No es secreto para nadie que Bolsonaro sueña con un golpe para instalar una dictadura y “acabar con el activismo en el país”, conforme dijo enseguida después de las elecciones. También es muy conocida su relación con las milicias [parapoliciales] de Rio de Janeiro, como dejó al descubierto el famoso esquema de la “rachadinha”. El caso reveló cómo la plata de los gabinetes de sus hijos servía para financiar negocios oscuros controlados por las milicias, como la construcción de los “edificios de arena” en áreas de protección ambiental de Rio de Janeiro. Por lo que todo indica, Bolsonaro es el jefe de esa gran inmobiliaria miliciana y, una vez en el gobierno, pretende de todas las formas expandir sus negocios en todo el territorio nacional, conectando a milicianos, capangas de la UDR [Unión Democrática Ruralista], garimpeiros [buscadores de oro] que invaden tierras indígenas, y traficantes.

Por: Redacción PSTU Brasil, 16/1/2021.-

Por todo eso, son muy peligrosos proyectos como los que tramitan en el Congreso Nacional por iniciativa de parlamentarios bolsonaristas, y revelados en reportaje del diario Estado de S. Paulo el último 11 de enero, que restringen el poder de los gobernadores sobre los brazos armados del Estado, con cambios en la estructura de las policías Civil y Militar.

Las propuestas debilitan el control de los gobiernos estaduales sobre esas fuerzas policiales y amplían la autonomía administrativa y funcional en el caso de la Policía Militar (PM). Entre ellas está la creación en la PM de la patente de General, hoy exclusiva de las Fuerzas Armadas. También está prevista la constitución de un Consejo Nacional de Policía Civil ligado a la Unión [gobierno federal], además de modificar la manera por la cual es hecha la elección de los comandantes de las policías, que dejaría de quedar a cargo de los gobernadores, hoy los jefes mayores de la PM y de la Policía Civil, y sería hecha por una lista tripartita indicada por los oficiales.

La intención del proyecto es clara: permitir a Bolsonaro cooptar a las Fuerzas Armadas y a las fuerzas policiales auxiliares, además de centralizar el control de las policías para que sirvan como una base militar de un golpe de Estado. Recientemente, al comentar la invasión del Capitolio por seguidores de Donald Trump, Bolsonaro amenazó diciendo que en el Brasil “será peor en 2002”, en caso de que él sea derrotado en las elecciones presidenciales.

Según el Estadão, los proyectos cuentan con el lobby de los comandantes y de parlamentarios de la bancada de la bala[1], pero viene siendo gestado desde la gestión del ex ministro de Justicia y Seguridad Pública, Sérgio Moro. El más avanzado sería el que sustituye el Proyecto de Ley (PL) 4.463/2001, que trata de los cambios en la estructura de la PM y tiene como relator al diputado Capitán Augusto (PL-SP), líder de la “bancada de la bala”, aliada del gobierno.

El Estadão revela también que muchos gobernadores están movilizándose para impedir la aprobación de los proyectos. De acuerdo con el diario, João Doria (PSDB) acusó a Bolsonaro de usar la “militarización para intimidar a gobernadores a través de la fuerza policial”. Pero Doria es un hipócrita que se eligió haciendo campaña para Bolsonaro –la famosa alianza “Bolsodoria”– y llegó a decir, cuando fue electo, que la policía “tiraría a matar”.

Las fuerzas policiales del Brasil son las que más matan en el mundo. Una brutalidad que es muy conocida por la población pobre y negra que habita los barrios pobres y la periferia de las grandes ciudades. Solo la PM del Estado de Rio de Janeiro, la más letal del Brasil, fue responsable en 2018 por las muertes de 9 de cada 100.000 habitantes, una tasa tres veces y media mayor que en los demás Estados del país. Una mayor autonomía de las fuerzas policiales puede ampliar el poder de letalidad y el abuso por parte de la policía sobre la población.

Esta situación exige una profunda transformación de las fuerzas policiales en el país, que sirven para obedecer ciegamente los intereses de los grandes capitalistas y reprimir a la mayoría de la población.

Por eso, es preciso desmilitarizar las PMs y la creación de una policía civil unificada. Así, los integrantes de las PMs pasarían a ser empleados públicos civiles con todos los derechos, incluso el derecho de huelga y el de formar sindicatos, como todos los empleados públicos civiles. La policía y las fuerzas de represión de modo general están separadas de la clase trabajadora y el pueblo. Las desmilitarización de la policía sería, por lo tanto, un elemento esencial para quebrar los muros de esa separación.

Además, la población debe elegir a los delegados responsables, por ciudad o zona administrativa, y tener el control permanente de la policía por medio de Comités Populares de Seguridad, electos por los moradores.

Pero la desmilitarización es solo un paso en la transformación radical de esta policía racista que sirve a los intereses de los ricos y poderosos. Para acabar con la policía, reformular profundamente el modelo de seguridad pública y acabar con la violencia es necesario transformar radicalmente la propia sociedad.

Nota

[1] La bancada de la bala o Bancada BBB es un término peyorativo usado para referirse a las bancas del Congreso Nacional que ocupan diputados armamentistas (B de bala), ruralistas (B de buey), y evangélicos (B de Biblia). Sus programas políticos se agrupan alrededor de la derecha brasileña y del conservadurismo social, ndt.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.