En los últimos días, asistimos a una nueva escalada de agresiones del Estado sionista al pueblo palestino. El detonante ha sido el secuestro y asesinato de tres jóvenes israelíes, cuyos cuerpos fueron encontrados en Cisjordania.


Hasta ahora, ninguna organización palestina ha reivindicado este hecho. Sin embargo, el gobierno israelí ha responsabilizado a la organización Hamas por el mismo y lo utilizó como excusa para desatar una fuerte represión sobre los palestinos de Jerusalén y Cisjordania, y también para lanzar una ofensiva militar (a través de intensos bombardeos) en la Franja de Gaza (gobernada por Hamas). Al mismo tiempo, ha habido numerosos ataques a palestinos realizados por supuestos grupos civiles israelíes. Entre ellos, se cuenta el asesinato de un joven árabe de 16 años, en el barrio de Shuafat, en Jerusalén. Luego del asesinato del joven árabe, se produjeron enfrentamientos entre los pobladores de Shuafat y el ejército israelí. Además, un grupo de colonos judíos incendió la granja de ovejas del palestino Fadi Basim Bani Jabir en la aldea de Aqabra, al sur de la ciudad cisjordana de Nablus y dejó escrita la leyenda “Venganza sangrienta”.

Junto con esto, los soldados israelíes ya han asesinado dos jóvenes palestinos en Hebrón y en el campo de refugiados de Jenin, alegando “resistencia a ser detenidos”, han detenido decenas de personas y han demolido numerosas casas de “sospechosos”. En tanto, la aviación ya ha lanzado más de 30 ataques aéreos sobre la Franja de Gaza. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, declaró que “la ofensiva en las zonas palestinas podría ser más intensa”.

Repudiamos esta nueva agresión del Estado sionista al pueblo palestino y llamamos a realizar una intensa campaña internacional para detener los ataques. Expresamos una vez más nuestra solidaridad y nuestro apoyo a los palestinos.
 
Pero, al mismo tiempo, se hace necesario analizar el problema de fondo. El Estado de Israel fue creado en 1948, como un enclave militar imperialista en Medio Oriente, sobre la base de la usurpación de gran parte del territorio palestino histórico y de la violenta expulsión de cientos de miles de palestinos de sus tierras, condenados al exilio.

Desde entonces hasta ahora la historia de Israel ha sido la permanente agresión y la represión contra este pueblo, y hacia el conjunto de los pueblos árabes, tal como lo expresan los constantes ataques a Gaza o el Muro de la Vergüenza que cerca y corta Cisjordania. Desde entonces, también, el pueblo palestino ha reivindicado el derecho a recuperar su territorio usurpado y al retorno de los hoy millones de exilados.

En este sentido, la única salida real para la situación de permanente conflicto en la región es la construcción de una Palestina Única, Laica, Democrática y No Racista en todo el territorio histórico de Palestina. A esta Palestina, sin muros ni campos de concentración, podrían retornar los millones de refugiados que fueron expulsados de sus casas y convivir con aquellos judíos que acepten vivir en paz e igualdad. Pero para conquistar esto es absolutamente necesaria la destrucción completa del Estado nazi-sionista de Israel que, por su origen y por su esencia es la principal causa de este conflicto.