Para los grandes medios brasileños, la “polarización política” es expresada por el gobierno Bolsonaro y sus simpatizantes, de un lado, y el PT, del otro. En realidad, existe un línea que entrelaza esas figuras y grupos políticos de la que se habla y se discute poco, pero que está relacionada a uno de los capítulos más tenebrosos de la historia reciente del Brasil: las invasiones del Ejército brasileño en Haití y en la República Democrática del Congo bajo el mando de los Estados Unidos y de la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

Por: Hamza Vini y Yuri Gomes, PSTU Mariana, Minas Gerais

¿Misiones de Paz?

Las llamadas “Misiones de Paz” de la ONU son una serie de invasiones a países estratégicos y bajo desestabilización política para mantener el orden, principalmente para garantizar la propiedad y la explotación de las empresas extranjeras sobre el pueblo local. Los Estados Unidos, a la cabeza de la ONU, tercerizan decenas de tropas invasoras combinando sus intereses económicos y políticos con los de potencias regionales. Esa es una de las caras más destructivas de lo que llamamos “imperialismo”.

Al contrario del discurso de pacificación, las misiones dejaron un profundo rastro de destrucción y crímenes humanitarios, como asesinatos de civiles, violaciones y transmisión de enfermedades, como hipócritamente confiesa la propia ONU en el caso de Haití[1].

Incubando el huevo de la serpiente…

Durante los gobiernos petistas de Lula y Dilma (2003-2016), el Brasil se prestó a ese papel de sirviente de los Estados Unidos, garantizando los negocios de las empresas multinacionales brasileñas, liderando las tropas internacionales de la Minustah (Haití) a partir de 2004, y componiendo la Monusco (RD Congo) a partir de 2010.

En esos años, los militares que se involucraron en esas operaciones ganaron mucho prestigio, no solo en las Fuerzas Armadas como en la propia composición del gobierno. Ejemplos de eso son los casos de los generales de la Minustah, José Elito y Edson Pujol, que fueron ministros del gobierno de Dilma Rousseff en el Gabinete de Seguridad Institucional (GSI), o, en el camino inverso, otro general, Elias Martins Filho, actual comandante de las tropas de la Monusco, que fue jefe de la Guardia Presidencial desde 2009 hasta 2011.

No solo los generales quedaron prestigiados sino también la política de ataque a las poblaciones negras y pobres, fuera y dentro del Brasil. No en vano, la política de las UPP’s (Unidades de Policía Pacificadora), incentivada en la época por los gobiernos Federal y estadual de Rio de Janeiro, se valió de la fuerza militar testada en Haití para masacrar a las comunidades, como fue la invasión del Morro do Alemão (2007) y del Complexo da Maré (2015). Las UPP’s “pacificaron” las favelas de Rio, como las tropas de la ONU “pacificaron” Haití, resultando en asesinatos de moradores, corrupción con el crimen organizado (milicias), y opresión a las comunidades. O sea, paz para los ricos y violencia contra negros y pobres.

El vuelo de la serpiente

Fortalecidos durante los gobiernos petistas, esas figuras y esos proyectos se volvieron un factor político central durante el fracaso del mandato de Dilma Rousseff y la crisis política generalizada. Antes base de estabilidad institucional del Frente Popular[2], ahora componen una de las principales fuerzas políticas en la chapucería de la ultraderecha del actual gobierno federal.

Alineados con un gobierno que abiertamente quiere privilegiar a la elite de las Fuerzas Armadas, incluso en detrimento de los soldados rasos, como con la reforma de la previsión militar, sobró “changa” para los líderes de las masacres brasileñas en el extranjero.

Bolsonaro se rodea de estas figuras, como su leal escudero, el general Augusto Heleno, y otros cinco cargos del alto escalón del gobierno, para intentar su proyecto de dictadura, súper explotación y exterminio de la población negra, pobre e indígena del Brasil.

Augusto Heleno es hoy la mejor expresión de ese sector. Primero comandante de Lula en las fuerzas de la Minustah en Haití, y actual ministro del GSI de Jair Bolsonaro, abiertamente declara apoyo al régimen de dictadura militar (1964-1985) y el uso de la represión de esa época contra manifestaciones de trabajadores que no estén de acuerdo con el gobierno y sus ataques[3].

Lecciones de la historia

El PT, en la ambición de gobernar el Estado burgués, hizo todas las concesiones posibles al gran empresariado y a grupos que serían el extremo opuesto de aquel partido que surgió de las huelgas obreras hacia finales de la década de 1970 contra la dictadura militar. En realidad, pasaron un “paño” en los sectores más reaccionarios de los militares que defienden los “años de chumbo”, descaracterizaron la Comisión de la Verdad, y mantuvieron la amnistía[4] para los torturadores y asesinos. Y no fue solo ante ellos que bajó la cabeza, sino también con los fundamentalistas evangélicos, los economistas liberales, y los políticos corruptos; es decir, todos aquellos que gobiernan hoy el país y amenazan a la clase trabajadora.

La crisis económica pegó y comenzó a alimentar una crisis política institucional durante el mandato de Dilma; incluso ambas sobreviven hasta hoy. Sin moral con el movimiento de masas, que a partir de 2013 luchaba contra el gobierno, el PT no conseguía aplicar la agenda del gran empresariado de ataque a los derechos de los trabajadores. Así, fue descartado con el impeachment en 2016.

Dilma salió, pero los huevos de la serpiente de ultraderecha como Bolsonaro, ultraliberales como Paulo Guedes, fisiócratas corruptos como Onix Lorenzoni, incubaron y gobiernan. Las consecuencias de la conciliación de clases, de la política petista de encender velas a Dios y el Diablo, gobernar para “todos”, son sentidas hoy por las periferias en las que son apuntados los fusiles que intimidaron e intimidan, mataron y matan, a nuestros hermanos haitianos y congoleños.

¡Aprender con la lucha histórica de los pueblos haitiano y congoleño para derrotar a Bolsonaro!

Haití fue el segundo país del continente en tornarse independiente de la colonización europea. Y su liberación fue fruto de la lucha por su libertad de negros y negras esclavizados. Por eso, fue un país boicoteado y atacado por el imperialismo a lo largo de su historia. El papel que el gobierno del PT tuvo fue una perfidia para la lucha antirracista mundial. Al mismo tiempo, el pueblo haitiano y el congoleño siguen en lucha[5] por sus derechos y contra los ataques a su libertad y a su condición de vida. Fueron y continúan siendo un importante ejemplo para la clase trabajadora brasileña, principalmente para las negras y los negros oprimidos de nuestra clase. Solo la lucha nos liberará, ¡la conciliación no!

La verdadera “polarización” que existe, nacional e internacionalmente, es la polarización social y política entre las masas explotadas y oprimidas y los ataques de los capitalistas. Del lado de los patrones, que se expresa aquí a partir de la figura de Bolsonaro, una de las caras más asquerosa, racista y sumisa al imperialismo de nuestra burguesía. De nuestro lado, nos cabe seguir el camino de nuestros hermanos latinoamericanos y africanos que abrieron las venas de la lucha de clases en nivel mundial, y llevar, así, la misma “paz” que las tropas llevaron, pero para aquellos que son responsables por nuestra miseria.

Precisamos unir las luchas para derrotar a Bolsonaro y su proyecto de dictadura, y retirar las tropas internacionales de Haití y del Congo. Pero el camino no será cometiendo los mismos errores del pasado sino construyendo nuestra salida, de los abajo contra los de arriba: una sociedad socialista.

[1] Para entender más: https://litci.org/pt/mundo/america-latina/uruguai/minustah-abuso-e-exploracao-sexual-infantil-no-haiti/  y https://www.brasildefato.com.br/2017/09/01/estupros-colera-e-30-mil-mortos-conheca-o-legado-da-minustah-no-haiti/

[2] Frente popular son gobiernos de colaboración de clases, que involucran a partidos de base trabajadora y partidos burgueses para administrar el Estado capitalista.

[3] https://noticias.uol.com.br/politica/ultimas-noticias/2019/10/31/ai-5-tem-que-estudar-como-fazer-diz-general-heleno-sobre-fala-de-eduardo.htm

[4] Ver más en: https://www.otempo.com.br/hotsites/50-anos-do-golpe/revisao-tem-clamor-mas-dilma-nao-apoia-1.816803 y https://www.pstu.org.br/comissao-nacional-da-verdade-mais-um-ano-de-impunidade/: https://litci.org/pt/mundo/america-latina/haiti/haiti-se-levanta-contra-moise/ y https://litci.org/pt/mundo/africa/congo/sangue-nas-maos-do-governo-do-congo/

General Augusto Heleno: comandante de las fuerzas de la Minustah en 2004 y 2005; indicado para comandar el Gabinete de Seguridad Institucional a partir de 1 de enero de 2019.

General Fernando Azavedo e Silva: jefe de Operaciones del Contingente Brasileño en la Minustah en 2004-2005, indicado ahora para comandar el Ministerio de Defensa.

General Carlos Alberto dos Santos Cruz: comandante de las tropas de la Minustah de 2006 a 2009, y de las tropas de la ONU en el Congo de 2013 a 2015, indicado para comandar la Secretaría de Gobierno.

Capitan Tarcísio Gomes de Freitas: jefe de la sección técnica de la Compañía de Ingeniería del Brasil en la misión a Haití, en 2005-2006, indicado ahora para comandar el Ministerio de la Infraestructura.

General Floriano Peixoto Vieira Neto: comandó a los militares de la misión en Haití en 2009 y 2010, asumió la Secretaría de Comunicación Social del nuevo gobierno, de acuerdo con el propio presidente electo.

General Edson Leal Pujol: comandó las fuerzas del la ONU en Haití, en 2013 y 2014, fue secretario ejecutivo del Gabinete de Seguridad Institucional en 2014 y 2015, durante el gobierno de Dilma Rousseff, y asumirá ahora el Comando del Ejército en el gobierno Bolsonaro.

General Ajax Porto Pinheiro: comandó las fuerzas de la Minustah de 2015 1 2017, y ahora pasó a ocupar el lugar dejado por el general Azevedo e Silva en la asesoría del presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), el ministro Dias Toffoli.

General Elias Rodrigues Martins Filho: actual comandante de las fuerzas militares de la Monusco en el Congo, fue comandante del batallón de la Guardia Presidencial brasileña (2009-2011).

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.