Europa asiste a una segunda ola de la pandemia de Covid-19. Muchos países registraron un abrupto aumento de los casos de contaminación y de muertes. Países como Francia, España y Alemania volvieron a anunciar medidas de lockdown (confinamiento total y restricción de circulación) para contener la diseminación del virus.

Por: Redacción PSTU-Brasil – 4/11/2020.-

Se supone que esa nueva ola pueda tener relación con una mutación del virus. No obstante, ya hace algunos meses que los gobiernos de los países europeos aflojaron totalmente las medidas de aislamiento social. En Italia, por ejemplo, los alumnos volvieron a las aulas. Fuera de las clases, la recomendación es el uso de máscara, pero dentro de la sala de clases es permitido que estas sean quitadas. Una orientación más allá de ridícula, ya que la mayor chance de contaminación se da justamente cuando las personas están concentradas en un mismo espacio.

En la mayoría de los países, los trabajadores tuvieron que volver a sus lugares de trabajo y, en muchas fábricas, el distanciamiento social es una ficción, así como en el transporte colectivo. No por casualidad, Italia registra un aumento exponencial de infecciones de Covid-19. El 31 de agosto, fueron registrados 1.365 nuevos casos; un mes después, 1.851. A mediados de octubre, la media diaria de nuevas contaminaciones saltó para 8.000. Y al 31 de octubre, llegó a 31.758.

Incluso así, el gobierno del país insiste en decir que no podrá “bloquear el país como en marzo”, pasando la idea de que, si la producción fuese bloqueada, quien pagará las consecuencias serán los trabajadores y pequeños comerciantes y no los grandes industriales y los grandes empresarios que continúan lucrando en la pandemia.

En los Estados Unidos, país con mayor número de infectados y de óbitos causados por el virus, la cosa tampoco camina bien. Anthony Fauci, director general del Instituto Nacional de Dolencias Infecciosas y Alergias, previó que el país, en breve, alcanzará la marca de 100.000 nuevos casos diarios de Covid-19 (en la última semana, la media ha sido de 80.000 nuevos casos por día). Según él, los Estados Unidos van a sufrir profundamente con el virus durante los meses de otoño e invierno y, muy probablemente, debido a un aumento considerable de casos, hospitalizaciones y muertes por todo el país.

Por allá, el presidente Donald Trump minimizó la pandemia, dijo que aislamiento social era una estupidez, no incentiva el uso de máscara y, cuando fue infectado por el virus, no dejó de promover aglomeraciones.

En el Brasil será un tsunami

Mientras Europa vuelve a cerrarse para contener la segunda ola de Covid-19, el Brasil sobrepasa la marca de 160.000 muertes, sin previsión de caída o aumento significativo del número de casos en el corto plazo. En media diaria, las muertes por Covid en el Brasil aún son el triple que el número de asesinados en el país. Pero, diariamente, el virus mata quince veces más que el HIV-Aids y cuatro veces más que los accidentes de tránsito.

Aún estamos lejos de superar la primera ola. Formalmente, en la literatura científica, una segunda ola solo ocurre después de un primer pico infeccioso agudo, seguido por una caída considerable en el número de casos y muertes, llegando prácticamente a cero. Cuando, súbitamente, hay un aumento importante de los registros, superior a 50%, es que se puede hablar de segunda ola.

Ocurre que la realidad brasileña puede desafiar ese cuadro. El tsunami de la llamada primera ola aún no pasó y ya podemos ver la próxima aproximándose en el horizonte. El mayor indicio es el aumento de los casos de Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SRAG) en diez capitales brasileñas.

Según el Infogripe de la Fiocruz, que acompaña las internaciones hospitalarias por SRAG, en las últimas semanas, todas ellas presentaron señales de retorno del crecimiento de las infecciones. Aracaju (SE), Florianópolis (SC), Fortaleza (CE), João Pessoa (PI), Macapá (AP), Maceió (AL) y Salvador (BA) presentan señales fuertes de crecimiento a largo plazo (seis semanas). En Belém (PA), São Luís (MA) y São Paulo (SP) la señal de crecimiento, también a largo plazo, es moderado.

El SRAG es una dolencia respiratoria aguda causada por un virus, sea este el nuevo coronavirus o influenza u otro cualquiera. Pero, según la Fiocruz, actualmente, casi 98% de los casos en el país tienen el nuevo coronavirus como causa.

Más alertas

Otra señal es el aumento de la ocupación de camas de Unidades de Terapia Intensiva (UTIs) en esas capitales. Florianópolis (Santa Catarina) ya está con 86,83% de sus camas de UTI ocupadas. En Manaus (Amazonas), castigada por la pandemia, ya tiene 77% de las camas de UTI y 70% de las camas clínicas ocupadas por pacientes, fruto de una explosión de internaciones en las últimas dos semanas.

Es importante recordar que las camas extras, creadas allá en el inicio de la pandemia, fueron prácticamente desactivadas y no hay señal de que ellas sean reactivadas aún en noviembre. O sea, es muy probable que una nueva ola de Covid en el Brasil reproduzca las mismas horrendas escenas que vimos en el inicio de la pandemia; es decir, centenas de personas pobres muriendo por falta de camas de UTI en hospitales.

Además de eso, el “Boletim 12”, del Comité Científico de Combate al Coronavirus del Nordeste, apunta el riesgo de que el virus entre en la región a través de turistas europeos durante el verano. El Comité Científico recomienda que los gobiernos estaduales tomen medidas para prevenir una nueva ola de infección. Es chocante pero, hoy, en los aeropuertos de la región no hay ni estantes sanitarios, mucho menos kits de testes rápidos de pasajeros provenientes del exterior.

Una nueva ola de infección en el Brasil sería producto directo de la política genocida de Bolsonaro que, además de minimizar el impacto del virus, llamando a la pandemia de “gripecita”, ahora atenta contra la vacunación de toda la población (ley al lado). Pero las “flexibilizaciones” en los Estados, llevadas a cabo por los gobernadores, también tienen su responsabilidad. En la práctica, decretaron la “liberación general”, y solo no liberan las aulas aún este año en función del desgaste electoral que la medida provocaría.

Bolsonaro hace campaña criminal contra vacuna

La pandemia en el Brasil es devastadora. El país tiene cinco veces más muertos que la media mundial. Incluso así, Bolsonaro dice que la dolencia es una “gripecita” y que el país viene saliéndose muy bien en el combate al Covid. El negacionismo de Bolsonaro solo servirá para facilitar una segunda ola aquí en el Brasil.

Recientemente, Bolsonaro dijo estar contra la compra de lo que él llama “vacuna china”, atizando a los simpatizantes que lo siguen por las redes sociales. También dijo que no obligaría a nadie a tomar la vacuna contra el Covid-19.

La CoronaVac es una de las vacunas contra el Covid que está en desarrollo en todo el mundo –todas aún en fase de testes–. Esta está siendo desarrollada por el laboratorio chino Sinovac. Bolsonaro boicotea la vacuna porque es un papagayo servil de Donald Trump, responsable por la fake news de que el Covid es un virus intencionalmente fabricado por los chinos. La mentira sirve al presidente de los Estados Unidos para esconder su política criminal, que llevó al país a superar las 230.000 muertes causadas por la pandemia.

Bolsonaro repite la charlatanería para hacer una disputa política con el gobernador de São Paulo, João Doria (PSDB), que ya compró la vacuna. Doria quiere posicionarse para las elecciones de 2022 como defensor de la Ciencia y está usando la vacuna china para eso. No obstante, Doria es corresponsable por la situación actual, pues implementó un aislamiento social muy parcial en São Paulo. En esa pelea política, se prepara un boicot criminal contra la salud de la población.

La vida por encima de todo. Obligatoriedad de la vacuna, ¡sí!

La vacunación contra el virus debe ser obligatoria, pues en algunas situaciones el derecho colectivo a la salud se sobrepone a los derechos individuales. Una persona que se niega a ser inmunizada puede ser una potencial transmisora del virus, incluso para sus familiares más vulnerables, vecinos y compañeros de trabajo.

Es un crimen contra la salud pública permitir que un individuo transmisor ande por las calles sin máscara, participe y estimule aglomeraciones, pues está poniendo en riesgo la vida de mucha gente. Por eso, ya existen otras vacunas obligatorias en el Brasil y, por ejemplo, en caso de que un niño no presente el comprobante de vacunación, no consigue matricularse en la escuela. Además, una vacunación que no alcance prácticamente a toda la población no garantiza inmunidad contra el coronavirus.

Obviamente, si la vacuna fuera segura y eficaz. Por eso, no sirve querer acelerar el proceso de producción sin pasar por todas las etapas de testes, como aparentemente hizo Rusia con su vacuna. Pero, Bolsonaro es un hipócrita cuando dice que solo usará vacuna ya testada y con comprobación científica, pues él defendió el uso de cloroquina sin comprobación científica ninguna.

Todo indica que, incluso en 2021, no habrá vacuna suficiente siquiera para la mitad de la población brasileña. Por eso, en lugar de atacar la CoronaVac, el gobierno debería estar trabajando para obtener la cantidad de vacunas suficientes para el conjunto de la población brasileña.

Recientemente, el gobierno alemán dijo que aplicar 100.000 dosis por día sería “un desafío”. Aquí, en el Brasil, gracias al Sistema Único de Salud (SUS), que Bolsonaro quiere privatizar, en las campañas de vacunación contra la gripe se consigue atender a un millón de personas por día. En algunos años, el Sistema estuvo preparado para vacunar a casi un millón y medio de personas por día, en cerca de 65.000 puestos. O sea, tenemos una inmensa capacidad para contener la dolencia, pero eso es boicoteado de modo criminal por Bolsonaro, cuando él estimula movimientos contra la vacunación.

La campaña de Bolsonaro contra la obligatoriedad de la vacuna y, más que eso, contra la propia vacuna, es, así, una comprobación más de la política genocida de un gobierno que pone las ganancias de los banqueros y de las grandes empresas, y sus intereses electorales, por encima de la vida de millones.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.