No tardará el día que pase lo mismo entre nosotros. Este no es un pacto anti terror, sino un pacto para sembrar el terror en Oriente Medio e imponer recortes a las libertades en casa.

Por estos motivos, Corriente Roja rechazamos el pacto antijihadista y nos sumamos a las convocatorias de manifestaciones por todo el estado contra la guerra y el recorte de libertades.

Estamos contra los bombardeos y el envío de tropas a África y a Medio Oriente. Estamos con la resistencia de los pueblos árabes contra las dictaduras genocidas como las al-Assad y contra Estado Islámico. La mejor arma contra el terrorismo es luchar para acabar con este sistema social que oprime a la enorme mayoría de la humanidad.

¡No a los bombardeos en Siria!

¡No al envío de tropas a África y Oriente Medio!

¡No al pacto antijihadista del PP y el PSOE!

¡No al recorte en las libertades democráticas!

¡Todas somos refugiadas con los mismos derechos!

¡Contra el Estado Islámico y Bashar al-Assad!