En Italia hubo rebeliones en unidades carcelarias, con por lo menos seis muertos; en Colombia fueron 23 muertos en 17 motines en las cárceles; en Jordania y en Israel también fueron varios los levantamientos; en el Brasil, 1.379 presos huyeron después de rebeliones en cinco unidades en el Estado de San Pablo.

Por: Américo Gomes

Estas rebeliones ocurrieron luego del anuncio de las medidas que serían aplicadas tras la pandemia, entre ellas las que suspenden las visitas de los parientes y abogados y las salidas de los presos con buen comportamiento; supuestamente justificadas bajo el alegato de evitar la propagación del coronavirus. Lo que es injustificable en la medida en que no se toma en cuenta que estamos hablando de prisiones repletas, con pésimas condiciones sanitarias (muchas sin agua), con comida de pésima calidad y manoseo cuestionado. Todos los elementos propagadores del virus.

Pésimas condiciones carcelarias creadas por un capitalismo y un Estado burgués que tiene como objetivo central la represión y la coerción de la clase trabajadora.

Tanto es así que los pocos presos de la burguesía, que son acusados no solo por fraudes, robos, estelionatos y corrupción sino también por todo tipo de crímenes, se encuentran en pabellones y celdas especiales, o en prisiones domiciliarias en sus mansiones, con lujo y comodidades.

Parte del control de la burguesía sobre el proletariado

El sistema carcelario es un elemento fundamental del aparato de represión utilizado por la clase burguesa contra la clase trabajadora. No solamente la muerte y los asesinatos llevan terror y miedo a la clase, sino que los malos tratos, las groserías, las torturas a los cuales son sometidos dentro del régimen carcelario hacen parte del armazón montado por los regímenes de represión burgueses.

Las leyes nacionales e internacionales, burguesas, dicen que las cárceles deberían servir para recuperar y no para castigar, cuando la verdad es que el real objetivo es sí castigar y punir, con la superpoblación y el abandono, la comida de pésima calidad, la falta de insumos básicos de limpieza, la falta de planes de vacunación, la falta de escuelas de formación laboral, la falta de educación, y de lugares de recreación (como gimnasios, cuadras deportivas y bibliotecas); y los cortes en los presupuestos nacionales para pagar a los banqueros internacionales solo agravan esta situación.

Pandemia va a eliminar a sectores más vulnerables

En Italia hubo más de treinta disturbios carcelarios en todo el país, donde hay un sistema penitenciario que tiene una superpoblación con más de 10.000 personas, llegando a más de diez presos por celda, con condiciones sanitarias precarias y la propagación de infecciones y enfermedades. Suspendieron los “permisos de trabajo”, las visitas de padres, y el acceso de trabajadores sociales y voluntarios. Números no oficiales hablan sobre que estos levantamientos llegaron a tener quince personas muertas.

Incluso siendo degradante, el sistema penitenciario de Italia no llega al punto de la situación carcelaria brasileña, que sobrepasó el límite de la barbarie, con la tercera mayor población del mundo. Las celdas tienen pocos metros cuadrados, están repletas, con poca o ninguna ventilación; en algunos presidios lavarse las manos es prácticamente imposible, o un privilegio.

El coronavirus dentro de los presidios va a extenderse con una velocidad impresionante; será imposible contener su diseminación en una población que, ya hoy, tiene alta densidad de molestias, como tuberculosis y sida, aumentando aún más la letalidad del virus. Efecto magnificado por la pésima condición nutricional de los presos y por la precariedad del acceso a los servicios de salud.

Para combatir estas condiciones, las propuestas de los gobiernos burgueses son, como siempre, más represión, que solo va a potenciar la situación y ampliar significativamente las tensiones internas y consecuentemente el riesgo de rebeliones y fugas: restricción de visitas, suspensión de salidas temporarias, y aumento de castigos.

Una previa de eso ocurrió en varios presidios de diversos países del mundo en los últimos días.

23 muertos en Bogotá

Una protesta contra las pésimas condiciones carcelarias en la Cárcel Modelo de Bogotá terminó con una masacre de 23 muertos y 81 heridos, efectuada por la policía y por el ejército colombiano, el 22 de marzo. La masacre fue seguida por el silencio de las autoridades penitenciarias y el gobierno federal, pero fue quebrado por las familias de los presos y las organizaciones de derechos humanos.

Eso fue una demostración de que, en esta “guerra” contra el coronavirus, la muerte de los sectores más pauperizados de la sociedad es considerada “daño colateral” por la burguesía.

Muerte como daño colateral

En el Brasil, esta situación de barbarie ha suscitado debate incluso entre sectores de la burguesía. Juristas del Supremo Tribunal Federal (STF) llegaron a apuntar algunas medidas en el sentido de la disminución de la población carcelaria; organizaciones de derechos humanos propusieron conceder libertad condicional o prisión domiciliaria a detenidos ancianos o portadores de molestias que pueden agravar el Covid-19, así como a gestantes y lactantes. Pero el ministro de Justicia, Sérgio Moro, mostrando que sigue a rajatabla la orientación del gobierno Bolsonaro en lo que se trata de salud pública y desprecio por la vida de los más pobres, afirma que el gobierno pretende vacunar presos contra la gripe común (sic) “para evitar confusión” entre las gripes, y que es absolutamente contrario a soltar cualquier tipo de presos, para no “vulnerar excesivamente a la población”.

Esta posición es tan absurda que incluso gobiernos burgueses y dictaduras están liberando presos, como Irán, que liberó a cerca de 85.000 prisioneros, entre ellos presos políticos (tal vez una docena), la mayoría con penas menores a cinco años. El gobierno americano de Trump acaba de liberar a más de 6.000 prisioneros que cumplían penas en prisiones federales por crímenes no violentos relacionados con drogas. Pero Moro y Bolsonaro resolvieron no copiar eso de su mentor Trump.

Algunas propuestas

Lo que estos gobiernos están haciendo no es solo insuficiente y equivocado; desde el punto de vista burgués humanitario es deshumano, pues quieren de hecho introducir la pena de muerte dentro del sistema carcelario, porque creen que son pérdidas colaterales.

Se aprovechan del entendimiento general que tienen los trabajadores, de que dentro de los presidios existen muchos criminales peligrosos (que existen sí) y que estos deben estar en regímenes de reclusión y apartados de la sociedad, para generalizar esta visión para el conjunto de los detenidos.

Ocurre que en el Brasil, por ejemplo, de los más de 800.000 presos, 41% no tiene condena judicial, son menores de 30 años y reos primarios.

Hay sospechas de contaminación en varias unidades carcelarias, todas sobrepobladas (como la de Tremembé, en la que su unidad I posee 2.084 presos, y tiene capacidad para 1.284), donde los presos no son sometidos a ningún examen y ningún test. Los presos que se rebelan o protestan contra esta situación son punidos con el corte de alimentación y de agua.

Como medidas de emergencia, en tiempos de crisis deben ser revocadas todas las prisiones preventivas de todos los presos acusados de crímenes no violentos. Estos presos deben aguardar sus juicios en libertad.

Además, deben ser puestos en libertad provisoria, libertad vigilada o prisión domiciliaria los condenados por crímenes no violentos con penas pequeñas, lo que significaría defraudadores, pequeños asaltantes (hurtos), y pequeños traficantes. La mayoría de ellos pobres, negros, inmigrantes y habitantes de la periferia.

Eso excluye a los fueron condenados por crímenes donde se utilizó la violencia, como latrocinio (robo seguido de muerte), secuestros y asesinatos; y violencia contra la mujer, así como los crímenes de los milicianos y asesinos profesionales o agentes del Estado, torturadores, o que cometieron crímenes de lesa humanidad.

Junto con eso, se debe poner en marcha un plan de contención de la epidemia en el sistema carcelario, supervisado por las organizaciones estatales y las organizaciones de derechos humanos y de familiares de los presos.

Estas son medidas mínimas y de emergencia para la situación de catástrofe y barbarie que estamos viviendo, llevados por el desorden y la anarquía capitalistas que siempre visaron sus lucros.

No es justo que el capitalismo, responsable por la propagación de esta terrible pandemia, se aproveche de ella para eliminar a los presos comunes por delitos no graves, a los que mantiene encerrados en las cárceles, en condiciones subhumanas.

La lucha por la vida debe ser puesta de forma urgente en la perspectiva de una revolución socialista, para librar al mundo de esta sucesión de horrores que el capitalismo tiene para ofrecer a la humanidad.

Artículo publicado en: www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.