Este artículo ha sido publicado en Correo Internacional, nº 9, de Noviembre de 2012.
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Desde hace un año y medio la lucha de clases en Siria se traduce en el lenguaje de los fusiles, del tronar de los cañones, del combate encarnizado casa por casa para avanzar sobre las posiciones del enemigo. Es la guerra civil abierta y completa. Asistimos al mayor enfrentamiento entre revolución y contrarrevolución a nivel mundial en nuestros días y el resultado de esta lucha impactará profundamente el curso de la situación internacional, en particular el rumbo de las revoluciones que se desarrollan en el Norte de África y Medio Oriente.

 

Conforme pasan los meses la situación es más dramática y sangrienta. El régimen dictatorial de Bashar Al Assad, que prometió “vivir y morir en Siria”, está cometiendo un genocidio contra el pueblo sirio, que se ha levantado en armas para derrocarlo. A diario presenciamos la aplicación de horrorosos métodos de exterminio masivo contra los rebeldes armados y la población en general, acciones de claro carácter nazi-fascista, que van desde bombardeos aéreos y con artillería pesada que destruyen ciudades enteras, ataques aéreos selectivos contra panaderías o puestos de gasolina en momentos de desesperada concurrencia de los civiles y la utilización sistemática de bandas de matones armados y pagados por la dictadura –los llamadosShabiha–, que incursionan en los barrios en disputa o controlados por los rebeldes, para torturar, asesinar y violar a mujeres y niños a mansalva.
 
Los números de los crímenes de Al Assad son escalofriantes. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) han muerto más de 38.000 personas –entre las que se cuentan 3.110 niños– desde el 15 de marzo de 2011, cuando comenzó la revolución, hasta finales de octubre de 2012. Sólo entre agosto y octubre de este año murieron 15.152 personas y el promedio de muertes por día se elevó a 165 óbitos. En medio de este baño de sangre, más de 360.000 personas huyeron del país para refugiarse en Jordania, Turquía, Líbano e Irak, donde permanecen en condiciones infrahumanas. Según el Centro para la Documentación de Violaciones en Siria, existen 32.478 presos políticos que se pudren en las cárceles de Al Assad, entre quienes se cuentan 806 que son niños[1]. El drama de los niños y niñas es reconocido hasta por la ONU, que en un informe reciente da cuenta de “casos de niños a quienes se les rechaza el ingreso a los hospitales, niños y niñas muertos en los bombardeos de sus barrios o sometidos a torturas, incluida la violencia sexual”.
 
La economía siria devastada
 
Es importante, antes de analizar el curso de la guerra civil y su dinámica, puntualizar la actual situación económica de Siria, después de 20 meses de iniciada la revolución.
 
El periódico libanés The Daily Star informó el 4 de agosto último que, según el Instituto de Finanzas Internacionales, el PIB de Siria caerá 14% en 2012, después de una contracción de 6% en 2011. Advirtió también que esta caída podría superar el 20% al cierre de este año si la guerra civil continúa, algo altamente probable.
 
Los principales indicadores económicos están cayendo. Los ingresos por turismo han disminuido de 11% del PIB en 2010 a 4% en 2011; en 2012 representarán sólo 0,6% de la economía siria. La inversión extranjera directa pasará de 1,5 billones de dólares en 2010 a 100 millones de dólares en 2012. El total de la fuga de capitales entre marzo de 2011 y julio de 2012 representa 21% del PIB. Debido a la casi paralización económica, las sanciones internacionales y la caída drástica de la producción agrícola, existe escasez de todo tipo de alimentos y bienes de consumo. La inflación promedio, en 2012, es de 17%, frente a 5,2% en 2011.
 
El déficit fiscal es de 14% del PIB, casi el doble que en 2011, cuando se situó en 8%. Debido a la guerra civil, los gastos del gobierno aumentaron de forma descontrolada y los ingresos fiscales casi desparecieron. Es el caso, por ejemplo, de los ingresos provenientes de las exportaciones de petróleo, que representaban hasta 30% de los ingresos del gobierno. Se prevé que las exportaciones de petróleo caerán de 130.000 barriles por día en 2011 a 100.000 en 2012. Las exportaciones de mercancías en general disminuyeron 12% en 2011 y se estima que este año caigan 20%. Las importaciones también descenderán 21,5% tras contraerse 14,2% el año pasado.
 
Las reservas de divisas de la dictadura de Al Assad se redujeron de 19,5 billones de dólares (equivalente a 7,6 meses de importaciones de bienes y servicios) en 2010 a 10,8 billones de dólares en 2011 (equivalente a 4,4 meses de importaciones). Para el final de 2012, se estima que estas reservas serán de 1,1 billones de dólares, monto que equivale a 18 días de importaciones.
 
El diario Syria Today anuncia que, según datos del gobierno, el desempleo llegó a 25%. Otras fuentes hablan de más de 30%, sin contar los subempleos. El índice oficial de pobreza se sitúa en 13%; sin dudas la cifra es más elevada. La industria siria, que en 2010 representó 23,7% del PIB, está destruida o paralizada. Según reclaman los propios empresarios, la capacidad de la producción industrial se redujo en más de 60%. En Aleppo, capital económica del país, se cerraron más de la mitad de las fábricas textiles debido a que los mercados europeos están casi clausurados por las sanciones internacionales.
 

Este es el marco económico en el que se asienta la guerra civil. Por un lado, el conflicto armado acrecienta todas las contradicciones sociales y las penurias de las masas, que luchan por derrocar a Al Assad y conquistar libertades democráticas en la perspectiva de mejorar su calidad de vida, cada vez más deteriorada por la tragedia social que se  profundiza con la guerra civil. Por otro lado, es claro que la dictadura está quedándose sin oxígeno económico propio para continuar sosteniendo su campaña guerrera contra las masas sirias. La situación de Al Assad, con la producción en caída libre, con la mayoría de los mercados cerrados, con los ingresos fiscales por el suelo y casi sin reservas financieras es dramática, pues lo debilita militarmente y hace tambalear su base social y política, al punto que crecen los sectores burgueses que comienzan a abandonar el barco de su régimen. Esto es tan así que, de no ser por la ayuda económica y militar que le dan sus pocos aliados –Rusia, China, Irán, Venezuela y Cuba–, el régimen sirio no tendría forma de sostenerse y de continuar sus ataques genocidas.

 
El curso de la guerra civil
 
El triunfo militar del campo rebelde se enfrenta a un claro problema de armamento y de dirección político-militar. El régimen de Al Assad, a pesar de todos los avances de las milicias rebeldes y del Ejército Sirio Libre (ESL), continúa detentando un mayor poder de fuego. Al Assad dispone de un ejército que sufre deserciones pero que mantiene una cadena de mando, además de artillería pesada y una fuerza aérea de respeto. Es importante saber que el ejército sirio siempre fue uno de los más fuertes en Medio Oriente y está armado directamente por Irán y por Rusia.
 
A fin de dificultar las deserciones, Al Assad se vale de aquellas unidades de élite –como la terrible IV División mecanizada, comandada por su hermano menor Maher Al Assad–, y, por supuesto, de los mercenarios y criminales shabihas. Además, en estos últimos meses, sus acciones militares se sustentan fuertemente en los ataques aéreos. Esto causa alta mortandad civil y hace que los rebeldes no puedan avanzar y hasta deban abandonar ciertas posiciones por carecer de armamento antiaéreo o antitanques.
 
En toda guerra civil, el problema del armamento es un problema político de primera importancia. Los rebeldes, que aumentan en número, no cuentan con las armas necesarias para mantener las posiciones y avanzar de forma decisiva. “No necesitamos más hombres, necesitamos más armas”, dice el comandante Ahmed Abu Ali, al frente de una katiba (batallón) de un centenar de milicianos que combate en el barrio de Saladino, en Aleppo. Continúa diciendo: “Lo más difícil a lo que tenemos que hacer frente son los carros de combate T-82, contra los que no pueden nuestros RPG”. Y añade: “También los cazas MiG y Sukhoi, además de los francotiradores”. Abu Ali se lamenta además: “Tenemos francotiradores, pero no rifles de precisión” y sentencia: “No podemos controlar Aleppo a menos que tengamos armamento pesado (…) Sin más armas no podemos aún imaginar el futuro” (El País, 11/8/2012).
 
Hasta el momento, ningún gobierno decidió enviar armas pesadas a los rebeldes. Todas las potencias imperialistas y gobiernos como los de Egipto o Libia se han mostrado contrarios a esta alternativa. Barack Obama expresó el motivo claramente: “Emplear medios militares americanos en Siria es un gran riesgo. No podemos poner armas en manos de personas que luego las puedan usar contra nosotros” (El País). El imperialismo sabe muy bien que de armar a los rebeldes estaría armando a quienes están llevando adelante esa revolución en curso. El máximo “apoyo material” al ESL por parte de las potencias imperialistas consiste en armas leves o en brindar servicios de inteligencia para algunas operaciones rebeldes. Esto se da fundamentalmente a través de Qatar o Turquía. No obstante, las armas y cualquier ayuda militar llegan a cuentagotas y sólo para aquellos grupos o sectores más dóciles a los intereses del imperialismo o los que EEUU considera que pueden desviar la revolución por dentro, como los grupos yihadistas.
 
Mientras tanto, el régimen de Al Assad continúa recibiendo cargamentos de armas pesadas de Rusia e Irán. Sólo en 2011, Rusia –que tiene una base naval en Siria e importantes intereses comerciales– vendió armas al gobierno sirio por mil millones de dólares. Esto es admitido abiertamente por el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, al decir con cinismo que esto ocurre “En el marco de la cooperación técnica y militar entre Rusia y Siria, el objetivo es apoyar las capacidades defensivas de Siria frente a amenazas políticas externas, no apoyar a Bashar Al Assad” (Reuters, 5/11).
 
Otro elemento favorable al régimen sirio es el apoyo político y militar de Hezbolah, que es parte importante del gobierno del Líbano, país donde la guerra civil siria comenzó a tener reflejos a partir de importantes enfrentamientos entre simpatizantes y detractores de Al Assad. No se debe perder de vista que Hezbolahcontrola regiones enteras en la frontera sirio-libanesa y que es la organización armada mejor entrenada y con más prestigio político y poder militar de Medio Oriente, sobre todo después de haber derrotado a Israel en 2006.
 
Constituye un problema serio, además, el accionar de los grupos islamistas salafistas o yihadistas (alas más fundamentalistas del Islam), como la milicia denominada Al Nushra, que no hace parte del ESL y emprende una serie de acciones aisladas, con el objetivo de dar a la guerra civil un carácter sectario y religioso, predicando que el conflicto sería entre sunitas y chiitas-alauitas (la rama del Islam a la que pertenece la familia Assad). De esta forma, se dedican a realizar atentados terroristas de forma inconexa con las acciones militares del ESL y algunas veces contra la población civil alauita o de otras confesiones. La acción de estos grupos, a pesar de que contribuye al esfuerzo militar para derrocar a la dictadura siria, promueve la división y debilita el campo rebelde, pues estas acciones sectarias sólo tienden a alejar a sectores enteros de la población siria (alauitas, cristianos, etc.) de la lucha por derrocar al régimen y avanzar con la revolución.
 
Sumado a esto están los problemas en el propio campo rebelde, comenzando por la dirección política y militar burguesa y pro-imperialista del Consejo Nacional Sirio (CNS) y de alta cúpula del ESL, que declararon repetidas veces que apoyarían una intervención militar imperialista, y algunos sectores anunciaron su disposición a discutir un “gobierno de transición” sin Al Assad pero que pueda incluir a su vicepresidente o algún otro personero de su régimen.
 
Sin embargo, a pesar de que el régimen de Al Assad continua detentando un mayor poderío militar, desde mediados del julio es posible definir que existe una ofensiva de los rebeldes armados, con importantes avances militares.
 
Esto se da en el marco de una profundización de la guerra civil y se expresa en que, hace más o menos tres meses, los combates se dan con fuerza en las dos principales ciudades sirias: Damasco y Aleppo.
 
En Damasco, la milenaria capital del país, se combate principalmente en los barrios periféricos, aunque también se dieron breves e intensos combates en pleno centro de la ciudad. El régimen no consigue aplastar el asedio rebelde en Damasco, al punto que tuvo que iniciar bombardeos aéreos en varios barrios de la capital.
 
En Aleppo, el combate es centímetro a centímetro. El ESL afirma que controla 60% de la ciudad, aunque aún no ha podido tomar el centro. Entre los escombros de una ciudad prácticamente en ruinas por los incesantes bombardeos, los rebeldes defienden sus posiciones. Conquistar Aleppo reviste importancia estratégica, debido a su peso económico y geopolítico, pues posibilitaría abrir una vía de abastecimiento conectado directamente con la fronteriza Turquía.
 
A principios de noviembre, los rebeldes conquistaron otras dos posiciones estratégicas: Maaret al Numan y Saraqeb, ambas ciudades de la provincia de Idlib, donde el gobierno perdió todos sus puestos de control, excepto tres de ellos. Las dos localidades son de importancia vital, para ambos bandos, por el control de la carretera que conduce de Damasco a Aleppo y la que conecta esta última con la localidad costera de Latakia, en el norte. Por esa vía, el régimen transporta sus tropas de reemplazo para atacar Aleppo.
 
Los combates se han recrudecido también en la base militar de Taftanaz, desde donde el régimen lanza sus ataques a toda Idlib. En Deir Ezzor, en la zona este del país, los rebeldes anunciaron haber tomado el campo de petróleo Al Ward. En Hama, un atentado con coche bomba mató a más de 50 soldados y políticos ligados a Al Assad, el 5 de noviembre último. Otros combates y bombardeos indiscriminados del régimen se dan en Daraa, Homs y Latakia.
 
Las acciones de las milicias del ESL asestan golpes importantes al régimen sirio, pero aún carecen de la fuerza necesaria para realizar una ofensiva arrolladora y decisiva. Sin embargo, la profundidad de la revolución es tal que se estableció en el país una clara situación de doble poder, cuya mayor expresión son los territorios liberados por las milicias.
 
 
Dos poderes en Siria
 
Actualmente existen dos poderes en Siria. Por un lado, el gobierno y el régimen de Al Assad mantiene el control del aparato estatal y de las fuerzas armadas. Por otro lado, en el marco de la ofensiva militar rebelde, existen territorios enteros que ya no están controlados por el dictador.
 
Uno de los primeros territorios liberados se dio en una parte importante de la ciudad de Homs, donde se instaló un “consejo militar revolucionario” que asumió tareas propias del poder político, como el abastecimiento de comida, la limpieza, la atención sanitaria, la seguridad y la impartición de justicia. Deir Ezzor, con fuertes industrias y campos de petróleo, es otra ciudad del país casi completamente controlada por las milicias rebeldes. También existen zonas liberadas, controladas por consejos de milicias (conocidas como Tansiqiyyat) en Hama, Daraa y en buena parte de Idlib. En toda la parte de Aleppo controlada por los rebeldes armados, son las milicias las que se encargan de funciones como el mínimo abastecimiento y la seguridad de las panaderías, de la evacuación de la población, etc. En estas pequeñas ciudades, como en Taftanaz, la Tansiqiyyat local publica periódicos y otros materiales (ver mapa).
 

Mapa 1: Zonas controladas por las fuerzas rebeldes
 
En Saraqeb también se instauró una especie de consejo de “fuerzas de la seguridad revolucionaria” sobre el terreno. Su presidente, Abu Haya, comentó cómo funciona ese organismo y sus primeras tareas: “(…) abrimos la lista de voluntarios para formar unas fuerzas de seguridad revolucionarias y trabajamos para la creación de grupos de civiles que organizan el tráfico y controlan la seguridad, además de coordinar servicios como los trabajos municipales, entre los que se encuentran la limpieza de las calles o el tirar la basura”[2]. Sistemas de administración parecidos existen también en zonas rurales como Kajarjanaz, Binnish, Atma y Tal’ada. Existen informaciones de que en forma desigual se están conformando incipientes “redes” de estos consejos de milicias.
 
La existencia, aunque embrionaria y precaria, de zonas liberadas y de las innúmeras Tansiqiyyat en Siria, que aparentemente tienen algún grado de coordinación entre sí, es un hecho altamente progresivo. Son la más clara expresión de la fuerza de la revolución siria. Es por ello que el régimen se dedica a bombardear para destruir estas zonas. Este fue el caso, por ejemplo, de la villa de Kafarnubol, liberada el 1 de abril de 2011 y cruelmente bombardeada por los aviones de Al Assad el 5 de noviembre de 2012.
 
El papel nefasto del castro-chavismo
 
Desde que comenzó la revolución siria, la mayoría de la izquierda mundial, sobre todo el castro-chavismo, se ha colocado contra la insurrección de las masas y en defensa del sanguinario dictador Al Assad, tal como apoyaron política y militarmente a Gadafi en Libia. Para estos sectores, lo que existe en Siria no es una revolución sino una contrarrevolución, donde “mercenarios” o “tropas del imperialismo” estarían intentando derrocar a Al Assad, supuesto líder antiimperialista y antisionista.
 
Hugo Chávez, recientemente reelecto como presidente de Venezuela, afirmó poco después de las elecciones:“Cómo no apoyar el gobierno de Bashar Al Assad si es el gobierno legítimo de Siria, ¿A quién apoyar, a los terroristas?”[3]Dicho esto, ratificó su “apoyo 100%” al dictador sirio y dijo: “¡Ojalá pudiéramos hacer!, pero ¿qué puede hacer un país como Venezuela?”, se preguntó. En verdad, Chávez no sólo apoya al genocida Assad en el discurso, sino que es uno de los países que le suministra el combustible que luego es usado en los tanques y aviones que asesinan al pueblo sirio.
 
Es preciso llamar a las cosas por su nombre: el castro-chavismo está siendo cómplice de las acciones genocidas de Al Assad. Se vale de su peso y prestigio en el movimiento social y en la izquierda para colocarla en contra de una revolución y del lado de una dictadura sanguinaria y pro-imperialista. Además, capitula abiertamente al imperialismo que dice combatir, pues entrega en sus manos la lucha por las libertades democráticas y de esta forma facilita que Obama, la Unión Europea y la Liga Árabe –con Qatar y Arabia Saudita a la cabeza– se presenten de forma cínica como los máximos defensores de la “democracia” y de los “derechos humanos” en Siria.
 
La política del imperialismo y el CNS
 
El imperialismo, que carece de condiciones políticas para intervenir militarmente, maniobra en todo sentido para controlar y derrotar la revolución siria. Hace tiempo que Al Assad –al que apoyaron hasta el último momento posible– demostró ser incapaz de cumplir esta tarea, motivo por el cual le fue retirada la bendición de Washington.
 
La exigencia de la salida de Al Assad, por parte del imperialismo, está al servicio de reubicarse para controlar, derrotar y abortar la revolución. El imperialismo fue lo suficientemente hábil para abandonar un barco que se está hundiendo y ahora su principal preocupación es cómo y con quienes encarar el curso de la guerra civil y una posible caída de Al Assad, de tal forma que sus intereses estén a salvo.
 
En este sentido, EEUU y todo el concierto de imperialismos europeos y burguesías nacionales árabes intentan una movida política que pase por la salida de Al Assad del poder pero que mantenga las bases esenciales de su régimen. En tal orden de cosas es que han propuesto, en reiteradas ocasiones, diversas fórmulas de “gobiernos de transición” que incluya a la oposición y a miembros de la actual dictadura.
 
Sin embargo, las divisiones políticas dentro de la oposición siria, comenzando por la enorme distancia que separa al CNS –compuesto básicamente por la Hermandad Musulmana y liberales exiliados en el exterior– de las milicias que luchan en el terreno, dificultan el objetivo imperialista de controlar el proceso. Aquí es preciso entender que el CNS tiene cada vez menos peso y autoridad política, debido a que sus principales líderes están fuera del país y en sus declaraciones aceptan conciliar con personeros del régimen. Lo opuesto sucede con el ESL, que goza de amplia confianza porque es la articulación que conduce las acciones militares dentro de Siria. Pero incluso dentro del ESL hay que tener claro que la cúpula, compuesta de ex altos oficiales del régimen, que dirige el coronel Ryad Musa Al Assad desde Turquía no tiene una autoridad incontestada sobre las centenas de milicias y consejos populares que están esparcidos por toda Siria. El ESL no es un ejército completamente centralizado y que posea una cadena de mando unificada sino una especie de frente único y amplio que abriga a todas las milicias que dicen ser parte del ESL pero que no necesariamente actúan sobre las órdenes de su cúpula.
 
En este marco, el imperialismo precisa tener todas las garantías en relación a la autoridad y la política del CNS. De ahí que recientemente Hillary Clinton realizó varias críticas al CNS, diciendo que “el CNS no puede ser considerado más como el líder visible de la oposición” y exigiendo que este se amplíe e intente abarcar a la mayoría de los diferentes grupos de oposición, desde los comité de coordinación locales, pasando por las milicias y hasta las administraciones de las zonas liberadas. Su objetivo es claro: generar mejores condiciones para cooptar a toda la dirección rebelde y abortar la revolución.
 
Dicho y hecho. Cumpliendo los designios de Washington, el CNS convocó a una reunión en Doha (Qatar) donde amplió su número de miembros y ungió como nuevo presidente a George Sabra, un antiguo dirigente del Partido Comunista, ahora del Partido Popular Democrático Sirio. En el mismo acto, con el fin de constituir un gobierno transitorio que goce de la total confianza del imperialismo, al estilo de lo que fue el Consejo Nacional de Transición libio, conformaron un nuevo espacio aglutinador llamado Coalición Nacional de Fuerzas de la Oposición y Rebeldes (CNFORS), que supera los marcos del CNS.
 
Como presidente de la nueva coalición, que integró a más sectores kurdos, cristianos y alauíes en el frente político, fue electo el activista y religioso musulmán Moaz al Jatib. Sus declaraciones iniciales fueron para pedir respaldo político del imperialismo y Francia ya le declaró su respaldo. El CNS mantiene un peso importante dentro de la CNFORS, donde tendrá 14 asientos.
 
La nota positiva es que la red de activistas sobre el terreno, los Comités de Coordinación Local (CCL), anunció que se retira del CNS criticando que en esa reunión de Qatar, el CNS fue “incapaz de adoptar un plan de reforma global para desarrollar un buen papel de representación política de la revolución del pueblo sirio” (EFE, 9/11).
 
Una política revolucionaria para Siria
 
Nuestra posición y política para la revolución siria parte de un apoyo incondicional al levantamiento de las masas contra la dictadura de Al Assad. Consecuentemente, en esta guerra civil, nos ubicamos en el campo militar de los rebeldes armados (el campo de la revolución) contra las tropas del régimen sirio (el campo de la contrarrevolución), independientemente de que la dirección política de este campo militar sea burguesa o pro-imperialista.
 
Solamente a partir de esta definición sobre dónde están la revolución y la contrarrevolución y de luchar consecuentemente al lado del pueblo sirio contra el tirano Al Assad, manteniendo en todo momento la más absoluta independencia política, será posible, por dentro de esa amplia unidad militar, disputar la dirección de ese campo militar a las direcciones burguesas y pro-imperialistas.
 
En la lucha militar no somos neutrales, pues cualquier tipo de neutralidad –abierta o disfrazada– equivale directamente a negar la revolución y dar un apoyo objetivo a la permanencia de Al Assad. Tal es la posición del PTS-FT y otras organizaciones que se dicen trotskistas, que defienden un “ni-ni” (ni Al Assad ni el campo rebelde), con el argumento de que la dirección rebelde es burguesa y pro-imperialista y que, por este motivo, la “rebelión” (pues ni siquiera consideran que lo que ocurre en Siria es una revolución) fue secuestrada de antemano. En medio de un brutal genocidio y una poderosa revolución, estos “revolucionarios” se satisfacen a sí mismos haciendo comentarios que confunden la realidad con sus aspiraciones de deseo y realizando exigencias de “garantías” al propio proceso, sin las cuales no lo apoyan y se limitan a criticar sus límites, dejando el camino libre a las direcciones traidoras y al imperialismo. Esta posición que se esfuerzan en presentar como de “independencia de clase”, a pesar de toda la fraseología “izquierdista” con que intentan revestirla, es criminal en medio de una guerra civil, pues aplicada en la realidad sólo favorece la permanencia de Al Assad. Terminan en la misma posición del castro-chavismo por otros medios.
 
Algunos de esos sectores exigen, para apoyarla, que la revolución sea dirigida por el movimiento obrero y un partido revolucionario. Pero colocar esta condición significa no entender que el mayor grande obstáculo objetivo para que el movimiento obrero se desarrolle y para que se construya un partido revolucionario, es la propia existencia de la dictadura. Esta posición significa también hacer coro con el estalinismo, que sostiene a Al Assad en nombre del “peligro” de lo que vendrá después.
 
Es fundamental el combate por la construcción de una dirección política revolucionaria para el campo militar rebelde, pero eso sólo puede hacerse si somos parte de la lucha para derribar a la dictadura asesina de Al Assad. Mientras la clase trabajadora no tenga la conciencia y la fuerza suficiente para sacarse de encima a estas direcciones, debemos disputar la dirección obligatoriamente en el marco de una amplia unidad militar (no política), luchando y disparando al lado del pueblo, en contra del genocida Al Assad.
 
Nuestra política es por la caída inmediata y la destrucción completa del régimen de Al Assad y por la instauración de un gobierno de las clases explotadas sirias. Podemos formular esta posición en las consignas:¡Fuera Assad, NO a la intervención imperialista!
 
Trabajar por la política de un gobierno de las clases explotadas sirias, significa concretamente hoy luchar por el fortalecimiento y la centralización de todos los comités de coordinación locales y los consejos populares o Tansiqiyyat que controlan las zonas liberadas por la lucha armada ¡Estamos por ampliar, fortalecer y crear Tansiqiyyat en todas las zonas que las milicias rebeldes conquisten y liberen del poder de la dictadura! ¡Estamos por la elección de delegados representantes, elegidos democráticamente por barrios, ciudades, provincias, fábricas y regimientos, para conformar los consejos populares que administran las zonas liberadas! ¡Estos son los embriones del poder obrero y popular! ¡Estamos por la realización de Congresos regionales y nacionales de estos Consejos Populares para coordinar la lucha militar en el terreno y responder a los problemas de la administración de las zonas liberadas! La lucha debe ser por más zonas liberadas y controladas por los Tansiqiyyat hasta derrocar a Al Assad, tomar el poder e instaurar el poder obrero y socialista. Todos son actos de una misma obra: la revolución socialista.
 
Sólo luchando por el fortalecimiento y la centralización de los Tansiqiyyat, considerándolos como verdaderos embriones de poder obrero y popular, es que la guerra civil podrá cambiar de dirección política y militar. Pero todo esto, insistimos, sólo se puede hacer a partir de la unidad militar con todos los sectores que estén dispuestos y que tomen las armas para derrocar a Al Assad. Cualquier posición “neutral” nos transformaría no sólo en propagandistas abstractos y estériles, sino en derrotistas reaccionarios que prestan invaluables servicios a Al Assad por dentro de la “izquierda”.
 
Parte de ese combate para que la revolución derroque a Al Assad y avance hasta el gobierno obrero, campesino y popular en Siria, es la denuncia y el combate permanente a las direcciones burguesas, intrínsecamente pro-imperialistas y enemigos irreconciliables de los intereses populares y del socialismo, como la dirección del CNS, los altos mandos del ESL, la Hermandad Musulmana, y todos los grupos islámicos yihadistas. Pero esa denuncia no puede ser abstracta, la hacemos a partir de la lucha revolucionaria por echar al régimen de Al Assad.
 
La izquierda está frente a una prueba de fuego. Es preciso elegir un lado en esta guerra civil, y cualquier organización que se precie de revolucionaria debe preguntarse: ¿Estamos por la victoria militar de las masas, que derroque a la dictadura genocida y pro-imperialista de Al Assad, sí o no? ¿Estamos en el mismo campo militar de las masas que disparan contra Al Assad, las dirija quien las dirija, manteniendo nuestra independencia política para disputar la dirección a los burgueses del CNS y a la alta cúpula del ESL y el imperialismo, sí o no? Esto es central para determinar si una organización de izquierda está a favor del avance de la revolución o, por el contrario, de la contrarrevolución.
 
Nuestra respuesta a estas cuestiones es afirmativa. Por eso, instamos a todos los activistas sindicales, sociales, de derechos humanos, y a la izquierda revolucionaria a cerrar filas en torno al apoyo incondicional a la revolución siria, llevando adelante todo tipo de acciones de solidaridad con el pueblo sirio en armas, desde actos hasta campañas financieras para obtener cualquier tipo de ayuda material. Asimismo, es fundamental exigir a todos los gobiernos la ruptura inmediata de relaciones diplomáticas y comerciales con el dictador Al Assad y el envío de armas pesadas, comida y medicamentos para que sean controlados por las milicias rebeldes. Es claro que cualquier acción de solidaridad con la lucha armada del pueblo sirio se hará en contra del castro-chavismo y sus repetidores “izquierdistas”, pero es necesario demostrar y hacer saber a los luchadores sirios que existe una izquierda revolucionaria y socialista que apoya la revolución siria.


[2] YARA, Nseir: Siria: los civiles en las «zonas liberadas» dirigen sus asuntos bajo la supervisión de los «militares», publicado el 18/08/2012 en el sitio web “Traducciones de la revolución siria”.
 
[3] La Nación, Argentina, 10/10/2012