A pesar de la inmovilidad más absoluta de la Refundación, en las plazas y en (lamentablemente, aún pocas) luchas por todo el país, puede decirse que todo lo que ocurre al interior de la Refundación es una disputa que hierve en torno al Congreso.

 
La corrientes en lucha en la Refundación
 
El IX Congreso Nacional ocurrió en Perugia, del 6 al 8 de diciembre. Hubo tres documentos: el de la mayoría, liderada por Paolo Ferrero (ex ministro de la Solidaridad Social en el segundo gobierno imperialista de Prodi), el de Falcemartello, y el de un sector crítico a la mayoría. Existen también, enmiendas del segundo grupo, más consistente, dirigido por Grassi.

Son así, cuatro las corrientes en lucha entre sí. Unidas por un horizonte reformista (o semi-reformista en el caso de Falcemartello), pero diferentes bajo la perspectiva de Refundación, todos están conscientes de que este congreso podría ser el último antes de la explosión de todo lo que resta en el partido, o de un colapso por hemorragia.

El congreso se realiza con el número de afiliados de 2012: cerca de 30.000. Un número aparentemente enorme si no lo comparásemos con las cifras alcanzadas hace algunos años por la Refundación (unos 150.000) y si no fuese sabido que no se trata de activistas: tanto que en el congreso participarán (no tenemos aún los números definitivos) cerca de 10.000 [personas]. De estas diez mil, según estimaciones internas confiables, como máximo mil son activistas, esto es, aquellos que hacen alguna actividad periódica, aunque esporádica, y poco más de 500 que tienen una militancia continua. Hablamos de cerca de un veinteavo de lo que era la Refundación antes de los desastres políticos conducidos por Ferrero y Grassi.

Las luchas entre Ferrero y Grassi y el tercer documento
 
En los diversos documentos, incluso en el de Ferrero, que está ganando en los congresos regionales (de momento 75%, incluidos los votos con enmiendas de los grassiani), las referencias al comunismo (y, consecuentemente, al marxismo) no faltan. Falta, no obstante, alguna indicación sobre cuáles serían los próximos pasos de la Refundación.

Toda la discusión permanece como suspendida en el aire, porque los mismos dirigentes de tantas derrotas parecen un poco aturdidos, como pugilistas sometidos a muchos golpes rápidos en el ring, con la esperanza de que un gong indulgente marque el final de la lucha.

La opción más clara parece ser la indicada por las enmiendas de Grassi (que tienen poco menos de la mitad de los votos de la “mayoría”): tejer una alianza con el SEL (partido Izquierda, Ecología y Libertad) para ser readmitido de algún modo en la centro-izquierda. Desea fuertemente la vuelta de la Refundación con algún papel en el gobierno. Es la certeza de que aquella época no volverá, pero también la esperanza de que aún se pueda conseguir un cargo para algún dirigente. Parece tal vez impiadosa esta descripción pero es difícil atribuir a Grassi un proyecto más elevado que este. La tercera moción intenta canalizar un legítimo y amplio descontento de la base, pero tampoco se propone de hecho nada alternativo en el vago horizonte nebuloso de Ferrero (que es “reconstruir la izquierda de la alternativa”) y parece ser (en las intenciones implícitas de los dirigentes que la promueven) una maniobra congresual para ganar posiciones en el futuro grupo dirigente. Es eso, pero adornado con un lenguaje más radical que el de Ferrero: muchos reivindican la “clase”, mezclado con las reivindicaciones a la Constitución burguesa y a un no bien definido “comunismo del siglo XX” que no excluye de la foto de familia ni al mismo stalinismo.

Lo cierto es que el documento “intermedio” está limitando fuertemente los espacios de la posición de la Falcemartello, efectivamente distinta de la de Ferrero y de la de Grassi. La “tercera propuesta” tiene alrededor de 15%, la de Falcemartello, apenas 10% de los votos.

El semi-reformismo de la Falcemartello
 
El documento de la Falcemartello (Izquierda, Clase y Revolución) critica con una retórica eficaz la política reformista que condujo a Refundación al actual agujero sin salida. Pero lo hace reivindicando las clásicas posiciones centristas, es decir, no revolucionarias y, así, no es realmente anti-reformista.

Por otro lado, Falcemartello hasta hace poco tiempo reivindicaba la “oportunidad” de la Refundación en Nápoles, en el gobierno de Luigi De Magistris, para dar “una batalla por la hegemonía”, definiendo este gobierno pretendidamente como “neutro” en contraposición a los poderes centrales. Teorizar [sobre] la existencia de gobiernos “neutros” y “condicionables” en el capitalismo no es poca cosa para un grupo que se reivindica marxista y ataca la total ausencia de marxismo en los otros agrupamientos internos de la Refundación. En todo caso, marxismo aparte, no tiene una posición clara con la cual atacar el oficialismo de la mayoría.

En realidad, la Falcemartello está con un pie en la Refundación y con el otro afuera. Espera y hincha para que Landini se decida a formar un “partido del trabajo” que debería nacer (según él) de una ruptura de un sector de la Cgil con el PD [Partido Democrático]. Consciente de que la Refundación no durará por mucho tiempo, el grupo dirigente de la Falcemartello procura un margen más amplio donde proseguir por las próximas décadas su infinita actividad de “entrismo” en las organizaciones consideradas “naturales” del movimiento obrero. Con la expectativa en los próximos acontecimientos, sigue, mientras tanto, la misma cómoda rutina en el aparato de la Cgil.

Cremaschi espera
 
En torno al Congreso de la Refundación circula inquieto Giorgio Cremaschi, quien, después de haber sido visto robando de Ingroia en las últimas elecciones el papel de candidato unificador de toda la izquierda reformista, ahora prosigue con sus seminarios, lanzando una nueva fuerza para presentar a los europeos: Rossa, que hará su asamblea nacional a mediados de diciembre. Pero la única posibilidad de que Rossa nazca como partido es la confluencia de por lo menos una parte de la actual mayoría de la Refundación y, por lo tanto, una ruptura de esta última.

Hasta ahora, no obstante, dada la serie espantosa de fiascos coleccionados en las reuniones de presentación de la Rossa, nadie parece entusiasmado a ponerse en ese nuevo “calderón” reformista. Es más probable, entonces, salvo precipitaciones inmediatas de la disputa interna en la Refundación que podrían cambiar el panorama, que Rossa pueda actuar como sigla electoral, una cobertura para un sector que va de la Refundación a los stalinistas de la Red de los Comunistas (o grupo dirigente oculto de la Usb [unión Sindical de Base] pasando por el grupo de Turigliatto (ex Izquierda Crítica). Pero esa es otra historia, y no es más apasionante que esta.

Nuestra propuesta a los militantes de la Refundación
 
Frente a este escenario miserable, de nuestra parte continuaremos volcándonos a los militantes honestos de la Refundación, aquellos que no tienen cargos para defender o ganar, para que se convenzan de la necesidad de construir otro partido, revolucionario e internacionalista, y que para hacerlo precisan, en primer lugar, romper con los Ferrero, los Grassi, los Belloti, etc.

El PdAC, como repetimos siempre, no tiene la pretensión de ser el partido que falta: es, no obstante, un instrumento importante en esa dirección, gracias a la batalla contra la corriente y a la acumulación de cuadros jóvenes, determinados e insertos en las luchas, de las cuales participamos en estos años, en torno a un programa revolucionario, en estrecha conexión con la construcción en la escala internacional de la principal y más dinámica organización revolucionaria hoy en el mundo, la LIT-CI [Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional], que desarrolla un papel de primera línea e incluso dirigente (sin pensamos en el Brasil) en las luchas en curso.

Muchos compañeros provenientes de la Refundación decidieron entrar en esta semana a nuestro partido; muchos otros iniciaron con nosotros un diálogo. Como PdAC estamos dispuestos a dialogar con militantes y con grupos regionales de la Refundación.

Estamos convencidos de que la discusión sobre la construcción de un partido revolucionario no es cosa que nos interesa sólo a nosotros, sino a todos los trabajadores y los jóvenes que militan políticamente para cambiar el mundo.

Traducción: Nívia Leão y Natalia Estrada