Días antes de la crisis con la amenaza del despido del ministro Henrique Mandetta por Bolsonaro, un reconocido periodista de investigación argentino, que descubrió y reveló importantes hechos de la dictadura en aquel país, Horacio Verbitsky (también uno de los fundadores del diario Página 12), en entrevista a un programa de radio dijo que “un militar brasileño ‘de altísimo nivel’ reveló a un amigo argentino, también general, que las Fuerzas Armadas brasileñas decidieron mantener a Bolsonaro en la presidencia, ‘pero sin poder efectivo’. Según él, la función pasa a ser ejercida de hecho por el jefe de la Casa Civil, general Braga Netto”.

Por: Mariúcha Fontana

La revelación repercutió en Italia y en países latinoamericanos, con los respectivos medios de comunicación pensando en la ruptura institucional o “golpe blanco” en el Brasil. Aquí, los grandes medios hicieron silencio sobre esta cuestión, por los menos en estos términos.

Esta información apareció aquí en el site defesa.net –site oficioso de las Fuerzas Armadas– y fue replicada por el periodista Luís Nassif. Según el site y el periodista, ese acuerdo sería entre los militares y Bolsonaro: él estaría libre para hablar lo que quisiese y continuar, por lo tanto, junto con sus hijos en campaña mirando hacia las elecciones de 2022 (haciendo un discurso para su base social), mientras el jefe de la Casa “Civil” comandaría las acciones del gobierno. Y, claro, el también seguiría ayudando a sus hijos a organizar la Alianza, partido con bies de extrema derecha protofascista, buscando ganar también a sectores de la base de las Fuerzas Armadas y de la Policía Militar (PM).

La crisis reciente parece mostrar que tal acuerdo existe, pero que no hay ninguna garantía de que no sea efímero. Al final, es como la fábula del escorpión y el sapo. Así como el escorpión, está en la naturaleza de Bolsonaro hacer lo que le conviene, patear el palo de la barraca y dejar de lado los acuerdos. Mientras mantenga cerca de 30% de apoyo e incluso así se sienta acorralado, puede hacer cualquier cosa. La crisis es monumental.

Él quiere reelegirse en 2022, y tiene vocación de dictador, defiende un régimen dictatorial que en este momento no hay correlación de fuerzas para imponer. Pero no descarta tampoco el autogolpe en un escenario de convulsión social, y parte del bolsonarismo de cepa clama en las calles por el cierre del Congreso, del Supremo Tribunal Federal, a favor de la intervención militar (cosa que es muy minoritaria en la población hoy). Probablemente, busca agitar eso también en los cuarteles, entre la baja oficialidad, en las tropas.

La mayoría de la burguesía no es favorable a un golpe hoy. Sería hasta una aventura. Incluso la cúpula de las Fuerzas Armadas sabe que un autogolpe en este momento puede ser algo precipitado; también un “golpe blanco”.

Aparentemente, si tal acuerdo hubo con Bolsonaro, no fue una “destitución”, fue convencimiento y negociación. Y el objetivo probable es más en el sentido de intentar evitar la profundización de la crisis e, incluso, de preservar el propio gobierno Bolsonaro (dentro del cual, los militares ocupan mil cargos). Pero también visando posibilitar que el Ejecutivo, a través de la Casa Civil (ala militar), a pesar de los discursos del Presidente contra la cuarentena social (y contra el ministro de Salud, el Congreso y los gobernadores), pueda participar de un esfuerzo o proceso de “unidad nacional” envolviendo el gobierno (con apoyo de la cúpula de las Fuerzas Armadas), el STF, el Congreso Nacional, gobernadores e, incluso, cooptando a la oposición parlamentaria, para defender el sistema.

Evidentemente, tratándose de las Fuerzas Armadas, y de la poca transparencia y conocimiento que en general hay sobre ellas, se deben trabajar con cautela diversos escenarios.

Pero, en la crisis del “casi despido” del ministro de Salud, con quien Bolsonaro está enfrentado, la permanencia de este contó con el apoyo del ala militar del gobierno, de los ministros “estrellas” Paulo Guedes (Economía) y Sérgio Moro (Justicia), y con un amplio arco de “unidad nacional” envolviendo de hecho a las cúpulas de las Fuerzas Armadas (aunque como institución atrás del placo), el Congreso, el STF, gobernadores, y la misma oposición. Al final, el ministro no fue despedido, especialmente porque Bolsonaro escuchó al ala militar.

El presidente Jair Bolsonaro da possesión al nuevo ministro de la Casa Civil, Walter Souza Braga Netto. Foto Agência Brasil.

Ese episodio muestra, entonces, que tal acuerdo existe, pero muestra también que este es inestable y puede ser efímero. Pues, el ala ideológica, capitaneada por sus hijos, ligada a Olavo de Carvalho, Steve Bannon, etc., está en campaña contra los militares del Planalto, contra el jefe de la Casa Civil y contra el vice, general Mourão.

Por otro lado, a pesar del discurso oficial de que las Fuerzas Armadas son institución de Estado y no de gobierno, y que los militares en el gobierno no están ahí como tales (la mayoría está en la reserva), de que defienden la Constitución y bla, bla, bla, el hecho es que varios de los ministros militares tienen ascendencia y extrema proximidad con la cúpula activa. Es sabido también que temen una convulsión social.

Este gobierno es débil, fue improvisado. Es pre-bonapartista y súper militarizado, pero el ala del propio Presidente y sus hijos actúa muchos escalones arriba de la correlación de fuerzas, buscando testar los límites del régimen democrático burgués y sobrepasarlo. Buscando, incluso, momentos de ruptura. No es el estilo de parte del ala militar (aunque otra parte ya haya adherido a eso). Por ejemplo, no es política del Ejército no seguir las orientaciones de la OMS.

Bolsonaro tampoco es loco. Ocurre que su estrategia y táctica fue desarticulada por la epidemia de coronavirus. Trump, en los EEUU, se adecuó y cambió el discurso negacionista, y también de ruta, aunque solo para despejar billones en las empresas, incluyendo hoteles y casinos. Bolsonaro evalúa que la crisis económica será devastadora (en lo que está correcto) y apuesta en arrojar la responsabilidad por ella sobre las espaldas de los gobernadores y la política de confinamiento horizontal, omitiendo su responsabilidad en los despidos y el desempleo. Ocurre que, si en las próximas semanas la escalada de la pandemia produce millares de muertos, es difícil que Bolsonaro salga bien de esto, principalmente después de estar todos los días mandando a todos a salir de casa.

Los militares, que hoy aparentemente no están ni por derrocar a Bolsonaro (con un golpe blanco) ni por bancar un autogolpe del propio Bolsonaro, en una situación de convulsión social al frente pueden [hacer] muchas cosas. Diversos escenarios pueden ocurrir, incluso el de autogolpe con apoyo de las Fuerzas Armadas. No porque la situación sea reaccionaria o porque este gobierno sea fuerte, por el contrario. Es justamente porque la crisis es tan profunda y puede poner objetivamente en jaque mucho más que este gobierno, es que no se pueden descartar acciones revolucionarias y también reacciones reaccionarios o incluso contrarrevolucionarias. La lucha de clases no determina nada mecánicamente ni en primera instancia, pero determina en última instancia.

Curiosa es la reacción de buena parte de los sectores democráticos a todo esto, y también la de la izquierda parlamentaria (PT, PSOL, PCdoB). Primero, ninguno de ellos defiende Fuera Bolsonaro (menos aún Fuera Bolsonaro y Mourão). Segundo, confían todos en la cúpula del Ejército y de las FFAA, sobre que estarían por la “democracia”. Es increíble cómo la historia se repite. Demócratas y reformistas siempre confían en la cúpula de las Fuerzas Armadas.

Evidentemente, Bolsonaro y sus hijos son un sector protofascista, que con la crisis, en cierta medida (solo en cierta medida), se torna disfuncional para la burguesía e incluso para la cúpula de las FFAA, pues genera una crisis por día, preocupado en hablar para su base social y mantener un nivel de apoyo que, aunque minoritario, suficiente por ahora para evitar un impeachment (cosa que puede derretirse con la pandemia), para disputar más adelante la reelección y también para exigir autogolpe.

Pero, a pesar de eso, la cúpula de las FFAA sostiene a Bolsonaro, al final, con él llegaron al Ejecutivo nacional. Además, comparten el mismo revisionismo histórico del presidente: son todos defensores del golpe militar de 1964 y de la dictadura, y están “atentos” contra cualquier “convulsión social”. Articulistas apuntan que Bolsonaro, sus hijos y el partido de extrema derecha que ellos buscan organizar, intentar agitar las bases de las FFAA (y de las PMs) a favor de un autogolpe, contra la cúpula. Es posible y probable, pero golpe siempre vino de la cúpula.

Por su parte, el gobernador Flávio Dino (PCdoB), que junto con el PT, el PSOL, el PSB y el PDT firma un manifiesto por la “renuncia” de Bolsonaro, declaró a la prensa el último 2/4, después de una reunión del Consejo de la Amazonía, su apoyo para que el general Mourão asuma la presidencia.

La nota de la revista Época, dice: “El gobernador del Maranhão, Flávio Dino, del PCdoB, salió hace poco de una reunión con el Consejo de la Amazonía, bajo la presidencia de Hamilton Mourão, y decidió hacer pública la percepción que venía consolidando en las últimas semanas: la de que Jair Bolsonaro debería renunciar. Declara él: “Tuvimos una reunión con diálogo técnico, respetuoso, sensato. Claro que Mourão no es de mi campo ideológico. Pero, si Bolsonaro le entrega el gobierno, el Brasil llegará a 2022 en mejores condiciones”.

En entrevista al diario El País, del 6 de octubre, Flávio Dino fue más allá, reivindicando el último presidente de la dictadura, el general Figueiredo, para defender a Mourão. Dijo: “A estas alturas, si Mourão fuese igual a Figueiredo, un hombre de derecha que dialoga, es un enorme avance en relación con Bolsonaro”. En un artículo del Portal Vermelho va todavía más allá. Primero dice que “a partir del pronunciamiento de Bolsonaro” (imaginamos que aquel que él llamó el coronavirus de gripecita o resfriadito), “se ensayó un movimiento de sostén del gobierno, protagonizado sobre todo por sectores de las Fuerzas Armadas, que aparentemente subestiman algo ya inexorable, que llevará al Presidente al camino de la calle, si todo da cierto”. Después, dijo que “en ese contexto, la bandera del Frente Amplio gana aún más importancia y peso, incluso para extenderse a las Fuerzas Armadas, sin las cuales no será posible pasar por este terrible momento que vivirá nuestro país”.

Bien, aquí el columnista del PCdoB ya extiende su propuesta de Frente Amplio político envolviendo a partidos de izquierda de conciliación de clases, toda la centro derecha y conservadora, a la participación de las FFAA como institución. Puede parecer increíble que un partido como el PCdoB llegue a elogiar a un dictador como Figueiredo y proponga que la cúpula de las FFAA entre en un Frente Amplísimo. Pero es tradición del reformismo, especialmente estalinista, como el del PCdoB, propuestas reaccionarias de este tipo. Recuerde el PCB en los idos de 1982, cuando luchábamos contra la dictadura, que llegó a proponer una Constituyente con Figueiredo, o sea, una constituyente coordinada por el régimen, en un momento en que este perdía apoyo vertiginosamente. En ese momento, no solo la Convergencia Socialista, organización que antecedió al PSTU, sino prácticamente toda la izquierda y el PT se opusieron a eso, y defendieron la campaña de las “¡Directas Ya!” para derrocar la dictadura. En la época aquella era la propuesta estalinista, también de “Frente Amplio” con el régimen y con los militares.

Hasta el momento, toda la situación nacional ha resultado en un aislamiento político de Bolsonaro, que, sin embargo, no está fuera del juego. Y ha resultado también en un acuerdo de “unidad nacional” sin Bolsonaro, pero con la mayor parte de su gobierno (militares, ministros de Economía y de Justicia), la cúpula de las FFAA, el Congreso, el STF, gobernadores, llevando también como apéndice a la oposición parlamentaria.

No es gratuito que Flávio Dino defienda que Mourão gobierne ni que Marcelo Freixo twiteé: “Que se quede Mandetta”, defienda el Frente Amplio y elogie a Flávio Dino; ni que Lula elogie al gobernador de San Pablo, João Doria (PSDB) y que la Ejecutiva del PT se posicione por no defender el “Fuera Bolsonaro” durante la epidemia. No es gratuito tampoco que todos esos partidos hayan votado a favor del “Presupuesto de Guerra” en la Cámara, defendido por Guedes y Rodrigo Maia. (Lea más aquí)

Mientras tanto, las ventanas gritan Fuera Bolsonaro. El sufrimiento y la indignación de la clase trabajadora y de la mayoría del pueblo tiende a crecer y generar una enorme revuelta.

Lo que puede hacer que Bolsonaro pierda toda condición de mantenerse es que el movimiento de masas haga que su popularidad llegue al fondo del pozo, como llegaron las de Dilma y Temer, y vaya más allá: reaccione contra este gobierno, pero también contra este régimen y este sistema capitalista que está arrojando el mayor peso de la crisis sobre las espaldas de la clase trabajadora, del pueblo pobre, e incluso de la clase media. Y es también la lucha y la autoorganización de los de abajo lo que puede evitar un autogolpe, en caso de que lo intenten.

La solución para esta monumental crisis, la mayor crisis mundial del capitalismo, y ciertamente también de nuestro país, está por fuera del sistema, no en el Frente Amplio con la burguesía para sostener el régimen y el sistema.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.